Entrevista a Tiffany Mercado González, primera estudiante transgénero, reconocida por una universidad de América Latina y el Caribe

Tiffany Mercado González
SECCIÓN: OPINIÓN



Tiffany Mercado González es la primera estudiante transgénero de Nicaragua en recibir su título en ingeniería informática con su nombre social. La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) reconoció su identidad de género, respetando el pedido de la estudiante al querer ser mencionada el día de su graduación por su nombre de mujer. Les compartimos la entrevista que Universidades realizó a Tiffany para este número dedicado a la Red Universitaria de Géneros, Equidad y Diversidad Sexual:

¿Por qué ha sido importante este reconocimiento de la UNAN-Managua?

Este reconocimiento ha sido muy importante, primeramente, a manera personal, ya que fue una meta que siempre quise cumplir: poder luchar para que se respetara mi identidad y sentirme cómoda al momento de mi graduación. Este reconocimiento ha venido a cambiar un poco la ideología de nosotras, la comunidad trans en el ámbito educativo, reeducando tanto a maestros como a estudiantes. Asimismo, es un avance y una puerta abierta para que nuevas chicas trans puedan ingresar a la universidad, sin temor a la discriminación, y lo más importante, sintiéndose cómodas dentro de las aulas de clase para llegar [a] agentes de cambio y personas profesionales que aporten a la economía del país. Además que con este reconocimiento, se puso en evidencia la necesidad de una ley que respalde la identidad de género en Nicaragua.

¿Cuáles han sido los antecedentes en Nicaragua sobre este cambio histórico para las universidades de América Latina?

Anteriormente a este suceso, no ha habido antecedentes. Recuerdo que desde que ingresé a la universidad yo siempre me dije: “Al momento de mi graduación me vestiré como me gusta y quiero que me llamen por mi nombre a recibir mi título”. Y, siempre, desde que estaba ingresando a la universidad luché por eso, me lo imaginaba a diario, hasta que llegó el momento. Sin ayuda ni asesoría de nadie ni ninguna organización, por cuenta propia, decidí acudir a las autoridades de mi universidad y exponer mi caso, siempre trabajando como activista por los derechos de mi comunidad, como agente de cambio individual, hasta que logré que en la tarjeta de invitación a mi graduación utilizaran mi nombre social y no mi nombre biológico. Fue la primera batalla ganada, pero aún faltaba la guerra, lo más importante: el momento de pasar al estrado a recibir mi título. Agradezco enormemente a las mujeres que me brindaron sus consejos y asesoría: Marvy Palacios y Lizete Ramírez. Y, así, con su ayuda y con mucho esfuerzo logré ser la primera chica trans en graduarse de una universidad pública y que respetaran mi identidad, lo cual fue una noticia a nivel internacional, una causa de la cual estoy feliz de haber logrado. Y espero que mi caso sea un ejemplo de inclusión y que las demás universidades de América Latina y el Caribe tomen la iniciativa de referencia para lograr la inclusión de la comunidad trans en la educación superior.

¿Cómo ha sido tu vida universitaria, luego de tu graduación? ¿Consideras que tu carrera universitaria se relaciona con tu idea de ser mujer?

Luego de mi graduación, tuve una experiencia maravillosa, ya que mi historia fue filmada en una película documental, la cual fue ganadora de un premio en un festival de cine en la ciudad de La Paz, Bolivia, por lo cual viajé como delegada, en representación de Nicaragua para exponer la realidad innegable que vivimos las personas trans en el ámbito educativo. Luego de esto, ha sido muy duro para mí, ya que he tocado puertas tras puerta en busca de un trabajo digno y estable para mí, en lo cual pueda desarrollarme en lo que realmente sé y contar con una estabilidad laboral. Desafortunadamente, la sociedad nicaragüense aún no está preparada. Por el mismo estigma, no me han brindado la oportunidad de demostrar mis destrezas y habilidades, sino que se me juzga por mi apariencia, cerrando toda posibilidad de poder incursionar en el mundo laboral que, hoy en día, es mi mayor anhelo. Mi idea de ser mujer es algo que siempre rodeó mi cabeza, que por circunstancias alternas no pude hacerlo, sino hasta la edad de 17 años, que comencé a transitar en el género femenino, que era lo que me identificaba, mi esencia. Desde luego, de una u otra manera, mi carrera universitaria está relacionada con mi idea de ser mujer. Recuerdo que desde pequeña me imaginaba siendo una profesional, ejerciendo mi carrera de blazer, tacones, cartera. Y me emocionaba la idea. Fue por eso mismo que siempre luché y no desistí hasta culminar mis estudios, a pesar de las burlas, las críticas, siempre tuve mi mente enfocada, y me propuse marcar la diferencia, no sólo por demostrar que somos capaces, sino para cambiar la ideología errónea que tienen hacia nosotras…no con reclamo, con pancartas ni marchas, sino con acciones.

¿Cómo defines el concepto de mujer con el que te identificas?

Me identifico con el concepto de una mujer esforzada, luchadora, positiva, optimista y, sobre todo, fuerte; capaz de salir de las circunstancias, mujeres que hoy en día son agentes de cambio y ejemplo a seguir para futuras generaciones, capaces de cambiar el mundo sin necesidad de cambiar su ideología. Este tipo de mujer me inspira, y me llena de orgullo saber que hoy formo parte de ese grupo de mujeres que tanto admiraba.

¿Crees que has sido aceptada sin dificultad por colectivos de otras mujeres?

Pienso que para lograr la aceptación de las demás personas, sean mujeres, hombres, niños o niñas, lo primordial es el respeto. De manera personal, el primer paso ha sido aceptarme a mí misma. El mayor regalo: que mi familia me acepte y me respete. Y desde luego, la aceptación de la sociedad llega al momento que conocen mi historia, y me conocen profundamente, mi forma de ser, mi manera de pensar, mi manera de ver el mundo.

¿De qué manera funcionan los mecanismos de violencia machista en el nivel universitario? ¿Y en tu país?

Considero que los mecanismos de violencia machista no sólo radican en los pensamientos y actitudes de ciertos varones, sino que muchas veces son agresoras las mujeres, según el estigma generacional con el que son criadas desde pequeñas. Dentro del ámbito educativo, sucede exactamente igual: varones y mujeres, tanto estudiantes como personal administrativo, por la misma falta de información, por temor a algo nuevo. Lo primero que hacen es señalar, criticar y burlarse, ya sea con miradas, palabras, gestos, expresiones, que de una u otra manera incomodan. De manera nacional, en mi país, el machismo igual es una de las malas enseñanzas que vienen de generación en generación, por lo que alguna vez, tanto hombres como mujeres hemos vivido actos de machismo en cualquier parte. Y muchas veces, mujeres no pueden ingresar a una escuela por la ideología antigua de que la mujer es del hogar y que el hombre es quien debe prepararse para mantenerla. Con el paso del tiempo, hemos visto que las mujeres estamos cambiando ese pensar para demostrar que somos iguales y capaces de lograr todo lo que nos propongamos.

¿Crees que es necesario un protocolo que actúe como instrumento institucional y que regule el proceder frente a situaciones de violencia?

Considero que sí es necesario un agente regulador dentro de las instituciones de educación superior que regule actos de violencia, en el cual se pueda acudir al momento de sufrir dicho acto. De igual manera, este mismo puede ser el responsable de consejería a jóvenes, brindándoles ayuda y así hacer que se sienta cómodo en su respectiva aula de clase, logrando con esto una menor deserción por parte de los estudiantes.

¿Conoces otros casos como el tuyo en el ambiente de la educación superior?

Generalmente, no conozco otro caso en sí, pero he escuchado rumores de una segunda chica que está por terminar sus estudios en la UNAN Managua. De hecho, sé que hizo su defensa final con su identidad femenina, pero no estoy enterada si decidiera acudir a las autoridades superiores para que al igual que yo sea llamada a recibir su título con el nombre con el que ella se identifica. Hoy en día, estoy segura que es vital dentro de las universidades un ente que ayude a personas en situaciones de discriminación, ya que la mayoría de los estudiantes forman parte de la comunidad LGBTI.

¿Estás relacionada con algún tipo de organismo universitario que se encargue de estas problemáticas sobre la diversidad sexual en la educación superior?

Actualmente no estoy integrada en ningún grupo u organización de esta índole, pero reitero la necesidad de un organismo que se encargue de dichas problemáticas dentro de las universidades. Y claro que me encantaría formar parte de él y así, con mis conocimientos y experiencia, ayudar a aconsejar y guiar a personas que por temor al rechazo prefieren dejar las aulas de clase. Pienso que sería fundamental este tipo de organización, ya que despertaría el interés de muchas personas trans, que por la misma discriminación no acuden a una universidad.

¿Qué puedes decirle a la UNAN-Managua acerca de este paso que ha dado en pos de los derechos humanos y la educación superior para todas las personas?

De manera personal, me siento feliz y agradecida con mi alma mater, dentro de la cual yo inicio mi transición. Quiero felicitarla por ser una universidad inclusiva que respeta y apoya las decisiones de cada persona. Con este paso, estoy segura de que muchas chicas tendrán el valor de acudir a las autoridades universitarias para exponer su caso y pedir que se respeten sus derechos como uno y una más de sus estudiantes, a pesar de que no exista una ley de identidad con la cual podamos cambiarnos el nombre, el hecho de que se le llame con el nombre que uno elige es un cambio que a esa persona ayudará a sentirse aceptada y cómoda dentro del ámbito estudiantil. Son pequeñas cosas que hacen grandes cambios y que, estoy segura, de que este legado que con tanto sacrificio logré será repetido por futuras generaciones y me llenará de mucho orgullo saber que fui parte de ese cambio.

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