Una petición comedida y dos respuestas. La universidad colonial de Guadalajara y el libertador Miguel Hidalgo

SECCIÓN DOSSIER
Gabriela Ruiz Briseño / Armando Martínez Moya. Profesora investigadora en la Universidad de Guadalajara. CUCSH. México. gabyru7@hotmail.com / Profesor investigador de la Universidad de Guadalajara. CUCSH. México. Presidente de SHELA. 2917-2020. mmarmando@gmail.com


Resumen

La presencia del libertador Miguel Hidalgo en Guadalajara, más allá de los consabidos acontecimientos políticos ya conocidos en nuestra historiografía patriótica nacional, es el propósito de este trabajo, en particular lo relacionado con el vínculo que entablaron los insurgentes encabezados por el propio Hidalgo y la Real Universidad de Guadalajara, a través del claustro de doctores, órgano máximo de gobierno. Acompañan esta trama las circunstancias referidas al arribo de los revolucionarios, los antecedentes de la Universidad para ubicar su importancia y actitud, y el desenlace respecto a este encuentro. Se toman como fuentes los documentos mismos del claustro universitario, así como referencias documentales y bibliográficas que evidencian el contexto histórico local.

Palabras clave: Miguel Hidalgo, Insurgentes, Guadalajara, Real Universidad de Guadalajara, Claustro universitario.

Abstract

The presence of the liberator Miguel Hidalgo in Guadalajara, beyond the well-known political events already known in our national patriotic histography, is the purpose of this work; in particular, the link between the insurgents led by Hidalgo himself and the Royal University of Guadalajara, through the cloister of doctors, maximum organ of government. Accompany a plot the circumstances referred to the arrival of revolutionaries, the background of the University to locate its importance and attitude, and the outcome of this meeting. University cloister documents were took as sources, as well as documentary and bibliographical references that evidence the local historical context.

Keywords: Miguel Hidalgo, Insurgentes, Guadalajara, Real Universidad de Guadalajara, University cloister.

La relación entre la universidad colonial de Guadalajara y la lucha insurgente es poco conocida, en parte porque los historiadores liberales fueron cautos en no mencionar el rechazo y condenas que la institución y sus dirigentes hicieron del movimiento; en particular cuando el libertador Miguel Hidalgo abandonó la ciudad1, pues siendo la universidad uno de los símbolos de la grandeza de la región neogallega, poco venturoso era para ellos mancharla con la imagen de condena que manifestó durante la lucha emancipadora. Se ocultó al exterior que los directivos de la Universidad de Guadalajara se habían unido a la condena a los rebeldes, pues como era obvio, esa posición coincidía con la oposición generalizada por parte de las jerarquías de las instituciones coloniales, incluyendo a la universidad nacional.2

A la luz de fuentes documentales y de versiones posteriores producidas por una historiografía regional más reciente y crítica sobre el asunto, es posible ahora ir dilucidando diferentes evidencias que ayudan a entender esa relación partiendo del enriquecimiento interpretativo del contexto histórico. La construcción de la explicación parte del contacto entre los insurgentes y la universidad local para aclarar una más amplia interpretación de esos acontecimientos.

Papel de las instituciones coloniales neogallegas ante la insurgencia

La inminente llegada del libertador Miguel Hidalgo a Guadalajara poco después de su levantamiento en 1810 concitó desde entonces por parte de la Iglesia una actitud de defensa del régimen, buscando no vincularse y rechazar a los sublevados. El Obispo Cabañas, quien no obstante se había distinguido por hacer críticas públicas a las injustas políticas de la Corona que habían provocado despojos, injusticias y pobreza de los indios, al conocer el levantamiento, de inmediato se opuso a él y en la primera oportunidad huyó por el Puerto de San Blas (Dávila Garibi, 1984, pp. 276-296). Antes de ello actuó con diligencia, haciendo exhortos y recomendaciones para la defensa de la ciudad, con recomendaciones al Cabildo Eclesiástico para que siguiese funcionando aun durante su ausencia y dejando firme el contacto permanente con las autoridades.3

Las órdenes religiosas asentadas en Guadalajara, que habían estado en contacto con los pobres y eran testigos de las formas en que mestizos e indígenas de las comunidades eran duramente tratados, asumieron sin embargo una defensa a ultranza al Rey, al régimen y a las instituciones eclesiásticas.4 Los franciscanos, destinados a ser pobres por su propia voluntad “se habían amparado en su convento cerrando las puertas a los insurgentes y acogiendo al intendente Roque Estrada para protegerlo de alguna posible injuria”, dice el historiador Refugio de la Torre, aunque más bien para protegerlo físicamente de sus captura, enjuiciamiento y ejecución (Pérez Verdía, 1989), tal como sí sucedió en cambio con decenas de españoles propietarios que fueron fusilados por Hidalgo a los pocos días de llegar este a Guadalajara.

Los frailes procedieron monolíticamente para oponerse a la lucha insurgente, condenarla y actuar en consecuencia; De la Torre muestra a través de documentos internos y correspondencia de los franciscanos cómo fueron orillados a no apoyar a Hidalgo y las causas por las que actuaron también por su propia cuenta. Esta política de cerrar filas por el régimen no evitó desde luego que hubiera religiosos que se unieron a la causa insurgente (De La Torre, 2001, pp. 195-201).

Por su parte las instituciones civiles operaron acelerada pero inútilmente para enfrentar el peligro inminente, pues todos los dispositivos organizados fueron insuficientes ante la llegada de las fuerzas del amo Torres y luego de Hidalgo.

El Ayuntamiento de Guadalajara, al conocer sobre el levantamiento, le propuso a la Audiencia organizar las fuerzas realistas para que salieran a combatir a los insurgentes en las poblaciones de La Barca y de Zacoalco, con la finalidad de evitar que tomasen la ciudad. Insistió ante la junta de seguridad para que tomara medidas más enérgicas y oportunas, al considerar que el peligro hacia a la ciudad capital crecía conforme los insurgentes se iban acercando.5

El gobierno realista se instaló en la región de Santa Catarina, cerca de Zacoalco. Envió un ejército de entre 500 y 600 hombres al mando de Tomas Ignacio Villaseñor, pero el ejército insurgente los derrotó. De este modo se hizo de armas, municiones, dinero y equipo. Asimismo fue hecho prisionero Villaseñor, a quien el Amo Torres perdonó la vida. El triunfo le valió a Torres la adhesión de un número considerable de simpatizantes. El 10 de noviembre de 1810 inicio su marcha hacia Guadalajara con más de 20,000 hombres.6

Es poco entendible que siendo Guadalajara una ciudad pujante y con tantos capitales atesorados y en circulación, e instituciones emblemáticas y con acaudalados recursos, no hubiese sido defendida a piedra y lodo.7 Tal vez no hubo tiempo para fortificarla. O nunca les pasó por la cabeza a autoridades virreinales que los contingentes rebeldes, aunque en su mayoría desarmados, eran muy numerosos y se trasladarían a la región. Además, la tensión y zozobra, derivada de la situación provocada por los insurgentes desde su levantamiento en Dolores, motivó que particularmente las autoridades hicieran un recibimiento amistoso para evitar represalias, así que renunciaron a enfrentarlo. Hidalgo tuvo que ser recibido con honores en la ciudad.

Miguel Hidalgo en Guadalajara

El 26 de noviembre Miguel Hidalgo entró en Guadalajara. Por las circunstancias que privaban en la ciudad desde hace tiempo, muchos pobladores, que estaban cansados de la opresión de las leyes restrictivas, los impuestos, despojos y una permanente represión, fueron a recibirlos efusivamente.8 Existen ya bastantes evidencias documentales en los contantes juicios de infidencia contra habitantes de la ciudad que muestra la firme agitación y participación -si se quiere soterrada o clandestina-, pero recurrente-, atestiguando un determinado nivel de malestar e indignación por las condiciones que imperaban en el reino y en la ciudad, y de quienes estaban en contra del régimen y buscaban manifestarse y organizarse.9

La reacción política y violenta en ocasiones ante hechos de injusticia era, en su mayoría, de simples pobladores indignados, pero otros habían estudiado en la Universidad de Guadalajara o en el Seminario,10 lo que muestra que no obstante el espíritu corporativo y virreinal de ambas instancias, las posiciones críticas proliferaban:

Al día siguiente, lunes 26 de noviembre, Guadalajara, profusamente engalanada para recibir al proclamador de la independencia, despierta toda llena de inusitado bullicio. Sus 45 mil habitantes se echan desde las primeras horas a las calles y plazas. Invadiéndolas para vaciarse luego, en cuanto la multitud empieza a dirigirse en la calzada que conduce a San Pedro, en seguimiento de las comitivas que allá de nuevo se encaminan, acompañadas ahora del general José Antonio torres, con todas sus tropas. (Olveda)

Así que no era solamente el miedo lo que prevalecía, sino determinadas convicciones que se manifestaron con el recibimiento de Hidalgo. Existen evidencias de que subyace ya en la ciudad como en tantas otras, un imaginario emancipador que irradiaba la conciencia política, la cual se mantuvo latente.11 Un lenguaje emblemático, diría Thomas Calvo. Hay muchos signos que muestran que la capital neogallega ejercía ya, aunque fuese de manera intermitente y muy elemental, evidencias de rebeldía política y reclamos, incluso de infidencias que mostraban ya incipientes muestras de organización clandestina.12

Aún antes de pisar tierras cercanas a la ciudad, ya 22 coches provenientes de Guadalajara fueron a darle recibimiento en la Hacienda de Atequiza, a cuya cabeza iba el comandante Miguel Gómez de Portugal, quien había reclutado ya un importante contingente de tropas para integrarla a las fuerzas de Hidalgo.13

Hubo desde luego un número importante de seguidores que de manera entusiasta lo recibieron cuando entró a San Pedro Tlaquepaque,14 población aledaña a Guadalajara, a una legua. No solo habitantes pobres, mestizos e indios, sino también comerciantes y artesanos lo recibieron, entre ellos, la Audiencia, el Ayuntamiento, el Cabildo Eclesiástico y la Universidad. Es aquí, cuando se inicia el primer contacto de la institución con Hidalgo.

El carácter de ese primer contacto entre los pobladores y las instituciones con los insurgentes, ayuda a entender el pulso que mantenía la población en torno a la insurrección, pues siendo una ciudad con importantes instituciones coloniales, lo que implica su lógica defensa del statu quo y, por lo tanto, su natural influencia conservadora en la población, en realidad, no obstante lo repentino que había sido la llegada de esos contingentes insurrectos, una parte importante del pueblo fue mostrando algarabía y júbilo en el tiempo que estuvieron los rebeldes donde además todas las autoridades civiles y militares estuvieron para recibirlo el 25 de noviembre de 1810.15

Es significativo que en ese forzado, pero solemne primer contacto de Hidalgo con los neogallegos se congregaran representantes de las altas jerarquías políticas. Productiva y civil la insurgencia entabló relación con las autoridades de la Universidad de Guadalajara con su representación de profesores y un contingente de alumnos.16 En el primer recibimiento en la población de San Pedro, se apersonaron ante el libertador cuatro doctores del Claustro: Juan José Cordón y Luque (español, además Rector del Colegio Seminario Tridentino del Señor San José, institución de gran trayectoria en Nueva Galicia; después, Obispo de Almería, España),17 Toribio González, Francisco Antonio de Velasco y Fray José Mestres.18 Este hecho sería de gran significación, pues desde ese momento Hidalgo se percató de la importancia cultural e institucional de la ciudad que además de tener Universidad, tenía ya imprenta, casa de moneda y consulado de comercio.

La actuación de Hidalgo ya en Guadalajara fue muy activa y diversa. En el terreno propagandístico, está sin duda un hecho de gran trascendencia incluso de toda la América española: la publicación del primer periódico insurgente, que muestra la gran importancia que le dio Hidalgo a la ciudad.19 En el terreno político decidió reorganizar el movimiento formando dos ministerios, uno de Gracia y Justicia y otro de Estado, al frente del primero quedó el licenciado José María Chico y al mando del segundo el licenciado Ignacio López Rayón.

La universidad

Había sido fundada en 1792, en la época de influencia de la revolución francesa, lo que motivó que estuviera concebida para funcionar corporativamente y protegerse de asechanzas innovadoras del movimiento revolucionario francés,20 concibiendo a las Carreras de Teología y Cánones, como las más importantes. Era la segunda de la Nueva Galicia. Tuvo desde entonces una gran importancia política y educativa. Para 1810, había pasado en su corta historia por diversos acontecimientos cruciales. Apenas en 1812 tuvo que jurar a la Constitución de Cádiz no inclinación al absolutismo monárquico. Y a los 21 años de fundada, le tocaría encarar la guerra de independencia en su propio campus.

Siguiendo con la conseja de que por sus obras los conoceréis, la Universidad si bien mantiene un sistema instituido corporativo en su funcionamiento y de alguna manera en su currículo21 son los procesos instituyentes relativos al aprendizaje de determinados valores y visiones de la vida social en los alumnos lo que muestra otros tamices. Ese monolitismo institucional no se vio reflejado en todos sus egresados. Recordemos simplemente que uno de sus rectores, entonces como catedrático, José Simeón de Uría, fue constituyente a Cádiz y ahí jugó un papel relevante al mostrar su perfil ilustrado haciendo propuestas de transformación económica y social para la Nueva Galicia, entre ellas, separar la Nueva Galicia de la Nueva España y convertirla en un reino soberano.22 Está también el antecedente de Miguel Gordoa, presidente del constituyente de Cádiz y cuyo discurso republicano de clausura del congreso el 14 de septiembre de 1814 es memorable.23 Para 1798 ya había obtenido los grados de licenciado y doctor en Sagrada Teología por la Universidad de Guadalajara, materia de la que fue profesor sustituto en la Cátedra de Melchor Cano. Otro universitario ilustre es el fundador de El Despertador Americano y pionero de la economía política, Francisco Severo Maldonado, quien estudió Teología en la universidad local distinguiéndose como un alumno y luego maestro excepcional. Se graduó como Doctor en Teología y Filosofía en esa misma institución con altos honores en 1802.24

Seguramente que la Universidad era una institución de altura, pues muchos eminentes egresados figuraron en diferentes ámbitos del poder político y eclesiástico,25 lo que muestra que por la influencia del proceso formativo y por la influencia del convulsionado y cambiante contexto se dieron diversas tendencias ideológicas y filosóficas.

De las aulas universitarias, egresaron en los primeros años del siglo XIX: los héroes de la Independencia y otros importantes hombres celebres: Juan Antonio Montenegro y Arias, José María Mercado, Pedro Moreno y Francisco Lorenzo de Velasco y Palafox; los presidentes de la República Valentín Gómez Farías, Anastasio Bustamante, Pedro Vélez, Melchor Muzquiz y José Justo Corro; el primer arzobispo de Guadalajara, Pedro Espinosa y Dávalos; el primer cardenal mexicano designado y obispo de Michoacán, Juan Cayetano Gómez-Portugal; el séptimo obispo de Monterrey, Salvador Apodaca y Loreto y el obispo electo de Valladolid quien excomulgó a Hidalgo y detractor de la Independencia; Manuel Abad y Queipo; el primer matemático universitario, José María Mancilla; el primer embajador de México ante el Reino de Brasil y las repúblicas bolivarianas, Juan de Dios Cañedo; el Padre del Federalismo, diputado a las Cortes de Cádiz y deán de la catedral de Puebla de los Ángeles, Miguel Ramos Arispe; el autor de la primera Constitución del Estado de San Luis Potosí, Manuel María de Gorriño; el diputado del Congreso Constituyente del Estado de Nuevo León, Francisco Arroyo y quienes llegaron a ser gobernadores del Estado de Jalisco Juan Nepomuceno Cumplido y Pedro Tamez. Fue además rector de esa Universidad, José Ángel de la Sierra, liberal y colaborador del periódico insurgente El Despertador Americano.26

La Universidad era también muy importante y no cerró sus puertas tal vez porque entre sus miembros no había ningún español a quien los insurgentes pudieran recriminar. Además, porque, aunque de haberse clausurado el recinto, corrían el gran riesgo de que se tomase como una afrenta por parte de los rebeldes.

Cuando el Claustro Universitario se percató de la llegada inminente de Hidalgo a la ciudad fue cuando ideó nombrar esa comitiva que fue a recibirlo en San Pedro Tlaquepaque para darle sus parabienes. De esa manera se quitaban el pendiente de invitarlo al recinto, situación que para el claustro era odiosa, pues en el fondo condenaban la lucha emancipadora. Situación que se verá reflejada una vez que los contingentes revolucionarios abandonaron la ciudad y cuando se enteraron de la muerte del libertador y de sus Estado mayor. Otro vínculo que se estableció entre los rebeldes y la Universidad fue la presencia de José María Gómez y Villaseñor, quien estuvo representando al gobierno de la Mitra y era por lo tanto Vicario General del Reino –pues su cabeza principal, el Obispo Cabañas había ya huido por San Blas–, en el recibimiento a Hidalgo en San Pedro. Villaseñor había sido el primer rector de la Universidad y se reeligió varias veces, convirtiéndose en el hombre fuerte de la institución.27 Como gobernador de la Iglesia y una vez que se fueron los insurgentes, “aplicó el cuchillo espiritual” de la censura e intentar restituir las pertenencias robadas por los rebeldes., expidiendo un Edicto el 18 de febrero de 1811.28 Además de que expuso públicamente su condena a ellos.29

La Revolución habla en la universidad

Las actividades de Miguel Hidalgo en los primeros días fueron particularmente intensas. Un asunto operativo fue lo relativo a tomar medidas referentes al sostenimiento material de los contingentes, pues se calcula que el número de combatientes oscilaba entre 40,000 o 50,000. ¿Dónde duermen? ¿Dónde comen? ¿Dónde atienden su salud y dónde pueden mantener su vestimenta? Se requería más allá de expropiaciones, donativos forzosos e incautaciones, la solicitud entre comedida y forzosa, a aquellas instituciones que por su importancia mantenían en su poder cuantiosos caudales.30

El licenciado Pedro Avendaño, representante de Hidalgo llegó el 11 de enero de 1811 a las puertas de la Universidad y llamó.31 Enseguida fue pasado a la sala del Claustro e hizo una exposición de la lucha emprendida y solicitó la comprensión de todo el cuerpo de doctores que dirigían la Universidad, así como un apoyo económico para la causa insurgente. El fragmento de esta acta levantada por la universidad da cuenta de la situación:

Acta de claustro Universitario fechada el 11 de enero de 181132 dice el alcalde:

Hizo presente el señor Rector que el Lic. don Pedro Avendaño a nombre de su titulado jefe Miguel Hidalgo y costilla lo instruyó que esperaba de su parte contribuyese tanto por su parte quanto por los fondos de la Universidad de un donativo decente a favor de la presente guerra así como lo habían verificado los demás cuerpos;33 lo que entendido y habiendo conferenciado sobre la materia: acordaron no hace contribución alguna ni por sí ni de la arca, comisionado a los señores doctores don Esteban Huerta y don Miguel Cerviño para que lo hiciesen saber al comisionado de Hidalgo, instruyéndole no haber de que disponer con el motivo de los gastos corrientes y no cobrarse redito alguno, y por lo respectivo a los individuos que aún estaban cubiertos de sus rentas por las mismas causas, con lo más que tuvieren a bien exponer… y por esta Acta así lo acordaron…34

Es obvio que la negativa de la universidad para aportar de sus caudales a la causa insurgente indignó a los revolucionarios y seguramente al propio Hidalgo, por lo que el representante volvió a ir a la Universidad, seguramente, ya con un plan más estricto o amenazante, pues de todos era conocido que la Universidad era solvente, era prestamista, tenía casas en renta, pagaba con holgura a sus catedráticos, además de mantenerla como un recinto hermoso, bien conservado y arreglado, digno de una institución superior.

La jerarquía corporativa de la Universidad reflexionó sobre su respuesta negativa a los insurgentes. Así que, temiendo represalias, actúo en consecuencia y recabó una cantidad, si se quiere, muy mínima respecto a lo que otras corporaciones habían aportado, mientras esperaba al representante que había prometido volver. Dos días después, en acta del 13 de enero se refleja lo que sucedió:

Instruyó el señor Rector a los Doctores Huerta y Ceviño habiendo cumplido con la comisión del día anterior le habían informado que el Lic. Avendaño después de haber significado extrañar mucho la negativa havia concluido diciendo que daría cuenta a su jefe quien creía estar instruido de que no faltaban a la Universidad y su Claustro con que subvenir por su parte a las actuales urgencias y que temeroso de que se usase de algunas violencias con todo el Claustro, havía hecho en aquella misma hora volver a los expresados señores doctores para que impusiesen al comisionado en que efectivamente no había sobrante alguno en Arcas, que solo había un capital de cuatro mil pesos que se habían cobrado pertenecientes a una obra pía, para volverlos a imponer, que no obstante los ofrecieron y que en cuanto al donativo particular volvería a juntas el claustro, lo que habiéndose oído convinieron todos a la entrega del capital propuesto por el señor Rector y pasando después al donativo hicieron sus contribuciones parciales de que resultó la cantidad de trecientos sesenta y cinco pesos, mandado que recaudados por el señor Secretario, esto y los cuatro mil aceptados pasase uno y otro al poder del referido comisionado recogiendo recibo suyo.35

Temiendo una nueva visita a la institución, la Universidad permaneció cerrada por su propia voluntad hasta el 26 de enero de 1812, cuando entró a la ciudad el ejército realista, una vez que las fuerzas insurgentes, después de la derrota del puente de Calderón, se dispersaron y los líderes del movimiento se trasladaron al norte del país. A Guadalajara, entró triunfante el General Feliz María Calleja, a quien el claustro universitario llamó libertador de la ciudad, según el acta levantada ese día. Con ello, se revela que cuando menos el cuerpo dirigente de la Universidad y gran parte de sus catedráticos estaban en contra de la insurgencia. Lo cierto es que, si bien las autoridades universitarias con los revolucionarios fueron tacaños, en cambio, con las fuerzas realistas fueron generosos:

El señor Rector hizo presente al claustro y que los demás cuerpos había explicado su gratitud habiendo depositado en sus manos algunos donativos para fomento de las armas y para con el Señor General don Félix María Calleja que gratifique a sus triunfadoras tropas y que acaso se extrañaran de que la Universidad no se manifestase en los mismos términos lo que entendido acordaron desde luego hacer el donativo determinando los presentes la cantidad con que cada uno concurriría y mandando se requiriese a los demás individuos y empleados de la Universidad para que al pie continuasen haciendo lo mismo y colectada la cantidad que resultase hiciese entrega de ella al presente secretario al Sr. General con oficio al señor rector a nombre del Claustro, y lista exacta de la contribución de cada uno recogiendo el correspondiente recibo.36

Los recursos no se escatimaron, por el contrario, fueron amplios, lo que muestra claramente la posición de la institución durante este y todo el período de la guerra. Fue tanto el fervor por el control nuevamente de la ciudad por parte del gobierno virreinal, que la Universidad solicitó, semanas después al Virrey junto con el Cabildo Eclesiástico37 y otros cuerpos institucionales, mantuviera en el cargo a Villegas cuando estaba por concluir su mandato como gobernador de la provincia.38 Para entonces la Universidad, como todas las instituciones coloniales, empezó a enfrentar una serie de circunstancias inéditas y coyunturales resultantes de los acontecimientos que en todo el territorio español estaba sucediendo con la invasión napoleónica, las abdicaciones de Bayona y el inicio de la guerra de resistencia en la propia España, aspectos todos que impactaron en las colonias. En acta del 9 de febrero de ese 1811, las Cortes españolas recién instaladas obligaban a jurar su reconocimiento acerca de que se habían instalado a todas las instancias de gobierno y sus súbditos, y desde luego a la Universidad.39

Desenlace

El modelo corporativo colonial que caracterizaba a Guadalajara, Nueva Galicia y Nueva España, pronto se desplomó una vez que se instauró el régimen independentista, exactamente 11 años después de la visita del representante de Hidalgo a la Universidad. Así que los criterios cambiarían radicalmente y entonces muchos acusadores quedaron como acusados. Las instituciones desaparecieron o mudaron. La Universidad quedó en esta disyuntiva. Ya unos años antes de la consumación de 1821, los barruntos del sistema representativo auguraban un cambio y la Universidad se había visto obligada a reconocer y jurar fidelidad a las Cortes Generales en 1811 en un acuerdo que implementaron sin chistar,40 preámbulo de lo que sería la Constitución de Cádiz, la cual se vio obligada a jurar también en 1813, a pesar de que su Claustro mantenía una posición monolítica en contra de cualquier cambio político;41; pero la mayoría de los miembros de ese cuerpo corporativo pertenecían a la Iglesia en calidad de dignatarios.

La instalación de la diputación provincial del reino implicó por lo tanto otro factor que involucró un instrumento contrario al monolitismo imperante universitario. Los directivos de la Universidad no cuestionaron ese órgano provincial por propia conveniencia, no obstante que rompía la ancestral forma de organización política provincial a la que estaban totalmente adheridos; pero, no osaron por convicción ni por omisión verse involucrados42.

La evidencia de que la Universidad no obstante su significativo trabajo educativo al servicio de la región al producir un número importante de profesionistas, particularmente, de derecho y medicina, era considerada por los grupos más ilustrados que lograron comandar la dirección de la provincia a partir de 1825, como una rémora e inútil, por mantener una filosofía anticuada y estéril. Fue clausurada de manera fulminante por el primer gobernador constitucional de Jalisco: Prisciliano Sánchez en enero de 1826.43

La hipocresía, poca apertura y cerrazón que mantuvo la universidad ante los días que el libertador y sus ejércitos permaneció en la ciudad de Guadalajara -concreción de su modelo de institución colonialista aun con su fiel y eficiente carácter formativo durante los 34 años en que funcionó abierta- determinó su disolución en 1826, por considerarla el nuevo gobierno republicano irreformable.

Los miembros del Cabildo que estaban incrustados en el órgano rector de la Universidad, el propio rector en turno, Juan José María Sánchez Leñero,44 y casi la mayoría de su cuerpo de dignatarios se refugiaron en el ostracismo durante un tiempo pues no tuvieron cabida en el nuevo modelo de educación superior como lo fue el Instituto de Ciencias.45

Palabras finales

El acontecimiento narrado, más allá de su vertebración anecdótica, intenta servir como afluente para contextualizar una trama que expanda una explicación del proceso de transición del viejo régimen colonial desde sus estertores. Como diría Bertolt Brecht, un régimen que no acaba de morir, y el nuevo no acaba de nacer. La Universidad, ente complejo, se nos presenta como un caleidoscopio, con luces y sombras, enfrentado con todo el peso de su racionalidad corporativa erudita y justificativa de su labor cultural y educativa, a la voluptuosidad y fuerza de un rayo, relámpago revolucionario de la emancipación. Violenta y cauta a la vez.

Nueva Galicia fue, en un momento dado, el centro del destino de un país que quería nacer. La Universidad representó en ese momento las cualidades y convicciones de la lucha del libertador y su causa que, no obstante que moriría seis meses después, el 30 de julio de ese mismo año de 1811 en Chihuahua, había ya herido de muerte al viejo régimen.

Colofón: el representante de Hidalgo

Para documentar a un personaje: ¿quién era el licenciado Pedro Avendaño, personero que envío Hidalgo como representante del movimiento insurgente a la Universidad? Regularmente desconocido, este licenciado patriota fue un colaborador cercano a los dirigentes de la insurgencia; Ignacio Allende lo menciona en carta enviada a Hidalgo, apenas unos días después del levantamiento, cuando después de la batalla de las Cruces y al plantear la preparación del arribo a Guadalajara, dice: “El licenciado Avendaño acompañó a Huidobro a Guadalajara para el arreglo del gobierno y lo demás, y también hice lo acompañase Balleza. A las órdenes de Huidobro...”46 El historiador Ledón también lo refiere como un gran intelectual, a la estatura de Rayón. Al referirse a la trayectoria de Ignacio Aldama, expresa que es uno de los más notables intelectuales de la Guerra de Independencia, “que uni do a los licenciados Rayón, Chico, Avendaño y otros trataron de arreglar en Guadalajara el gobierno revolucionario.”47 Su nombre completo era Pedro Alcántara Avendaño y fue nombrado por el propio Hidalgo Oidor de Guadalajara48 -Gobernador de la sala del Crimen-49.

En la lista de los patriotas fusilados en Chihuahua, conjunto con Hidalgo, no aparece su nombre.50

Archivos consultados

ADM. Biblioteca del Archivo de los Diputados de Madrid.

AMG. Archivo Municipal de Guadalajara

AHUG. Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara.

SIGLAS

UdG. Universidad de Guadalajara

ColMex. Colegio de México.

Notas

1. Además de las fuentes citadas, este artículo se basa en entrevistas y conversaciones informales con colegas y amigos nicaragüenses (algunos con simpatías hacía el FSLN y otros hacía la oposición), en torno a las causas, dinámicas y actores de la crisis política que experimenta el país desde abril de 2018. Quiero agradecer la información y los claves de análisis que ellos aportaron para la elaboración del artículo. Por razones de confidencialidad no se mencionan sus nombres.

1. Hay evidencias de las manifestaciones de repudio y condena de la jerarquía y profesores de la Universidad de Guadalajara contra la lucha emancipadora de Hidalgo una vez que abandonó la ciudad. El Claustro de la institución aclaraba que se mantuvo en silencio pero que estaba indignado por la “crueldad y barbarie de los rebeldes.” Legajo. 4 de Exp. s/n. Claustro. 1811./ AMG. Una condena feroz fue la del profesor de la Universidad: Tomas Blasco: “Canción elegiaca sobre los desastres que ha causado en el reino de la nueva Galicia, señaladamente en su capital Guadalajara, la rebelión del apostata bachiller, Miguel Hidalgo y Costilla, capataz de la gavilla de insurgentes, cura que fue de la congregación de los Dolores en la diócesis de Michoacán. Compuesta por R.P.F. Tomás Blasco y Navarro, del Orden de Predicadores. Doctor en Teología por la Real Universidad de Guadalajara, catedrático de ella del angélico Doctor Santo Tomás.” 1811. Doc. L.22. Fondo Histórico. Biblioteca. ADM./- “Relación Cristiana de los males que ha sufrido Guadalajara por los insurgentes”. Anónimo; Miscelánea No 71. BPE. También: “Reclamación de los insurgentes contumaces, que dedica, ofrece y consagra el Dr. Victoriano Mateos, relator del Crimen de la Real Audiencia de Guadalajara y de su Real Acuerdo a las gloriosas y triunfantes armas de S. M.C. el señor don Fernando VII..” (Documento existente en el Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara). AHUDG /“El desengaño americano, manifiesto que, para reunión y concordia de todos los buenos, dispersión y exterminio de todos los malos, presenta al Reino de la Nueva España, un sacerdote de Guadalajara a quien había deslumbrado el ejército de insurgentes que ocupó dicha ciudad en estos dos últimos meses”, José Ángel de la Sierra, catedrático de la Universidad de Guadalajara. (Fue rector del Colegio de San Juan Bautista. Aunque luego cambió: fue colaborador de El Despertador Americano; diputado al Congreso Nacional Constituyente de 1823 a 1824.

2. La Real y Pontificia Universidad de México desató una campaña intensiva en desacreditar el movimiento; como el anti-Hidalgo: Colección de 16 cartas anónimas que fueron redactadas y difundidas por algunos de sus profesores. En la carta 10ª se exhorta a que se le despoje a Hidalgo del título de bachiller porque no “merecía estar ni debajo de las gradas donde corren los albañales y se expelen las inmundicias”. Otro texto emitido por otro profesor de universidad, exige que no se le dé el título de doctor a Hidalgo (“¡¡Qué doctor ni que calabaza!!”); “no han creado la Universidad de México monstruos de esa clase...” Incluso el Rector de la Universidad da órdenes para que si en los archivos de la institución aparece su nombre se borre de los registros. Las referencias de estas evidencias están en: Hernández Luna, Juan. Imágenes históricas de Hidalgo, pp. 140-142.

3. Archivo histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (AHAG). Cajas 3 y 4. Sección de gobierno. Serie Obispos. J.C Ruiz de Cabañas. 1808-1816.

4. No así con un número importante de sacerdotes de parroquia de pueblo de la región que se unieron al movimiento de Hidalgo, incluso algunos alumnos del seminario Conciliar y de la propia Universidad de Guadalajara. Cfr: Martínez Moya Armando. La Antigua Universidad de Guadalajara (tesis de maestría en Historia). Universidad de Guadalajara.

5. El presidente de la Audiencia estaba más preocupado por huir o esconderse. Las medidas que debía tomar, por las prisas, fueron muy precarias al grado que no hubo resistencia cuando llegaron los rebeldes el 11 de noviembre de 1810.

6. (2010). La Intendencia de Guadalajara y el movimiento de independencia [Mensaje en un blog]. Recuperado de https://blogdehistoriajc.blogia.com/2010/041601-la-intindencia-de-guadalajara-y-el-movimiento-de-independencia.php

7. Guadalajara, en el último tercio del siglo XVIII, a partir de las políticas de libre cambio, a la apertura del Puerto de San Blas, al desarrollo vertiginoso del empresariado local y con ello a un intenso intercambio y circulación de productos que propiciaron un mercado regional diversificado propició su crecimiento económico (Ibarra Romero, A., 2000). “Por los caminos que desembocaban por esta capital empezó a circular una gran cantidad de dinero, mercancías, viajeros y créditos destinados al fomento de la agricultura, la minería, la manufactura y el comercio (…). En 1793 había registrados 431 mercaderes mayoristas… el auge minero del Rosario y Bolaños, el repunte de la manufactura textil y el incremento demográfico (Olveda, 2011, p. 18).

8. El decreto contra la esclavitud emitido en Guadalajara y el ajusticiamiento de decenas de españoles acusados durante una comparecencia de horas por pobladores agraviados y que motivó su ajusticiamiento es muestra de que Guadalajara no era una ciudad armoniosa e igualitaria y evidencia el apoyo de gran parte de la comunidad tapatía.

9. El juicio de infidencia que con minuciosidad recoge Carmen Castañeda contra el Dr. Juan Antonio Montenegro muestra las múltiples relaciones y contactos que personajes criollos mantenían para conspirar. Algunos de ellos vinculados a la Universidad. Entre las personas que escucharon y discutieron con Montenegro sus proposiciones estaban Manuel María Gorriño y Arduengo, “diácono originario de San Luis Potosí, a la postre doctor por la Real Universidad de Guadalajara como Montenegro”. CASTAÑEDA, Carmen. El impacto de la Ilustración y la revolución francesa en la vida de México. Finales del siglo XVIII 1793 en Guadalajara. Revista Relaciones. El Colegio de Michoacán. Zamora. 1989.

10. Juicio de infidencia contra el bachiller Don Ignacio Ortiz, presbítero domiciliado en el obispado de Valladolid, en el pueblo de Jiquilpan. Acusado ante la Real Audiencia por ser simpatizante de los insurgentes por el Licenciado José María Jiménez. La Junta de Seguridad comisiona a Don Manuel Quevedo, Alcalde Ordinario de Guadalajara y Vocal de la Junta de Seguridad, como juez del caso. Ramo Criminal 1811. ARAG. Más evidencias de la represión contra simpatizantes, activistas o personas inocentes de parte de la autoridad: Castañeda Carmen. Movimientos Insurgentes en Jalisco. SC. Guadalajara. Págs. 80-89.

11. Años después de la presencia de los insurgentes en Guadalajara. “En septiembre de 1817 el Fiscal de lo civil de la Real Audiencia de Guadalajara acusó al célebre escultor Dionisio Sancho de haber permitido que en la nueva decoración de la sala de la Audiencia se pintaran elementos insurgentes y republicanos, entre otros, el “águila insurgente”, en los escudos. El documento fue publicado por Rafael Diego Fernández y Marina Mantilla Trolle, con un erudito ensayo del doctor Tomás Calvo.” (Camacho Becerra, 2010, pp. 43-47). El documento rescatado está en: Rafael Diego Fernández-Sotelo y Marina Mantilla Trolle, La Nueva Galicia en el ocaso del Imperio español. Los papeles de Derecho de la Audiencia de la Nueva Galicia, Colegio de Michoacán/, UdeG, Guadalajara, vol. I, 2ª ed., 2006, pp. XLIX-CII. Tomás Calvo, “Apéndice II: El Rey y la ley en la sala de la Audiencia de Guadalajara (1817-1820)”, en Rafael Diego Fernández, op. cit., p. XCVIII.

12. Un número amplio de expedientes sobre infidencias se encuentran en el Archivo Criminal de la Real Audiencia de Guadalajara, anteriores y posteriores a 1810. Por su parte Erick Van Young, en su amplio estudio sobre precursores del levantamiento insurgente, consigna que en Guadalajara, se detuvieron 80 personas de manera individual. La otra rebelión. La lucha por la independencia de México: 1810-1821. Cuadro 11.8 Lugar de nacimiento, residencia y captura de insurgentes acusados. Fondo de Cultura Económica. México. 2006. Pág. 123.

13. Eran tres escuadrones del Regimiento de Dragones y 8,000 indios. Castillo Ledón, Luis. Hidalgo, la vida del héroe. Talleres Gráficos de la Nación. Segundo tomo. México. 1949. Págs. 136-137.

14. Como la actitud de quienes asistieron al recibimiento de Hidalgo en Guadalajara y su estancia es variada y contrastante, en pro y en contra aunque forzados a recibirlo, la opinión de los historiadores es también diferenciada.

15. La entrada a Guadalajara del insurgente El Amo Torres 15 días antes, sin que hubiese un incidente de rechazo o trifulca mostraba la confianza que los habitantes tendrían ya sobre el movimiento. La entrada a Guadalajara del insurgente El Amo Torres 15 días antes, sin que hubiese un incidente de rechazo o trifulca mostraba la confianza que los habitantes tendrían ya sobre el movimiento.

16. DEL PALACIO, Celia. Adictas a la insurgencia. Mujeres en la guerra de independencia. Edit. Punto de Lectura. Santillana. México.

17. Había estudiado en la Universidad de Orihuela, pero incorporó sus grados a la de Guadalajara en 1800. También fue constituyente a Cádiz, pero no simpatizaba con los criollos por lo que no hizo causa común con ellos en el constituyente. Regresó a España unos años después de consumada la independencia mexicana. IGUINIZ, Ibid.

18. CASTAÑEDA Carmen. Don Miguel Hidalgo y don José Antonio torres en Guadalajara. UNED. México. 1985, Pág. 15.

19. El Despertador Americano reconocido como el primer periódico independiente de América española, fue editado en lo que hoy es la Casa de los Perros en el centro de la ciudad. El periódico constó de siete números, el primero salió a la venta en Guadalajara el 20 de diciembre de 1810 y el último el 17 de enero de 1811, ya que, a causa de perder la batalla del Puente de Calderón, el movimiento insurgente tuvo que replegar fuerzas y salir de Guadalajara.

20. Solicitada desde 1696 y de nuevo en 1750, la Universidad fue fundada bajo el reino de Carlos IV, gobernante mediocre que reculó de las reformas de su antecesor Carlos III. De ahí que el modelo universitario no contempló los avances científicos de la época.

21. Solo en las carreras de Medicina y Leyes puede apreciarse una cierta apertura académica, en las demás áreas curriculares se mantiene con una fuerte carga obsolescente. Recordemos que para esos años ya funciona el Colegio de Cirugía o el de Minería, resultado del reformismo borbónico. En Europa los descubrimientos en la ciencia van influyendo en los contenidos de enseñanza. Eso no se ve reflejado en el modelo aprobado para la Universidad de Guadalajara. Cfr: PESET, José Luis. Los orígenes de la educación técnica en México. El Colegio de minería. En: Clara Inés Ramírez y Armando Pavón (Comp). La Universidad Novohispana: corporación, gobierno y vida académica. CESU/UNAM. 1996. PESET. Mariano. Poderes y Universidad en México en la época colonial. En José Luis Peset. Et al. La ciencia Moderna y el nuevo mundo. CESIC. Madrid.1985.

22. José Simeón de Uría, que sería luego Rector, al momento de la insurrección, se encontraba camino a Cádiz para participar en los debates del constituyente como diputado por Guadalajara. Incluso fue él quien avisó del levantamiento a las autoridades de Guadalajara a través de una misiva urgente. Él transitaba por el bajío cerca de donde fue el grito de Dolores.

23. CHUST Calero, Manuel (2009). “Los diputados novohispanos y la Constitución de 1812”. Memoria de las revoluciones en México. Vol. 5. México: RGM Medios. Págs. XXI-LV. El discurso completo se puede consultar en: ESCOBEDO Delgado, José Miguel. Más que huellas de papel. Jirones de vida de don José Miguel Gordoa. Dpto. de Estudios Históricos. Arquidiócesis de Guadalajara. Guadalajara.2014.

24. Libros de actas de grado. 1812. AHUG. Fregoso Dennis, Carlos. El despertador Americano. Universidad de Guadalajara. 2001. Págs. 54-55

25. Francisco Antonio de Velasco. Estudió en la Universidad de México pero se graduó de licenciado en la de Guadalajara en 1794 en Cánones y en Leyes, y de doctor en 1798 y 1799. En ambas carreras fue vicerrector del Colegio de Abogados de México e impartió en la Universidad de Guadalajara la cátedra de Prima de Cánones. En 1810, al iniciar el movimiento era alcalde del Crimen en la audiencia de México. IGUINIZ, Juan B. Catalogo bibliográfico de los Doctores, licenciados y maestros de la antigua Universidad de Guadalajara. UNAM. 1963.

26. Real Ledezma, Juan (octubre de 2013). De los acontecimientos grandes y notables de la Universidad de Guadalajara, 1696 – 2013. Inédito.

27. Fue rector desde 1792 y se reeligió en 1799, 1801 y 1803. Murió en 1816 cuando había sido electo Obispo de Michoacán. RIVERA, Agustín. Anales de la vida del padre de la patria Miguel Hidalgo y Costilla. Ayto. de Lagos de Moreno. 2008 (reimpresión de 1870). Págs. 54. Es conocida la anécdota de que Allende le consultó sobre la posibilidad de envenenar a Hidalgo en virtud de la matanza perpetrada contra los españoles en los alrededores de Guadalajara y sus errores en la conducción militar. Ibid. Pág. 65.

28. Se exige que los que tengan pertenencias saqueadas por los rebeldes las reintegren a sus antiguos propietarios. FLORES, José Ramírez. El Gobierno Insurgente de Guadalajara.1810-1811. Ayuntamiento de Guadalajara. 1969. Pág. 116-117.

29. Dice el dictamen sobre la canción elegiaca que publica Gómez Villaseñor: “rebelión tal escandalosa la de Miguel Hidalgo y sus secuaces (junto) al tyrano de la Europa” (Napoleón). Ob. Cit. Pág. 8.

30. Castillo Ledón consigna que, “de las Cajas Reales, en numerario y barras de plata se dispuso de 115,269 pesos; de la Aduana 95,718 y de la Secretaría de Cámara 15,000, de los fondos del Clero (para lo que se comisionó al oidor Alcántara de Avendaño), 56,586 pesos, de Capellanías y Obras Pías, 77,000 de la Colecturía de Vacantes, 30 mil de fábrica y 31,500 de la Gruesa, a los que se sumaron algunos fondo de Conventos y los particulares de varios europeos, ascendiendo en poco tiempo lo recaudado a medio millón de pesos…” No consigna en esta relación a la Universidad. Op. cit. Pág. 148.

31. Las ocupaciones de Miguel Hidalgo en Guadalajara para no asistir personalmente fueron intensas. Expidió decretos sobre el uso exclusivo de las tierras de la comunidad por sus dueños, el proceso de la redacción y publicación de la abolición de la esclavitud; la extinción de los monopolios exclusivos del tabaco, la pólvora y los naipes; la supresión de los tributos que pagaban los indios; la recepción de decenas de denuncias de despojos e injusticias que le manifestaron indios y mestizos; la reorganización del ejército y el envío de insurrectos y representantes del movimientos a todo el reino incluso a los Estados Unidos y mestizos; entre muchos otros asuntos. Camarena Navarro, María Eugenia, Hidalgo el Libertador. En: La abolición de la esclavitud en Guadalajara. Instituto de Estudios del Federalismo. Guadalajara. 2001. Pág. 39.

32. Según Carmen Castañeda, ese día fue precisamente la fecha en que se publicó el último número de El Despertador Americano, pues ya Hidalgo hacía los preparativos para enfrentar a los españoles en el Puente de Calderón. Otros historiadores consignan la fecha de 17 de enero de 1811.

33. Ya hemos referido la aportación que debieron dar otras instituciones. Así que la Universidad parecía ser la última a la que se le solicitaba.

34. Acta Núm. 8 de la Universidad Real y Literaria Universidad de Guadalajara. De fecha 8 del 13 de enero de 1811 RLUDG del Archivo histórico de la Universidad de Guadalajara. AHUDG-

35. Acta Núm. 9 del Claustro Universitario del 13 de enero de 1811. AHUDG. - fojas 7 y 8. En el expediente de Hacienda de la Universidad, para las fechas referentes a este episodio, no se observa ninguna escasez de recursos en las arcas universitarias. AHUDG. Libros de Hacienda. 1811.

36. Acta Núm. 10. Del 26 de enero. AHUDG

37. Gran parte de los miembros del Cabildo Eclesiástico eran a su vez miembros del Claustro Universitario, por lo que se entiende este vínculo y relación.

38. Acta de Claustro de la Universidad del 7 de febrero de 1811. AHUDG. Incluso el Claustro se prestó para otorgar testimonios de fidelidad al Rey a quienes solicitaban esa conducta mientras estuvieron los insurrectos en la ciudad. AHUDG. Acta No. Del 10 de marzo de 1811.

39. Acta de Claustro de la Universidad del 9 de febrero de 1811. AHUDG.

40. Acta de Claustro de la Universidad del 11 de febrero de 1811. AHUDG.

41. Los miembros del Claustro eran en su inmensa mayoría miembros del Cabildo Eclesiástico. Cfr. MARTÍNEZ Moya Armando. La génesis de la Universidad de Guadalajara y los rasgos de su configuración y establecimiento. Tesis de Maestría. Secretaria de Educación. Jalisco. 2000. La promulgación de la Constitución de Cádiz se produce en México el 30 de septiembre de 1812,

42. La diputación provincial (1813-1823). H. Congreso del Estado de Jalisco. Dirección de Biblioteca, Archivo y Editorial. 2009. Guadalajara. Los miembros de la representación provincial son ya la cabeza de una nueva generación de hombres ilustrados jaliscienses. Aunque ahí se coló al canónigo Toribio González, ex rector de la Universidad, de posición más bien conservadora, pues estuvo en contra de la independencia, aunque fue luego un furibundo iturbidista. Cfr: BENSON, Nettie Lee. La diputación provincial y el federalismo mexicano. El Colegio de Mexico. México. 1955. Alberto Santoscoy, “Doctor don Toribio González”, Obras completas, Guadalajara, Unidad Editorial del Gobierno del Estado de Jalisco, 1986, p. 96.

43. Prisciliano Sánchez, vocero secreto de los independentistas, consideró siempre a la Universidad como una institución petrificada. Al clausurarla, casi al instante que fue nombrado gobernador, fundó en su lugar el Instituto de Ciencias en 1826-27. Cfr. MARTINEZ Moya, Armando. De la Universidad colonial a la universidad napoleónica; la educación ilustrada del Instituto de Ciencias promovida por Prisciliano Sánchez en Guadalajara 1824-1827. Revista de Historia de la Educación Latinoamericana. Vol. 7. año 2005 Págs. 257 - 272Prisciliano Sánchez, vocero secreto de los independentistas, consideró siempre a la Universidad como una institución petrificada. Al clausurarla, casi al instante que fue nombrado gobernador, fundó en su lugar el Instituto de Ciencias en 1826-27. Cfr. MARTINEZ Moya, Armando. De la Universidad colonial a la universidad napoleónica; la educación ilustrada del Instituto de Ciencias promovida por Prisciliano Sánchez en Guadalajara 1824-1827. Revista de Historia de la Educación Latinoamericana. Vol. 7. año 2005 Págs. 257 - 272

44. Enemigo acérrimo de los insurgentes, tuvo sin embargo que organizar un recibimiento para el libertador y luego entregar un donativo para esa causa, así como acatar el reconocimiento de reconocer a las Cortes como antecedente al constitucionalismo gaditano. Sánchez Leñero pertenecía ya a una poderosa familia conectada con el poder y con una gran influencia. Todos los miembros del cabildo universitario y eclesiástico tenían un parentesco y una relación de influencias y poder. Cfr. CASTAÑEDA, Carmen. Familias, redes familiares y unidades domésticas de letrados en Guadalajara, 1791-1821. Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28

45. Volvieron a aparecer estos doctores con gran fogosidad en 1834, cuando producto del plan de Cuernavaca se canceló la primera República y se instauró el régimen conservador y por lo tanto se reabrió la Universidad. El Instituto napoleónico que suplía a la universidad para atender la educación superior, era totalmente contrastante al modelo erudito del pensamiento escolástico. Con excepción de las carreras de Medicina y Leyes.

46. Carta del “Capitán General de América”, Ignacio Allende a Miguel Hidalgo, Sin fecha, pero por el texto se habla de una carta previa del 15 de noviembre. Ledón la ubica el día 19 de ese mes. Ledón, Op. cit .Pags.129- 130.

47. Ledón. Op. cit., p. 226. En el texto de José María Muriá y Angélica Peregrina: La insurgencia independentista en Jalisco. Un bosquejo y un diccionario biográfico. INAH. Guadalajara 2009, no aparece Avendaño mencionado en el diccionario. Por desgracia, no pude consultar el monumental diccionario de Insurgentes de José María Miquel I Verges.

48. Recordemos que Hidalgo elevó la Real Audiencia de Guadalajara, por decreto suyo, a la categoría de Audiencia Nacional, con atribuciones exclusivamente judiciales…y la convirtió de facto en supremo tribunal de justicia de la nación. Martin Tavira Urriostegui/José Herrera Peña. Hidalgo contemporáneo: debate sobre la independencia. Edición conmemorativa Morelia México 2003. Pág. 99

49. Documento del Cuartel General de Guadalajara firmado por Miguel Hidalgo el 5 de enero de 1811, donde se donan 25 pesos mensuales a la causa revolucionaria y recibe Pedro Avendaño. Documentos de la Independencia. J.A. Martínez. LVIII Legislatura. México. 1987.

50. Lista de los cabecillas insurgentes fusilados en Chihuahua los días 10 y 11 de mayo, 6, 26, 27 de junio y el 27 de julio de 1811. HERREJON. Carlos. Hidalgo razones de la insurgencia y Biografía documental. SEP. México. 1987. Pág. 271.

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