La reacción contra emancipadora. El caso de los intelectuales críticos a la renovación pedagógica y la modernización de las ciencias sociales en Argentina y América Latina

• Laura Graciela Rodríguez
SECCIÓN: DOSSIER
• Magister en Ciencias Sociales y Doctora en Antropología Social. Es Investigadora Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) con sede en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) de la Universidad Nacional de La Plata y profesora adjunta ordinaria del Departamento de Sociología de la misma universidad. Se ha especializado en historia de la universidad, historia y sociología de la educación e historia social y política de las dictaduras. lau.g.rodrig@gmail.com


 

Resumen

En este artículo identificamos las producciones más sobresalientes de intelectuales argentinos, españoles y latinoamericanos que integraban redes trasnacionales de católicos de derecha y que se presentaban como especialistas en educación. Más específicamente, mostramos el contenido de sus obras escritas donde denunciaban la renovación pedagógica y la modernización de las ciencias sociales que se desarrollaron entre las décadas del 50 y 60, tanto en Argentina como en América Latina.

En relación a la primera cuestión, analizamos los principales argumentos que pronunciaron contra la persona y la obra del pedagogo brasileño Paulo Freire; seguidamente describimos la crítica que realizaron hacia el proceso de modernización académica que tuvo como epicentro la universidad de Santiago de Chile; y por último, presentamos el contenido de un documento que se denominó “La subversión científica” a través del cual mostraban la manera en que los científicos sociales contribuyeron a difundir el “cáncer revolucionario” en Argentina y Latinoamérica.

 

Palabras clave:  Intelectuales, Derecha, Universidad, Modernización, Ciencias sociales.

 

Abstract 

In this article, we identify the most outstanding productions of Argentine, Spanish and Latin American intellectuals that integrated transnational networks of right wing Catholics and presented them as specialists in education. More specifically, we present the content of his written works denouncing the pedagogical renewal and modernization of the social sciences that developed between the 1950s and 1960s, in both Argentina and Latin America.

In relation to the first question, we analyze the main arguments that were pronounced against the person and the work of the Brazilian pedagogue Paulo Freire; then, we describe the criticism made to the process of academic modernization that had as its epicenter the University Of Santiago De Chile.

Finally, we present the content of a document that was called “Scientific Subversion” through which they showed the way in which social scientists contributed to spread the “revolutionary cancer” in Argentina and Latin America.

 

Keywords: Intellectuals, Right, University, Modernization, Social sciences.

 

Introducción

Según la interpretación de uno de ellos, el problema era que este autor invitaba a “liquidar” –incluso físicamente- a quien tenía autoridad (el “opresor”) y su método sólo buscaba “introyectar” la “subversión marxista guerrillera” en las aulas. En el segundo apartado describiremos el proceso de modernización académica que tuvo como epicentro la ciudad de Santiago de Chile y que involucró a instituciones como la Universidad Católica de Chile y a nuevos centros como la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la red de organismos que conformaba el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), entre otros. Por último, presentaremos el contenido de un documento que se denominó “La subversión científica” en el cual un grupo de intelectuales nucleados alrededor del Consejo Hispanoamericano de Estudiantes denunciaba que tanto los investigadores vinculados a estos centros como las editoriales y fundaciones, contribuyeron a difundir el “cáncer revolucionario” en Argentina y Latinoamérica.

Para realizar este trabajo hemos analizado distintas revistas que integraban el campo de la derecha católica y que se publicaron entre 1970 y 1980, tales como Cabildo, Mikael y Verbo.1 Esta última se imprimía desde 1950 con ese mismo nombre en Buenos Aires y en Madrid. Si bien tenían contenidos diferentes, en ocasiones publicaban los mismos artículos. A partir de la lectura de este material, identificamos a un grupo de intelectuales auto denominados especialistas en educación que escribieron sobre pedagogía y/o la universidad. Estos eran los argentinos Antonio Caponnetto, Carlos Sacheri y Alberto Caturelli, los españoles Víctor García Hoz y Estanislao Cantero y el polaco, nacionalizado chileno, Miguel Poradowski. Completamos las referencias con alusiones a tres de sus libros: Pedagogía y Educación de Caponnetto, Poveda y Freire de García Hoz y La Iglesia Clandestina de Sacheri.2

Freire y la renovación pedagógica

Paulo Freire era un educador brasileño que en los años de 1940 había trabajado como funcionario del Estado de Pernambuco, en la tarea de alfabetizar a adultos. Ideó un método novedoso que resultó elogiado por su eficacia. En 1961 tuvo un cargo en la Universidad de Recife y pudo extender su trabajo a una población más numerosa. La experiencia se vio truncada por el golpe de Estado de 1964, cuyas autoridades lo acusaron de traidor y lo mantuvieron preso por 70 días. Luego de liberarlo, debió exiliarse, trabajó en Chile y en 1967 publicó su primer libro donde sistematizó su experiencia de alfabetización.3

Igual que en Brasil, desde los inicios, distintos intelectuales de derecha de la región y europeos escribieron contra su figura. El filósofo Carlos A. Sacheri publicó en 1970 La Iglesia Clandestina, donde aseguraba que la “concientización” propiciada por el tercermundismo era un “lavado de cerebro” empleado sistemáticamente por el Partido Comunista pero presentado “bajo la inocente y moderna etiqueta de la dinámica de grupos según el método de Paulo Freyre (sic)” (Sacheri, 1970, p. 122).

En paralelo, Freire se iba consolidando como un referente en temas de alfabetización de adultos. En virtud de esto, en 1973 fue invitado por el ministro de educación de Argentina, Jorge Taiana, para participar del lanzamiento del programa de alfabetización CREAR (Campaña de Reactivación Educativa a Adultos para la Reconstrucción) a cargo de la Dirección Nacional de Educación de Adultos (DINEA) cuyo director era Carlos Grosso. En la prensa nacional se había anunciado su presencia bajo el título “Un revolucionario de la pedagogía”. Un tiempo después de su visita, el cardenal y presidente del Vicariato Castrense, Antonio Caggiano, junto a otros políticos y religiosos argentinos, acusaron al gobierno de “difundir doctrinas e ideologías totalitarias y marxistas”.

En sus memorias, Freire relataba el clima que se vivía en esos años en la Argentina y cómo estas acusaciones terminaron teniendo efectos concretos en la vida de los involucrados. Recordaba que en su semana en Buenos Aires había tenido dos encuentros con rectores de todas las universidades públicas del país, una reunión con los equipos técnicos del Ministerio, otro encuentro con un grupo popular en una zona periférica de Buenos Aires y finalmente “una trasnochada con militantes políticos” (Freire, 2015, p. 226). Sin embargo, decía, “no todas eran rosas”. Ese proceso con el que convivió una semana, aseguraba, era tan “bonito” como “frágil y amenazador”, ya que en una de las reuniones que tuvo “había un policía infiltrado que hasta me hizo preguntas provocativas”. El brasileño creía que la presencia del policía “revelaba el desequilibrio entre el poder y el gobierno”. Al fin y al cabo, “aquélla era una reunión oficial, patrocinada por el gobierno, convocada por el Ministerio de Educación y aun así, los órganos de represión tenían el poder de infiltrarse y vigilarla” (Freire, 2015, p. 229).

A la llegada del golpe del 24 de marzo de 1976, la mayoría de los involucrados en la experiencia de alfabetización resultó víctima de secuestros y torturas, como el propio Grosso. Freire finalizaba su anécdota concluyendo que “lamentablemente mis advertencias tenían una razón de ser. El golpe vino (…) violento, malvado y algunos de los amigos que no creían válidos mis análisis tuvieron que dejar el país a toda prisa y a escondidas mientras que otros, desgraciadamente, desaparecieron para siempre” (Freire, 2015, p. 230).

Esta presencia en Argentina agudizó las denuncias de parte de los intelectuales de ese país. En 1976, el filósofo Caturelli recordaba que Freire ocupaba en ese momento un cargo de asesor de la UNESCO y era miembro del Consejo Mundial de Iglesias.4 En un largo artículo se preguntaba por las “fuentes y modelos” de su pensamiento, ya que no citaba las Sagradas Escrituras, a los Padres griegos ni latinos, o a algún doctor de la Iglesia como Santo Tomás de Aquino. Las fuentes de su pensamiento, seguía, eran Hegel-Marx, Lenin y Mao Tse-Tung, Fidel Castro y el “Che” Guevara. De acuerdo a Caturelli, Freire apoyaba y propugnaba una educación “vaciada y vacía” que en el Estado socialista consideraba a los educandos como “objetos” y al educador como “empleado del Estado absoluto”. Según su interpretación, el brasileño invitaba a “liquidar” –incluso físicamente- a quien tenía autoridad (y que Freire llamaba “opresor”) y su método sólo buscaba “introyectar” la “subversión marxista guerrillera” en las aulas. Unos años después, el historiador Antonio Caponnetto publicó su primer libro en 1981 llamado Pedagogía y Educación. La crisis de la contemplación en la escuela moderna, en el cual alertaba que con esta educación “moderna” se iba “configurando esa mentalidad dialéctico- materialista (…) como requisito para el triunfo revolucionario, y de cuya nocividad como instrumento pedagógico dieron sobrada prueba los escritos de Freire” (Caponnetto, 1981, p. 221).

Por su parte, los españoles no se quedaban atrás en los embates contra Freire. En 1975 Estanislao Cantero escribió un artículo de 69 páginas en Verbo de Madrid que luego se reprodujo casi sin modificaciones en Verbo de Buenos Aires. En ese extenso trabajo desarrollaba “el pensamiento marxista” de Freire que pretendía insertar al hombre en “la lucha revolucionaria” siguiendo a Marx, Lenin y Trotsky.5 Un tiempo después Víctor García Hoz publicó un libro llamado Dos pedagogías. Poveda y Freire que fue publicado por Editorial Docencia de Buenos Aires en 1981. Luego de elogiar enfáticamente el pensamiento del sacerdote católico, Pedro Poveda, acusaba a Freire de no haber leído a Santo Tomás y confundir la acción educativa con la acción política, reduciendo el proceso educativo a un “mero instrumento de la revolución y la lucha de clases”, tal como hacía el marxismo (García Hoz, 1981, pp. 31-32).

La modernización académica en Chile

El sacerdote de origen polaco y nacionalizado chileno, Miguel Poradowski, escribió en la revista Verbo (Buenos Aires) dos artículos denunciando la situación en Chile antes de la llegada del golpe de Estado del general Pinochet en 1973. Aseguraba que el centro principal de los “infiltrados marxistas” en América Latina estaba en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile y en el Centro Belarmino (sic) de la misma ciudad, donde se encontraban los padres jesuitas, quienes habían tenido un papel “destacado” en la Conferencia de Puebla, “asesorando a algunos obispos”. Los “tercermundistas” eran centenares de “sacerdotes marxistas” y “muchos” habían actuado como “terroristas”. Citando a Sacheri hablaba de la “Iglesia clandestina” que pretendió constituirse como una “Iglesia paralela”.

Poradowski estaba haciendo referencia a la situación en Chile y el proceso de modernización académica que se estaba viviendo en la región y que quedó violentamente interrumpido con el golpe de Estado al mando del general Augusto Pinochet. Preocupados por la situación del catolicismo en América Latina, en 1957 los padres jesuitas Roger Vekemans, Ignacio Grez y Renato Poblete habían fundado el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) (Beigel, 2011). Dos años después nació el Centro Bellarmino de la mano del padre Alberto Hurtado junto con el Superior General de la Compañía de Jesús, el padre Juan B. Janssens. En los años de 1960 se creó el Centro de Investigaciones Socioculturales CISOC-Bellarmino con dos objetivos principales: producir y analizar información sobre la situación del catolicismo para apoyar el trabajo de las Iglesias locales y del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); y sentar las bases de una Sociología de la Religión Latinoamericana (Beigel, 2011).

Estas dos entidades – el Centro Bellarmino y la Pontificia Universidad Católica de Chile- se desarrollaron en un marco más general de creación de centros de investigación económico- sociales que fueron patrocinados por organismos dependientes de Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, y/o respaldados por agencias gubernamentales de cooperación (principalmente de Estados Unidos) y la Iglesia Católica. Buena parte de ellos se instaló en Chile, en gran medida porque allí estaba la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) desde 1948. Además de las oficinas regionales de UNESCO y FAO, se instalaron otros centros como la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO (1957), la Escuela de Estudios Económicos Latinoamericanos (ESCOLATINA, 1956) y el Centro para el Desarrollo Económico- Social de América Latina (DESAL, 1960), entre otros (Bayle, 2008). Por esas razones, Santiago de Chile se había convertido en un espacio académico atractivo para intelectuales de la región, principalmente exiliados brasileros y argentinos que huían de los golpes de 1964 y 1966 (Bayle, 2008).

Otro centro de investigación importante fue el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), creado en 1967 y apoyado por el Social Science Research Council (SSRC) de Estados Unidos, que tuvo un rol protagónico en la ayuda a científicos perseguidos por el régimen de Pinochet. CLACSO estaba muy vinculado a UNESCO, recibió apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de fundaciones privadas (F. Ebert, Ford) y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tenían nexos importantes con el Colegio de México, el Centro de Estudios del Desarrollo, el Instituto Torcuato Di Tella y Fundación Bariloche de Argentina, entre otros. También articulaban numerosas acciones con la CEPAL y FLACSO. A partir de 1970 el argentino Enrique Oteiza se hizo cargo de la Secretaría Ejecutiva. Luego del golpe en Chile, Oteiza viajó avalado por la UNESCO a Santiago, lo que le brindó inmunidad para estar en el país y poder informar sobre la persecución, secuestro, tortura y asesinatos de cientos de académicos chilenos (Bayle, 2008). A partir del golpe en Argentina, en marzo de 1976, todas las políticas de CLACSO se vieron afectadas, las oficinas fueron intervenidas y el nuevo secretario, Francisco Delich, tuvo que anunciar la finalización del Programa de Post grado de Emergencia y el Programa de Becas de Investigación de la Fundación Friedrich Ebert (Bayle, 2008).

La “subversión científica”

El documento llamado “La subversión científica” fue elaborado y presentado por el Consejo Hispanoamericano de Estudiantes en ocasión del II Congreso Internacional de Estudiantes Universitarios denominado “Presente y futuro de la Universidad” realizado en Córdoba, en octubre de 1980.6 El texto completo se publicó en Verbo (Buenos Aires) y, si bien iba sin firma, resultaba una síntesis de lo que estos intelectuales de derecha pensaban sobre la universidad en general y acerca del proceso de modernización académica recién relatado en particular. Asimismo, se parecía bastante a los documentos de inteligencia que solían elaborar los militares y civiles del gobierno dictatorial.7

Según se decía, el “problema científico” constaba de dos puntos: por una parte, que la ciencia y la investigación transitaban desde hacía años por caminos “apartados del Orden Natural y Cristiano” y, por otra, que esto no era “casualidad”, ya que las “ideas del internacionalismo” fueron ganando a cada una de las ciencias, captando primero a los físicos, químicos y matemáticos de principios del siglo XX. La Primera Guerra Mundial, el triunfo del comunismo en Rusia, la inestabilidad política y económica de la entreguerra fueron los condicionantes principales “de la nueva conciencia científica que surgió de los laboratorios de investigación físico- química”. En Argentina, otro hecho de importancia fue la Reforma Universitaria de 1918. En suma, el condicionamiento psicológico, las presiones políticas y las fuentes de financiación “fueron los factores sobresalientes del proceso que denominamos la subversión científica”. Si bien las ciencias físico- químicas y matemáticas dieron los primeros pasos, luego se les unieron las ciencias sociales, la economía y por último la ecología, en un juego finamente articulado “para desmontar una por una las reservas capaces de producir una defensa de los valores perennes”.

La primera parte del documento se titulaba “La familia internacional de los físicos”. El “profuso intercambio internacional”, se sostenía, entre físicos norteamericanos y rusos “sentó las bases para los futuros acontecimientos”, es decir, “todos serían partidarios más activos de la construcción de la bomba atómica”. En el trabajo se contaba en detalle cómo se habían juntado físicos de distintas partes del mundo para fabricarla.

En la segunda sección se hablaba de la UNESCO, porque era “uno de los ejemplos más elocuentes de la lenta pero eficaz penetración soviética en un Organismos de las Naciones Unidas”. Varias organizaciones “controladas por Moscú” fueron siendo paulatinamente incorporadas a la UNESCO, como por ejemplo, la Organización Internacional de Periodistas, la Federación Mundial de Trabajadores Científicos, la Federación Mundial de Sindicatos, la Federación Mundial de la Juventud Democrática, la Unión Internacional de Estudiantes, la Federación Internacional de Mujeres Democráticas y la Asociación Internacional de Abogados Democráticos.

Sobre las “estrategias para Hispanoamérica”, la “penetración ideológica marxista” se desarrollaba creando organismos a nivel nacional, regional, captando personalidades, obteniendo reconocimiento de los gobiernos y canalizando subsidios oficiales y privados. Desde esas instituciones se promovían actividades realizadas solamente por aquellos investigadores comprometidos ideológicamente. Entre los organismos que realizaban estas tareas estaban: la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales o FLACSO y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales o CLACSO. Acusaban de ser “activos investigadores marxistas” a Gino Germani, Marcos Kaplan, Helio Jaguaribe y Enrique Oteiza. En el documento se mencionaba una solicitada de septiembre de 1973 salida en el diario Clarín, adonde estos y otros “subversivos” se solidarizaban con los ciudadanos detenidos en Chile por Pinochet. Tildaban de “marxistas” a los firmantes, entre los que había varios científicos expulsados de la UBA en 1966, como Oscar Varsavsky, Manuel Sadolvsky, Gregorio Klimovsky, Cora Ratto de Sadovsky y José Babini, entre otros. También mencionaban a Rogelio García Lupo de la editorial Eudeba, a Rodolfo Ortega Peña “abogado defensor de terroristas”, Francisco Urondo, “escritor marxista” y a Rodolfo Puiggrós, “hoy prófugo y exiliado en México por su activismo subversivo”. En síntesis, se decía que “demasiados nombres conocidos y de triste memoria para los argentinos como para dudar un solo momento del carácter subversivo de la FLACSO”. Continuaba afirmando que “extenso sería continuar con el detalle de las actividades subversivas de la FLACSO, lo que transformaría este documento en un prontuario de la INTERPOL”.

Acerca de CLACSO, en el documento se sostenía que en la actualidad estaba formado por casi 80 centros miembros y todos ellos desarrollaban “una evidente ideologización con contenidos por lo menos filomarxistas”, entre los que estaban, además de FLACSO, el Colegio de México, Centros de Colombia, Perú, Brasil y Uruguay. Sobre el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México, se decía que entre sus últimas actividades figuraba un Seminario denominado “Dictaduras y dictadores en América Latina”, que representaba un “tortuoso análisis político” con conclusiones pro- marxistas de la realidad histórica de Hispanoamérica.

Respecto a los programas y grupos de trabajo, mencionaban a los investigadores Enrique Florescano de México, Elizabeth Jelin del CEDES, y a Víctor Tokman de la Fundación Bariloche. A favor de la “subversión intelectual” estaban las editoriales como Siglo XXI de México, “sobradamente conocida por sus preferencias marxistoides”. Seguidamente, se brindaba una lista de libros que debían ser prohibidos.

En otro apartado se listaban algunos convenios de cooperación interregional, siempre promovidos por FLACSO y CLACSO. Este último organismo estaba en manos, de acuerdo a su interpretación, del “sociólogo marxista argentino” Francisco Delich. Luego se ilustraba la “interrelación” que existía entre los organismos instrumentados por el marxismo, ciertos foros de las Naciones Unidas (PNUD, OIT, UNESCO), las fundaciones privadas más poderosas de América (Fundación Ford, Rockefeller, Fundación Friedrich Naumann, entre otras) y algunos Gobiernos de países “aparentemente no relacionados con los regímenes marxistas” (México, Holanda, República Dominicana). En el informe se detallaban algunos supuestos casos de complicidad y financiamiento de actividades subversivas.

En la parte que hablaba de Argentina, se volvía a denunciar que la Fundación Bariloche, FLACSO y CLACSO continuaban funcionando a la luz del día. En virtud de esto, el objetivo de los “universitarios católicos” era desenmascarar la “verdadera naturaleza y objetivos de aquellas organizaciones”, ya que eran horas de vigilia, de velar, orar, y encomendarse a los “Santos Evangelios”. Esta tarea no admitía descanso porque en el propio campo de las universidades católicas se veía el accionar de la “subversión”, como lo demostraba una reciente Asamblea General celebrada en Bélgica de la Federación Internacional de Universidades Católicas, adonde se sugería que había que “concientizar profundamente a la juventud occidental sobre los sufrimientos y luchas del Tercer Mundo”.

Hacia el final, se advertía que detrás de estas “sectas” que se movían en el plano científico y educativo se hallaba implacable el poder “revolucionario del marxismo- leninismo intrínsecamente perverso, según la definición de la Santa Madre Iglesia. De nosotros depende defender el patrimonio de ocho siglos de pensamiento católico universitario”. La tarea consistía, pues, en lograr el “reencauzamiento de las ciencias” y la “subordinación de la actividad científica a las verdades teológicas”.

Reflexiones finales

En este artículo hicimos foco en el contenido de los artículos y libros publicados por un grupo de intelectuales de la derecha católica argentina, chilena y española, que integraban redes trasnacionales y que se presentaban como especialistas en educación. Aún cuando algunos de sus integrantes tenían trayectorias y pensamientos diversos, en esta oportunidad mostramos cuáles eran las coincidencias sobre ciertos temas puntuales. Estos intelectuales católicos, inscriptos en general en un tomismo militante, consideraban que tanto la democracia liberal como el comunismo y el socialismo (de China, Rusia, Cuba, Chile, Vietnam y de los países de Europa del Este) eran regímenes totalitarios que promovían un sistema educativo que destruía a las familias y dejaba a los niños a merced del Estado y “la esclavitud más completa”. Desde esta perspectiva, las teorías educativas que plantearon Freire o los planificadores de la UNESCO, desembocaban siempre en el marxismo y en los soviets, deshumanizando al hombre y alejándolo de los valores naturales y sobrenaturales. Hemos señalado que estos ideólogos (junto con otros) contribuyeron en Argentina y en otros países, a brindar argumentos a las autoridades de turno para perseguir y hostigar a los educadores que pretendían renovar y modernizar la educación.

Estas ideas de la derecha se hicieron más rígidas ante un contexto que iba cambiando aceleradamente entre las décadas del 50 al 80. Del lado de la Iglesia, las propuestas del Concilio y del CELAM convivían con un vertiginoso proceso de secularización de las clases medias de los grandes centros urbanos. Del lado de las universidades, la modernización académica, los avances científicos y los debates al interior de las ciencias sociales alcanzaron de una u otra forma a todas ellas, fuesen públicas y privadas. En este marco, los redactores de Verbo observaban con secreta complacencia que sus opiniones y denuncias alrededor del “avance marxista” en las universidades y centros de investigación, coincidían con las acciones represivas que se estaban llevando a cabo. La amplia mayoría de los profesores e investigadores mencionados en la revista habían sufrido el exilio, el secuestro y/o la desaparición forzada en sus países de origen. Dentro de esta lógica, los universitarios católicos se convertían en los únicos guardianes de los valores cristianos y asumían la responsabilidad de defender a “Hispanoamérica” de los “ataques” de la “subversión”, y a delatar a los “infiltrados” que estaban dentro de sus mismas aulas. La figura de “Hispanoamérica” se basaba en nociones anteriores que relacionaban América Latina con España como reductos de la “cristiandad”.

En resumen, estos autodenominados “universitarios católicos hispanistas” y el resto de los intelectuales de derecha estaban convencidos de que el modelo de universidad debía ser el católico, entendido como jerárquico, sin participación estudiantil y elitista. Creían que había que combatir y, preferentemente, eliminar las instituciones “marxistas” como la UNESCO, el Centro Bellarmino, la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile, la UBA, FLACSO, CLACSO, Fundación Bariloche y el CEDES, entre otras. Ellas eran difusoras de autores “subversivos”, de las “ideas” de la Reforma Universitaria del año 1918, del “gobierno tripartito”, la “movilización estudiantil” y de la promoción de la “masificación” de la universidad, verdadera “tragedia” argentina. Entraban en este grupo distintas editoriales de América Latina, libros y fundaciones.

Para terminar, plantearemos que aún quedan importantes cuestiones a dilucidar, como quiénes eran los integrantes del Consejo Hispanoamericano de Estudiantes, de qué universidades y países provenían y quiénes fueron los autores del documento mencionado. Estos y otros interrogantes deberán ser respondidos en el futuro para poder tener un panorama más completo de esta red de derechas con proyección internacional en América Latina y Europa. Ciertamente, estas redes continúan activas en la actualidad sosteniendo las mismas ideas. Por ejemplo, la revista Verbo de Madrid continúa publicándose en formato digital y Caponnetto es el actual director de la revista Cabildo. En el año 2009 expresó: “No creo en la democracia, no creo en el sufragio universal, no creo en la soberanía del pueblo, no creo en el constitucionalismo moderno (…) Me produce una infinita náusea todo esto. ¿Por qué no cree en la democracia? Porque soy católico y un católico coherente no puede ser democrático porque el primer acto democrático de la historia crucificó a Jesucristo y dejó en libertad a un delincuente”.8


Notas

1. Sobre Cabildo ver, entre otros, Saborido (2005) y Orbe (2009). Acerca de Verbo consultar, entre otros, a Scirica (2006) y Ranalletti (2009).

2. Un análisis del libro completo de Caponnetto está en Rodríguez (2017).

3. Acerca de quiénes contribuyeron a difundir la obra de Freire, ver Brugaletta (2015).

4. Caturelli, Alberto (1976) “El marxismo en la pedagogía de Paulo Freire”, Mikael, núm. 12, p. 30. Este artículo fue reproducido, previa autorización, en la Revista de la Escuela Superior de Guerra del año 1977, Nº 430, pp. 7-36. El propósito era que se usara en los Institutos Militares como bibliografía obligatoria. Agradezco a Germán Soprano esta referencia.

5. Cantero, Estanislao (1975) “Paulo Freire y la educación liberadora”, Verbo (Madrid), núm. 133-134, pp. 19-44; Cantero, Estanislao (1975) “Paulo Freire y la educación liberadora”, Verbo (Buenos Aires), núm. 153, pp. 39-64.

6. S/a (1980) “La subversión científica”, Verbo, núm. 209, pp. 55- 93. Esta parte es un resumen de Rodríguez (2016).

7. Sobre las redes de intelectuales de derecha durante la última dictadura, ver, entre otros, Cersósimo (2014) y Vicente (2015).

8. http://lahoradejuancruz.blogspot.com/2009/07/entrevista-antonio-caponnetto.html, visitado el 4 de mayo de 2010.

 

Bibliografía

Bayle, Paola (2008) “Emergencia académica en el Cono Sur: el programa de reubicación de cientistas sociales (1973-1975)”, Iconos, núm. 30, FLACSO/Ecuador, pp. 51-63.

Beigel, Fernanda (2011) Misión Santiago. El mundo académico jesuitas y los inicios de la cooperación internacional católica, Santiago de Chile, LOM Ediciones.

Brugaletta, Federico (2015) “Julio Barreiro y la circulación de la pedagogía de Paulo Freire en la historia reciente de América Latina”, ponencia presentada en IV Congreso Internacional de Ciencias, Tecnologías y Culturas, 9-12 octubre, Universidad de Santiago de Chile.

Caponnetto, Antonio (1981) Pedagogía y educación. La crisis de la contemplación en la escuela moderna, Buenos Aires, Cruz y Fierro.

Cersósimo, Facundo (2014) El Proceso fue liberal. Los tradicionalistas católicos argentinos y el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), Tesis Doctoral inédita, Buenos Aires, UBA.

Freire, Pablo (2015) [1992].Pedagogía de la esperanza. Un reencuentro con la pedagogía del oprimido, Buenos Aires, Siglo XXI.

García Hoz, Víctor (1981) Dos Pedagogías. Poveda y Freire, Buenos Aires, Editorial Docencia.

Orbe, Patricia (2009) “Entre mitines y misas: la revista Cabildo y la red de sociabilidad nacionalista católica (1973-1976)”, ponencia presentada en IV Jornadas de Historia Política. Bahía Blanca, 30 septiembre, 1-2 octubre.

Ranalletti, Mario (2009) “Contrainsurgencia, catolicismo intransigente y extremismo de derecha en la formación militar argentina. Influencias francesas en los orígenes del terrorismo de Estado (1955-1976)”, en Feirerstein, Daniel (comp.) Terrorismo de Estado y genocidio en América Latina,Buenos Aires, Prometeo, pp. 249-280.

Rodríguez, Laura Graciela (2017) “Totalitarismo y educación. Freire, UNESCO y Piaget en la mirada del tradicionalismo católico”, Quinto Sol, vol. 21, núm. 1, pp. 1-21.

___________________ (2016) “La subversión científica en las universidades de Argentina e Hispanoamérica”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos, disponible en https://nuevomundo.revues.org/68862#entries

Saborido, Jorge (2005) “El nacionalismo argentino en los años de plomo (1976- 1983)”, Anuario de Estudios Americanos, N° 62, pp. 235-270.

Sacheri, Carlos A. (1970) La Iglesia Clandestina, Buenos Aires, Cruzamante.

Scirica, Elena (2006) “Ciudad Católica- Verbo: Discurso, redes y relaciones en pos de una apuesta [contra] revolucionaria”, ponencia presentada en IV Jornadas Nacionales Espacio, Memoria e Identidad, Universidad Nacional de Rosario, octubre.

Vicente, Martín (2015) De la refundación al ocaso. Los intelectuales liberal conservadores ante la última dictadura, La Plata, Universidad Nacional de La Plata.

 

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