Universidad y maternidad. Madres universitarias en la Universidad de Sonora

• José Raúl Rodríguez Jiménez / Brenda Judith Millanes Campa / Juan Pablo Durand Villalobos
SECCIÓN: DOSSIER
• Doctorado, Profesor Investigador de la Universidad de Sonora en el Departamento de Sociología y Administración Pública rraul@sociales.uson.mx / Licenciada en Sociología, ayudante de Investigación en El Colegio de Sonora brendax.mc@gmail.com / Doctorado, Maestría en Innovación Educativa, Profesor investigador de la Universidad de Sonora duralobos@hotmail.com


 

Resumen

El artículo presenta una exploración sobre estudiantes universitarias que a la par son madres, detalla sus características demográficas, el embarazo sorpresivo, los apoyos familiares y las vivencias como madres y estudiantes. La descripción permite conocer un grupo integrado preferentemente por madres solteras que experimenta la maternidad de manera inesperada durante sus estudios pero que cuenta con el respaldo familiar para continuar su formación universitaria. También perfila los contornos de una maternidad intensa y contradictoria. La información que respalda el trabajo proviene de 25 entrevistas realizadas a informantes de la Universidad de Sonora.

Palabras clave: Universidad, Estudiantes, Maternidad, Sonora.

Abstract

The article presents an exploration of university students who are at the same time mothers, details their demographic characteristics, unexpected pregnancy, family support and experiences as mothers and students. The description allows us to meet a group of single mothers who experience maternity unexpectedly during their studies but who have family support to continue their university education. It also shapes the contours of an intense and contradictory motherhood. The information that supports the work comes from 25 interviews conducted with informants from the University of Sonora.

Key words: Gender, University, Students, Motherhood, Sonora.

Resumo

O artigo apresenta uma exploração sobre estudantes universitárias e mães ao mesmo tempo, detalha as suas características demográficas, a gravidez supressiva, os apoios familiares e as vivencias como mães e estudantes. A descrição permite conhecer um grupo integrado preferentemente por mães solteiras que experimentam a maternidade de forma inesperada durante a sua formação, mas que contam com o respaldo familiar para continuar a sua formação universitária. Também perfila os contornos de uma maternidade intensa e contraditória. O trabalho é respaldado de 25 entrevistas realizadas a informantes da Universidade de Sonora.

Palavras chave: Universidade, Estudantes, Maternidade, Sonora

Presentación

Las cifras oficiales sobre matrícula de la educación superior en México (incluido el posgrado) la sitúan en alrededor de 4,000,000 de estudiantes (ANUIES, 2017). En un conjunto tan numeroso seguramente la diversidad de estudiantes es muy amplia, desde los jóvenes que dedican todo su tiempo a los estudios hasta quienes comparten responsabilidades laborales y escolares, pasando por adultos. Aunque en la última década el campo de conocimiento muestra avances significativos y algunas fuentes han mejorado la información sobre los alumnos, aún se está lejos de tener una mirada completa y detallada sobre los estudiantes de la educación superior.

Este trabajo trata justamente sobre uno de estos grupos: las estudiantes universitarias que simultáneamente son madres. Sobre ellas es tan escaso el conocimiento que ni siquiera es posible saber cuántas son (las fuentes oficiales no reportan este dato), menos aún conocer sus características sociales, escolares o las creencias en torno a su condición de alumnas y madres. El propósito de este artículo es ofrecer una primera exploración de estas estudiantes, con especial acento en su condición de alumnas y madres, cómo enfrentan las responsabilidades escolares y familiares, así como algunas de las creencias en torno a los estudios y la maternidad. Para ello el trabajo se ordena en siete apartados. Los dos primeros tratan teóricamente a los estudiantes y la maternidad; sigue la metodología; el cuarto apartado presenta una caracterización de las madres universitarias; los siguientes están dedicados a las prácticas e imágenes de la maternidad en madres universitarias.

Estudiantes, reconociendo las diferencias

A inicio del siglo, De Garay (2001) sostenía que en México los estudiantes de la educación superior conformaban un actor desconocido puesto que se ignoraban sus características y prácticas. En la década siguiente, a los estudiantes mexicanos se les conoce mejor. Guzmán (2011) señala que los avances se presentan sobre todo en la composición social de los estudiantes, trayectorias escolares, vida estudiantil, experiencias e identidades. Estos adelantos permiten saber que, aunque predomina el estudiante joven y soltero, sin hijos y con trayectoria escolar continua, los estudiantes difieren por género, origen social, edad, establecimiento de adscripción, áreas de conocimiento, tiempo de dedicación y consumos culturales (De Garay, 2012). Algunas de estas diferencias se observan, por mencionar solo tres casos, en los hábitos de estudio, procesos de integración institucional y trayectorias escolares.

Trabajos publicados en otras regiones presentan resultados similares al caso mexicano. En España, Soler (2014) sostiene que los estudiantes pasaron de ser considerados un grupo homogéneo a tratarlos como colectivos heterogéneos, lo que da pie para pensar que tienen formas de vivir y transitar la educación superior de manera distinta. Daza (2014) ubica que las diferencias no se limitan a la diversidad de experiencias universitarias, sino que también se observan en el tipo de relaciones (capital relacional) que establecen los estudiantes y que tienen conexión con el origen social. En Argentina, Carli (2014) analiza la experiencia estudiantil mediante la reconstrucción de los itinerarios biográficos de alumnos de ciencias sociales y humanidades, encontrando que esas narrativas refieren tanto a la biografía estudiantil como a la universidad misma.

Más allá de los matices en el tratamiento, los expertos reconocen que los estudiantes no pueden ser cabalmente comprendidos sin la noción de juventud. Hipotéticamente los estudiantes pertenecen al segmento de jóvenes ubicado entre los 19 y 24 años, edad típica para cursar los estudios superiores, aunque es posible ubicar personas de mayor edad por lo que la asociación no parece natural. La juventud es una creación de las sociedades occidentales de la segunda mitad del siglo XX, operó como mecanismo de control social para postergar la incorporación de las nuevas generaciones en las esferas sociales, por lo que solía comprendérsele como un período de espera. Sin embargo, las sociedades fracasaron para incorporarlos plenamente, además de que los mismos jóvenes quieren vivir el tiempo presente y no el futuro (Reguillo, 2011). Desde aquí resulta comprensible que haya múltiples formas de vivir la juventud, una de ellas es la de estudiante universitario, aunque tampoco sea uniforme puesto que se traslapa con los trayectos sociales previos, los grupos y culturas de origen (Suárez y Pérez, 2008).

Maternidad

Las sociedades construyen imágenes de hombre y de mujer, imponiendo férreamente papeles, normas, expectativas y creencias diferenciados. A la mujer, por siglos se le asoció directamente con la figura de madre, de tal suerte que el destino natural de toda mujer era la maternidad. A este binomio, la sociedad europea del siglo XIX añadió la imagen de familia burguesa por lo que la maternidad debía darse en el matrimonio y la mujer, además de esposa y de procrear, se hacía cargo de los cuidados y educación inicial de los hijos (Burgaleta, 2011). Estas relaciones fueron válidas para amplios segmentos sociales, incluso lograron generar los sentimientos de realización, plenitud y felicidad. A raíz de varios procesos sociales –incorporación fémina al trabajo, aumento en los niveles de escolaridad, movimientos feministas- las imágenes de mujer y maternidad perdieron vigencia. En la actualidad existen formas distintas de vivir y experimentar la condición de mujer y de maternidad (Burgaleta, 2011).

En el caso de México la situación de la mujer, incluida la maternidad, muestra transformaciones significativas en los últimos 45 años. A inicios de década de 1970 la tasa global de fecundidad era de 7.2 hijos por mujer, mientras que en 2015 se sitúa en 2.2 (INEGI, 2016). Este cambio representó para las mujeres una drástica reducción en el tiempo total de los embarazos, así como en la disminución del cuidado de la descendencia. La reducción de la fecundidad fue acompañada por una mayor variedad en la situación conyugal; de las mujeres mayores de 12 años y con al menos un hijo vivo, el 52.7% está casada y el resto se reporta en unión libre (19.4%), viuda (10.1%), separada (8.4%), soltera (6.5%) y divorciada (2.8) (INEGI, 2016:5).

En la actualidad la maternidad engloba no solo la procreación de los hijos sino también sus cuidados. Tradicionalmente esta actividad estuvo a cargo de la familia y desde inicios del siglo pasado de la familia nuclear. Este modelo de familia continúa siendo predominante, aunque desde la década de 1970 se advierten nuevos arreglos familiares, en especial las familias monoparentales, que en Latinoamérica registran el mayor crecimiento (CEPAL, 2014), encabezadas en su mayoría por mujeres. Para las mujeres que deciden o se ven obligadas a la maternidad en solitario la experiencia puede llegar a representar serios problemas no solo por la manutención y el cuidado de los hijos, sino además por el estigma que conlleva la maternidad en solitario (Jiménez, 2003).

En cuanto a las madres universitarias, el tema ha sido escasamente tratado por lo que solo se tienen algunos hallazgos. La mayoría de los análisis reportan que la maternidad, sobre todo por el cuidado de los hijos, se opone a las exigencias de la universidad de tal manera que las madres experimentan frecuentes obstáculos (Achío, 1999). Más aún, la universidad puede operar como una institución con fuertes barreras para la inclusión de madres (Ajandi, 2011). Los trabajos también dan cuenta de la importancia de las redes familiares de apoyo a las madres universitarias, ya sean contribuciones financieras o el cuidado de los hijos, aunque también generan fuertes conflictos (Castillo, 2014). Arvizu (2016) sostiene que en el curso de vida de las madres universitarias se adelanta la transición hacia la vida adulta.

Metodología

En México se carece de información oficial sobre la maternidad de estudiantes universitarias. Dada esta limitación, se consideró pertinente explorar el tema de la maternidad en estudiantes universitarias con un enfoque cualitativo. Con este fin, se eligió a la Universidad de Sonora (UNISON), campus Hermosillo. Esta institución es la más populosa universidad sonorense, cuenta con más de 28 mil estudiantes, (30% del total de la matrícula de licenciatura en el estado); la distribución por género favorece a las estudiantes frente a los varones (51.3% y 48.7%, respectivamente); y el campus Hermosillo, representa el 78% del total de la matrícula institucional (UNISON, 2015).

La información empírica fue levantada mediante una entrevista compuesta por cuatro dimensiones de observación: condición de estudiante, maternidad, apoyos para la maternidad y condición de madre universitaria, además de los datos generales. La selección de informantes utilizó el procedimiento de bola de nieve, esto es, mediante amistades y redes sociales virtuales se ubicaron madres universitarias que quisieran participar en el estudio, sin importar su estatus escolar, estado civil, número de hijos o edad. Más adelante, estas mismas estudiantes presentaron a otras más. Este procedimiento fue favorable puesto que se lograron 25 entrevistas. Aunque el estudio no pretendió lograr representatividad institucional, cubre la mayor cantidad de campos de conocimiento en la institución.

La información de campo fue recabada entre enero-abril de 2014, en las propias instalaciones universitarias1. En general, las entrevistas tuvieron una duración aproximada de 45 minutos, puesto que las entrevistadas tenían múltiples ocupaciones, en ocasiones los encuentros fueron al finalizar el horario de clases, en algún receso escolar o bien camino a la salida del campus universitario. Finalmente, para respetar el anonimato de las entrevistadas, los nombres consignados aquí son ficticios.

¿Quiénes son las madres universitarias?

Las entrevistadas conforman una población de rasgos similares. La mayoría de ellas son jóvenes, con un promedio de edad de16-25 años al momento de la entrevista, lo cual las sitúa ligeramente sobre el límite superior de la edad típica para cursar estudios superiores (18-24 años); cuatro estudiantes superan los 30 años, quienes iniciaron la educación superior después de los 25 años. Las entrevistadas cursan licenciaturas en cinco de las seis áreas de conocimiento de la UNISON, exceptuando Ciencias Exactas y Naturales, donde fue imposible ubicar informantes. Esta limitación puede ser atribuida al procedimiento utilizado, pero también porque en esa área la presencia femenina es menor (29% de la matrícula). Las jóvenes cursan 11 licenciaturas, preferentemente psicología (7), químico biólogo (4) e ingeniería química y trabajo social (con dos estudiantes respectivamente); en términos generales se trata de licenciaturas con alta demanda en la UNISON. Las entrevistadas mantienen un promedio escolar superior al resto de la comunidad universitaria, 86.04% vs. 79.49%. Una de las razones que puede explicar este desempeño es la posibilidad de acceder a becas, pero también porque las familias de las estudiantes condicionan los apoyos a un rendimiento escolar satisfactorio.

Sobre la maternidad también se observan rasgos comunes. Las entrevistadas experimentaron la maternidad por primera ocasión a temprana edad, alrededor de los 18 años, incluso cuatro de ellas a menor edad. Exceptuando dos entrevistadas, para todas ellas el primer hijo no fue planeado, por lo que su llegada fue sorpresiva y dramática, más aún porque 17 entrevistadas vivenciaron la maternidad como madres solteras, cinco en unión libre y tres casadas. El nacimiento del primer hijo ocurre durante la escolarización, sobre todo en la universidad (17) y en menor medida en el bachillerato (4) y secundaria (1); únicamente tres entrevistadas no asistían a la escuela.

Comparando el nacimiento del primer hijo con el momento de la entrevista se tienen algunos cambios. El estado civil presenta pocas variaciones, salvo una ligera disminución de la soltería y un pequeño aumento de mujeres casadas y separadas. Lo mismo sucede con el número de hijos; en cinco casos se tuvo mayor descendencia, las restantes continúan con un hijo. En general, los hijos de las estudiantes son menores de 3 años, pero para las mayores de 30 años, el número de hijos y su edad aumenta, puesto que tienen alrededor de 3 hijos adolescentes, incluso mayores de edad. El empleo no es común, solo la tercera parte de ellas cuenta con trabajo remunerado, preferentemente de tiempo parcial. La baja participación laboral puede explicarse por motivos escolares, limitación de tiempo y escases de puestos laborales, o porque cuentan con soportes familiares; nueve entrevistadas reciben ayuda financiera y 11 comparten residencia con sus padres.

En síntesis, las entrevistadas conforman un grupo integrado mayoritariamente por jóvenes que viven su tercera década de vida, experimentaron la maternidad a temprana edad sin haberla planeado y la enfrentaron en soltería. Este grupo tiene matices: algunas cuentan con más de 30 años, planearon el embarazo y la maternidad ocurrió estando casadas.

Embarazo inesperado y recomposición del futuro

A pesar de la precariedad en el empleo profesional, persiste la creencia de que la educación superior genera beneficios y capacidades para competir en los mercados profesionales. Para los estudiantes de la UNISON esta creencia continúa presente (Cortez, 2015). Justamente las entrevistadas ingresaron a la universidad con esa expectativa. En sus planes, la formación escolar y empleo profesional figuraban como prioridades, luego vendría el matrimonio y la maternidad (alrededor de los 25 años), lo cual no difiere de los patrones trazados socialmente. En el siglo pasado las sociedades occidentales intentaron marcar por etapas el recorrido que deberían cumplir los jóvenes en su tránsito hacia la vida adulta: escuela, trabajo, independencia, matrimonio y paternidad. No obstante, numerosas causas impidieron ese recorrido y en su lugar se abrieron diversas transiciones hacia la adultez (Mora y Oliveira, 2009; Saraví, 2009).

Las estudiantes enfrentan un hecho inesperado (el embarazo) que altera sus planes y las obliga a recomponer sus proyecciones, pero además las alejan del modelo normativo hacia la vida adulta por lo que deben hacer una reinterpretación de su rol como estudiantes y, en unos meses más como, madres. No es posible reconstruir las causas del embarazo no planeado, pero es posible conocer las situaciones que despertó la noticia. Para las jóvenes, el aborto no fue opción y puesto que deciden continuar con el embarazo, enfrentan fuertes desafíos. El primero es transitar rápidamente de ser jóvenes con escasas responsabilidades a ser adultas con nuevas y fuertes obligaciones, lo que les genera incertidumbres: dudas sobre la capacidad para cuidar de los hijos, continuar los estudios u obtener empleo. Lo inmediato es informar del embarazo a sus respectivas parejas. Salvo en un par de casos, las parejas están dispuestas a compartir las responsabilidades con las madres, por lo que buscan la manera de contribuir. Al siguiente año esos apoyos desaparecerán, dejando a la madre a cargo del hijo, exceptuando quienes estaban casadas previamente, algunas otras contraen nupcias o deciden la unión libre por causa del embarazo.

La situación con los padres de las estudiantes es diferente. Sus familias han depositado en ellas esperanzas de ascenso social vía la universidad, de ahí que las apoyen financieramente, por lo que el embarazo de la hija es considerado como posible obstáculo para continuar los estudios, no obstante, son escasas las familias que rechazan a las futuras madres. Después de discusiones y desilusiones, donde imperan regaños y reclamos de los padres y arrepentimientos y promesas de las jóvenes, los padres deciden ayudar a sus hijas, pero con una condición expresa: no abandonar la escuela. Los apoyos van desde contribuir los gastos del embarazo hasta compartir la vivienda paterna y, más adelante, el cuidado de los hijos.

No existen fuertes diferencias entre este grupo y los hallazgos reportados en el tema. El no reconocimiento del hijo por la pareja de las madres, el ocultamiento inicial del embarazo a sus familias, los reclamos y el posterior apoyo familiar perfilan un patrón en madres solteras (Valadez, 2000), además, esas madres son acogidas en las casas paternas, donde establecen relaciones conflictivas con familias intergeneracionales y cuentan con apoyos de sus propias madres (Fermat, 2009; Castillo, 2014). La diferencia con esas madres es que los apoyos a las madres universitarias están condicionados a la permanencia en la universidad, seguramente conceden un alto valor a las credenciales universitarias.

Aprendiendo la maternidad y los apoyos familiares

Badinter (1981) cuestiona el llamado instinto del amor maternal, aquel que sostiene que toda mujer por naturaleza posee amor para sus hijos, y encuentra que no existe tal instinto sino un sentimiento moldeado histórica y culturalmente, por lo que la maternidad es aprendida por las mujeres en muy diversos ámbitos: juegos infantiles, discursos médicos y psicológicos e imágenes religiosas. Lo mismo sucede con los cuidados de los hijos, existe un aprendizaje social. Para las entrevistadas ese aprendizaje provino de sus propias madres, son ellas quienes enseñan cómo alimentar y cuidar a los hijos.

“Creo que todavía estoy aprendiendo de mi mamá. Ella se quedó una semana cuando tuve a mi bebé…me enseñó a cambiarle pañales, sacarle los gases, acostarlo. Y después yo sola. Cuando no sé algo, se lo pregunto a ella (Sofía)”.

El cuidado del hijo parecería ser la reproducción de añejos saberes maternales transmitidos generacionalmente, pero en este grupo existen un par de matices. De un lado, algunas madres suponen que el conocimiento sobre la maternidad ya estaba en ellas –instinto maternal– y que despertó inmediatamente con el nacimiento del hijo. De otro lado, la búsqueda de un saber experto en Internet.

“En mi caso, aprender a ser madre fue al instante que nació mi hija, estamos en un completo aprendizaje juntas. A ser madre uno misma lo aprende, la misma vida te guía a desarrollar ese instinto, que no te imaginabas tener (Lupita)”.

“(…) en Internet busco lo que necesito, que si el niño se mueve de una manera u otra, que si tose, pues voy al Internet. Creo que soy una mamá 100% Internet (Melissa)”.

Para quienes comparten residencia con su familia materna, el papel de las abuelas va más allá de las recomendaciones, llegando a operar como madre de la hija y de los nietos. No todas lo toleran y genera conflictos. Más allá de los estilos de crianza, lo que está en juego es un conflicto intergeneracional por la autoridad; las jóvenes recién empiezan a verse como adultas y con poder de decisión sobre su descendencia, pero deben tolerar la tutela de su madre, puesto que residen en su casa, reciben contribuciones económicas y comparten los cuidados de los hijos. No sabemos con exactitud los cambios en las relaciones familiares a raíz del arribo de la madre soltera (distribución de responsabilidades y poder, re-estructuración de espacios y vínculos entre sus integrantes) pero en los testimonios no se tiene registro de violencia física, como sí lo reportan otros estudios (Trujano et al, 2002).

Existe ayuda de otras personas, pero es limitada. Hermanas, tías y suegras eventualmente ayudan. El padre del hijo figura entre esos apoyos, sobre todo cuando existe una relación medianamente estable con la madre –esposo, unión libre o noviazgo- pero su participación es limitada, preferentemente monetaria, reproduciendo los esquemas de género, por lo que la crianza del hijo recae en la madre. Cuando el padre no mantiene relación con la madre, no existe asistencia.

“El papá de mi hija aporta económicamente una cantidad mínima de vez en cuando. Pero sí ayuda por lo menos un poco, [para] no resentir tanto. Y para cuidarlo, bueno ahorita no tiene tiempo por el trabajo, además de que no le tengo la confianza para soltársela (Dalia)”.

El comportamiento de esos padres se ajusta a los imaginarios de clase media que aprecian la paternidad inesperada como un riesgo en los proyectos de los varones y que no están dispuestos a correr (Gallardo et al, 2006) o la figura del padre ausente o fugitivo que huye en cuanto sabe del embarazo de la joven (De Keijzer, 1998).

Otros posibles apoyos son las becas para estudiantes. Aquí figuran la beca Apoyo a madres jefas de familia, del CONACYT, Beca de Manutención (antes PRONABES) y descuentos en colegiaturas para estudiantes de alto rendimiento escolar que mantiene la UNISON. Pero en todos estos casos los requisitos operan como obstáculos -sobre todo el promedio de escolar y la condición de estudiante regular- por lo que solo unas cuantas estudiantes acceden a los beneficios.

Sin estos apoyos, sobre todo sin la participación de la familia de la madre estudiante, difícilmente las jóvenes podrían continuar en la universidad. Un estudio sobre deserción escolar en la UNISON sostiene que el 3.8% del abandono fue motivado por embarazo no deseado (Gastélum et al,2013), quizá la carencia de los soportes que relatan las entrevistadas hayan contribuido para interrumpir los estudios.

Maternidad, miel y hiel

De entre los imaginarios sobre maternidad, el de mayor validez y amplitud señala que la maternidad es un acto natural que despierta el instinto y amor maternal por lo que toda mujer genera un amor intenso por sus hijos (Badinter, 1981). Este sentimiento es detectable en todas las entrevistadas; ellas no solo quieren a sus hijos, sino que viven para ellos, más aún, la vida misma cobra un nuevo sentido, antes desconocido.

“Lo que me gusta más de ser mamá es que tienes un motivo en la vida. Cuando empecé la carrera podía dormirme en la madrugada, puro perder el tiempo; me la llevaba chateando o tomando con mis amigos, pero cuando eres mamá le empiezas a tomar un poco más de sentido a la vida (Esmeralda)”.

“(…) pues yo creo… que das la vida a alguien y te conviertes en muy importante para tu hijo … y para bien o para mal eres responsable de ese alguien, pero eso mismo también te produce un poco de miedo (Margarita).”

Los intensos sentimientos que despierta la maternidad generan la imagen de la transcendencia a través de los hijos; vivir para ellos, no importa el cansancio, los desvelos, todo vale la pena. Trascender a través de sus hijos se convierte en un ideal como mujeres ejemplares, aunque llegue a invisibilizarlas (Lagarde, 2005). Esta entrega aparece en todos los relatos y es fuente de intensa alegría, desbordada emoción que aflora fácilmente. Pero a la vez es posible distinguir un rostro menos feliz de la maternidad, aunque esta cara no emerge con nitidez y siempre es justificada, como si se tratara de algo contradictorio con el papel de madre. Se trata de ciertas zonas no placenteras, sobre todo la relacionada con el tiempo y el cuerpo. Sobre el primero, Carli (2006) sostiene que el tiempo es una dimensión central en la experiencia estudiantil puesto que se debe cumplir con actividades diversas (estudios, tareas, relaciones personales, familia) y con cadencias distintas, por lo que es percibido como limitado. Si a esto se añade que las entrevistadas además de sus actividades escolares, deben atender a sus hijos, resulta comprensible que el tiempo sea un asunto desagradable.

“Dedico entre 4 o 5 horas a la escuela diariamente, más las tareas que hago en las noches, junto a las labores domésticas, que suman como otras 25 horas a la semana y además cuidar a mi hijo que me lleva no sé cuánto tiempo. No me alcanza (Celina)”.

No es solo el tiempo limitado lo que incomoda, sino que además asoma la individualidad que fue trastocada por la maternidad. La imagen de maternidad que desarrollan las estudiantes, sobre todo la trascendencia a través de los hijos, se opone al tiempo presente de la individualidad, el que puja aquí y el ahora.

“No me disgusta el hecho de ser madre o tal vez sí porque a veces quisiera realizar actividades más acordes a mi edad… pero pues realmente de ser mamá no veo nada negativo, todo me gusta… a veces quisiera realizar más actividades para mí, salir con mis amigos, conocer gente, salir de viaje de vez en cuando (Celina)”.

Otro aspecto no agradable es el cuerpo. Más allá de interpretaciones teóricas sobre el cuerpo en la maternidad -cuerpo aterrador, contenedor, asexuado (Burgaleta, 2012)- durante el embarazo el cuerpo registra drásticos cambios, perdiendo las formas percibidas como estéticas y atractivas. Justamente esto es lo que les desagrada, que su cuerpo haya cambiado, por lo que quisieran borrar las huellas que deja la maternidad y regresar lo antes posible a su estado anterior.

“Mi cuerpo cambió mucho con el embarazo. Siempre fui una mujer vanidosa y era delgada. Después de que nació la niña volví a quedar delgada, pero con una cicatriz porque fue cesárea, y me salieron estrías. Eso me trauma (Alejandra)”.

Estas imágenes contradictorias sobre la maternidad pueden tener explicación en la individualización, entendida como liberación de los roles de género tradicionales y a la vez como proceso de construcción de uno mismo (Beck y Beck-Gernsheim, 1998:20). El hijo supone un desafío contradictorio a la individualización puesto que es fuente de amor, ternura, pero simultáneamente opera como atadura que reclama con fuerza cuidados y atenciones permanentes, sobre todo de la madre. Justamente, las entrevistadas se debaten entre el amor infinito al hijo y su individualidad, más aún, no saben cómo compaginar ambas dimensiones.

Viviendo la universidad como madres

Como se menciona antes, el ingreso a la universidad fue motivado por la creencia de un futuro laboral mejor. Esta expectativa continúa siendo válida, pero con algunos matices. Para las entrevistadas, los estudios adquieren gran relevancia no solo por el posible empleo y la manutención de sus hijos, sino además para lograr independencia financiera respecto a sus familias o parejas sentimentales. Esta creencia plantea una diferencia con los roles tradicionales estipulados para las mujeres y las madres, caracterizados por la sujeción hacia los varones.

“(…) Yo creo mucho en la educación porque yo lo he vivido. Soy una persona distinta de cuando tuve a mi hija (a los 15 años) ahora que tengo 24 años. Esa transformación se la debo a la UNI, creo que la educación cambia a las personas…veo las cosas distintas… creo que puedo salir adelante sola, por mí misma (Ada)”.

Pero la importancia concedida a la universidad no está exenta de críticas, al contrario, se formulan fuertes juicios. Una de esas críticas apunta hacia la rigidez de los servicios escolares, en especial la apertura de cursos, horarios o uso de laboratorios. Es comprensible que así sea, en la UNISON, esos servicios son inflexibles para los estudiantiles. Pero las críticas más fuertes están dirigidas a los profesores; en su opinión, los maestros carecen de estrategias eficientes para la enseñanza y más aún, su trato es poco ético.

“Algo que me disgusta de la UNI son algunos maestros (no todos) que no tienen respeto a los alumnos. Tú los tienes que respetar porque son los profes, pero ellos a ti no: llegan tarde y llegan exigiendo, enojados y no hacen nada en la clase (Azalea)”.

Las críticas son aún más claras cuando se toca el tiempo. El tiempo adquiere nuevas dimensiones, ahora el tiempo ya no es solo de la estudiante, sus actividades y responsabilidades –horarios de cursos, prácticas, laboratorios, tareas, exámenes, relaciones con los compañeros- sino que debe de ser compartido con el tiempo del hijo, la familia, el transporte público y, en ocasiones, con el empleo y la pareja sentimental. Esta variedad de tiempos y compromisos que no pueden ser ordenados fácilmente explican las críticas hacia la institución, con expresiones de clara molestia: la escuela dispone de tu tiempo, hacen lo que quieren contigo, me molesta venir a clase y no aprender nada o pierdo el tiempo que podría dedicar a mi hijo. Más aún, un par de las entrevistadas advierten un trato desigual de sus profesores por ser madres.

En la UNISON el índice de satisfacción de estudiantes en 2013 fue de 5.4, en una escala de 1 a 7 (UNISON, 2015). De Garay (2011) encuentra que la opinión de los estudiantes sobre sus profesores en una universidad federal es positiva para alrededor del 70%. Las entrevistadas difieren de esas percepciones, ellas no están satisfechas con la universidad, seguramente porque la institución no comprende que son estudiantes con necesidades diferentes al resto de alumnos.

Consideraciones finales

De la exploración realizada conviene remarcar tres aspectos. Primeramente, ser madre y universitaria son actividades difíciles de armonizar y más aún cuando la maternidad se experimenta sin el soporte de la pareja, de ahí que la familia de la estudiante tenga un papel destacado. Por otro lado, la maternidad despierta profundos sentimientos de amor para los hijos y simultáneamente genera expresiones no placenteras (limitaciones de tiempo personal, dificultades para compaginar responsabilidades escolares y maternales y las transformaciones en el cuerpo). Quizá estas contradicciones se expliquen tanto por la individualización como por una transición hacia la adultez no prevista por las jóvenes que las obliga a desempeñar nuevos roles. Finalmente, las madres universitarias conforman un grupo que vive la universidad de manera distinta a los demás alumnos, lo que contribuye a develar nuevos contornos en el tema de los estudiantes. A la vez abre la posibilidad para que las instituciones reconozcan que sus estudiantes tienen una amplia diversidad. En el caso de las madres universitarias, los establecimientos deberán hacer esfuerzos por reconocerlas oficialmente, estudiarlas profesionalmente y atenderlas.

Nota

1 La entrevista y levantamiento de información fue compartida con Nissa Soto (2015).

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