Educación superior, movilidad social y desigualdades interdependientes

• Lorenza Villa Lever. 
SECCIÓN: DOSSIER
• Doctora en sociología por la Ecole des Hautes Études en Sciences Sociales lorenza.villalever925@gmail.com


 

Resumen

En el contexto de la globalización económica, la educación superior ha redefinido los espacios institucionales para la producción del conocimiento exigiendo una mayor competitividad de las universidades, lo que ha propiciado asimetrías en su desarrollo, ya que a partir de sus respuestas, algunas han mostrado capacidad para responder a la llamada sociedad del conocimiento, mientras que otras se han concretado a dar respuesta a las necesidades precisas del mercado local. Con ese telón de fondo, en este trabajo se analizarán cuatro aspectos de estas transformaciones en América Latina: la ampliación de la matrícula de educación superior, su distribución por estrato social y género, el proceso de segmentación institucional que ha acompañado ese proceso de crecimiento, y las percepciones de los estudiantes sobre su situación, comparada a la de sus padres. Para el análisis se trabajará con dos conceptos: el de movilidad social y el de desigualdades interdependientes. Se parte del supuesto de que a medida que el nivel de bienestar de los hijos dependa del origen socioeconómico de la familia de origen, habrá mayor reducción en las libertades efectivas en la sociedad en su conjunto, y por tanto, mayores limites a las posibilidades reales de que los individuos que provienen de hogares desfavorecidos logren la vida que desean. El trabajo está organizado en tres partes: en la primera se ubica el problema de la movilidad social en América Latina; después se exponen los resultados de una investigación empírica con estudiantes universitarios en México; y finalmente se presentan algunas conclusiones.

 

Palabras clave:

Educación superior, Movilidad social, Desigualdades interdependientes, Estudiantes, México.

 

Abstract

 

Higher education has redefined institutional spaces for the generation of knowledge within the context of economic globalization, calling for greater competitiveness among universities. These changes, linked to globalization processes, have had an impact on systems of higher education and have produced asymmetries in its development since, based on said transformations, some universities had proved capable of answering to the so-called knowledge society, while others have concentrated on answering the specific needs of the local market. With this backdrop, four aspects of this transformation within Latin American will be analyzed: the increase in enrollment in higher education; the distribution by social strata and gender of this enrollment; the process of institutional segmentation which comes along with this growth process; and the perception the students have of this situation as compared to the perception of their parents. To this end, two concepts will be explored: social mobility and interdependent inequality. The work is based on the supposition that to the degree that children’s wellbeing depends on the socioeconomic origin of their families, there will be a greater reduction in the real freedom of that society as a whole, and thus, more limitations for individuals coming from underprivileged households to achieve the life they are hoping for. The present paper is organized in three parts: in the first we present the problem of social mobility in Latin America; next the results of empirical research carried out with students in Mexico are shown; and finally some of the conclusions are presented.

 

Keywords:

 Higher education, Social movility, Interdependent inequalities Students, México.

 

Introducción

 

En el contexto de la globalización económica, la educación superior ha redefinido los espacios institucionales para la producción del conocimiento exigiendo una mayor competitividad de las universidades. Una de las respuestas paradigmáticas a tales demandas es la “Declaración de Bolonia”1, cuyo principal compromiso es construir un “Espacio Europeo de Educación Superior” (EEES) con dos metas: reestructurar los sistemas universitarios europeos2, y aumentar la competitividad internacional de las universidades europeas, cuyo papel clave sería apoyar las “economías del conocimiento” a partir de la producción de conocimiento y la formación de recursos humanos altamente calificados.

Tanto el “Proceso de Bolonia”, como las iniciativas de organismos multilaterales como la UNESCO, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, han marcado las tendencias actuales de la educación superior en el mundo, que buscan dar un lugar privilegiado a la investigación, propiciar una cultura de intercambio de conocimientos científicos, tecnologías, estudiantes y profesores, títulos y créditos, e impulsar un crecimiento equitativo de la matrícula, la calidad, el financiamiento etc.3 Estos cambios, vinculados a los procesos de globalización, han impactado en los sistemas de educación superior, y han propiciado asimetrías en su desarrollo, ya que a partir de dichas transformaciones, algunos han mostrado capacidad para responder a la llamada sociedad del conocimiento, mientras que otros se han concretado a dar respuesta a las necesidades precisas del mercado local (Alcántara, 2006).

Con ese telón de fondo, en este trabajo se analizarán cuatro aspectos de estas transformaciones en América Latina: la ampliación de la matrícula de educación superior, su distribución por estrato social y género, el proceso de segmentación institucional que ha acompañado ese proceso de crecimiento, y las percepciones de los estudiantes sobre su situación, comparada a la de sus padres.

Para el análisis se trabajará con dos conceptos: el de movilidad social, el cual remite a los cambios que viven los individuos de ambos sexos pertenecientes a una sociedad dada, en relación tanto con su posición de origen en la distribución económica4 (Vélez, Campos y Fonseca: 2012:27), así como con su distribución diferenciada entre los diversos tipos de institución universitaria; y el de desigualdades interdependientes, que considera que las diferencias en la distribución económica están relacionadas con las asimetrías entre las posiciones de individuos, o de grupos en un contexto determinado (Costa, 2011:21).

Se parte del supuesto de que a medida que el nivel de bienestar de los hijos dependa del origen socioeconómico de la familia de origen, habrá mayor reducción en las libertades efectivas en la sociedad en su conjunto (Sen, 2000), y por tanto, mayores limites a las posibilidades reales de que los individuos que provienen de hogares desfavorecidos logren la vida que desean. Es decir, mientras más importante sea la situación parental, menor será la movilidad intergeneracional, y mientras más independientes de ellas sean el esfuerzo y talento de los hijos, habrá un mayor movimiento entre las generaciones. (Daude, 2010:37).

Aunque la educación y el sistema educativo han sido tradicionalmente un espacio de movilidad social individual, también han fungido como una barrera social, porque al mismo tiempo que legitima la discriminación, justifica las diferencias sociales a partir del valor que se otorga al nivel escolar alcanzado. (Bourdieu:1979; 1987). En otras palabras, la educación es también un campo político que produce un discurso en el que la movilidad social juega un papel central en la creencia de un futuro igualitario.

El trabajo está organizado en tres partes además de esta introducción: en la primera se ubica el problema de la movilidad social en América Latina; después se exponen los resultados de una investigación empírica con estudiantes universitarios en México; y finalmente se presentan algunas conclusiones.

 

La movilidad social en América Latina y México

 

Se ha constatado que la región de América Latina y el Caribe tiene uno de los índices más bajos en la distribución del ingreso en el mundo. La concentración de la riqueza, con su contraparte de altos niveles de pobreza e índices de desempleo y subempleo, plantean un desafío para muchos países de la región. A pesar de ello, se sabe que países como México, han vivido movilidad absoluta ascendente, lo que significa que han mejorado sus indicadores de bienestar en el conjunto de la distribución económica, pero que mantiene una baja movilidad social relativa, que muestra el grado de estratificación de su sociedad y las fuertes barreras a la movilidad que deben sobrepasar los sectores más desfavorecidos. (Vélez, 2013:14).

A nivel general se puede hablar de que ha habido un aumento de las tasas de escolarización en las distintas regiones del mundo. Sin embargo, este aumento no es el mismo en las distintas sociedades, pues depende de su grado de riqueza y desarrollo. En América Latina se han incrementado los recursos destinados a la educación y la cobertura, sin embargo, es más frecuente que los jóvenes de hogares ubicados en lo alto de la escala social logren terminar la educación secundaria y los estudios universitarios, que aquellos que provienen de hogares desfavorecidos (Daude, 2010:37). Es decir, la educación superior está segmentada por estrato social, en la medida en la que es difícil que jóvenes provenientes de hogares desfavorecidos, y aun de clase media, rebasen la barrera de los estudios secundarios, y cuando lo hacen son orientados a universidades de calidades diferentes, de acuerdo con su pertenencia a un estrato social determinado.

En un trabajo reciente, sobre educación, clases medias y movilidad social en América Latina (Daude, 2010), se hace una comparación entre tres grupos sociales en diferentes países: los desfavorecidos, los estratos medios y los acomodados. Compara, entre otras, las cohortes de 61 a 65 años y la de 21 a 30 años, y muestra que en la mayoría de los países latinoamericanos el promedio de años de escolaridad es más alto conforme se asciende en la estructura social: el promedio para los grupos desfavorecidos apenas alcanza para cubrir la educación primaria; los estratos medios no tienen el promedio de años escolares necesarios para completar la educación secundaria, y sólo los estratos acomodados han cursado el número de años necesario para acceder a la educación superior (Cuadro 1).

En otras palabras, a pesar de los esfuerzos de los estados nacionales por impulsar la escolaridad y aumentar el gasto en educación, la expansión de la cobertura no ha sido equitativa entre los grupos sociales, produciendo una barrera estructural para que todos los jóvenes puedan acceder y terminar la educación secundaria y la superior. El resultado observado es que hay reproducción de las condiciones estructurales en la educación por estrato social.

Por otro lado, esta situación de inequidad se ve reforzada por dos tendencias crecientes: por un lado, la participación de la educación privada, orientada principalmente a los hogares más acomodados, mientras que los sectores de menores recursos y los estratos medios deben pelear por las plazas insuficientes de la educación publica; por otro, la diferenciación entre los establecimientos universitarios consolidados que fomentan la investigación y el posgrado y tienen como meta las necesidades de la sociedad del conocimiento, cuya presencia es nacional e internacional, y aquellos dedicados a la formación de cuadros profesionales, muy centrados en la docencia y que satisfacen la demanda local. Este tipo de segmentación de las instituciones educativas supone diferencias de calidad que impiden a las distintas categorías sociales el acceso a los mismos conocimientos, y a redes sociales que faciliten, en diversos grados, el ingreso al mercado de trabajo, por lo que es otro elemento que limita o facilita, según el caso, la movilidad social (Daude, 2010: 34-37).

México no es ajeno al contexto de la región. La expansión de la educación superior en los últimos treinta años parece haber beneficiado principalmente a personas con origen social alto, lo que ha tenido como resultado una fuerte asimetría en la distribución de la educación, en la reproducción intergeneracional y en una mayor persistencia de la riqueza. Como dice Florencia Torche (2006:24): “Si en Estados Unidos y Suecia algo más de un tercio de personas con orígenes en el quintil mas rico permanece en dicho quintil, en México esta figura alcanza un alto 59%. Esta figura es también más alta que en Chile, donde 46% de aquellos con origen en el quintil superior permanecen en él. Además, México presenta mayor reproducción intergeneracional de la pobreza, y en este último aspecto sobrepasa significativamente a Chile. La proporción de personas con origen en el quintil más pobre que permanece en el mismo nivel de pobreza alcanza alrededor de 40% en Estados Unidos, 34% en Chile y solo 26% en Suecia, pero asciende a 48% en México”.

Por otra parte, la movilidad larga descendente, desde el quintil más rico al más pobre, prácticamente no existe en México (0.17%)5. Lo mismo sucede con la movilidad larga ascendente, que alcanza apenas 4%6, lo que indica que es muy difícil cruzar la barrera más baja, y también permite pensar que en México, por un lado, la posición socioeconómica de los padres es determinante para las oportunidades de bienestar de los hijos, especialmente para el acceso, permanencia y término de la educación superior de los jóvenes en edad de cursarla, y por otro, que la persistente reproducción intergeneracional de la pobreza dificulta la movilidad educacional de los jóvenes y refuerza la inclusión desigual para los individuos con orígenes de pobreza.

 

Movilidad social y desigualdad de posiciones en México

 

¿Cómo se viven en México, las desigualdades observadas en el contexto de América Latina? Para responder esta pregunta, a continuación se presentarán los resultados de una encuesta aplicada a jóvenes universitarios que cursan el último año de universidad7, con objeto de analizar de qué manera se reproducen y entrelazan las desigualdades socioeconómicas, educativas y de género en este país y a partir de qué mecanismos se dificulta o facilita la movilidad de las y los jóvenes, es decir, con objeto de reflexionar sobre el grado de libertad o funcionamientos que tienen para remontar las asimetrías en la distribución de los recursos y en las posiciones sociales ocupadas, así como el papel que tienen las percepciones sobre su situación personal, comparada a la de sus padres, en el desarrollo de sus capacidades para lograr lo que desean y valoran.

Antes de pasar al análisis es necesario explicar que se ha trabajado con seis universidades ubicadas en el Distrito Federal, 3 públicas y 3 privadas, las cuales fueron seleccionadas por sus características académicas. Dicha selección dio como resultado la clasificación de universidades públicas y privadas con alto, medio y bajo desarrollo académico, como se presenta en el Cuadro 2.

De acuerdo con las dimensiones de la movilidad intergeneracional, el análisis de los datos se va a organizar a partir de tres tipos de movilidad: la movilidad de bienestar económico, la movilidad educacional y la movilidad de percepciones o subjetiva.

 

Movilidad de bienestar económico

 

La “movilidad de bienestar económico”, se medirá a partir del ingreso familiar (que suma el ingreso mensual de padre y madre) de los hogares de las y los estudiantes, el cual refiere a la posición socioeconómica que ocupan las familias en la sociedad. El ingreso familiar se ha dividido en tres estratos8: el bajo, que en total agrupa a 50.8% de las y los estudiantes; el medio, que congrega a 36.2%; y el alto, que reúne a 13.1% de las y los universitarios encuestados9 (Cuadro 3).

La mayoría de los estudiantes cuyo hogar tiene ingresos familiares bajos se ubica en las universidades públicas, principalmente la de bajo desarrollo académico, y también en la privada de este tipo. Los estudiantes del estrato medio estudian preferentemente en instituciones privadas de desarrollo académico medio y los que provienen de un hogar con ingreso alto se concentran en la universidad privada de alto desarrollo académico (Cuadro 3).

Esta coincidencia entre el nivel de ingreso de las familias de los estudiantes y el nivel de desarrollo académico de las universidades en que estudian, muestra un sistema universitario segmentado y supone una tendencia a la permanencia en la posición de origen, o de inmovilidad social.

Si se analiza la distribución de los estudiantes según el nivel de ingreso familiar de sus hogares, por tipo de universidad y se hace intervenir la variable sexo, se puede apreciar que en general hay más mujeres (57.9%) que varones (44.6%) que provienen del estrato social bajo y más varones (15.8%) que mujeres (9.9%) provenientes de familias con ingreso familiar alto (Cuadro 4).

Al hacer intervenir la variable sexo, se puede observar que:

· Las dos universidades de bajo desarrollo académico reciben a un porcentaje mayor de mujeres que de varones provenientes de familias con ingreso familiar bajo, lo que supone, especialmente para las mujeres, sumar a la precariedad del ingreso, el acceso a conocimientos y a redes sociales de menor calidad, que pueden dificultarles un movimiento ascendente en relación con su posición de origen.

· Las universidades de alto desarrollo académico reciben a más mujeres que varones provenientes de hogares con ingreso familiar bajo. En este caso podría pensarse que la calidad de la educación y de las redes sociales a las que acceden, incorpora oportunidades que pueden indicar para ellas un movimiento ascendente en relación con la posición de origen.

· La universidad privada consolidada recibe a más hombres que mujeres que provienen de hogares con ingreso familiar alto, lo que supone que ellos tienen en mayor proporción que ellas, la posibilidad de permanecer en su privilegiada posición de origen. (Cuadro 4).

Movilidad educativa

 

La “movilidad educativa”, será medida a partir de la educación de los padres de los estudiantes encuestados. La hipótesis es que hay una fuerte asociación entre el origen social y el destino educacional. Como se vio a nivel latinoamericano, y particularmente en México, la posibilidad de moverse a una categoría educacional distinta a la de origen es menor a la de permanecer en la categoría de origen. Pero dado que todos los estudiantes encuestados están cursando el último semestre universitario, el supuesto es que en una sociedad segmentada como la mexicana, la inserción de estudiantes a un cierto tipo de universidad supondrá una inclusión desigual, dependiendo no sólo de los recursos económicos de la familia, sino también de la escolaridad de los padres y del sexo del estudiante, profundizando así, las ventajas y/o las desventajas individuales.

A partir de los datos de la investigación empírica realizada se observa que:

En general, la escolaridad del padre es más alta que la de la madre. Un poco más de la mitad de los progenitores de las y los estudiantes encuestados tienen escolaridad alta, es decir de bachillerato completo a posgrado.

La homogeneidad de las cifras del padre y de la madre indica un alto grado de homogamia escolar entre ellos (Cuadro 5).

La escolaridad de los progenitores de las y los estudiantes difiere por género (Cuadro 6):

· Es la madre de las estudiantes mujeres quienes en mayor porcentaje tienen sólo estudios de primaria (28.2%).

· Hay un mayor porcentaje del padre que de la madre con bachillerato completo. Las madres de mujeres (4.6%) con este nivel son menos de la mitad que las madres de los varones (9.6%), aunque hay más madres que padres que estudiaron una carrera corta.

· El padre (24.3%) y la madre (17.5%) de los estudiantes varones tienen en mayor porcentaje estudios de licenciatura completa, en comparación con el padre (11.8%) y la madre (13.8%) de las estudiantes mujeres.

Las hijas e hijos de padre y madre con escolaridad alta, estudian preferentemente en universidades consolidadas. Casi la totalidad de estudiantes mujeres y varones que están en la universidad privada consolidada tiene padre (100% y 97.3%)10 y madre (92.3% y 100%) con escolaridad alta. Estos porcentajes descienden a poco más de la mitad entre las y los estudiantes de la universidad pública consolidada (padre: 66.7% y 62.1%; madre: 66.7% y 57.6%). Estas proporciones decrecen conforme desciende el desarrollo académico de las instituciones. En estos casos las diferencias porcentuales entre los sexos no son muy importantes (Cuadro 7).

Cerca de dos tercios de las y los estudiantes que están en la universidad pública de bajo desarrollo académico tiene padre y madre con escolaridad baja. Estos porcentajes son más bajos entre las y los estudiantes que están en la universidad pública de desarrollo académico medio (Cuadro 7).

En síntesis, la escolaridad del padre y de la madre es un factor muy importante, no sólo para que las y los jóvenes estudien, como se vio en el análisis hecho en el apartado sobre América Latina, sino también para definir el tipo de institución a la que pueden acceder los jóvenes, lo que puede suponer una inclusión desigual. Es decir, hay una relación positiva entre escolaridad de los padres y tipo de institución en la que estudian los hijos, ya que:

· A mayor escolaridad de los progenitores, más probabilidades de que las y los hijos estudien en una universidad consolidada, principalmente en la privada.

· A menor escolaridad de los progenitores, más probabilidades de que las y los hijos estudien en una universidad de bajo desarrollo académico, principalmente en la pública.

 

Movilidad de percepciones

 

La “movilidad de percepciones” o “movilidad subjetiva” está relacionada con la apreciación que las personas tienen de su propia posición. Se trabajó sobre tres tipos de movilidad subjetiva: sobre la percepción de posición socioeconómica, sobre la percepción de posición laboral y sobre la percepción de posición de prestigio, sin embargo, no hay diferencias muy marcadas entre ellas:

En general, se puede decir que entre los jóvenes las percepciones de movilidad socioeconómica, laboral y de prestigio11 tienden a ser ascendentes:

· La mayoría de los estudiantes de todas las universidades supone que alcanzará una posición más alta que la de sus progenitores. De hecho, a menor ingreso familiar y nivel escolar de los padres, más altas son las expectativas de los estudiantes que están terminando estudios superiores, respecto de las posiciones laborales, socioeconómicas y de prestigio de sus padres y viceversa. Es decir, la educación superior cumple su función política, por la cual refuerza la creencia en un futuro igualitario y promisorio, en el cual no se consideran las implicaciones de la posición de origen en la movilidad social.

· Las diferencias más importantes se observan entre los estudiantes que acuden a distintos tipos de universidades. Se puede afirmar que a menor desarrollo académico de las universidades, hay más estudiantes con expectativas socioeconómicas, laborales y de prestigio altas y viceversa. Sólo en las instituciones de alto desarrollo académico hay algunos estudiantes que consideran que comparados con sus padres, al término de la licenciatura alcanzarán una posición más baja. Igualmente, hay el doble de estudiantes en la privada consolidada, que en las demás instituciones, que consideran que conservarán la misma posición que sus padres, lo que se puede explicar porque son estudiantes cuyos padres pertenecen a las élites económicas y han alcanzado posiciones socioeconómicas y laborales muy altas.

· Al analizar las percepciones por género hay algunas diferencias que vale la pena subrayar: entre quienes provienen de un hogar con ingreso alto, dos tercios de mujeres y una de varones considera que alcanzará una posición socioeconómica, laboral y de prestigio más alta que los padres. Aunque ningún varón proveniente de un hogar con ingreso bajo considera que alcanzará una posición laboral más baja que la de sus padres, entre las mujeres sí hay un pequeño porcentaje que lo considera.

 

Conclusiones

 

A partir de este trabajo se puede concluir que existen algunos mecanismos de desigualdad que impiden o dificultan la movilidad social y que se mencionan a continuación:

a. Las asimetrías entre las regiones y países, vinculadas con los cambios producidos a partir de los procesos de globalización, y específicamente los orientados a la educación superior, que impactan en su capacidad de respuesta ante los requerimientos y retos del desarrollo basado en el conocimiento.

· Las cifras de promedio escolar vinculadas al estrato social, que en las distintas regiones y países han influido de manera importante sobre la distribución de la educación, y que han reforzado la permanencia de la estratificación social y las barreras a la movilidad social, especialmente para los grupos más desfavorecidos.

· Las diferencias de clase, que divide a las sociedades en grupos opuestos, traducidas, por un lado, como desigualdad en la distribución de recursos materiales y simbólicos a los que los individuos pueden acceder, y por otro, como asimetrías de posiciones entre los individuos pertenecientes a los distintos grupos sociales.

b. En una sociedad segmentada como la mexicana, las diferencias de clase impactan de manera directa la inserción de estudiantes a un cierto tipo de universidad, lo que tendrá como consecuencia una inclusión desigual, dependiendo no sólo de los recursos económicos de la familia, sino también de la escolaridad de los padres y del sexo del estudiante. La combinación entre posición socioeconómica y educativa de los padres, junto con el sexo de los hijos, profundiza potencialmente las ventajas y/o las desventajas individuales. Esto sucede porque hay una gran coincidencia entre el nivel de ingreso de las familias de los estudiantes y el máximo grado escolar alcanzado por los padres, con el nivel de desarrollo académico de las universidades en que estudian los hijos, lo que muestra un sistema universitario que refuerza la permanencia en la posición de origen y promueve la inmovilidad social.

c. Las oportunidades de cursar estudios universitarios para las mujeres de bajos recursos se encuentran principalmente en las universidades de bajo desarrollo académico, lo que supone sumar a la precariedad del ingreso, el acceso a conocimientos y a redes sociales de menor calidad. Lo anterior tiene capacidad para dificultarles un movimiento ascendente en relación con su posición de origen. En el otro extremo, la universidad privada consolidada recibe a más hombres que mujeres que provienen de hogares con ingreso familiar alto, lo que supone que son ellos quienes tienen, preferentemente, la posibilidad de permanecer en su privilegiada posición de origen.

d. La mayoría de los estudiantes de todas las universidades supone que alcanzará una posición socioeconómica, laboral y de prestigio, más alta que la de sus progenitores. Se constata que a menor ingreso familiar y más bajo nivel escolar de los padres, más altas son las expectativas de los estudiantes que están terminando estudios superiores. De la misma manera, que a menor desarrollo académico de las universidades, más altas son las expectativas socioeconómicas, laborales y de prestigio de sus estudiantes. Es decir, la precariedad de recursos en la familia de origen, orienta hacia universidades que ofrecen estándares de formación bajos, pero a la vez produce la creencia en un futuro igualitario, o al menos promisorio.

e. Todas estas desigualdades, visibles en el nivel micro, podrían analizarse en el nivel global si hubiera datos comparables. Una de las grandes dificultades de hacer análisis comparativos es que no hay un acuerdo para construir bases de datos fidedignas, que utilicen categorías que permitan analizar las desigualdades y sus interdependencias.

f. En síntesis, hay una fuerte relación entre las desi-gualdades de clase y de género. Al entrelazarse con el ámbito de la educación superior, suman mecanismos importantes que refuerzan las desigualdades, y crean a su vez asimetrías en las oportunidades de conocimiento y de acceso a redes de calidades diversas. Es decir, las oportunidades de educación de los hijos dependen en un grado importante de la posición que la familia de origen tiene en la sociedad, donde el esfuerzo y el talento personal parecen tener una función muy limitada.

Notas

1. 1. Firmada en 1999 por 29 países europeos.

2. Lo cual se conoce como el Proceso de Bolonia. En realidad la fecha de inicio de éste es 1998, cuando los ministros de educación de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, firmaron la Declaración de la Sorbona (1998), con un contenido muy similar al de Bolonia. El proceso de Bolonia contaba en 2010 con la participación de 45 países, lo que significa que no todos son miembros de la Comunidad Europea. Para mayor información consultar: (Verger Planells, 2011).

3. Para mayor información se puede consultar (Alcántara, 2006).

4. Hay dos tipos de movilidad social: la intergeneracional que supone un cambio en la posición, en relación con el hogar de origen, y la intrageneracional que refiere a cambios en la posición socioeconómica a lo largo del ciclo de vida de las personas. Igualmente se puede hablar de movilidad horizontal o cambios en la posición de un individuo al interior de un mismo estrato socioeconómico, y vertical, como el paso de un individuo de un estrato a otro, y puede ser ascendente o descendente. Finalmente, se puede hablar de movilidad absoluta que se refiere a las transformaciones de la estructura de clases, y la movilidad relativa en los casos en que la posición en la escala socioeconómica de una persona es diferente a la de su hogar de origen. La movilidad puede ser analizada a nivel macro, es decir, entre países y regiones, y a nivel micro, entre individuos. (Vélez, Campos y Fonseca: 2012:34-35).

5. Chile 4%, Suecia 11% y alrededor de 10% en Estados Unidos.

6. Chile 5%, Estados Unidos 10%, y 16% en Suecia.

7. Investigación financiada por Conacyt, con el Nº. de registro 181677. Para esta investigación se aplicó un cuestionario a 329 estudiantes que cursaban último año de licenciatura, en 6 Universidades, 3 públicas y 3 privadas, con 3 niveles de desarrollo académico: alto, medio y bajo.

8. La equivalencia en dólares estadounidenses para cada estrato es: BAJO hasta $8,000.00 = $615.0 UDS; MEDIO de $8,001.00 a $22,000.00 = entre $615.00 USD y $1,692.00 USD; ALTO más de $22,000.00 = Más de $1,692.00 USD.

9. Aunque la encuesta aplicada no tiene representatividad estadística, sí es interesante subrayar, el hecho de que la mayoría de los estudiantes provengan de hogares con recursos socioeconómicos bajos, lo cual tiene como base la segmentación de las universidades y como consecuencia una distribución de los estudiantes diferenciada entre ellas, de acuerdo con su posición de origen.

10. Cuando hay 2 porcentajes en un mismo paréntesis, siempre el primero se refiere a la mujer y el segundo al hombre.

11. La idea que los estudiantes tienen de la situación socioeconómica y laboral de sus padres no se diferencia de manera significativa ni cuando se compara el nivel escolar de padre y madre, ni al poner en relación el ingreso familiar de los hogares, lo cual tiene sentido porque el sueldo y la escolaridad suelen estar relacionados.

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