La educación superior no es un privilegio, sino un instrumento para un futuro de prosperidad

• El texto corresponde a la Conferencia inaugural dictada por el doctor Francisco Tamarit, en la VIII Asamblea Regional Andina de la UDUAL, celebrada en la Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, los días 3 y 4 de octubre de 2018.
SECCIÓN: DOSSIER


 

Resumen

Buenos días a todos y todas. Ante todo quiero agradecer muy especialmente a la Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz de la Sierra, en la persona del rector Leónidas Carvalho Suárez, y también agradecer como siempre a la UDUAL por esta invitación, que me llena de alegría y orgullo. Me hubiese gustado mucho poder estar allí con ustedes, pero algunos problemas de movilidad que me aquejan hacen muy difícil en esta semana poder salir incluso de mi casa, así que les agradezco el esfuerzo que significa hacer esta Conferencia.

En mi condición de coordinador general de la III Conferencia Regional de Educación Superior (CRES 2018), he tenido oportunidad de recorrer casi todos los países de la región y en verdad he podido descubrir el potencial que tenemos como sistema de educación superior de América Latina y el Caribe

Algunos de ustedes participaron en la actividad de Córdoba y han recogido diferentes experiencias. Yo coincido plenamente con lo que plantea el secretario general de la UDUAL, Roberto Escalante, en el sentido de que la CRES ha tenido su lado bueno, pero también ha tenido importantes deficiencias. Y, al respecto, a mí siempre me gusta marcar que la CRES no es un evento puntual, sino un proceso que llevó más de dos años y que tuvo su punto álgido en la reunión de Córdoba, en junio pasado.

Ha habido en la CRES algunos aspectos que me gustaría marcar como debilidades. La primera debilidad tiene que ver con ausencias importantes, ya que si bien fue un encuentro de universidades nosotros teníamos la intención de que fuera un encuentro del sistema de educación superior del continente. Fue notable la ausencia de todo el sector de educación superior no universitaria de América Latina y el Caribe, a pesar de que hicimos grandes esfuerzos para que ellos pudieran estar. Esta es una falla particularmente importante porque una de las críticas más significativas que se hace al sistema universitario es precisamente su desarticulación con otros actores del sistema. Que no podamos encontrarnos y compartir con los actores de la educación superior no universitaria muestra, en algún sentido, el grado de aislación que muchas veces tienen las universidades en la región.

Otra gran dificultad que tuvo la CRES, y que se puede sañalar como directamente un fracaso, fue la imposibilidad de alcanzar un diálogo constructivo con los gobiernos. Cuando nos propusimos hacer la CRES en la UNAM, en ocasión de una reunión convocada por la UDUAL, habíamos fijado algunos objetivos, y entre ellos estaba la posibilidad de comenzar a articular un vínculo más estrecho y menos accidentado con nuestros gobiernos. No obstante, por la convulsión que está viviendo América Latina en las últimas décadas desde el punto de vista político, quizá porque no hemos sido capaces de encontrar las soluciones, el diálogo con los gobiernos no se pudo realizar.

Fíjense que durante la CRES, en paralelo a nuestras sesiones, hubo encuentros de ministros y de representantes de ministros y no conseguimos que ellos aceptasen conversar con los presidentes de los consejos, redes y asociaciones de rectores. Es sintomático observar que mientras teníamos 500 rectores reunidos en Córdoba, en paralelo se reunían los ministros y el diálogo de los sistemas no estaba en la agenda de aquellos y, tal vez, también hay que decirlo, tampoco estaba en la agenda de los rectores y de la academia.

Otro actor que no estuvo suficientemente representado fue el sector de la educación privada y no significa que no haya estado, aunque hizo grandes aportes. Si comparamos con su participación en la CRES de 2008, el sector privado ha estado ahora presente y ha tenido una enorme movilización, pero quizá no estuvo tan representado como hubiera sido deseable.

La articulación del sector público con el sector privado, a la hora de imaginar la gestión de un derecho y de un bien, es más que necesaria y las tensiones que existen entre lo público y lo privado no se manifestaron plenamente en la CRES pero, en algún sentido, me atrevo a decir, estuvieron escondidas; hubiera sido mejor explicitar y tratar de comenzar a resolver en forma cooperativa.

Y finalmente, otro actor fundamental ausente en la Conferencia fue el sistema de educación superior de los países no latinos de la región, tanto continental como insular: me refiero a los países de habla inglesa que son muy importantes para la región, que tienen un sistema de educación superior muy poderoso, pero que continúa estando separado, aislado, del conjunto de los países latinos, tanto de habla española como portuguesa. Hemos hecho enormes esfuerzos de convergencia pero quizá es una peculiaridad en nuestra región el tener dos subregiones tan fuertemente desasociadas, los vínculos entre la América Latina y la América Caribeña no latina son muy difíciles de construir y una y otra vez encontramos que somos incapaces de resolver todas estas tensiones.

Un gran problema que tuvo la CRES 2018 fue no haber sido capaz de resolver las tensiones que se habían generado en ENLACES. Ustedes saben que en la anterior Conferencia Regional en Cartagena de Indias, en 2008, había surgido el mandato hacia la comunidad universitaria de generar un espacio latinoamericano y caribeño de educación superior, y no fueron pocos los intentos reunión tras reunión y, sin embargo, más allá de que todos coincidíamos en la importancia de construir ENLACES, lo real es que a la hora de ponernos a trabajar quedó en evidencia cierta exacerbación de la retórica latinoamericana y caribeña, que nos permite decir cosas muy importantes, muy profundas, pero que nos impide construir espacios de articulación reales como los que necesita la región.

También coincido con Roberto Escalante en que estuvo ausente cuál será el rol que la universidad latinoamericana va a jugar de cara a los desafíos que impone un mundo tecnológicamente cambiante. América Latina y Caribe produce el 75% del conocimiento en las universidades, donde la universidad pública tiene un rol particularmente especial, aunque no excluyente, porque hay muchas universidades privadas que son responsables de avances en la investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación productiva, pero lo concreto es que esta problemática que hoy asume UDUAL es entrar para el futuro de la región.

El mundo está viviendo un cambio, un cambio tecnológico importantísimo en los últimos años. Se habla de la cuarta Revolución Industrial, pero lo concreto es que el mundo sigue relegando a América Latina a una posición de productora de bienes primarios, proveedora de commodities, sean agropecuarias o de otro tipo y, muchas veces, nosotros mismos como sistema universitario somos incapaces de entender cuál es el valor estratégico del sistema de educación superior.

Corremos el riesgo de que esta nueva transformación tecnológica que se está dando, entre otras, a través de la inteligencia artificial, de la ciencia de los datos, acabe siendo como las anteriores, un proceso que atrasa más a América Latina de lo que la ayuda. Así ha pasado con otras transformaciones. América Latina no encuentra un espacio dónde reflexionar. ¿Cómo encarar de forma conjunta todos estos desafíos? En definitiva, América Latina tiene que entender que la educación superior, aparte de ser un valor y un bien, es un recurso estratégico para nuestras naciones y sobre todo para nuestras sociedades.

Estas son algunas de las deficiencias que nosotros advertimos, desde el comité organizador de la Conferencia Regional de Educación Supeior 2018, pero no obstante ha habido cosas muy positivas. También las quiero resaltar.

En la etapa preparatoria se realizaron más de 50 eventos previos y esto no había pasado en conferencias anteriores. Ha habido una profusa producción literaria: artículos, libros, documentales, que han abordado la etapa preparatoria de la conferencia; nosotros mismos hemos producido una colección de 10 volúmenes, que muestra el esfuerzo de más de 200 personas trabajando, pensando en cómo hacer un aporte para la Conferencia Regional. Esto no había pasado en las conferencias anteriores, ya que más de 3,000 personas participaron durante meses a través de foros digitales de la etapa preliminar.

Por primera vez, tuvimos en diciembre del año pasado, en la ciudad argentina de Bariloche, un encuentro de consejos de rectores como una etapa preparatoria a la Conferencia Regional. Ese fue un hito muy importante porque había habido muchos intentos formales de reunir todas las asociaciones y todos los consejos, pero el encuentro en Bariloche, quizá, fue el encuentro más amplio en el cual hayamos conseguido participar.

La CRES reunió en total aproximadamente 8 mil personas, cuando en realidad esperábamos una participación de a lo sumo 2 mil quinientas. Sin duda, el éxito tiene que ver con una convocatoria muy amplia, pero, sobre todo, con una angustia muy profunda que sentimos los educadores, la comunidad de la educación superior, frente a una realidad que no nos tiene presente en las políticas públicas de nuestros gobiernos.

La CRES les dio voz también a muchos actores que no habían estado representados en otras conferencias o no habían estado presentes con la organicidad que tuvieron en Córdoba. Por ejemplo, los trabajadores de las universidades y de las instituciones estuvieron ahora representados, encontraron en la CRES un espacio para hacer oír su voz. Algo similar pasó con los estudiantes, a pesar de que a última hora se había resuelto suspender el Congreso de la OCLAE, se estima en 3,500 personas la contribución del sector estudiantil, lo cual no es nada despreciable.

Quiero también marcar la presencia de las instituciones de educación superior de los pueblos originarios y de las comunidades afrodescendientes, que habían estado ausentes de las discusiones de las conferencias anteriores. La CRES de Córdoba hizo mucho hincapié en la necesidad de respetar la diversidad cultural de la región y dejar de lado cualquier pretensión de superioridad de un sector sobre otro sector.

A nosotros nos puso muy orgullosos haber sentido cómo esa comunidad no solamente vino a contar sus experiencias, sino que vino a enseñarnos, cómo es posible incluir en el territorio a tantos millones de latinoamericanos y latinoamericanas que están ausentes, en términos estadísticos, de la vida del sistema de educación superior.

En definitiva, la Conferencia Regional de Educación Superior 2018 fue una reunión muy participativa y les quiero recordar, delante de algunas críticas merecidas, que la CRES en su etapa preparatoria había prescindido de cualquier pretensión de homogenización. Esto es muy importante.

Europa, en la década de los 90, había reunido un sistema de educación superior con una visión estratégica, pero el eje de esa unión eran los procesos de homogenización de sistemas que eran entonces muy diversos. América Latina renunció a esta pretensión, porque sería realmente muy difícil poder generar un sistema idiosincrático propio, proviniendo de modelos universitarios tan disímiles como los que tenemos en nuestra región. En ese sentido, una de las grandes potencialidades que tenemos como región es la diversidad institucional en términos de educación superior.

Como coordinador general, también tuve la oportunidad de descubrir o de encontrarme con muchas tensiones que surgen de la creencia de que debe haber un sistema universitario hegemónico por encima de otros sistemas. A veces, son las universidades grandes, las más tradicionales, que se auto referencian como el modelo de universidad. En otras ocasiones, son las universidades más dedicadas a la investigación científica y tecnológica, porque se imaginan que atienden mejor las necesidades de la sociedad. No obstante, lo concreto es que la CRES, en su declaración, no admite ningún tipo de superioridad, de un actor sobre otro actor. En general, se habla de la universidad específicamente y no de la educación superior, aún cuando hacemos alusión a algo específico de aquella.

Muy pocas veces se hace mención de la universidad pública o la universidad privada porque nosotros entendemos que a la hora de gestionar un bien público como la educación superior, tanto la educación privada como la pública comparten la responsabilidad de garantizar los mismos patrones de calidad a los fines de gestionar este derecho. Hemos alcanzado una Declaración que, como siempre sucede, tiene un preámbulo que es retórico. En esos términos, es bastante fácil ponernos de acuerdo. Aunque, aclaro, que no todos están satisfechos con el preámbulo, pero es el que supimos conseguir.

Este preámbulo no es algo caprichoso. La noche de cierre de la CRES, el día 13 de junio, hubo un encuentro de todas las redes, asociaciones y consejos, y el preámbulo fue puesto a consideración y corregido con la participación de más de 100 instituciones que estuvieron representadas. Asimismo, es importante que sepan, que durante la CRES se confeccionó un borrador de un Plan de Acción, que de hecho fue leído en el Acto Final de la Conferencia y que si bien es apenas una hoja de ruta, tiene que ser la guía que nos marque su construcción definitiva.

El Plan de Acción está siendo construido en este momento a través de diferentes consultas, pero es importante resaltar que desde el inicio de la conferencia dijimos que el plan iba a ser consensuado, no por los organizadores o por algunas de las instituciones organizadas, sino con el conjunto de las instituciones de educación superior de América Latina y el Caribe. Por eso, desde ya los queremos invitar a la UDUAL, a sus vicepresidencias y a cada uno de los países que la integran, para que en diciembre, en Córdoba, podamos dar por finalizado el Plan de Acción que empezamos a construir en los dos últimos años, un Plan de Acción que no puede ser meramente declarativo, sino que debe ser una hoja de ruta en un proceso virtuoso de articulación del sistema de educación superior, porque el rango más sobresaliente, más significativo de nuestro sistema, después de haberlo estudiado, recorrido y analizado, es la existencia o la cadencia de cualquier articulación virtuosa más allá de los esfuerzos muy loables que hacen las numerosas redes que tenemos en la región y entre las cuales, sin duda, la UDUAL es una de las más importantes.

Pero también estamos convencidos de que el nivel de articulación que buscamos no puede hacerse sobre las bases de los presupuestos y los esfuerzos de las instituciones, sino que debe ser también financiado por nuestros gobiernos. Y el problema principal es que nuestras sociedades y, sobre todo, nuestros gobiernos no terminan de entender que el sistema de educación superior es un instrumento estratégico a la hora de generar un futuro de prosperidad.

Y es por eso por lo que, reiteradamente, volvemos a tener problemas presupuestarios, ya que se nos cuestiona porque se imaginan que somos una estructura cara y poco eficiente. Se nos pretende evaluar con criterios que son exógenos a nuestra región, con criterios que no llevan en cuenta los objetivos específicos que tenemos. Esto genera mucho dolor y atraso.

Tuvimos tres conferencias regionales: una en 1995 que dijo claramente que la educación superior es un proceso de pertinencia social, en respuesta a una idea que venía de afuera de que la educación superior era un proceso ya globalizado y que lo territorial tenía poco que aportar. Atrás de ello, venía la idea de que la formación de recursos humanos tenía que ser hecha por organizaciones transnacionales y, más aún, que la investigación científica y tecnológica no debía ser problema de América Latina y el Caribe, sino debíamos simplemente comprarla como otros tantos bienes y servicios en nuestra región.

Sin embargo, en el año 2008, América Latina fue más lejos, y ustedes recordarán que en Cartagena de Indias se dijo que la educación es un derecho y un bien social. Lo concreto es que a pesar de todas las cosas que hemos dicho, es muy poco lo que hemos avanzado. En cuanto decimos que es un bien, que no debe ser considerado una mercancía, el mundo continúa viendo a América Latina como un gran mercado educativo, no sólo en la educación superior sino también en la educación básica, incluso, en la educación primaria.

América Latina descuida la educación como un derecho y se imagina, que puede prescindir de la inversión si deja en manos de grandes grupos transnacionales la gestión de la educación. Esto es algo terriblemente peligroso, porque ustedes coincidirán conmigo que son estas las condiciones de atraso y marginación que América Latina padece, lo que nos obliga a redoblar esfuerzos para que los gobiernos dediquen recursos de inversión y nosotros en mejorar la calidad de esta.

La CRES de Córdoba afirmó muy claramente: la calidad es un valor que también tiene pertinencia local, no siendo la misma que necesitamos en la región que la de una sociedad muy desarrollada. En América Latina, la calidad tiene que estar atada a los objetivos de tener inclusión social, respetar la diversidad cultural y dar respuesta a necesidades locales y regionales de la educación superior. Imaginar que los indicadores que se usan en China, Finlandia, Irlanda, son los mismos indicadores que nosotros necesitamos, sería pecar de ingenuo. Sin embargo, también hay que señalar que necesitamos mejorar en la calidad del proceso educativo en América Latina y el Caribe.

Entonces, la necesidad de articularnos, sumada a mejorar en calidad a la hora de gestionar este derecho, es en algún sentido el desafío más importante que tenemos. Recorriendo América Latina, uno percibe que nuestras universidades han logrado en los últimos 30 años estar muy involucradas con los procesos regionales, cuestión que se ve en cada uno de los países: no hay un país donde vayamos y no encontremos experiencias magníficas, maravillosas de vinculación del mundo de la academia con las problemáticas locales.

No obstante, la educación superior en América Latina sigue estando desarticulada del resto del sistema educativo, de las agencias de ciencia y tecnología, que son las que fijan las políticas públicas prioritarias en términos de producción del conocimiento y, sobre todo, las instituciones de educación superior de América Latina y el Caribe continúan desarticuladas entre sí, sin compartir experiencia ni objetivos, sin encontrar espacios más allá de las redes, en lugar de unirse y planificar políticas académicas -y cuando se pueda públicas- comunes a la región.

Fíjense que la CRES estipuló que los ejes temáticos de la III Conferencia no serían ya los problemas de las instituciones de educación superior. No estábamos convocados para hablar sólo de investigación, docencia, virtualidad, acreditación, que son nuestros problemas. Nos reunimos a la sombra de los problemas de nuestro continente: por eso los ejes temáticos estaban vinculados con los derechos, estaban vinculados con la sustentabilidad del desarrollo, con la integración, con el desarrollo humano, social y económico, con la diversidad cultural. Sin embargo, una de las grandes fallas es que, en el momento de discutir estos grandes temas, nos fue imposible salir de la discusión sobre nuestras propias problemáticas.

Cuando hablamos del derecho a la educación, terminamos hablando sólo de la calidad como un valor abstracto. En definitiva, lo que creo es que es muy importante que cada uno de los actores, rectores, rectoras, dirigentes, académicos, académicas asuman el compromiso de no dejar morir la llama de la CRES: imaginar que esta no terminó el 15 de junio, cuando celebramos los 100 años de la Reforma Universitaria. La CRES va a finalizar en el año 2028, cuando comencemos a imaginar cómo será el diseño para la década de 2028 a 2038. Se trata de un pedido muy especial, que requiere del compromiso de todos.

Tenemos que ser capaces de generar un espacio, con el nombre que sea, pero que sea el espacio en el cual la educación superior pueda articular todas estas políticas. Hay quienes creen que todavía ENLACES es ese espacio, hay quienes creen que ENLACES fracasó: no me corresponde a mí, como coordinador general, resolver esto. Es imperioso que cada uno de los actores de cada una de las regiones, subregiones y países, se comprometa a trabajar por estas necesarias articulaciones que nuestro sistema precisa. A trabajar por una calidad que incluya diversidad, inclusión y pertinencia social.

Hoy comentaban cómo la UDUAL está trabajando en una agencia para el mejoramiento de la calidad de la educación universitaria. Fíjense que América Latina ha desarrollado en cada país, desde la década del 90, agencias muy buenas de acreditación y reconocimiento de la calidad; sin embargo, pasan los años, las décadas y esas experiencias de calidad no han permitido aún tener políticas de reconocimiento específicas para la región. Somos la única región del mundo que continúa trabajando desarticuladamente en el otorgamiento de reconocimientos y títulos.

Tengan en cuenta que somos una región que invierte en investigación científica y tecnológica, en movilidad, en aseguramiento de la calidad, pero estos tres componentes no encuentran un espacio donde articularse. No obstante, las subregiones y países están perfectamente articulados con los países del norte, hecho que llama mucho la atención y que tiene que ver con esa convicción profunda, arraigada en nuestras élites, según la cual antes que latinoamericanos y caribeños, aspiramos a ser parte de un primer mundo que no nos incluye.

Es común a lo largo de toda la región ver los esfuerzos que los gobiernos hacen para generar cooperaciones norte-sur, que en particular nos traen financiamiento. Es ineludible que los gobiernos entiendan que es preciso financiar desde el sur. Tenemos que construir una agenda del conocimiento que sea propia. Por eso, yo vengo proponiendo hace mucho tiempo que los países, aparte de tener un espacio de encuentro que sea exclusivamente universitario, imaginen la posibilidad de tener una agencia de cooperación estratégica, donde universidades, instituciones no universitarias, actores de la ciencia, la tecnología y la innovación puedan lograr, con un adecuado financiamiento, la articulación de nuestros sistemas. Esto que suena tan raro es lo que se ha hecho en Europa, en América del Norte y en el sureste asiático: han decidido invertir en la articulación de estos componentes, porque las problemáticas que tenemos, ustedes saben, son muy similares.

Estamos caracterizados por la pobreza, la violencia, la marginación, y la desindustrialización: tenemos problemas serios de gobernabilidad, de productividad y, sin embargo, todas estas problemáticas a nivel continental están ausentes de la agenda de la academia y los gobiernos nos excluyen de esos debates, conjeturando quizá que es posible dar soluciones a estos problemas sin que el mundo del conocimiento también haga su aporte y, ustedes y yo sabemos, que eso no es viable.

En definitiva, la CRES 2018 cumplió algunos de sus objetivos, y dejó muchas cosas por erigir, pero no esperemos hasta el 2028. Hagamos que en cada una de nuestras instituciones, estos debates, que parecen tan alejados de nuestras necesidades, encuentren un espacio de discusión para que en cada carrera, en cada curso, imaginemos cómo podemos, desde lo local, construir esta articulación regional, y pueda América Latina salir de esta situación tan deplorable de ser la región más violenta, la región más desigual, de democracias que no tienen la potencia que uno imaginaría, de suprimir factores de desunión en la región, porque nos cuesta convivir en la diversidad y que lo vemos reflejado en los gobiernos, que lejos de cooperar han vuelto a la vía de la competencia.

Me gustaría pedirles que, a través de las asociaciones, los consejos, las redes, trabajemos en forma conjunta para que el próximo diciembre en Córdoba ese Plan de Acción que está siendo discutido tenga la potencia transformadora que nosotros sabemos que es posible alcanzar.

Tenemos las bases, los grupos de investigación, las escuelas de formación de recursos humanos, las redes y los consejos. Ahora es necesario que comprendamos que todos estos esfuerzos, que son tan caros para nuestras sociedades pobres, requieren de un plus de articulación. Nosotros pensamos que la CRES, como pasó en 1998 y 2008, tiene que ser ese espacio de encuentro constante, que nos permita decir en el 2028 que estos diez años no han pasado en vano: que hemos sido capaces de revertir tantas vergüenzas, tantos dolores; que hemos sido capaces de dialogar y en ello encontrar las soluciones a tantas tensiones que tiene la región; que hemos sido capaces de convencer no sólo a nuestros gobiernos, sino a nuestros pueblos, a nuestras sociedades y que lo nuestro no es una cuestión de privilegio; que nosotros peleamos por la educación superior universitaria, porque estamos convencidos de que es un instrumento indispensable en la construcción de un futuro de prosperidad y buen vivir para nuestros pueblos.

Si alguien, si algún dirigente, alguna dirigente nos quiere hacer creer que es posible mejorar, progresar, desarrollarnos, prosperar sin el amparo, sin la ayuda del conocimiento, nosotros sabemos que está en un error, que está ocultando la verdad. No hay un futuro de prosperidad para la región, si no es todos juntos, articulados, si no es poniendo el mundo del conocimiento al lado de nuestras sociedades. Pienso que este es el eje rector que debe conducir un Plan de Acción: más que homogeneizarnos, tiene que potenciar nuestra capacidad de colaboración con nuestras sociedades.

Muchas gracias

 

 

 

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