Violencia y universidad en la República Argentina. El caso de la Universidad Nacional de Córdoba, 1966-1983

• María Cristina Vera de Flachs
SECCIÓN: DOSSIER
Licenciada y doctora en Historia. Actualmente profesora titular en la Universidad Nacional de Córdoba, categoría I e Investigadora Principal de CONICET. Miembro titular del Centro de Historia Universitaria Alfonso IX de la Universidad de Salamanca, del Consejo Asesor del Instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad y de la Universidad Carlos III de Madrid y de la Universidad de León en España y del comité científico de revistas nacionales, americanas, españolas e italianas. vera@onenet.com.ar


 

Resumen

El presente trabajo analiza el tema de la violencia en la Universidad argentina durante las dos últimas dictaduras del siglo XX, haciendo hincapié en lo ocurrido en los claustros de la Universidad Nacional de Córdoba, cuando ellos estuvieron inmersos en graves conflictos que se sintieron particularmente en la Facultad de Filosofía y Humanidades, en la de Arquitectura y en la entonces Escuela de Ciencias de la Información dependiente de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación) y en uno de sus colegios: el Manuel Belgrano. Se sabe que cientos de personas fueron desaparecidas y otras tantas pasaron por las carceles de la ciudad de Córdoba en esos años, aunque no todas provenientes de esas unidades académicas.

Palabras clave: Universidad de Córdoba, Dictaduras militares en Argentina 1966-1983, Violencia.

Abstract

The present work analyzes the issue of violence in the Argentine University during the last two dictatorships of the 20th century, emphasizing what happened in the cloisters of the University Nacional de Córdoba, when they were immersed in serious conflicts that were felt particularly in the Faculty of Philosophy and Humanities, in Architecture and in the then School of Information Sciences under the Faculty of Law and Social Sciences (today Faculty of Communication Sciences) and in one of their schools: the Manuel Belgrano. It is known that hundreds of people they disappeared and many others passed through the prisons of the city of Córdoba in those years, although not all of them came from those academic units.

Key words: University of Cordoba, Military dictatorships in Argentina 1966-1983, Violence.

Introducción

El presente trabajo analiza el tema de la violencia en la Universidad argentina durante las dos últimas dictaduras del siglo XX, haciendo hincapié en lo ocurrido en los claustros de la Universidad Nacional de Córdoba, cuando ellos estuvieron inmersos en graves conflictos que se sintieron particularmente en la Facultad de Filosofía y Humanidades, en la de Arquitectura y en la entonces Escuela de Ciencias de la Información dependiente de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación) y en uno de sus colegios: el Manuel Belgrano. Se sabe que cientos de personas fueron desaparecidas en Córdoba en esos años, aunque no todas provenientes de esas unidades académicas.1

Entendemos por violencia lo que han descrito varios intelectuales para explicar lo ocurrido en otros fenómenos políticos del siglo XX, entre ellos, Georges Sorel, Walter Benjamin o Hannah Arendt. El período a analizar experimentó diferentes tipos de violencia: 1. Violencia estatal, uso de la fuerza por parte del Estado; 2. Violencia relacionada con Juan Domingo Perón y el movimiento peronista; 3. Violencia guerrillera (foquista-revolucionaria-castrista); 4. Violencia ideológica y 5. Terrorismo de Estado, el cual a su vez se nutrió de diversas vertientes.

Marina Franco sostiene que la violencia de los años estudiados fue solo un rasgo de los muchos que deben tenerse en cuenta para explicar lo que ocurría en la Universidad, tales como la lucha entre dos sectores del peronismo, la aparición de la Triple A2 y de las organizaciones guerrilleras que no pudieron detener la espiral de violencia y la participación de los sectores civiles que prestaron consenso cuando se producían los golpes de Estado (Franco 2012). La gravedad de los acontecimientos y el haber sido testigo de mucho de lo que aquí se escribe no me impide reconocer que la violencia fue terrible en ese tiempo. El tema en definitiva no es sencillo y exige despojarse de preconceptos.

Desde el 6 de setiembre de 1930 en adelante la República Argentina vio cómo las Fuerzas Armadas en cuatro oportunidades (1945-1955-1966 y 1976) accedieron al poder mediante golpes de Estado, contando con el apoyo de partidos políticos y de distintos sectores de la sociedad que reclamaban tranquilidad y orden, sin darse cuenta de que ello implicaba un avance sobre sus instituciones y en particular sobre la educación.

En el clima de la Guerra Fría y de la teoría de las fronteras ideológicas interiores, la contradicción se polarizó en torno del eje comunismo-anticomunismo. Argentina –un país próspero y relativamente pacífico para los estándares latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX– experimentó un ciclo de violencia devastador, particularmente entre 1966 y 1979, violencia que repercutió en la historia de las casas de altos estudios y particularmente en la de Córdoba.

Latinoamérica en la década de 1960

Paralelamente a lo que sucedía en Argentina, América Latina se militarizó en la década del sesenta. En 1962, Moscú anunció que reforzaría su ayuda económica y militar a Cuba, instalando en la isla rampas de lanzamiento de cohetes que podían alcanzar a Estados Unidos. con sus ojivas nucleares. Ambas superpotencias enfrentaron una severa crisis que culminó el 28 de octubre de dicho año, con el retiro de las rampas y de los cohetes por parte de Rusia. Sin embargo, Fidel Castro y el PC cubano, apoyados por Moscú, trataron de exportar su revolución, al tiempo que los movimientos de liberación y las guerrillas en Latinoamérica desarrollaban una crítica a las sociedades opulentas del bloque que lideraba Estados Unidos. Así Uruguay sintió los golpes de los Tupamaros y en Brasil se expandieron otros grupos clandestinos. En 1965 en Colombia, en un enfrentamiento con el ejército, murió el cura guerrillero Camilo Torres y, en octubre 1967, Ernesto “Che” Guevara en Bolivia cuando intentaba llevar la revolución a ese país. El primero había inspirado los movimientos guerrilleros sociales cristianos y, el segundo, a los grupos de izquierda. La imagen del “Che” fue hegemónica en los años sesenta particularmente en la Universidad de Córdoba donde los jóvenes empezaron a interactuar con el movimiento obrero mientras leían: La guerra de guerrillas del Che Guevara (1960). ¿Revolución en la revolución? del francés Regis Debray y del mismo autor “El Castrismo: La gran marcha de América Latina”, este último formó parte de uno de los números de la Revista Pasado y Presente, editada en la ciudad de Córdoba3. También conocían El Manual del Guerrillero del brasilero Carlos Marighela (1969) y Los Escritos de Mao Tse Tung. El fenómeno guerrillero latinoamericano preocupaba a muchos y eso alentaba a los Estados manifestar que debían contar con ejércitos modernos. La idea de la seguridad nacional- el anticomunismo- y en el caso argentino la necesidad de poner en marcha un proyecto nacional que llevase al país a un “destino de grandeza” eran temas cotidianos entre los militares, analistas políticos y medios afines. Al mismo tiempo, hay que remarcar la influencia de la Doctrina de la seguridad nacional, inspirada en Henry Kissinger y sostenida por el gobierno de los Estados Unidos como un medio de intervención en los países latinoamericanos. De acuerdo con este criterio, el enemigo exterior se hallaba incrustado en el interior de los Estados, representada por la violencia guerrillera, hecho que legitimaba la actuación del ejército para sofocarla.

La universidad en la Argentina a comienzos de la década de 1960

A comienzos de la década de 1960 y en el marco del auge del Estado desarrollista, se piensa en Argentina en una universidad cientificista tendiente a contribuir al desarrollo nacional. Con la expansión de la enseñanza secundaria, la clase media accedió a la universidad. La demanda juvenil de escolarización era intensa e incluía a las mujeres lo que incidió para que estas aumentaran su ingreso a los claustros universitarios entre 1961 y 1965, llegando en Argentina a una matrícula del 33.70% (Vera de Flachs, 2018). Por entonces, la modernización cultural iba en ascenso al punto que se habla de la época dorada de las universidades y de la ciencia y la técnica. En ese contexto, la Universidad de Córdoba se convirtió en un faro científico donde alumbraban congresos científicos, investigaciones de punta que eran publicadas en artículos y libros en el país y en el exterior. Varias e importantes iniciativas se tomaron tales como el mejoramiento de su infraestructura, extensión del beneficio de su obra social para sus docentes y empleados y desde el punto de vista docente el cursado de nuevas carreras que contemplaban la incorporación de titulaciones intermedias y el dictado de clases en horarios nocturnos. En síntesis, docencia e investigación fueron los pilares básicos de la vida universitaria de entonces, aunque no por ello deja de notarse en las Actas del Consejo Superior el permanente reclamo estudiantil por la escasez de presupuestos para una institución que estaba en expansión.

Pero todo eso se desmoronó, el 28 de junio de 1966 cuando un nuevo golpe de Estado derrocaba el gobierno democrático del radical Dr. Arturo Illia4. Entonces “el partido militar” promoverá la implantación de valores nacionalistas, tradicionalistas y familia, para lo cual se apelará al acervo anti modernista de la Iglesia, con gran influencia del Opus Dei y a su influencia sobre el Ejército, temas, por otra parte, que se retrotraían a los años treinta.

Con la llamada “Revolución Argentina” las universidades nacionales vieron alterado el escenario político y académico, las que fueron intervenidas y ocupadas. Por decreto-ley 16.912 firmado por el Gral. Juan Carlos Onganía el 29 de julio intentando acotar el impacto negativo de la intervención a las universidades, se dispuso que los rectores y decanos universitarios pasaran a ser designados por el Poder Ejecutivo en carácter de administradores. Las casas de altos estudios más pequeñas (del Sur, Cuyo y Nordeste del país) consintieron lo dispuesto, mientras los rectores de las seis universidades nacionales más grandes se negaron a aceptarlo pues argüían que la medida atacaba la democracia interna de las casas de altos estudios al desconocerles legitimidad e injerencia a sus órganos gubernamentales. Se anulaba así el cogobierno, la asamblea universitaria, el Consejo Superior y los consejos directivos que decidían los destinos de cada facultad dando por tierra con la institucionalidad construida bajo el ideario de la Reforma de 1918. Obviamente aquellos rectores debieron dejar sus cargos, A su vez la ley Nro. 16896 permitía detenciones y allanamientos sin previa orden judicial y la Nro. 17401 aprobó la represión al comunismo y la resolución Nro. 175 del ministerio del interior disolvió las agrupaciones estudiantiles y la prohibición de todo acto público, sin expresa autorización del gobierno.

Tras la intervención a las universidades, la de Buenos Aires sintió un episodio de violencia policial que alcanzó su epicentro en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales durante la llamada “Noche de los Bastones Largos”. El Partido Comunista Argentino de gran influencia entre el estudiantado fue proscripto y se clausuró la posibilidad de realizar alguna protesta colectiva. Los intelectuales, por razones ideológicas, comenzaron a dividirse y en algunos ámbitos académicos se discutió si debían renunciar como modo de desaprobación o permanecer dentro de universidad para resistir a las autoridades militares. La mayoría optó por la primera iniciativa, otros no tuvieron opción y muchos de los profesores considerados marxistas fueron cesanteados y otros partieron rumbo al exilio.

Estudiantes y obreros resisten la nueva legislación

Rápidamente los jóvenes mostraron síntomas de rebeldía y llamaron a luchar contra ese sistema político. A diario los edificios universitarios estaban empapelados con leyendas que daban la pauta de lo que sucedía en América Latina y había amenazas de toma de facultades por distintos motivos. En Córdoba las autoridades informaban sobre la existencia de elementos trotskistas y otros grupos de izquierda señalando que dichos grupos no estaban reconocidos por la Universidad.5 En respuesta el estudiantado y el sector obrero producían jornadas de protesta que iban desde huelgas de hambre, la no concurrencia a clase, actos relámpagos prohibidos generalmente en el comedor universitario, el dictado de clases alternativas en espacios no universitarios contra profesores considerados conservadores. Los grafitis en las paredes universitarias mostraban el descontento contra el régimen.

El 12 de setiembre de 1966 en una manifestación se produjo el deceso del estudiante Santiago Pampillón, herido de muerte por la policía.6 El hecho determinó un paro universitario nacional que impactó con fuerza en otras casas de altos estudios que realizaron asambleas estudiantiles en defensa de la autonomía universitaria y el gobierno tripartito, logrando que algunos docentes se plegaran a esas protestas en tanto los ejecutores de esas medidas eran “personas desprestigiadas intelectualmente, políticamente reaccionarias, personalmente trepadores y violentamente anti estudiantiles”(Comunicado de los centros de estudiantes de la Universidad Nacional del Litoral, El Litoral, 24 de setiembre de 1966). No obstante, la semana del estudiante en lucha dispuesta por la Federación Universitaria Argentina (FUA) para fines de ese mes no pudo romper la apatía estudiantil y fue descendiendo la conflictividad social hasta finalizar.

Se estableció la autarquía, fortaleciendo la autoridad de rectores y decanos y permitiendo una participación estudiantil limitada. El 21 de abril de 1967 se sancionó la ley orgánica N 17.245 de las Universidades Nacionales, elaborada por un Consejo Asesor de la enseñanza universitaria oficial creado para tal fin. La misma contenía ciento veintiséis artículos que regulaban la vida académica y si bien se otorgaba libertad académica (art. 81) a continuación se restringía al condenar las opiniones políticas (www.coneau.edu.ar/archivos/547.pdf).7 La ley reducía el gobierno universitario a los profesores de mayor jerarquía, concediéndoles a los estudiantes voz pero no voto. El representante electo, además, debía ser elegido entre los alumnos del último año y sólo quienes tuvieran aprobada al menos la mitad de la carrera podrían sufragar. La nueva legislación admitía la existencia de centros estudiantiles, pero advertía que no podrían realizar ninguna clase de actividad política. Por otro lado, obligaba a tomar exámenes de ingreso a las casas de estudio, previendo que cada facultad encontrara el mejor modo de implementarlos.

En 1967 la conflictividad social, mermó notablemente en todo el país, al tiempo que las protestas universitarias acompañaron esa línea descendente. El miedo surtía efecto.

El 12 de junio de 1968, en uso de las atribuciones conferidas por el art. 5 del Estatuto de la Revolución Argentina, se sanciónó la ley de las Universidades Provinciales existentes a la fecha, a las que se les concedió un plazo de 180 días para adecuarse a la ley 17245. Simultáneamente, el 28 de noviembre de dicho año por ley 17.987, el poder ejecutivo creó la décima universidad argentina: la Universidad Nacional de Rosario teniendo en cuenta que el 73% de los alumnos inscritos en la Universidad Nacional del Litoral y un alto porcentaje de sus docentes correspondían a la ciudad de Rosario (http://www.unr.edu.ar/universidad/).

Repercusiones del Mayo Francés

La revolución cubana había acercado las relaciones entre la militancia juvenil y la dirigencia del Partido Comunista Argentino que enfrentó una crisis. Los dictados del “Che” marcaban el camino. Se creó entonces el Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria del Partido Comunista de la Argentina, muy vinculado a los sectores universitarios. Delegados de Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe, Tucumán, Mendoza, Córdoba y Corrientes, se reunieron el 6 de enero de 1968 en la Provincia de Buenos Aires con el objeto de realizar una Conferencia donde se aprobó la declaración constitutiva de dicho Comité Nacional. En esa reunión, alrededor de cuatro mil delegados decidieron separarse del Partido Comunista y formaron el Partido Comunista Revolucionario.

De todos los acontecimientos suscitados a fines de los sesenta sin dudas el mayo francés fue el más sorprendente y apasionante para los intelectuales de izquierda. A partir de entonces las marchas de protesta estudiantiles se sucedieron con mayor o menor grado de éxito en universidades europeas y en América Latina.

Los estudiantes argentinos manifestaron un alto grado de politización, dirigiendo en sus reivindicaciones nuevas formas de hacer política y conduciendo a alianzas impensables entre gente que no estaba destinada a encontrarse. En Argentina, y en Córdoba en particular, había un factor común en las protestas, crítica al autoritarismo y reclamos a la forma de enseñanza a la que consideraban no apta para la necesidad del país, aunque las aspiraciones de algunos grupos minoritarios iban más allá: los jóvenes alejados de las estructuras de poder deseaban ir contra el sistema al punto de pretender cambiar la sociedad en la que vivían. Esta aseveración la confirman las expresiones vertidas en Córdoba, en julio de 1968, por el dirigente estudiantil, Máximo Mena, quien señaló “nuestra lucha, la lucha de todos, en definitiva, es contra el sistema. Hay que convertir cada universidad, cada fábrica y cada barrio en una fortaleza... ¡Compañeros, sigamos el camino del “Che” Guevara hacia la construcción del socialismo!”. (La Voz del Interior, junio de 1968).

1969: el año del Cordobazo

El año 1969 se presentó complicado desde todo punto de vista y los estudiantes debatían en las aulas los grandes problemas políticos solidarizándose con las clases obreras y enfrentando la dictadura de Onganía. En mayo, trataron de impedir la realización de una reunión de decanos de las Facultades de Medicina de todo el país convocados en Córdoba con la intención de reorganizar la actividad científica y docente de la especialidad. La protesta se incentivó por la presencia de los decanos de las universidades privadas. En realidad, durante todo el mes se produjeron una serie de acontecimientos sindicales y estudiantiles que hacían prever que se estaba frente a las puertas de un conflicto serio. Desde el rectorado y a través de mensajes trasmitidos por radio y televisión se convocaba al diálogo exhortando a los docentes a que aportaran su experiencia a estos problemas que habían costado vidas de estudiantes.

Las movilizaciones estudiantiles fueron reprimidas y ni el más fantasioso hubiera arriesgado la hipótesis que el caos cobraría proporciones jamás registradas en la historia del país.

Entretanto se iba produciendo el acercamiento entre los estudiantes y los obreros. El 26 de mayo de 1969 el sindicalismo cordobés había decidido una huelga general de 36 horas, para los días 29 y 30 de mayo, en coordinación con el movimiento estudiantil. El 28 los jóvenes resolvieron adherir al paro obrero decretado para el día siguiente, que dio como resultado una revuelta conocida como “Cordobazo”. El 29 aprovechando el paro activo decretado por la Confederación General del Trabajo Argentina (CGTA), se organizaron columnas de estudiantes y obreros que enfrentarían en la ciudad a las fuerzas policiales. Máximo Mena, obrero y estudiante, integraba la columna que venía de la planta de Santa Isabel de la empresa IKA-Renault. El Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) desempeñó un papel clave en este acontecimiento. La policía abrió fuego sobre la columna y Máximo Mena cayó muerto. La noticia corrió y se produjeron varias movilizaciones en distintos puntos de la ciudad. Córdoba vivió tres días de caos hasta que las fuerzas armadas intervinieron. Como resultado el Cordobazo dejó: 32 muertos, 500 heridos y 2000 detenidos, 104 de esos fueron enjuiciados por el Consejo de Guerra especial del III Cuerpo de ejército y detenidos en diferentes cárceles, pero, a su vez, hizo mella en el ejecutivo nacional.

La universidad mantuvo cerradas sus puertas por siete días, medida que se reiteró en otras oportunidades. Los estudiantes, en un acto de protesta, colocaron carteles que señalaban que había sido cerrada por “las minorías burguesas” y que “Nores, el rector, no era el dueño”. El Dr. Rogelio Nores Martínez era miembro de la oligarquía cordobesa y co-propietario del diario católico Los Principios. La historia familiar del rector no era desconocida para el movimiento estudiantil. Efectivamente, el padre de Rogelio era el Dr. Antonio Nores, quien ocupara el rectorado en 1918 cuando se produjo la Reforma. Su presencia en el rectorado de la UNC despertó profundo recelo en la mayor parte del estudiantado, en tanto, como hemos señalado, se lo veía como miembro de una elite; así lo manifestó en un duro comunicado la Federación Universitaria de Córdoba (FUC). (Comunicado de la Federación Universitaria de Córdoba, La Voz del Interior, 2 de febrero, 1967, 11). Tiempo más tarde el Dr. Nores Martínez fue reemplazado. No obstante el cambio de autoridades, las revueltas estudiantiles continuaron, particularmente en la Facultad de Filosofía. Para evitar disturbios, en mayo se realizó una nueva clausura de la UNC.

Pero, a su vez, el Cordobazo demostró que el gobierno del Gral. Onganía era vulnerable. El 9 de junio de 1970, este dejó el poder siendo reemplazado por una “Junta de Comandantes en Jefe” compuesta por el Tte. Gral. Alejandro A. Lanusse, el Almirante Pedro Gnavi y el Brigadier Gral. Carlos A. Rey. Días después, el 13, estos designaron como primer magistrado al Gral. Roberto Marcelo Levingston, quien se desempeñaba como agregado militar y representante del ejército en la Junta Interamericana de Defensa con sede en Washington.

Sin embargo, los gobiernos que siguieron no pudieron evitar el grado de politización instalado en los claustros universitarios. Fueron años difíciles y las aulas eran fiel reflejo de lo que acontecía en el país. Los jóvenes en la resistencia hacían circular libros forrados o con las tapas cambiadas por miedo a que descubrieran lo que leían, otros se dedicaban a editar publicaciones clandestinas que distribuían en el comedor estudiantil, en los claustros o en la calle.

Otra realidad después de la renuncia de Ongania

En febrero de 1971 el CS de la UNC y los de otras universidades nacionales y el Consejo de Rectores resolvieron, en uso de sus facultades, suprimir los cursillos de ingreso para el próximo curso lectivo y transformarlos en cursos introductorios de cada carrera, medida que ocasionó en el sector estudiantil momentos de regocijo aunque las demandas por un ingreso irrestricto continuaron y se hicieron más fuertes a medida que transcurría el año. En este lapso, la UNC aceptó un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para construcciones y equipamiento por cuatro millones y medio de dólares y se creó la Caja Compensadora de la Universidad.

No se pueden explicar hoy los hechos de Córdoba, sin analizar también el papel que jugó una minoría que encontró terreno apto con el descontento que empezaba a generalizarse contra el Gobierno Nacional que encabezaba el ejército. En ese momento, una serie de grupos armados comenzaron a registrar niveles de actividad, entre ellos, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) brazo armado de orientación trotskista, Montoneros, las llamadas Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL), que actuaban generalmente en el ámbito urbano, al tiempo que otros expresiones y grupos tenían aceptación en algunos jóvenes como, por ejemplo, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. La actuación de estos grupos se centró en la toma de unidades militares, asaltos a bancos, secuestros y asesinatos de empresarios, militares, policías, etc.

Los esfuerzos de la izquierda por penetrar en la estructura sindical fueron constantes, llegando a imponer algunos dirigentes como Raimundo Ongaro en el gremio de los gráficos, Atilio Santillán en FOTIA que reunía a los gremios de la industria azucarera y a Agustín Tosco en Luz y Fuerza. Ellos, además de René Salamanca (desde 1972 Secretario General del SMATA), y otros que no respondían a la CGT oficial, crearon una entidad que se llamó Coordinadora de Gremios, Comisiones Internas y Fábricas en conflicto. La fractura de la CGT oficial peronista, había hecho nacer la llamada CGT de los argentinos (CGTA) encabezada por Ongaro, la que reunía a todas las organizaciones de izquierda. Pero, a su vez, hay que mencionar que en este lapso la provincia tuvo varios interventores lo que dio lugar a una intensa politización de la misma.

El traspaso de los años 60 a los 70 implica una aceleración de la historia en donde se imponen y profundizan diversas figuras: nueva izquierda, nuevo hombre, nueva sociedad, con una “reinterpretación” del peronismo que intenta reunir la experiencia histórica del primer peronismo con el socialismo cubano, a partir de una formación de ideas, imágenes y esquemas de acción. Se trata de una construcción simbólica de la política, alrededor de la experiencia peronista.

Aquel intelectual involucrado con las luchas y la reivindicación de las culturas populares, con su nueva identidad, profundiza su misión en los 70: la figura de un intelectual orgánico, término que corresponde a Antonio Gramsci, uno de los intelectuales más relevantes del pensamiento marxista con gran llegada en un grupo de intelectuales cordobeses reunidos en torno a la revista Pasado y Presente cuyo director fue José Arico. Esa idea toma fuerza cuando de la cuestión nacional se trata, para comenzar a pensar una estrategia del verdadero cambio social. Una cuestión nacional que incluye tanto al Estado como a la Sociedad Civil. En la década del setenta las nuevas ideas, el compromiso militante y el objetivo de cambio social, alentaron un modelo universitario de debate, donde la universidad era concebida como el espacio que poseía el conocimiento necesario para construir una relación de cooperación con las organizaciones populares. En poco tiempo la misma estuvo signada por la efervescencia política y la movilización popular. Las revistas de la época dieron cuenta de lo que sucedía en la Universidad (Laura Segura).

En Córdoba después de la salida de Ongania del poder, las protestas aminoraron, pero no desaparecieron, como lo demostró la conmemoración del primer aniversario del Cordobazo el 29 de mayo de 1970, cuando fue secuestrado y posteriormente fusilado el teniente general Pedro Eugenio Aramburu, que había sido presidente provisional entre 1955 y 1958. Del operativo participaron dos cordobeses: Ignacio Vélez Carrera y Eduardo Maza, enrolados en la línea ideológica de la Revista Cristianismo y Revolución conjuntamente con Mario Firmenich, Norma Arrostito y Fernando Vaca Narvaja. En ese contexto, un reclamo de los trabajadores de IKA Renault y un conflicto estudiantil en las Facultades de Arquitectura, Ciencias Exactas y Derecho,provocó que la policía detuviera a 1.500 estudiantes que participaban de protestas, los que permanecieron encarcelados en el Cabildo de la ciudad durante meses.

En la mañana del 1 de julio de 1970, un comando guerrillero tomó por asalto la localidad de La Calera. La elección tenía que ver con la raigambre peronista en tanto este lugar había sido el último foco de resistencia peronista durante la Revolución Libertadora (1955), además de su cercanía con el Regimiento de Infantería Aerotransportada de Córdoba. El operativo duró menos de una hora. Entonces Montoneros distribuyó una proclama donde llamaban a la resistencia armada por una patria libre, justa y soberana. Terminando con la afirmación: “Perón o muerte” (M.C. Vera de Flachs, 2013).

Todos los integrantes del asalto pertenecían a la agrupación Montoneros, eran católicos militantes, volcados hacia la lucha armada y dirigentes estudiantiles de la Universidad Nacional y de la Universidad Católica, que en principio no coincidían con la postura de los curas del Tercer Mundo. Después del hecho fueron detenidos8 (Silvia Sigal). En esa instancia decidieron realizar una autocrítica en lo que se conoce como “Documento Verde” y romper con la conducción de Mario Firmenich y participar en la columna de Sabino Navarro, afín a los curas obreros y a la militancia social. Entretanto, los detenidos como muchos otros universitarios que compartían esas ideas enarbolaban un discurso donde se cuestionaba el sistema político vigente, rechazaban el carácter burgués de la Universidad, a la vez que deseaban acompañar al peronismo y unirse con los trabajadores. Todos los grupos guerrilleros nacidos en la década del setenta estaban compuestos en su mayoría por hombres y mujeres jóvenes, de poco más de 20 años, estudiantes o profesionales de clase media, muchos pertenecientes a familias tradicionales y católicas.

Entre tanto, el 15 de marzo de 1971 Córdoba sufrió un nuevo episodio violento, conocido como Viborazo, o como segundo Cordobazo.9 Fue este una huelga con protesta social masiva opuesta al interventor militar de la provincia perteneciente a la dictadura militar gobernante conocida como Revolución Argentina, el dirigente conservador Camilo Uriburu. La ciudad volvió a sentir barricadas, saqueos y enfrentamientos de trabajadores y estudiantes comandados por los sindicatos en especial por Luz y Fuerza con las fuerzas policiales. Estos sucesos provocaron la renuncia del interventor de la provincia y a nivel nacional la del general Roberto Marcelo Levingston, quien fue sucedido por el general Alejandro Agustín Lanusse.

Tiempo después en medio de la crisis política y social se produjeron en el país otros levantamientos similares conocidos como RosariazoMendozazo, etc. El llamado a elecciones no tardó en realizarse.

La política universitaria del delegado de Perón

El 25 de mayo de 1973 asumió la presidencia de la Nación, por un breve período, el delegado de Perón: el Dr. Héctor Cámpora, bajo la fórmula del FREJULI10. Ahora la violencia cambiaba de cara. Hasta entonces la lucha había sido entre militares y grupos peronistas y entre peronistas y antiperonistas. Pero a partir de entonces la lucha se desplazó hacia el interior del movimiento peronista dominando la escena política nacional y provincial.

La situación política que hemos descrito desbordó a las casas de estudios universitarias. Al frente del Ministerio de Educación, una de las áreas más importantes, se designó a un académico que si bien provenía del peronismo tradicional mantenía también gran simpatía con los sectores más combativos de la Juventud Peronista: el Dr. Jorge Alberto Taiana,11 quien desde 1945 había alternado la práctica de la medicina con el análisis de la problemática educativa, enfatizando en la política universitaria. Taiana digitó una serie de medidas controvertidas que abrieron paso a una decisiva etapa de politización en el campo universitario: interviniendo las 23 Universidades Nacionales (Decreto Nº 35), cuyos considerandos expresaba: que la liberación nacional exigía poner definitivamente las universidades nacionales al servicio del pueblo.

Luego se produjo la designación de autoridades vinculadas a la tendencia revolucionaria de la Juventud Peronista; la reincorporación de los profesores expulsados de la universidad entre 1955 y 1973; cesantía de docentes identificados con la dictadura de 1966 y de quienes además trabajaban como empleados en empresas multinacionales; y establecimiento para el año 1974 de un ingreso irrestricto en las universidades del Estado. Todo ello, según argumentaba el mismo ministro, porque “la universidad debe insertarse en el proyecto de país que la mayoría del pueblo quiere realizar”. (Diario Mendoza, 27/05/1973).Gran protagonista de este período fue la izquierda peronista que, entre otras acciones, motorizó crecientes protestas y ocupaciones de una importante cantidad de dependencias estatales e instituciones privadas de todo el país.

Entretanto los grupos armados hacían de las suyas. El asalto al Batallón de Comunicaciones 141 del Ejército Argentino el 18 de febrero de 1973 fue la acción más importante realizada por la guerrilla perretista en el período, por su envergadura militar y espectacularidad. Los diarios locales le dedicaron varias páginas con extensos comentarios y profusión de fotografías y testimonios. Además reunió algunas de las características centrales de las acciones paradigmáticas de la organización; esto es, repercusión mediática, importante planificación, cronometrada ejecución y nulo derramamiento de sangre, realización de la acción en un escenario ubicado en un emblemático sector de la ciudad.

Simultáneamente la provincia de Córdoba vio ese año el triunfo electoral del Frente Justicialista de Liberación, siendo designados como gobernador el Dr. Ricardo Obregón Cano y Atilio López representante del sindicalismo. De manera similar a otros distritos, la fórmula contaba con el firme apoyo de los sectores radicalizados del peronismo. La figura del vicegobernador, dirigente de la UTA y Secretario General de la CGT, integrante del sector legalista que conducía la central cordobesa en alianza con el sector de Agustín Tosco, concitaba expectativa en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). En este marco debe entenderse su presencia en las movilizaciones que acompañaron la asunción de las nuevas autoridades y las que impulsaban una rápida liberación de los presos políticos.

El ejército, por entonces poderoso decidió la persecución y la violencia. Era una lucha entre los que se disputaban el poder. La guerrilla quedó atrapada por la represión militar y por su propia dinámica interna que la fue conduciendo a un aislamiento con la sociedad, en tanto los principios originarios se fueron desvirtuando. No cabían en estas organizaciones ni el arrepentimiento ni las deserciones.

La realidad de la ciencia y la universidad

A partir de entonces Córdoba y su universidad no pudieron escapar a la política represiva y la dinámica de desindustrialización los que abrirían paso a un proceso de des colectivización12, esto es la pérdida de aquellos anclajes colectivos que configuraban la identidad de los sujetos, referidos al mundo al trabajo, la política y las instituciones estatales. Diversos autores señalaron algunos de los elementos constituyentes de las políticas educativas de la época, tales como su carácter reactivo, la pérdida de especificidad del sistema, la militarización, la burocratización y la verticalidad administrativa. Como así también la reducción de los presupuestos de Ciencia y Tecnología. Durante este lapso unos 3000 docentes, administrativos y estudiantes fueron expulsados de las casas de estudios superiores argentinas y la UNC no escapó a esta política. En el CONICET un centenar de investigadores perdió su fuente de trabajo. Paralelamente debemos recordar que desde 1972 esta institución fue creando institutos propios, los que, aunque formalizados bajo convenios con universidades (en general nacionales), desarrollaban su actividad, alejados muchas veces tanto física como organizativamente de aquéllas.13

La universidad bajo la tercera presidencia de Perón

Según dijimos, el Dr. Héctor Cámpora había asumido la presidencia de la Nación el 25 de mayo de 1973. Durante su gobierno, el 20 de junio, se produjo lo que se conoce como la Masacre de Ezeiza. La misma se originó en medio de una de las manifestaciones realizada para recibir al general Perón en su regreso definitivo a la Argentina. El 13 de julio Cámpora renunció a la presidencia, siendo sustituido por un personaje fiel a la derecha peronista hasta las elecciones de septiembre que tenía como objetivo que el general Perón ocupara por tercera vez la primera magistratura. El llamado a elecciones presidenciales posibilito que la fórmula Perón-Perón -que integraba junto a su mujer, María Estela Martínez- resultara vencedora, aunque para entonces aquel estaba enfrentado con Montoneros. Debemos mencionar que esta agrupación, el 25 de setiembre de 1973, asesinó al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, mientras los grupos de tareas a su vez ponían bombas en casas de intelectuales o dirigentes estudiantiles universitarios, teatros independientes o imprentas.

El 12 de octubre de 1973, tras su asunción, Perón confirmó al Dr. Jorge Alberto Taiana en el Ministerio de Educación, quien abrió el debate en torno a un nuevo proyecto de ley universitaria que fue promulgada el 26 de marzo de 1974, como Ley Nº 20.65414 y que dispuso que las universidades nacionales “son personas jurídicas de derecho público, organizadas dentro del régimen de autonomía académica y docente y de autarquía administrativa, económica y financiera que les confiere la presente Ley” y que la enseñanza que impartieran seria gratuita. Aunque aclaraba que quedaba prohibido en el ámbito de las mismas el proselitismo político y la difusión de ideas contrarias al sistema democrático que es propio de nuestra organización nacional. (Ministerio de Cultura y Educacion, Ley universitaria 20654, Serie legislación educativa argentina, 5, Buenos Aires, 1974. www.bnm.me.gov.ar/giga1/normas/3855.pdf)

El gobierno y la administración de las Universidades serán ejercidos con la participación de todos los sectores de la comunidad universitaria: docentes, estudiantes y personal no docente. A través de la Asamblea Universitaria. La época y el texto de la ley aceleraron aún más el panorama de radicalización y conflictividad social que vivía el país.

La Universidad de Córdoba no lograría normalizarse y se designó como interventor al Dr. Prospero Francisco Luperi. Algunos decanos renunciaron después de sancionada la nueva ley. Por entonces esa casa de altos estudios contaba con 30.000 estudiantes que constituían el 5% de la población total de la ciudad.

La anterior proscripción de Perón había posibilitado la existencia dentro del peronismo de sectores enfrentados. Lo que explica que dos sectores del peronismo universitario auto identificados como de izquierda y derecha se disputaran el poder. En un marco de avanzada de sectores de la derecha peronista sobre instituciones que hasta entonces eran gobernadas por grupos relacionados con la izquierda del movimiento, hizo que los conflictos resurgieran.

Con su llegada a la presidencia de la Nación en septiembre de 1973 se intentó poner orden en el partido y controlar a la izquierda. En un discurso pronunciado en febrero de 1974, aquel denuncio que en la provincia de Córdoba, gobernada por Obregón Cano, había “un foco de infección” y a los infiltrados, en tanto había incorporado a su gobierno a representantes de la JP y de Tendencia Revolucionaria, los calificó como “brotes enfermos” que perturbaban el cuerpo sano del verdadero peronismo. El 27 de ese mes y año las autoridades provinciales debieron renunciar ante la sublevación del jefe de policía de la ciudad, Antonio Navarro, episodio que se conoció como “el Navarrazo” y, el 1 de marzo, este hecho culminó con la intervención de la provincia.15 Perón convalidaba la derecha peronista. Entretanto la provincia de Córdoba quedaba militarizada dos años antes del próximo golpe de Estado y la política del terror hacía su camino en ella. Algunos dirigentes sindicales y políticos sufrieron las consecuencias del accionar de la ultraderecha.16

El hasta entonces ministro de educación Dr. Jorge Alberto Taiana, fue reemplazado por Oscar Ivanisevich, hombre de la derecha peronista que había sido ministro del área durante el primer gobierno de Perón. Este cambio influyó en la futura ley universitaria que se alejaba del espíritu de la Reforma de 1918 al suprimir la autonomía universitaria y prohibir las actividades políticas en la institución. El debate fue arduo, el jefe de la bancada peronista, Ferdinando Pedrini, la apoyó diciendo que la autonomía transformaba a las univer-sidades ajenas al Estado y que no querían universidades con “guerrilleros que atacan al gobierno popular como si tratara de un gobierno militar”. (La Nación y Clarín, 15 de marzo de 1974) Otros senadores y diputados de la coalición oficial exigieron un control directo sobre las instituciones de enseñanza superior. Lo cierto es que, a partir de setiembre de 1974, se intervinieron las universidades nacionales y se cerraron los centros de estudiantes. Luego un decreto prohibió el ingreso por aduana de literatura que difundiera ideologías, doctrinas o sistemas económicos y sociales tendientes a derogar la forma republicana y representativa de gobierno. Muchas publicaciones nacionales y provinciales se cerraron, entre ellas Pasado y Presente editada en Córdoba.

El 1 de mayo de 1974 Perón, en un acto en Plaza de Mayo, apuntó contra los jóvenes “estúpidos e imberbes”, alegando que si no estaban de acuerdo con la conducción debían irse. Los jóvenes se retiraron y vaciaron la mitad de la plaza. A partir de entonces, opta por la derecha del peronismo. La extrema derecha estaba conformada por la Alianza Anticomunista Argentina y la Alianza Libertadora Nacionalista y los diferentes grupos de izquierda constituyeron Tendencia Revolucionaria. En consecuencia, hubo un incremento de las acciones paraestatales y de las organizaciones armadas de izquierda. La violencia estaba en todas partes. Los distintos sectores que habitaban en el peronismo se enfrentaban a diario por el control del gobierno y del partido, muchas veces en los recintos universitarios. El 12 de junio Perón, en su último discurso al pueblo argentino, manifestó que creía que había llegado la hora de reflexionar acerca de lo que pasaba en el país y depurar de malezas de ese proceso porque, de lo contrario, podían esperarse horas muy aciagas para el porvenir de la República. En esa ocasión al hablar dijo: “La Universidad es foco de semejantes insensateces. Querían su ley, la tienen y está en plena organización normalizadora. ¿A qué seguir agitando un asunto terminado en lo sustancial? ¿Cómo se explica que ello suceda, solamente con fines extra universitarios? Esperamos los concursos para el profesorado. Será preciso asegurar que el resultado de ellos sea respetado y defendido por todos, como una garantía para que la Universidad, que valdrá tanto como sea el valor de su profesorado, pueda organizarse”. (Presidencia de la Nación, Mensaje de Juan Domingo Perón dirigido al pueblo argentino desde el salón Blanco de la casa de gobierno, 12 de junio, 1974).

El fallecimiento de Perón –acaecido el 1 de julio de 1974– abortaría todos los proyectos del líder en poco tiempo. En definitiva, la vigencia de la ley universitaria fue breve y tuvo escasa aplicación en ese contexto socio político convulsionado y confuso.

En septiembre de 1974 y durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón, el brigadier Raúl Lacabanne fue designado interventor federal en Córdoba, quien a su vez, nombró a Héctor García Rey como jefe de policía. Es conocida la vinculación de Lacabanne y García Rey al Comando Libertadores de América, una organización parapolicial que operó en Córdoba antes del golpe cívico-militar de 1976. Con la llegada del interventor se profundizaron las actividades ilegales relacionadas al terrorismo de Estado. El Departamento Informaciones Policiales (D2), que antes había realizado tareas de inteligencia, pasó a practicar detenciones, secuestros e interrogatorios bajo tortura, cayendo varios estudiantes en esas operaciones.

Entretanto, el proceso de militarización de las organizaciones e izquierda se intensificó y hostigaba a la fuerza militar para disputarle poder. A comienzos de septiembre de 1975, asumía la comandancia del Tercer Cuerpo del Ejército en Córdoba el general Luciano Benjamín Menéndez quien se comprometía día y no “Che” a “aniquilar a estos delincuentes subversivos que quieren someter a la invicta Argentina a los dictados sangrientos de regímenes importados17.

1975: un año de caos y violencia

El 5 de febrero de 1975 María Estela Martínez, al frente de la presidencia de la Nación, firmó el decreto N 261 por el cual se autorizaba al Comando General del Ejército a “aniquilar el accionar de elemento subversivos”. El embate contra la universidad fue feroz, los estudiantes castigados con golpizas, detenciones y en algunos centros con la pérdida del año lectivo. Sin embargo hubo Facultades más politizadas que resistieron y manifestaron en la calle en cuanta oportunidad pudieron, incluso asumiendo posiciones en relación a hechos que trascendían las fronteras provinciales y nacionales. La escena internacional creaba el marco propicio para que los jóvenes, a veces acompañados por docentes, se manifestaran contra el imperialismo.

La escalada de violencia se incrementaba por parte de ambos sectores. Por un lado se comenzó a denunciar sobre secuestros de personas de las que nada se sabía a pesar de la presentación de Habeas corpus. No debemos dejar de señalar que, paralelamente, había en el país un deterioro de todas las variables económicas, alta inflación, especulación financiera, alta tasa de desempleo, caída de las exportaciones, etc., lo que iba menoscabando el gobierno de Isabel Perón. Ante este panorama los estudiantes cordobeses se unían a los reclamos obreros, que pedían aumentos de sueldo en virtud de la alta inflación. La asociación de la violencia con la juventud estaba presente en la prensa y en el discurso peronista oficial, donde era frecuente que usaran para mencionarlos términos como “extremistas, alienados, comunistas”, etc., Lo cierto es que la violencia de derecha o izquierda era un problema de la época.

En medio de este clima el diputado radical cordobés Manuel Molinari Romero se preguntaba en marzo de 1976 ¿“Que gusano tan inmundo está royendo el corazón del pueblo argentino?” Y respecto a lo que acontecía en esta provincia, acusaba a la guerrilla, pero indicaba que el Ejército también era responsable de la represión en Córdoba.18 Al día siguiente, las Fuerzas Armadas deslindaron toda responsabilidad de los secuestros y los asesinatos. (La Opinión 6 de setiembre de 1975). Sin embargo el golpe de 1976 estaba en marcha y los políticos poco hicieron para evitarlo pues tuvo consenso de la dirigencia y de la opinión pública cansada de tanta violencia (Pilar Calveiro).

El golpe de Estado de 1976

El último golpe militar ocurrió el 24 de marzo de 1976. El evento ocasionó que una Junta de Comandantes de las tres fuerzas armadas se erigiera como el órgano supremo del Estado. La primera Junta estuvo conformada por el Gral. Jorge Rafael Videla, Comandante Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti. El primero fue nombrado presidente. La Junta disolvió el Congreso Nacional, derrocó gobernadores, legislaturas, y destituyó a los integrantes de la Corte Suprema de Justicia. El objetivo del nuevo gobierno, según dijo, era reorganizar radicalmente al país, modificar profundamente el sistema político y la cultura, la economía, el trabajo, y limpiar a Argentina de cualquier germen plausible de subversión.

En síntesis, significó la imposición de un régimen político en las que la forma de pensar, actuar y convivir en la sociedad se iba a modificar. Para lograr esos cambios el gobierno instauró la represión, la detención, la desaparición y la muerte. Se crearon espacios de confinamiento, cárceles adaptadas a ese fin o lugares donde enclaustrar a las personas involucradas o sospechadas19.

Se agudizaron las tensiones que se vivían en los distintos claustros universitarios. El 29 de marzo, las Universidades nacionales fueron intervenidas y desde el poder ejecutivo se colocó al frente de la conducción de cada una de ellas a un delegado militar. La matrícula se había incrementado notablemente, por tal razón tiempo después en el Consejo de Rectores se analizaron temas como cupos de ingreso y la eventualidad de establecer aranceles. Con respecto al primer tema, valga decir que hasta 1974 las universidades nacionales procedían con autonomía y diferentes criterios. A partir de entonces se suprimió toda forma de evaluación y durante ese año y los dos siguientes se admitió a todos los aspirantes siempre que hubiesen aprobado el llamado Tríptico Nacional. Después de 1977 se estableció un sistema común de ingreso a todas las universidades nacionales con sucesivos ajustes en el cupo de ingreso.

En 1976, el general Acdel Edgardo Vilas –responsable máximo del Operativo Independencia que combatió la guerrilla en los montes tucumanos– por orden de Isabel Perón sostuvo que se debía “luchar contra la subversión y anular las fuentes en las que se nutre, forma y adoctrina el delincuente subversivo. Y esa fuente es la Universidad y los colegios secundarios”.20

A su vez, en mayo de 1977 el General Ibérico Saint Jean, Gobernador Militar de la Provincia de Buenos Aires hizo una nefasta declaración, diciendo: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos”

Otros documentos también hacían mención que se debía combatir la subversión en el ámbito educativo habida cuenta que en él se trataba de captar para la causa a estudiantes, docentes y no docentes. Además de acusar que en varios colegios secundarios y en la Universidad muchos docentes utilizaban bibliografía y recursos didácticos contrarios a la nacionalidad.

El “Operativo Claridad” es, desde esta perspectiva, la expresión más acabada y articulada de ciertas tácticas locales que funcionaban acorde a la necesidad de conocer hasta el más mínimo elemento subversivo infiltrado para así eliminarlo definitivamente. Dicho Operativo prescribía para las instituciones educativas, una serie de directivas a seguir para la total erradicación de la subversión en la enseñanza. Se redactó un plan de delación, control y denuncia que debía ser instrumentado por los directores, autoridades y docentes sobre sus pares, sobre la bibliografía y sobre los mismos alumnos. El 11 de Octubre de 1977, el Ministerio de Educación dictó la resolución N° 44, creando una dependencia de inteligencia en su estructura administrativa para supervisar la instrumentación de dicho plan y procesar la información recibida.

Pero la violencia no fue solo para la educación y la palabra escrita, también se vio afectada la programación radial, la música, el cine y la televisión. Eso implicó que artistas, editores y directores fueran incluidos en una “lista negra”, lo que obligo a muchos al exilio y otros terminaron detenidos.

Entretanto el 11 de abril de 1980 se sancionó una nueva ley para las universidades nacionales que instituía un régimen de gobierno similar al establecido por la ley 14.297 de 1954.

La inestabilidad política obviamente incidió en el campo académico. Hubo éxodo de profesores, se debilitó la investigación y la docencia y aparecieron problemas nuevos como el costo creciente del financiamiento del sistema, a la vez que se aumentaba la deserción estudiantil y el bajo promedio de egresos, problemas que hoy pese a la estabilidad política se mantienen, exigiendo a los que gobiernan estas casas de estudios a la búsqueda de soluciones tendientes a lograr el nivel de excelencia que ella requiere.

La violencia en la Universidad de Córdoba en números

A pesar de los problemas descritos los jóvenes mantenían sus sueños y utopías, cuestionaban la política y pretendían cambios sociales y económicos. Los más rebeldes equivocaron el rumbo y participaron de organizaciones guerrilleras con las consecuencias de sufrir la violencia del Estado. Quienes llevaron a cabo la detención eran los “grupos de tarea” y eso se producía en los lugares de trabajo, en la universidad, en la calle, o en el domicilio particular de cada uno de la ciudad de Córdoba, en el interior provincial o en otras ciudades del país. En el caso cordobés, luego, eran derivados a distintos campos de detención en la provincia como Campo de La Rivera, La Perla,21 o el D2. Otros corrieron peor suerte fueron ejecutados, incluso algunos en la ciudad universitaria y otros secuestrados fueron eliminados con otros métodos.

En total en base a 1010 registros 391 fueron estudiantes, los que estuvieron inscritos en las distintas carreras, según se observa en el cuadro que sigue:

Cuadro 1.

Cuadro realizado por la autora en base a los datos aportados por Silvia Romano y otros, Vidas y ausencias. Destinatarios de la represión en Córdoba, 1969-1983, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 2010. En total en el país la CONADEP documentó 8961 casos. Aunque no se sabe la totalidad, pues muchos archivos de prisioneros fueron destruidos.

* Las facultades y las carreras que se incluyen respetan las denominaciones de la época de estudio.

Pero además de los estudiantes universitarios y secundarios, hubo cientos de casos de docentes y no docentes, de obreros de las fabricas FIAT, IKA RENAULT y PERKINS, trabajadores independientes, delegados gremiales, empleados públicos, bancarios y de comercio, profesionales (médicos, abogados, contadores), periodistas, hasta amas de casa, empleadas domésticas, obreros y pastores protestantes, cuyas edades oscilaban entre los 16 y más de 65 años. La violencia no hacia distingos de edad ni de ocupación o profesión.

A manera de cierre

Existen infinidad de trabajos que abordan cuestiones en torno a las dos dictaduras de la segunda mitad del siglo XX en la Argentina, preferentemente para el período 1976-1983, desde distintas perspectivas: militares, organizaciones armadas, el periodismo,21 las ciencias sociales, la memoria histórica, las víctimas, las organizaciones de derechos humanos, etc. y con diversos objetivos, a veces parciales o interesados (comprensión, auto justificación, brindar testimonio, búsqueda de justicia y reparación y fundamentalmente para preservar la memoria), en tanto los desaparecidos eran en su mayoría militantes, de allí que los sobrevivientes fueron claves para contar lo ocurrido. Sin embargo el tema de la violencia en las universidades ha comenzado a ser abordado recientemente en jornadas, tesinas y artículos diversos.

Las condiciones históricas que llevaron a que la República Argentina experimentara un ciclo de violencia en las casas de estudios superiores en las dos últimas dictaduras militares del siglo XX fueron varias. Tal como explicamos en nuestra introducción el período sintió diferentes tipos de violencia, de todas ellas se nutrió el terrorismo de Estado, dejando graves secuelas en la sociedad hasta hoy.

Pensar lo ocurrido entre 1966 y 1983 implica reconocer muchas cosas, entre ellas que las izquierdas nacionales no tenían llegada a los sectores populares y estos no creían en sus propuestas, ese fue uno de los motivos que los llevo a refugiarse en una lucha armada que los encerró en un callejón sin salida. Por otra parte el Ejército, a cargo del Estado, que sintió los golpes de la guerrilla respondió con una violencia inusitada. Simultáneamente la sociedad estaba agotada y cansada de bombas, secuestros y requisas, lo que explica que cuando se produjo el golpe del 76 muchos no opusieron resistencia a los métodos de la violencia empleados por el Estado en esos años22.

Después del fracaso de la invasión a las Islas Malvinas, en 1982, la tercera junta militar debilitada convocó a elecciones para el año siguiente. Con la vuelta a la democracia en 1983 urgía recuperar el tiempo perdido y los jóvenes universitarios que mantuvieron su utopía pudieron hacer efectivo los cambios que pretendían. Como primera medida reorganizaron los centros de estudiantes ya fuesen los dependientes de Franja Morada admiradores de Raúl Alfonsín, los de la JP, los partidarios del “bisonte” Oscar Allende, los “troskos”, los comunistas, los demócratas cristianos, los de la UPAU, que eran los que se acercaban a la derecha, pero todos tenían los mismos objetivos, cargarse de ideas y ayudar a los necesitados fueran sectores carecientes, evacuados etc. En grandes guitarreadas donde compartían mates o choripanes fueron reconstruyendo con vocación ese ambiente estudiantil que con el paso de los años a fuerza de elecciones, peñas estudiantiles y asambleas se mantiene en pie.

Notas

1. El Archivo Nacional de la Memoria en el Registro e Índice General de Víctimas de terrorismo de abril de 2008 y en uno específico de Córdoba de 2005 se consigna 658 y 710 personas detenidas-desaparecidas o asesinadas en la provincia de Córdoba, respectivamente. Hay que destacar que desde la Reforma de 1918 en adelante la UNC registra la perdida de vida de jóvenes cada vez que hubo huelgas estudiantiles.

2. La Alianza Anticomunista Argentina fue una estructura represiva parapolicial, bajo las órdenes del Ministro de Bienestar Social del gobierno peronista José López Rega, que realizó atentados contra militantes políticos y medios de prensa de izquierda.

3. Pasado y Presente era una revista de orientación marxista editada entre los años 1963 y 1965 en su primer año de vida estuvo dirigida, por Oscar del Barco y Aníbal Arcondo, sumándose a partir de su segundo año José María AricóSamuel KieczkovskyJuan Carlos TorreHéctor SchmuclerCésar GuiñazúCarlos AssadourianFrancisco DelichLuis J. Prieto y Carlos R. Giordano y, en una segunda época, ocho años después, su director fue José María Aricó.

4. Los gobernadores provinciales fueron destituidos y reemplazados provisoriamente –en su mayoría– por generales en actividad o retirados. El interventor para la provincia de Córdoba fue el general Gustavo Martínez Zuviría, 2º Comandante del III Cuerpo de Ejército, quien duró dos meses en el cargo. Lo reemplazó Miguel Ángel Ferrer Deheza, abogado, profesor titular de la cátedra de Derecho Civil en la Facultad de Derecho y con una larga trayectoria en varios organismos privados. Sus ministros formaban parte de la elite social con inserción universitaria, lo que Juan Carlos Agulla denominó “aristocracia de toga”.

5. En agosto de 1965 el rector de la UNC, Ing. Eduardo Camisa Tecco informó al ministro de educación de la Nación sobre la existencia de estos grupos.

6. Pampillón cursaba el 2º año de la Facultad de Ingeniería Aeronáutica de la UNC y trabajaba como obrero mecánico en la empresa de automóviles IKA-Renault, en la ciudad de Córdoba.

7. Por ejemplo, en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC de acuerdo a lo dispuesto en los artículos 84 y 85 de la mencionada ley se reformaron los planes de estudios de las diferentes carreras. La innovación más importante radicaba en la división de las carreras en ciclos posibilitando que el alumno pudiera conseguir un título al concluir el ciclo básico, además de dividir las materias en fundamentales y optativas.

8. José María Breganti, Felipe Nicolás Defrancesco, Guillermo Martorel Juárez, Juan Carlos Sorati Martínez, Heber Albornoz y José A Antonio Fierro. Ignacio Vélez Carreras y su esposa Cristina Liprandi de Vélez. Luis Lozada y Emilio Ángel Maza, resultaron heridos, Maza falleció una semana después en el Hospital San Roque.

9. El nombre se debe que el periódico la Voz del Interior publicó, al día siguiente, un artículo que mostraba una víbora comiendo la cabeza de Uriburu.

10. El FREJULI (Frente Justicialista de Liberación) reunía a varios partidos: El Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), el Partido Popular Cristiano, una escisión del Partido Demócrata Cristiano, una rama del socialismo y siete partidos provinciales.

11. El Dr. Jorge Alberto Taiana (Buenos Aires16 de marzo de 1911 - ibídem26 de junio de 2001) fue un médico y político argentino que ocupó varios cargos: en 1952 asumió como decano de la Facultad de Medicina, y un año después fue nombrado rector de la Universidad de Buenos Aires, durante el gobierno de Cámpora fue designado ministro de educación durante el período mayo 1973-1974.

12. El término pertenece al sociólogo francés Robert Castell.

13. A comienzos de 1970 había 13 institutos dependientes de CONICET en todo el país, los que para 1983 habían crecido a 116 y 7 centros regionales.

14. Poco después Navarro fue restituido en su cargo y Atilio López, el ex vice gobernador muerto en manos de la Triple A.

15. Entre los golpes más significativos de ese momento podemos mencionar el asesinato de la familia Pujadas, el secuestro, tortura y asesinato del líder montonero Marcos Osatinsky, la masacre de nueve estudiantes bolivianos que aparecieron con balas en la nuca y maniatados con sábanas del Ejército Argentino y el secuestro y desaparición de los abogados Miguel Hugo Vaca Narvaja (padre e hijo). Una acción a gran escala en el marco de esa “limpieza ideológica” fue la desaparición de más de cuarenta personas en el denominado “Operativo Moncholos”. En la jerga militar moncholos se decía a los militantes montoneros.

16. Menéndez fue condenado a prisión perpetua después de varios juicios por delitos de lesa humanidad. Durante el juicio de 2008 culpo a los guerrilleros como iniciadores de la guerra.

17. “El terrorismo había causado 1358 muertes desde el 25 de mayo de 1973, así desglosadas: 66 militares, 136 miembros de las Policías provinciales, 34 de la Policía Federal, 677 civiles y 445 subversivos¨. La Opinión en su edición del 23 de marzo de 1976 titulaba “una Argentina inerme ante la matanza”.

18. Entre 1976 y 1982 funcionaron 340 campos de concentración distribuidos en el territorio nacional ubicados en 11 provincias argentinas. El tamaño de las instalaciones determinaba el número de prisioneros. Córdoba tuvo dos centros importantes La Perla, correspondiente al III Cuerpo del Ejército y el D2.

19. En 1977, Vilas fue pasado a retiro, decisión en la que gravitó su distanciamiento del presidente Jorge Rafael Videla y su sucesor, general Roberto Viola. En ámbitos castrenses, lo identificaban con el jefe de la Armada, Emilio Eduardo Massera, vínculo que el militar siempre negó. Antes de ser beneficiado con las leyes del perdón, Vilas hizo una extensa declaración ante la Cámara Federal, en Bahía Blanca, para lo cual pidió ser relevado de las obligaciones que le imponía el secreto militar. Estaba involucrado en 78 causas por delitos y trascendió que habría presentado una copia de las órdenes dictadas por la conducción militar para actuar en la lucha contra la subversión. Pocas semanas antes de los episodios de Semana Santa de 1987, fue detenido. En junio de 1988, la Corte Suprema de Justicia aplicó la ley de obediencia debida y ordenó su libertad, junto con la de otros 26 procesados. En 1982, con vistas al retorno de la democracia, Vilas procuró liderar una corriente interna dentro del peronismo. Organizó un acto en el Luna Park, donde reivindicó la figura de Perón y bregó por la unidad del justicialismo.

20. Al costado de la ruta que une Córdoba con la ciudad de Carlos Paz funciono un centro de detención del país, uno de los más grandes del interior. Para más datos y ver la situación de algunos estudiantes universitarios Cfr. Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo, La Perla. Historia y Testimonios de un campo de concentración, Buenos Aires, Aguilar, Taurus, Alfaguara, 2012.

21. Pablo Ponza y José Soaje se ocuparon de desentrañar el accionar represivo sobre los periodistas y la prensa gráfica de Córdoba, a partir del momento del alzamiento conocido como “Navarrazo”. La hipótesis del articulo sostiene que, entre 1974 y 1976, la represión aplicada a los periodistas y medios gráficos locales no fue diseñada ni reglamentada de modo compacto y homogéneo, sino que su ejercicio fue asistemático, imprevisible y previo a la implementación de la Circular Número 19 de marzo de 1976 y el Plan de Comunicación Social de septiembre de 1977, cuyo objetivo central fue marcar la agenda informativa para forzar un tratamiento benigno de la gestión militar y generar un clima ficticio de normalidad y orden.

22. Solo lo hicieron un grupo de madres, que se conocieron durante los trámites para buscar a sus hijos desaparecidos en abril de 1977 cuando decidió juntarse un día por semana en Plaza de Mayo para protestar. Así nacieron las “Madres de Plaza de Mayo”, un símbolo de la resistencia popular argentina a la dictadura militar.

Fuentes

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Actas del Honorable Consejo Superior. 1970. Tomo 101.
Actas del Honorable Consejo Superior. 1973. Tomo único.
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Resoluciones de la intervención 1973. Tomo 1 y 2.

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Entrevistas realizadas por la autora a varios estudiantes de la época.

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