Plástica

Analhi Aguirre
Más allá de Jorge Alzaga y su obra


Hay muchos artistas que son un ensamble de arte en sí mismos. Cuentan con un repertorio sensorial y extraordinario en sus telas que va más allá de su obra. Es el caso de Jorge Alzaga (1938-2010). Su pincel nos remite a un impresionismo que se enlaza dentro de unas imágenes que conciernen a un hombre, a una geografía, a un espíritu, pero que, en realidad, se conectan con tradiciones emblemáticas, características y trascendentales. Pues, en una expresión artística, se aúnan siempre estados de ánimo que nos identifican -al mejor estilo literario y visionario de Marcel Proust o Virginia Woolf- y logran que nuestras memorias involuntarias se nos aparezcan y emocionen. Así sucede con el trazo colorido y firme de Alzaga.

En los dos grupos visuales que sostienen sus representaciones –sensualidad y el amor por sus hijas-, los cuerpos de cosas o personas nos miran como increpándonos a profundizar, a ver más allá del enunciado pictórico. No por nada, para la gran crítica, la plástica de Alzaga es considerada parte del Realismo Mágico, donde hay sitio para lo cotidiano que encierra y dice algo más, algo donde hay que llegar sin miedo, pero, con todo el coraje del mundo.

Está claro que las manos y los ojos son dos elementos fundamentales en una figura. Cuando estamos en el interior de estas mujeres increpadoras, de estos colores atrevidos o de estas familias resueltas de Alzaga es nuestra mirada la que comienza a ser cómplice de una obra que nos envuelve en un sinfín de conmoción, misterio y sortilegio.

Que un artista como Alzaga nos deje una obra con esta genialidad requiere que seamos partícipes de un arte completo que sólo un gran artista puede alcanzar, y que, finalmente, nos lleva a un eco luminoso que fluye y se queda en nuestras vidas para hacerla mejor.

 




Jorge Alzaga
Jorge Alzaga
Jorge Alzaga
Jorge Alzaga

Muestra de trabajos: DESCARGAR PDF


DATOS DE CONTACTO