Plástica

Abraham Nahón
Iluminaciones profanas


Doctor en Sociología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Actualmente es Profesor-Investigador en el Instituto de Investigaciones en Humanidades de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (IIH-UABJO), dedicándose a la docencia y a la investigación sobre arte y fotografía. abraham.nahon@gmail.com
En su trabajo, el artista Alberto Aragón Reyes (Oaxaca, México, 1980) reivindica el esfuerzo creativo y humano que transforma materiales, emociones y sedimentos. El oficio escultórico forma parte de sus proyectos monumentales y de una amplia propuesta estética que se rebela a la inercia de lo local, situando al centro de su creación la osadía y el atrevimiento. Después de una breve estancia en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, decide dedicarse de tiempo completo al arte. Durante los últimos tres lustros, ajeno al sistema de becas nacionales, ha ido realizando exploraciones estéticas en esculturas, murales, pinturas e instalaciones.
Los viajes a Europa y a Latinoamérica, así como un trabajo artístico que en complicidad con diversos maestros y amigos ha ido fraguando desde la colectividad de los talleres, le ha proporcionado un mayor conocimiento y experiencia. Desde hace quince años ha labrado diversas obras escultóricas con el artista danés Jens Galschiot, radicando por largas temporadas en Dinamarca. Además ha colaborado con otros creadores –Gustavo Chávez Pavón, Rujul Amin Kajol y Emmanuel Cruz– y en diversos proyectos artísticos en ciudades como República Checa, Suecia, Noruega, Estados Unidos, Palestina e Israel.
En la producción artística de Aragón se evidencia su admiración hacia algunos pintores y escultores renacentistas –Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Tiziano–, integrando desde sus primeras obras un lenguaje barroco con diversos símbolos contemporáneos. Los efectos lumínicos tenebristas remarcan el estilo dramático de las escenas, las cuales finalmente se ven intervenidas al filtrarse como en un rayo de luz, una incisiva ironía, tan refrescante para la enclaustrada formalidad del medio artístico. La ingeniosa irrupción de estos elementos en la obra de arte intenta provocar fisuras en la continuidad de las narraciones, además de mostrar que ningún mito, relato bíblico o ideología son imperturbables.
La heterogénea obra de Aragón, en estos prolíficos 17 años de trabajo, muestra resonancias de las influencias y deudas que el artista señala tener con distintos creadores: Caravaggio, El Bosco, Rembrandt, Barceló, Odd Nerdrum, Anselm Kiefer y, sobre todo, de Francisco Goya, pintor que lo apasiona desde siempre. Como a otros artistas, los Caprichos y las Pinturas Negras le han robado el sueño por noches enteras, dejando que algunos de sus trazos y obras se imanten por las luces y sombras iniciadas por este artista, al dejar emerger personajes que expresan el dolor, la irracionalidad, lo grotesco y lo siniestro del ser humano. Hay obras que, definitivamente, poseen el peso del conflicto del artista.
En sus exploraciones estéticas, Aragón ha encontrado profundas significaciones en el arte prehispánico, que también admira. Según señala, el legado estético del arte precolombino no sólo le ha revelado una riqueza de significaciones y símbolos sino también el pensamiento, la fuerza y el carácter de sus artistas y creadores. Su serie pictórica El sueño de la abundancia, conectada a la obra escultórica monumental de El Pescador, encarna ese sueño que evoca el trabajo colectivo, la resignificación de los sentidos de la historia o la fuerza reveladora del pez que emerge desde lo abisal del subconsciente.
En la obra plástica y escultórica de los mono crisálida, va espigando suavemente la materia hasta lograr sobreponer algunas capas de óleo, para representar el capullo que anida la transformación y la metamorfosis del ser. En un diálogo continuo con los materiales y con su oficio, el artista nos exhorta a realizar estas expediciones interiores para aligerar el desasosiego. Nos conmina a cultivar estas “iluminaciones profanas” en el breve —y contradictorio— viaje de la existencia humana.
Algunas de sus imágenes flotan sobre los potentes navíos de la poesía y la ficcionalización, haciéndolas irrumpir desde los territorios del inconsciente, de los mitos originarios y de los sueños. Estas obsesiones que han atravesado su obra se manifiestan en un lenguaje que abre nuevas interrogantes para seguir con un trabajo creativo que augura nuevos derroteros, al decantar en él su expresión lírica más aguda y punzante. El viaje, los horizontes vivenciales, la inquietante expresividad de sus personajes y los seres imaginarios que emergen de lo abisal se conectan con el firmamento. Por ello, su obra puede desenterrar recuerdos, entretejer temporalidades o mostrarnos que los abismos de nuestra existencia pueden llegar a ser, también, constelación y universo.



Abraham Nahón
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