Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa, entre el desarrollo estabilizador y el neoliberalismo

Jorge Gastélum-Escalante
SECCIÓN: DOSSIER
• Doctor en Investigación Educativa por el Cinvestav/IPN. Ha sido coordinador adjunto del Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología (Coecyt) y vicerrector de Operación Institucional de la Universidad de Occidente (U de O). jagastelume@hotmail.com



Introducción


Proemio. La hoy Facultad de Agronomía (FdeA) fue inaugurada como Escuela Superior de Agricultura (ESA), de la entonces Universidad de Sinaloa (Unisin),1 por el secretario de Agricultura y Ganadería en el periodo de Adolfo López Mateos, Julián Rodríguez Adame, en 1961, en el último lustro del «milagro agrícola mexicano». En la lírica, Sinaloa era entonces “[…] un pecho franco, sincero […] contra el que puedes estrecharte amable y confiado” (González, 2007:50). Era gobernador Gabriel Leyva, y rector Fernando Uriarte. La Unisin, entre quince universidades en el país, era la única institución educativa superior en la entidad, con diez escuelas y mil 500 alumnos.

Todo empezó en 1948, con el auge agrícola que desencadenó Miguel Alemán al inaugurar la presa Sanalona. La Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa (Caades), propuso crear una Escuela Práctica de Agricultura de Sinaloa (Hernández, 1957). Dos sexenios después, con López Mateos y Leyva Velázquez, pero aún en el rectorado de Jesús Rodolfo Acedo, en 1957, se propone crear una Escuela de Agricultura y Ganadería.

La investigación en ciencias y tecnologías agrícolas había llegado a la entidad en 1952, con la mutación del campo experimental del valle de Culiacán al esquema de la “revolución verde” (Trujillo y López, 1984). A finales de los cincuenta, en Sinaloa la bonanza agrícola había posibilitado grandes fortunas (Sinagawa, 2002). El gobierno y la Caades se proponían consolidar el crecimiento agropecuario.2 La infraestructura hidráulica había permitido ampliar la frontera agrícola e intensificar los cultivos, de modo que los problemas que empezaban a percibirse en el país, en Sinaloa tales condiciones permitían “ignorar” la crisis y elaborar proyectos de desarrollo. En 1960, mientras el agro aportó el 15.5% del PIB nacional, en Sinaloa tributó el 26.8%.

Era un Sinaloa de 838 mil 500 habitantes (Inegi, 2008), concentrados en localidades de agricultura bajo riego; el 61.8% vivía del agro (Inegi, 2008). Ese año se sembraron unos 30 cultivos (algunos exportables), en 473 mil 288 hectáreas: 54% irrigadas. La mecanización tomaba vuelo y la renta agrícola contribuía a fortalecer el despegue hacia la agroindustria. Pero conjuntar esos factores no resuelve las metas desarrollistas. Hay que combinarlas con la acción de profesionales capaces de elevar la productividad y asegurar la calidad que exige el mercado estadounidense. Así las cosas, el déficit nacional de agrónomos era de 13 mil, imposible de cubrir con los planteles existentes. El desarrollo estabilizador era el contexto económico, el cardenismo la ideología en el campo y la educación, y la revolución verde el paradigma. A milagro mexicano un milagro sinaloense pregonado como “[…] la primera infancia de nuestra incompleta tecnocracia” (López, 2004:27).

Al principio sólo teníamos una placa de bronce

En agosto de 1961, mientras la Caades discutía crear un instituto tecnológico,3 la Unisin proyectaba fundar su escuela de agricultura. El 12 de ese mes, Uriarte divulgó que la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) había comisionado a Edmundo Taboada para diseñar el plan de estudios de la Escuela Superior de Agricultura de la Universidad de Sinaloa,4 nombre calcado de las “Escuelas Superiores de Agricultura” estadounidenses (cfr, McCan y Perlman, s/f: 97).

Al preconizar Taboada que “esta escuela puede marcar el principio de la tan anhelada tecnificación de la agricultura del estado”, puntualizó que “el programa de estudios será equivalente al de la Escuela Nacional de Agricultura (ENA/Chapingo)”.5 Una vez consultados los planes de estudio de las Instituciones de Educación Agrícola Superior (IEAS) del país, el currículo resultante se coordinaría con la ENA.6 El acta respectiva del Consejo Universitario (CU) asienta: “[Es] de establecerse y se establece en la Universidad de Sinaloa, la Escuela Superior de Agricultura” (SG/Unisin, 1961). Así se aprobó la naciente escuela con la asesoría de la ENA, el aval/intervención de la SAG, y el acompañamiento de la Sociedad Agronómica Mexicana (SAM).7

El titular de la SAG puso en operación el proyecto: “Hoy 22 de septiembre de 1961 […] declaro solemnemente inaugurados los cursos de la Escuela Superior de Agricultura […] de la Universidad de Sinaloa”. En su discurso sintetizó la política agrario/educativa del régimen en la fórmula: “revolución agrícola”, alusión de la “revolución verde”. Con esa carga prefundacional compendió la historia de la profesión en México: técnicos revolucionarios, agentes de la reforma agraria, emisarios de una revolución agrícola –según su arenga– históricamente necesaria:

México tuvo una revolución agraria […] pero era indispensable la revolución agrícola. […] Era necesario iniciar [la etapa de] la enseñanza y la investigación. Ya empiezan a surgir nuevas escuelas y a nacer el científico agrícola […] Por ello nos complace presenciar el nacimiento de una Escuela Superior de Agricultura (El Sol de Sinaloa, Culiacán, 23 de septiembre de 1961).

Dos gobernadores estatales, cuatro rectores/directores de Instituciones de Educación Superior (IES), el secretario de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies),8 y la SAM, apadrinaron el acto. La Caades saludó la creación de la nueva escuela. La SAG confirmó su interés: “[Todo nuestro] apoyo a esta escuela. Nuestro personal [y] campos experimentales, todo está a disposición de la Universidad de Sinaloa”.9

El secretario ratificó al rector la designación de Luis Félix Castro, a la sazón trabajador de la SAG, como primer director de la ESA.10 No asumió. Dos semanas después, la misma SAG le sustituyó con David Mayés Olloqui, docente de la ENA.12 Aún así, las clases no iniciarían todavía. «De un anhelo largamente incubado […] al principio sólo teníamos una placa de bronce”, evoca Ernesto López-Portillo.12 Y un hombre broncíneo: Mayés Olloqui, primer director en funciones, “un hombre nacionalista,13 que en todo velaba por mejorar la vida de los campesinos”, lo reconoce Celina Duarte; personaje que “se decía de “izquierda””, ironiza Rodolfo Ramírez.14

Tanto Mayés Olloqui como la originaria planta docente respondían al perfil que conformaba en sus alumnos la ENA. Así, a tono con este origen se diseñó el currículo de la carrera de agrónomo “para planificar y mejorar la actividad agrícola, puntal económico de Sinaloa” (Verdugo et al, 1992). En su genealogía intervienen: 1) la agronomía concebida como asistencia técnica para la reforma agraria; 2) la calificación de técnicos para asesorar la agricultura empresarial; y 3) la creciente demanda nacional ­–y del mercado estadounidense­– de alimentos.

Ese profesional sería de grado medio, a formar en ocho semestres después de secundaria.15 Se trataba de un técnico “[dirigido] a la racionalización de la actividad agrícola” (López-Portillo, 1967:19). El plan de estudios se estructuró mediante créditos. Los cursos iniciaron en aulas de la Escuela Preparatoria Central (EPC) de la universidad, con 130 alumnos originarios de diversos puntos del estado y el país, y una planta magisterial integrada por siete docentes y el director.

Cuatro años después egresaron 33 pasantes, formados en la mezcla ideológica reforma agraria + “revolución verde” y su extensionismo universidad-técnico-productor. Al graduarse les espera un milagro mexicano decaído. En la ciencia, para 1963 se definió el código genético (Ganten et al, 2004). Al gobierno de Sinaloa llegó Leopoldo Sánchez Celis, y en la Unisin el nuevo rector es Julio Ibarra Urrea, quien proyectó una ciudad universitaria que, con estructura departamental, contendría, entre otras, a la Facultad de Ciencias Agronómicas (López, 2004).

 

Crear una, dos, tres... especialidades

Tras la egresión en 1965,16 al definirse la necesidad de ingenieros agrónomos capaces de planificar y administrar la producción agropecuaria, en el mismo año que Norman Borlaug exportó la “revolución verde” a la India, y en el que el congreso del estado legisló la autonomía de la universidad (ahora Autónoma de Sinaloa),17 la ESA propuso una licenciatura cuyo objetivo sería formar agrónomos “capaces de manejar adecuadamente los diversos factores de la producción para desarrollar la agricultura” (ESA, 1967:3). Para entonces, según Hubert Carton (1990:197), “[…] el capitalismo agrícola sinaloense adquiere su fisonomía actual […] Del grupo familiar como núcleo para organizar la producción, pasamos al grupo empresarial […] Hasta en las empresas más pequeñas […] el dueño es administrador de un negocio agrícola”. Eso implica que se requiere un agrónomo al servicio tanto del sector social como del empresarial:

El plan de estudios preparará directores de empresas ejidales y de la pequeña propiedad. Este profesional actuará como un administrador agrícola apto para planear, organizar y dirigir con éxito económico la explotación agrícola... (cfr., ESA/UAS, 1967:1-3).

Este resultó ser el ingeniero agrónomo especialista en administración agrícola, primer rediseño curricular en la historia de la ESA. La división del trabajo en la empresa agrícola influye la polémica generalista/especialización que recorrió la educación agronómica nacional en los setenta. La opinión del “especialista” la sostenían los docentes egresados de la ENA/Chapingo, y la del “generalista” los de la ESA/Antonio Narro. Ganaron los “chapingueros”. “Lógico: Mayés Olloqui era egresado de esa institución” Garibaldi (1988:71). El currículo pasa por los afectos de sus propulsores (Taba, 1980), pero atiende –como evidenció Tyler (1982)– el análisis de tareas.

Para el ciclo escolar 1967/1968, la comunidad escolar había ascendido a 653 alumnos mas 36 docentes. A estas alturas, las ocho aulas de la EPC eran insuficientes. Entonces se ideó disponer de espacios propios. En el proceso, proyecto/gestión/promesas/incumplimiento, hubo incluso una huelga estudiantil que duró hasta que el gobernador sugirió construir el edificio al lado del Caoma: Centro de Adiestramiento para Operadores de Maquinaria Agrícola (Osuna, 1999). A la sazón la ESA era la segunda comunidad escolar más grande entre las Instituciones de Educación Agrícola Superior (IEAS) del país, sólo después de la centenaria ENA, que listaba mil 35 alumnos (López-Portillo, 1969). Mientras, entre 1961 y 1968, el currículo, salvo el plan de administración, siguió estable. La Tabla 1 muestra la matrícula de la ESA en ese lapso que interseca el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, quien no incrementó los subsidios de las universidades pese a su aumento matricular.18

Tabla 1. Matrícula de la Escuela Superior de Agricultura de la Universidad de Sinaloa. 1961-1968.

Agrónomo

1961

1962

1963

1964

1965

1966

1967

1968

Matrícula

130

145

210

265

384

449

653

585

Fuente: datos estimados a partir de López-Portillo (1969: 20), excepto 1968.

 

 

Con agua, tierra y tractor

En 1969, bajo la dirección de Leonardo Hernández Aragón,19 el CU suprimió el plan de agrónomo y creó cuatro nuevas especialidades con currícula de cinco años: dos de “tronco común” y tres de especialidad. Así se crearon las licenciaturas en ingeniería agronómica especialista en:

· Administración agrícola: para la planeación de la explotación agrícola.

· Fitotecnia: para obtener y proveer semillas mejoradas genéticamente.

· Parasitología: para identificar plagas y enfermedades de los cultivos y aplicarles agroquímicos.

· Zootecnia: para conocer y suministrar los insumos propios a la producción pecuaria.

· Edafología: para diagnosticar la falta de nutrientes del suelo y suplementarle fertilizantes.

Son –según Rey David Núñez–20 las especialidades de las recetas técnicas resumidas en el aforismo: “Con agua, tierra y tractor, cualquier pendejo es agricultor”. Ese 1969 el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (Capfce), entregó a la ESA un plantel para 900 alumnos, campus aledaño al Caoma, en el kilómetro 23.5 de la carretera Culiacán-Eldorado, contiguo al Centro de Investigación Agrícola de Sinaloa (CIAS). La planta docente la integraban 42 maestros. El paisaje sobre los dos carriles de la carretera era un catálogo de negocios agropecuarios, suelos, cultivos y tecnología. El CIAS celebraba, cada año, una muestra de sus frutos. Con la ESA al lado, el modelo Land Grant College estaba completo.

Toda esa década casi no hubo día que la prensa no relatara algún problema campesino. En tanto el agro aporta el 27.6% del PIB (Garza y Sobrino, 1989) y 51.9% de la población es rural, en 1970 la ESA se mudó a un plantel de 12 aulas, 6 laboratorios, biblioteca, oficinas y cafetería, rodeado por 80 hectáreas de tierra irrigada para prácticas y experimentos (Osuna, 1999). Sus alumnos, cerca del 70% del medio rural, son jóvenes con “los pies en la ciudad y el sentimiento en la labor, [así presa] del ‘enfermismo’” (Inzunza, 1983); para asistirlos, el Caoma fue habilitado como Unidad Habitacional (UH). Una placa de bronce simboliza la refundación.

El currículo de agrónomo duró entre 1961 y 1971. En 1970 las “especialidades” se diversificaron. Para ingresar a ellas se dispusieron dos vías: 1) agrónomos, y 2) bachilleres + dos años de tronco común. Para esta segunda vía, el CU acordó revalidar el bachillerato diseñando un tronco común (de dos años), se le conoció como “plan adaptado”.

 

4. Los Enfermos y / and The department

El tronco común duró hasta 1969-1970, mientras la reforma propuesta por Anuies, tras su reunión de Hermosillo, recorría las universidades del país. Luego, en 1971-1972, fue converso a dos semestres. Ese 1972 es definitorio en la UAS: un movimiento estudiantil en demanda de cogobierno obligó a renunciar al rector Gonzalo Armienta Calderón,21 al tanto que por toda la entidad brotaban movilizaciones campesinas. Con Armienta se fueron los docentes “armientistas”, entre ellos los propagadores de la “revolución verde” en la ESA.22 Entre los intersticios del movimiento estudiantil, vinieron nuevas habituaciones. En el ciclo 1972-1973, los “grillos” incorporaron al plan de estudios, de facto, las “materias sociales”: contenidos reiterados al grado que a los alumnos les parecerían “el mismo rollo”;23 en contrario se proscribió el inglés, “idioma del imperialismo yanqui”.24 Por su lado, con la vena “tecnócrata”, una tropicalización de the department volvió por los fueros del concepto: las especialidades se trocaron en departamentos.

Se agotaba el desarrollo estabilizador. Era el tercer año de gobierno de Alfredo Valdés, en el sexenio de Luis Echeverría, durante el que la matrícula educativo-superior nacional se quintuplicó. En Sinaloa aumentó 355% entre 1970 y 1976 (Rocha, 1982). Según la Secretaría de Educación Pública (SEP), la masificación mermó la calidad académica de las IES. Echeverría fundó entonces la Universidad Autónoma Metropolitana, con estructura departamental (OCDE, 1997). En la ESA el departamento superaría la falla de que “El sistema escolar prima la docencia sobre la investigación y la difusión cultural, reproduce el verticalismo y no permite a los alumnos construir su currículo”.

Como se trataba de conferir un “tinte humanista” a la formación, se introdujo un currículo flexible de modo que el alumno construyese, “con toda libertad”, su perfil. Para ello los departamentos agruparían sus respectivos cuerpos docentes. Esto traería los supuestos beneficios de: evitar la duplicidad de cursos; apoyar la investigación; asegurar la horizontalidad entre docentes y alumnos. Además se racionalizarían recursos pues los maestros laborarían solo con grupos amplios.

El principal objetivo del departamento era ligar docencia, investigación y extensión. Se adoptó un sistema de créditos de tal modo que, en un currículo así diseñado flexible, la condición para lograr la licenciatura era obtener una cifra de créditos entre dos grupos de materias: a) las agronómicas, básicas y específicas, y b) las “humanísticas”, optativas “dentro” o “fuera de” carrera. El alumno podía cursar, por semestre, entre tres y siete materias, en grupos de 30 integrantes promedio.

Ese fue el “Plan piloto”. Un efecto fue que hubo casi tantos currícula como estudiantes. El manejo de los kardex se congestionó. La expectativa de economizar el proceso también se derrumbó porque se presentaron casos de cursos que contaban escasos estudiantes (Garibaldi, 1988). Apareció también la ideología del departamento: el modelo entraña una lógica centrada en el individuo: si cada alumno diseña su currículo, el grupo desaparece y con ello se diluyen valores de la educación mexicana tales como la solidaridad (Gastélum, 1980). Con las desventajas, la inercia mezcló el modelo: los departamentos siguieron pero con rasgos de las escuelas; p. ej., la investigación se separó de la docencia, máxime que, a la par, se suspendieron las tesis profesionales.

La UAS se había politizado y, en lo que toca, también la ESA.25 Sus muros se llenaron de consignas y efigies de Emiliano Zapata, el “Che” Guevara y Genaro Vázquez. La “asamblea general” y el “comité de lucha” se erigieron en instancias de decisión académica. Todavía es la época del auge agrícola, según Luis Salgado Ledezma.26 Hasta entonces no hay desempleo:

Primero había carencia de técnicos agrícolas. Empiezan a producirse en la ESA, y se llegó al extremo de que se contrataban por generaciones aquí en la escuela […] Había la idea del gobierno federal de contratarlos […] La gente se estaba formando en un medio muy progresista, y el gobierno quería regar esa visión por todos lados. O sea la gente salió mirando una agricultura tecnificada. Por ese hecho, el gobierno los colocó donde impulsaba el cambio agrícola. (Citado por Garibaldi, 1988:88).

 

La proletarización del agrónomo

Desde entonces el currículo de la ESA se mantuvo sin variaciones salvo las que, supuestos adelantos científico-técnicos ineludibles, se introducían en cada asignatura. La entidad completaba 1 millón 849 mil 879 habitantes (43.3% en el campo), y la agricultura participaba con el 16.3% del PIBE (Aguilar, 2003). La UAS también es atractivo demográfico;27 a sus aulas acuden no sólo sinaloenses, sino nacidos en otras entidades de México y de América Latina. En el sexenio de José López Portillo, la matrícula de la UAS creció 236.5%. En la ESA, ya antes de 1978 se había rebasado la capacidad instalada. La población escolar, después de cimas cercanas a las 7 mil altas (en 1981), decaería a simas menores a la décima parte de tal cifra (en 1996). Ver tablas 2 y 3.

Tabla 2. Población escolar por especialidad y año de la ESA/UAS. De 1978 a 1987.

Especialidades

1978

1979

1980

1981

1982

1983

1984

1985

1986

1987

Tronco común

954

1,134

1,361

1,820

1,507

1,474

702

827

428

319

Fitotecnia

1,642

1,946

2,333

2,569

1.907

1,918

1,219

1,023

779

799

Edafología

245

290

348

383

423

425

290

219

177

183

Zootecnia

270

320

385

423

689

693

334

253

221

238

Admón. agrícola

65

78

94

104

218

219

211

188

105

98

Parasitología

981

1,161

1,396

1,506

987

993

900

753

654

780

Irrigación

0

0

0

0

34

34

140

159

118

107

Total:

4,157

4,929

5,917

6,805

5,765

5,756

3,796

3,422

2,482

2,524

Fuente: Anuarios de Anuies y Coordinación de Planeación y Desarrollo (CPD/ESA).

Tabla 3. Población escolar por especialidad y año de la ESA/UAS. De 1988 a 1997.

Especialidades

1988

1989

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

Tronco común

398

315

237

270

103

202

306

220

310

417

Fitotecnia

556

526

361

287

199

149

72

44

33

62

Edafología

176

114

59

29

13

5

0

0

5

5

Zootecnia

197

169

119

79

70

56

32

16

13

9

Admón. agrícola

103

88

56

48

29

23

9

179

7

2

Parasitología

540

445

309

234

198

143

83

47

53

55

Irrigación

108

98

74

42

38

15

0

0

4

5

Total:

2,078

1,755

1,215

989

640

593

502

506

425

555

Fuente: Ibídem.

La inscripción creció hasta 1981. Pero a partir de 1982 inició su descenso: de 6 mil 805 a 425 alumnos en 1996. En tanto en la UAS la matrícula descendía 20.5% entre 1980 y 1990 (López, 2000). En ese marco, tres hechos tercian las cifras de la ESA: 1) la “gemación”, en 1976, de la ESA (que se extiende al valle Del Fuerte), 2) la creación, en 1979, de la Escuela de Medicina Veterinaria y Zootecnia (EMVZ) en Culiacán, y 3) la fundación, en 1982, de la Escuela de Administración Agropecuaria y Desarrollo Rural (Escaader) en Guamúchil. Es posible que estos planteles incidan la matrícula de la ESA; sin embargo no es significativo.28 Por tanto, es obvio el impacto de la crisis percibida en el cierre de las paraestatales dedicadas al campo, lo que define su caída. Esto más la “terciariazación” del mercado laboral.29 Estos factores “proletarizaron” al agrónomo, entendido como devaluación del imaginario relativo, a la par de la metamorfosis del Estado en criatura neoliberal.

En la ESA el efecto de la crisis de 1982 fue de un año a otro. Mientras la UAS excedía los 75 mil alumnos, el tronco común decayó más de -50% de 1983 a 1984. Las especialidades soportaron más, pero aún así se afectaron: fitotecnia decayó -36.5% esos años; edafología -31.8%; zootecnia -51.9%; parasitología -9.4%; administración -3.7%; irrigación creció hasta 1985 pero en 1986 empezó a decaer, hasta caducar en 1994. En tanto la matrícula total decrecerá -33.6% entre 1992 y 1996, para remontar a partir de 1997, como efecto del cambio curricular.

Para 1988 el ámbito científico mundial y el laboral mexicano son otros: en el primero se ha patentado al primer mamífero transgénico (Gantem et al, 2004); en el segundo el neoliberalismo va por su segundo sexenio, lo que significó el cierre de fuentes de trabajo. Había llegado la “proletarización del agrónomo; la imagen del agrónomo con su navaja, su sombrero “Panamá” y su camioneta recorriendo el valle, se derrumbó”. (Garibaldi, 1988:95). Imágenes de currículo oculto. Para Alfredo Valdez Zazueta, director de la ESA entre 1982 y 1984, la diagnosis del espacio laboral/salarial se resume en que “[…] hay ingenieros agrónomos que ganan mucho dinero, pero hay otros que verdaderamente dan lástima” (Garibaldi, 1988:95). Son los ochenta, tiempo en el que los jóvenes traducen el “fin de la historia” como “no hay futuro”. (Agustín, 2007:82).

La década siguiente es de crisis agrícola, que se refleja en crisis laboral, que se manifiesta en crisis de la matrícula. A decir de Sergio Barrales, rector de la Universidad Autónoma Chapingo: “La crisis en el campo provocó que […] la matrícula en las instituciones que ofrecen estudios de agronomía se redujera 85% […] ahora –quizá por el desempleo–, hay pocos interesados”.30

En Sinaloa la población es de más de 2 millones de habitantes; poco más de un tercio en el campo (Inegi, 2008). Cerca del 70% de la matrícula de la ESA es urbana, como efecto de la migración rural hacia Culiacán (Aguilera, s. f.). La agricultura ha bajado a 16.1% su participación en el PIBE (Aguilar, 2003). Son los noventa. Presidente de México desde 1988, en mayo de 1992, Salinas de Gortari puso en operación el “Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica”, que suscitaría la adecuación de la estructura institucional de la UAS.

 

6. Inspirado en Salinas

 

No obstante la crítica y que la visión ambiental ha brotado en la educación agropecuaria (Nieto-Caraveo, 1999), el currículo de la ESA continuó tal cual hasta 1992. Ahora su planta académica es de 175 profesores, el 41.2% postgraduado. La matrícula es como la de 1967, pero si ese año la relación alumno: profesor es 18 a 1, hoy es 3.6 a 1. Ante esos datos la dirección en turno convocó a un “Foro de transformación curricular”. El documento resultante describe los sujetos y los conceptos de enseñanza-aprendizaje, diseña objetivos, esboza un perfil profesional, traza el mapa curricular, deslinda “especialidades”, figura ejes, adelanta contenidos y formula la evaluación.

Sus redactores lo mismo son autocríticos que adhieren a la política universitaria. Es 1992, cuarto año presidencial de Carlos Salinas; último del gobernador Francisco Labastida y tercero del rector David Moreno. A la sazón el neoliberalismo ha cumplido 10 años en el gobierno. El contexto es la globalización; el liberalismo social la epidermis del neoliberalismo y la visión ecologista cuestiona la “revolución verde” y sus secuelas en el agro. Los foristas aceptan los efectos educativos de la globalización, pero no reparan en sus secuelas en el ejercicio profesional agronómico:

Inspirado en la política modernizadora del licenciado Carlos Salinas [...] el ingeniero David Moreno, nuestro rector, presentó un Plan y Estrategia de Desarrollo Institucional (Plesdi). [...] El liberalismo social como filosofía que orienta al Estado en su política de desarrollo tiene su necesaria influencia al interior de la universidad al fomentar que en un ejercicio responsable de la autonomía los universitarios decidamos los procedimientos para edificar al Alma Máter (Verdugo et al, 1992).

Para entonces regía el Programa para la Modernización Educativa 1989/1994 (PME), de la SEP, que declara que el gobierno apoyará a las IES en sus procesos de reforma. En 1989, la SEP utilizó “por primera vez” el financiamiento para modernizar a las IES. Así nació el Fondo para la Modernización de la Educación Superior (Fomes) que, a la vez que amplía las finanzas a las IES, las obliga a evaluarse, elaborar planes estratégicos y formular proyectos evaluables (OCDE, 1997).

Ese es el marco del Plesdi. El financiamiento seduce al currículo resultante. Consciente (sic) del papel que le corresponde –dicen los redactores–, la comunidad de la ESA acude a la convocatoria rectoral y realiza el “Foro...” acatando: diversificar la oferta, actualizar el currículo, impulsar el postgrado, fomentar la investigación, renovar el servicio social… En derivación resuelven reformar el currículo en respuesta a los empleadores y al neoliberalismo gubernamental. Se trata de profesionales capacitados científicamente, estrategas de la producción (con énfasis en horticultura y ganado), competitivos, investigadores, aptos para la asesoría (sector privado) y la asistencia técnica (sector social), y ecológicamente conscientes. Punto por punto, el “Proyecto” trata:

· Los sujetos escolares y las nociones de enseñanza-aprendizaje. Este currículo se atiene al constructivismo y al aprendizaje significativo. El conocimiento lo construye el alumno a partir de lo que le presente el maestro, organizador de experiencias que incita a investigar soluciones propias.

· Los objetivos institucionales: 1) Preparar personal capaz de insertarse en los procesos agropecuarios y resolver sus problemas; 2) Desatar procesos de investigación que posibiliten transformar las formas productivas con tecnología propia; 3) Formar profesionales con el conocimiento que les permita ser eficientes y competitivos en el despliegue de proyectos agropecuarios y forestales; 4) Desarrollar actividades de extensión y asesoría técnica de alto nivel.

· Perfil profesional: el egresado comprenderá el proceso productivo agropecuario a fin de aumentar su productividad, mejorando el ambiente. Además generará conocimiento y tecnologías; será crítico y tendrá espíritu de servicio, mentalidad emprendedora, capacidad para optimar una empresa agropecuaria y dominar sus procesos; profundizará en un campo de la agronomía; y conocerá las relaciones sociales del campo a modo de actuar con equidad y justicia.

· El mapa curricular: consta de fases (de formación básica y terminal, con opciones en: producción agrícola, horticultura, producción pecuaria, protección vegetal, suelos y agua, y agronegocios) y ejes: producción agrícola y pecuaria, metodológico, protección vegetal, suelos e irrigación, y socio-económico y administrativo. Las opciones cruzan los ejes. (Verdugo et al, 1992).

 

7. Entre “las hoy occisas” y la Facultad de Agronomía

 

A partir de 1992 la matrícula desplegó como muestra la tabla 3. Todavía de 1993 a 1997 decreció 6.5%, pero el primer ingreso comenzó a crecer: de 103 alumnos el año del cambio curricular, a 417 en 1997. Así, mientras para el tronco común el peor año es 1992, para edafología e irrigación son 1994 y 1995, para parasitología 1995, para fitotecnia 1996, y para zootecnia y administración 1997. Son las especialidades “hoy occisas”, diría Núñez Cebreros.31

En 1995 la ESA instituyó un programa de postgrado y fue declarada facultad. Se cumplía así el proyecto de la “Escuela de Graduados de la ESA”, esbozado por Hernández Aragón. Esta Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa (FdeA/UAS) ofrece la licenciatura en ciencias agropecuarias, y la maestría en ciencias de la producción agrícola.

La tabla 4 lista las “nuevas” especialidades. Sus nombres implican su genealogía: fitotecnia se dividió en producción agrícola y horticultura; zootecnia fue producción pecuaria; parasitología protección vegetal; edafología más irrigación varió a suelos y agua; y administración agropecuaria se trocó en agronegocios. Pero hay un cambio esencial: las ingenierías agronómicas viraron a licenciaturas en ciencias agrícolas: el giro supone suprimir las matemáticas: modo de repuntar la inscripción y de tramitar la ansiedad que produjo su caída, quizá sentida como fracaso en la tarea de sostener la matrícula (de matrix, raíz de Alma Mater) y a la institución misma. El currículo también es –como dice Remedi– “un lugar de trámite de la vida psíquica”.32

Así el tronco común recuperó, en 2005, una matrícula como la de 1984, al despuntar la crisis. La suma producción agrícola más horticultura, de 2005, es cercana a la de fitotecnia en 1993. Producción pecuaria casi alcanza la cifra de zootecnia de 1994. Protección vegetal rebasa la de parasitología ese año, pero no alcanza la de 1993. Suelos y agua obtiene una matrícula casi igual a la de edafología en 1990, y mayor que la de irrigación en 1991. Y los 18 alumnos de agronegocios doblan los de administración agrícola en 1994.

El lapso que incluye a 1994 es el de mayor crisis matricular. Sólo hasta el 2000, cuando empieza a expresarse el efecto de atracción del currículo desmatematizado, comenzará a recomponerse la matrícula hasta lograr cifras similares a las de diez años antes que, sin embargo, apenas representan una quinta parte de la alcanzada en 1981, año límite de la crisis agropecuaria.

Tabla 4. Población escolar de la FdeA/UAS, por especialidad y año. De 1996 a 2005.

Especialidades

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

Tronco común

310

417

608

830

876

796

727

437

686

750

Prod. agrícola

13

22

15

9

39

35

16

15

18

17

Horticultura

20

40

40

34

125

114

137

138

93

97

Prod. pecuaria

13

9

8

12

27

25

8

5

6

22

Protección vegetal

53

55

65

71

103

94

107

53

111

118

Suelos y agua

9

10

13

16

80

73

40

76

71

53

Agronegocios

7

2

2

7

29

26

16

16

18

18

Total:

425

555

751

979

1,296

1,166

1,062

764

1,039

1,102

Fuente: Coordinación de Planeación y Desarrollo/UAS.
Tabla 5. Matrícula en ciencias agropecuarias en Sinaloa (absolutos y relativos). De 1990 a 1997.

Año

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

Cant/prop

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

Licenciatura

2,247

6

1,041

2.9

2,071

5.5

1,142

2.7

1,126

2.5

734

1.5

1,344

2.7

1,767

3.3

Fuente: Dirección de Estadística de la Secretaría de Educación Pública y Cultura del gobierno de Sinaloa.

8. Desde 1992 han pasado muchas cosas

 

En 1992 eclosionó la crisis del Estado educador (Florescano, 2005). En ese marco, dos años antes la matrícula en ciencias agropecuarias, en la entidad, es de 2 mil 247 alumnos. Cinco años después caería a una tercera parte (ver la Tabla 5).

El rector de la UAS para el periodo 1997-2001, Jorge Guevara, acusó que “mientras Sinaloa ocupa lugares preponderantes en la actividad agrícola, la matrícula en esta área representa escasamente el 4.2% de la licenciatura universitaria” (Guevara, 1997). En relación con la matrícula educativo-superior en la entidad, la porción es 3.3%. El director de la FdeA entre 1994 y 1997, a cuya gestión corresponden esos datos, Armando Carrillo Facio, justifica:

Tuvimos un proceso de transformación curricular [...] pero a mi entender [...] necesitábamos una evaluación de ese proyecto. Ok, estábamos en el proceso, pero había que valorar hacer otra transformación. Tal vez fuera necesaria una readecuación del Plan... Desde 1992 han pasado muchas cosas, ha habido muchos cambios tecnológicos, y quizá era necesaria una revisión.33

Dicha revisión ocurrió hasta 2005. Entre lo pasado y los cambios tecnológicos habidos, en 1991 se instituyeron los Comités Interinstitucionales de Evaluación de la Educación Superior (Ciees), en el marco del PME 1989-1994 que priorizó evaluar las IES para mejorar sus programas educativos (PE). A fines de esa década los Ciees habían evaluado casi dos mil PE; ninguno de la FdeA/UAS. En la ciencia, en 1992 la genética trasmutó en genómica (Enríquez, 2007), en 1994 se creó un tomate transgénico y en 1996 fue clonada Dolly (Ganten et al, 2004).

En el periodo siguiente a Carrillo, en 1998 una evaluación del currículo diagnosticó que la carrera había perdido su carácter ingenieril (UAS, 2005). La gestión que inició en 2004 retomó este juicio y las observaciones de los Ciees, mismos que –a tono con el Programa Nacional de Educación 2001/2006 (PNE)–34 confiaron “recuperar la naturaleza de ingeniero agrónomo e integrar un currículo semi-flexible”. Según Hugo Aboites (2003), en el caso de la agronomía los Ciees adhieren a una visión de su futuro ligado a la trasnacionalización del campo mexicano.

En la globalización, Sinaloa es otra. La recomposición demográfica nativos/migrantes, la división internacional del trabajo “a modo” del capital supranacional, la liberalización mundial del comercio, la contracción del Estado, los asesinatos políticos de 1993, la internacionalización del sistema financiero, la reforma neoliberal de las instituciones y la redelimitación de los campos profesionales, la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), la rebelión zapatista de enero de 1994 como epítome de un serial de páginas similares [p. ej., el episodio de enero de 1974], el avance científico y los cambios de paradigma, la diversificación de los mass media y los mensajes, la crisis de los nacionalismos, la conformación de tendencias planetarias, el narcotráfico y la “narcocultura”, y la redefinición de los valores, han producido una entidad y pobladores diferentes, e instituciones cambiantes. El sinaloense no sostiene más el corazón franco y sincero –contra el que podías estrecharte amable y confiado– de Sinaloa.35

Si bien es el suelo de siempre (pero intoxicado y erosionado), los mismos ríos (no obstante contaminados) y clima (hoy agravado por el calentamiento global), Sinaloa no es la entidad de los sesenta. Ahora es una sociedad que vive en localidades que rebasan lo rural, pero sin acceder del todo a la cultura urbana. Es una sociedad de jirones postindustriales sin haber surcado la ola industrial, “terciarizada” sin escalar lo industrial, de remiendos postmodernos sin transitar por la modernidad, globalizada sin consolidar lo local, que en la alta mar tecnológica aún se navega con aparejos neolíticos, y que ha extraviado su anterior ontología. Lo naïve de Sinaloa se ahoga en el mar “internetiano” aunque 5 mil 754 pueblos no accedan a un centro de la red “e-mexico”, no obstante que en el mundo la computadora advino antes que la presa Sanalona.

Tabla 6. Matrícula en ciencias agropecuarias en Sinaloa (absolutos y relativos). De 1998 a 2005.

Año

1998

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

Cant/prop

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

abs

%

Licenciatura

2,219

3.8

2,497

3.8

2,795

4.1

2,597

3.7

2.137

3.1

2,331

3.3

2,187

3.1

2,262

3.1

Postgrado

 

 

48

4.5

-

-

17

0.9

22

1

33

1.6

45

2.6

40

2.4

Fuente: Dirección de Estadística de la Secretaría de Educación Pública y Cultura del gobierno de Sinaloa.

En 2000, mientras poblan el estado 2 millones 534 mil 835 habitantes (39.3% en el campo) (Inegi, 2000), la matrícula agropecuaria en la entidad ascendió, con respecto a 1990, en 548 alumnos; pero en proporción descendió a 4.1%. Cinco años después volvió a descender.

Es 2005, penúltimo año presidencial de Vicente Fox, primero del gobernador Jesús Aguilar, transición entre los rectorados de Gómer Monárrez y Melesio Cuén. La carretera Culiacán-El dorado es ahora de seis carriles. La FdeA se ubica en el kilómetro 17.5. El antiguo CIAS es hoy Cirno,36 y su muestra de investigación/extensión es una “Expoagro” bajo el eslogan de “Culiacán: capital internacional de los agronegocios”. El paisaje, hasta donde alcanza la vista, es de maíz. El horizonte se ha abigarrado con negocios dedicados a comerciar insumos para lo agropecuario industrial. Una “Alegoría de la madre tierra” recibe a los visitantes de la FdeA. Del Caoma queda una osamenta de hierro oxidado. El plantel ha ampliado su infraestructura.37

En el subsistema educativo superior de Sinaloa, las ciencias agropecuarias totalizan 3.4% de la matrícula, entre 1990 y 2005. La FdeA, que aporta el 48.7% en esa área, es hoy una de las 39 facultades de la UAS. Ésta, hoy con 105 mil 994 alumnos, es una de las 34 universidades autónomas del país (Rubio, 2006). En febrero de 2005 inició “el proceso de reforma curricular, con la asesoría de especialistas”. Seis meses después la facultad expresará a los Ciees que “[el CU aprobó un] plan de estudios [que] recupera la denominación de licenciatura en ingeniería agronómica al incorporar […] las matemáticas” (FdeA, s. f.). Previo se han realizado el “Foro de consulta al sector productivo”,38 y un “Seguimiento de egresados”, acciones recomendadas en el PNE 2001/2006. La página web de la FdeA resume la profesión agronómica entre 1960 y 1982:

· Las escuelas de agricultura creadas en los sesenta surgen como estrategia gubernamental de desarrollo agropecuario. Los egresados son extensionistas del sector oficial.

· Durante el neoliberalismo, la educación superior adquiere características propias al comercio mundial; el sentido de eficiencia y productividad empresarial es el referente de pertinencia.

· Pese a los cambios en la estructura productiva del país, la ESA continuó con el mismo plan de estudios. Pero en 2005 se reformó el currículo, de modo que atiende las peticiones [de los Ciees].

«El plan vigente [de 1992] estaba desfasado de la realidad agrícola”, afirma Guadalupe Rocha, director 2004/2007.39 En el documento “Reforma curricular de la Facultad de Agronomía. Plan de estudios 2005”, se justifica el cambio en razón, precisamente, de que

Los cambios contemporáneos han [generado una realidad que] globaliza las relaciones económicas, financieras y de comunicación. El mercado demanda profesionales […] que contribuyan con los aportes teórico-técnicos que las exigencias del desarrollo agropecuario del estado de Sinaloa y el país demandan. Los fenómenos naturales y sociales son cada vez más globalizados y complejos. De ahí la necesidad de un currículum flexible, pertinente e integrador.

Los redactores de este nuevo plan refieren el propósito original de la institución en el marco de la “Revolución Verde”. Luego elaboran las fundamentaciones económica, filosófica y pedagógica, los objetivos y el perfil del egresado, y describen las fases de la carrera, ahora denominada licenciatura en ingeniería agronómica, así como el mapa curricular.

En lo económico el contexto es de alta productividad y desarrollo. Sinaloa es reconocido como potencia económica y productiva en lo agropecuario.

En lo filosófico hoy la instrucción está más vinculada a las exigencias laborales que a la formación de seres humanos íntegros en lo intelectual, cultural, social, político y moral.

En lo pedagógico el alumno es el protagonista. Su noción es el aprendizaje significativo y su “fundamento teórico […] es el constructivismo”. Así, los objetivos institucionales, son:

· Formar de manera integral profesionales de la ingeniería agronómica con conocimientos científicos, técnicos, metodológicos y éticos que les permitan desarrollarse en los procesos de producción y comercialización agrícola de la economía regional y global en forma sustentable.

Con valores actitudinales (sic) que faciliten a esos profesionales:

· Desempeñarse con ética profesional y social, favoreciendo una personalidad integral.

· Solidaridad y compromiso con los sectores sociales y productivos vulnerables.

· Actitud emprendedora [para desplegar] proyectos productivos, de asesoría y consultoría.40

En lo procedimental destaca:

· Aptitud para planificar, producir, comercializar y administrar con eficiencia y eficacia la cadena productiva agropecuaria, así como en el uso de técnicas propias al desarrollo sustentable.

En su perfil, el egresado poseerá:

· Conocimientos sobre el origen, estructura y desarrollo del sector agropecuario; sobre suelos, riego y clima; y sobre los diversos ecosistemas para el desarrollo de una agricultura sustentable.

· Habilidades para realizar investigaciones que permitan solventar problemas agropecuarios; y para aplicar la biotecnología en la solución de dicha problemática.

· Asumir los valores de responsabilidad, disciplina, respeto y cooperación; y disposición para actualizarse permanentemente e integrar innovaciones científicas y tecnológicas.

En 2005, mientras el censo de Sinaloa es de 2 millones 608 mil 442 habitantes, 35.3% viven en el campo (Inegi, 2006), la matrícula de la FdeA/UAS es de mil 102 alumnos. En algunos de ellos se percibe la impronta del narco en su vestir, lenguaje y valores. La planta académica la integran 88 PTC y 26 profesores por horas. El 77.2% es postgraduado. Es una matrícula como la de 1991, pero hoy la relación alumno/profesor es de 8.7 a 1.

 

9. Atrapados en la lógica del currículo: análisis de los planes 1992 y 2005

 

Como sustenta Eduardo Remedi (2006), el currículo es una propuesta de apropiación de una nueva identidad o de un sector de la identidad para los sujetos institucionales. Pero éstos pueden también no identificarse, des-identificarse o contra-identificarse. Esto es visible aún en actores de la FdeA que participaron en ambas reformas, incluso como agentes institucionales.41

Sobre el plan de 1992 cabalga una ideología –con la que los sujetos pueden, o no, identificarse– expresada en términos tales como: “liberalismo social como filosofía”, “[mentalidad acorde con la] globalización”, “competitividad”, “eficacia/ eficiencia”, “asistencia técnica como iniciativa privada”, y “mentalidad emprendedora” que –en su mezcla con añoranzas del pasado como “equidad y justicia social”, “asistencia técnica a los productores de temporal”, “espíritu de solidaridad hacia el sector social”, etc., todo revuelto con “conciencia ecológica”– conforman un perfil profesional que lo mismo es competitivo que solidario, liberal que social, proclive al mercado que sensible a sus consecuencias ecológicas.

En la ilación del documento de 1992, que describe la organización; conceptualiza a los sujetos escolares y los procesos de enseñanza-aprendizaje; propone objetivos; esboza el perfil del agrónomo; dibuja el mapa curricular; deslinda las “especialidades”; describe los ejes curriculares, cursos y contenidos; diseña los medios para conquistar los objetivos; y antepone el sistema de evaluación, es visible la propuesta de Tyler y Taba. Es la misma lógica de construcción.

Algo similar es visible en el plan 2005: nociones como “globalización”, “mercado laboral”, “eficacia/ eficiencia”, “comercialización”, “alumno protagonista”, “constructivismo”, “solidaridad-con-los-sectores-sociales”, “actitud emprendedora”, revueltas con el “desarrollo sustentable” y la “conservación de los recursos naturales”, “producción y comercialización agrícola sustentable”, reproducen un currículo presidido por una lógica constructiva análoga a la anterior. En este documento, después de justificar la innovación en la nueva realidad, se funda el cambio en lo económico, filosófico y pedagógico, se derivan objetivos y se traza un perfil profesional. Luego se describen las fases de formación: 1) básica (13 materias); 2) profesionalizante (26 materias para un estratega comercializador de productos agropecuarios), y 3) de acentuación (en horticultura, protección vegetal, suelos y agua, producción pecuaria y agronegocios, cada una con 12 materias).

A sendos curricula les une la globalización en su afán de aprovechar “las oportunidades” que refería Salinas (Huchim, 1992:36). Al final, estas definen necesidades expresadas en demandas de los empleadores y por tanto instan nuevas tareas donde lo “nuevo” no son las necesidades alimentarias, sino la forma como, desde el análisis de tareas, se pretende que los agrónomos contribuyan a satisfacerlas. Por tanto además les reúne la lógica constructiva,42 más allá del afán de ponerlos a la moda en cuanto a conceptos de sujeto y aprendizaje o métodos constructivistas, y de otros matices tales como la presencia, o no, de las matemáticas. Más allá, la lógica basada en el diseño de objetivos a partir del análisis de tareas surgidas de la consulta a empleadores; tal como es la lógica tyler/tabiana resumida en la fórmula dato versus norma = necesidad.43

En ambos curricula son visibles las demandas de los empleadores, consultados en sus necesidades, que preceptúan un profesional de la agronomía tal como debe ser, desde su perspectiva. Ubicadas las necesidades y deducidos los objetivos, éstos presiden el esquema resultante. En coherencia con los objetivos, el perfil describe las tareas a las que se refiere Tyler. Los conceptos de sujetos escolares diseñan cómo deben ser alumnos y maestros44 para ser congruentes con el perfil y los objetivos, ad hoc a contenidos y a la satisfacción de las necesidades.

La diferencia radica en las matemáticas: en que estén, o no, en el currículo. En subrepticio, el plan de 1992 viró la cualidad de la profesión: de agrónomo a suerte de agrólogo. En ilación abolieron las matemáticas. Así, el ingeniero agrónomo transmutó en licenciado en ciencias agrícolas. Aquí anularon la asignatura que faculta el pensum ingenieril a la carrera. La hipótesis subyacente es que las matemáticas inhibían el acceso y la permanencia en el currículo, y que eso propició el declive matricular. Si se observa el aumento de la matrícula tras el cambio de 1992, tal hipótesis sería certera. Pero cuatro años después vino la sima de 425 alumnos. Entre 1997 y 2000 remonta. Luego merma de 2001 a 2003. En 2004 sube 35.9%, pero en 2005, año del cambio, el alza es de 6%. En 2006 decae -9.5%. Así se abonaría la idea de que la quiebra matricular se debe a una inadecuación currículo/mercado laboral, sin considerar el contexto económico, social y político.45

Es la crisis económica –que redujo el gasto en educación superior y en desarrollo agropecuario, y la “terciarización” de la economía que acarreó consigo la “terciarización” de la matrícula– lo que causó el declinamiento de la matrícula educativo-superior en general y de las áreas agropecuarias en particular, no la presencia de las matemáticas en el currículo de la ESA.

Para Carrillo, el cambio por el que desaparecieron las matemáticas, forma parte

[...] de un proyecto no bien fundamentado en base a las perspectivas [de] la escuela, sino más político que académico [...] en el cual llegó un momento en el que había “agarres” personales y de grupo: sobre porqué sí o porqué no esta materia, sin que se analizara con calma. Y más que la gente decía: “esta es una licenciatura, no es una ingeniería; nosotros nos catalogamos como ingenieros agrónomos, pero […] somos licenciados en ciencias agropecuarias. Entonces hay que quitar las matemáticas, porque [...] por eso no quieren estudiar aquí”.46

Las matemáticas son precisas a la formación ingenieril y no es explicable suprimirlas a menos que se pretenda allanar el currículo y/o paliar la ansiedad causada por el declive de la matrícula. Por eso resurgieron en 1998/2000, y las demandaron los empleadores quienes solicitan ingenieros agrónomos. Así volvieron en 2005. En 2007 los Ciees reconocieron a la FdeA.

Tabla 7. Curso de las carreras agronómicas de la FdeA/UAS, según sus planes de 1961 a 2005.

 

Plan 1961

Plan 1965

Plan 1969 *

Plan 1972 **

1982

Plan 1992

1995

Plan 2005

Agrónomo

Agrónomo

Agrónomo Tronco común

Tronco común

Tronco común

Formación básica

Formación básica

Formación básica

 

Administración

Agrícola

Administración

Agrícola

Administración

Agrícola

Administración

Agrícola

Agronegocios

Agronegocios

Agronegocios

 

Fitotecnia

Fitotecnia

Fitotecnia

Producción agrícola

Producción agrícola

 

 

 

 

Horticultura

Horticultura

Horticultura

Parasitología

Parasitología

Parasitología

Protección vegetal

Protección vegetal

Protección vegetal

Zootecnia

Zootecnia

Zootecnia

Producción pecuaria

Producción pecuaria

Producción pecuaria

Edafología

Edafología

Edafología

Suelos

y aguas

Suelos

y aguas

Suelos

y aguas

Irrigación

 

 

 

 

Maestría en horticultura o en protección vegetal

Maestría en horticultura o en protección vegetal

 Fuente: elaboración propia. * Plan adaptado; ** Plan piloto.

10. Sinopsis

 

La tabla que sigue compendia la evolución del currículo, entre 1961 y 2005, en la hoy FdeA/UAS. Son ocho reformas curriculares, ligadas si no a cambios de tarea si de sentido en la formación de estos profesionales: en la fundación, en 1961, es un agrónomo subprofesional, el “bachiller en ciencias agronómicas” que postulaba la SAG; 1965, momento refundacional que eleva la carrera a licenciatura en ingeniería agronómica; 1969, el “plan adaptado” de modo que los bachilleres fueron igualados con los agrónomos; 1972, el “plan piloto” que retrajo el departamento a la ESA; 1982, añadidura de la especialidad en irrigación e inicio de la crisis matricular; 1992, refundación reactiva a tal crisis, en el marco de la globalidad; 1996, elevación de la escuela a facultad y realización de un propósito no cumplido en el pasado; y 2005, afiliación de la facultad a los propósitos de la política gubernamental –mediante los Ciees y organismos de evaluación y asigno/seducción financiera– en materia educativa; y, por esa vía, a la política agropecuaria.

Es visible que las refundaciones manifiestas en los cambios curriculares reflejan la evolución del mercado laboral en relación con la política agropecuaria del país, y propician tipificaciones profesionales acordes con las necesidades de las diversas coyunturas: agronomía duró hasta los estertores del “desarrollo estabilizador”, cuando se trataba de “tecnificar el agro nacional”. Fitotecnia, concebida en el paradigma de la “revolución verde” y vigente hasta la caducidad del “Estado de bienestar”, dejó de ser prioritaria (por la liberalización comercial ya no aparece necesario producir semilla en el país sino más lucrativo comprarla fuera). Todavía en 1992 aparece algo similar a fitotecnia bajo el nombre de producción agrícola.47 Pero en 2005, la horticultura, privilegiada en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es la rama favorecida de la agronomía.48 Esta no ha dejado espacio curricular para los granos ni para un técnico que los trabaje.49 Parasitología, que por el logos de su nombre implicaba el estudio de las plagas y enfermedades agrícolas, ahora es sólo protección vegetal. Zootecnia es ahora producción pecuaria. El logosde edafología también desapareció. Algo similar pasó con el nemó de administración agropecuaria, la especialidad que planificaría ese desarrollo en Sinaloa, según el discurso fundador, hoy suplida por agronegocios. Es “la mano invisible del mercado” en la formación de quienes hoy cultivan el “ingrediente de las ensaladas de los gringos” que no agradaba a Mayés Olloqui en el escudo de la ESA, de manera que el ingeniero agrónomo dejó de ser un técnico al servicio del estado, para transmutar en técnico al servicio de la agricultura industrial del TLCAN. Triunfo del mercado manifiesto en el desuso del escudo institucional,50 en cuyo lema ya no es el ser humano genérico el sujeto/objeto de servicio del binomio tierra/ciencia. Ahora es un particular: el horticultor, pequeño propietario o neolatifundista, puesto que al ejidatario no le es posible financiar el cultivo de hortalizas. El mandato fundacional y la tarea básica de la ESA de la “revolución agrícola”, han virado en la FdeA de la liberalización del comercio. Así se ha cumplido el aforismo de Eduardo Remedi: “Los periodos refundacionales tienden a negar los periodos fundacionales”.51

NOTAS:

1 La Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) fue fundada en 1873, en Mazatlán, Sinaloa, con el nombre de Liceo Rosales. Ese mismo año mudó su domicilio a Culiacán, Sinaloa, y su nombre a Colegio Rosales, que en 1874 inició actividades con 18 carreras, entre ellas las de agricultor y agrimensor. En 1875 varió a Colegio Civil Rosales, para volver a Colegio Rosales de 1892 a 1917. En 1918 transmutó en Universidad de Occidente, pero en 1922 volvió a Colegio Civil Rosales. En 1937 se transformó en Universidad Socialista del Noroeste. En 1941 fue vuelta Universidad de Sinaloa, hasta que, en 1965 se convirtió en Universidad Autónoma de Sinaloa (Lazcano, 2001).
2 El 1 de enero de 1957, que asumió Gabriel Leyva la gubernatura, la Caades publicó un plan que proponía: 1. Tecnificar la agricultura, 2. Diversificar los cultivos, 3. Instalar una Escuela Superior de Agricultura (López, 2007).
3 “Insistirán en la creación del tecnológico” (El Sol de Sinaloa, Culiacán, 11 de agosto de 1961).
4 “Aprobada creación de la Escuela Superior de Agricultura” (El Sol de Sinaloa, Culiacán, 12 de agosto de 1961).
5 «El plan de estudios es exactamente el mismo de Chapingo» (El Sol de Sinaloa, Culiacán, 29 de agosto de 1961).
6 «Vendrán tres catedráticos de Chapingo» (El Sol de Sinaloa, Culiacán, 26 de septiembre de 1961).
7 El 2 de septiembre de 1961, Enrique Sánchez, secretario general de la SAM, declaró a El Sol de Sinaloa que los agrónomos se reunirían para determinar su ayuda a la ESA de la Universidad de Sinaloa.
8 Los gobernadores, de Sinaloa Gabriel Leyva, y de Sonora Luis Encinas; Alonso Ortega, secretario general de Anuies; los rectores de las universidades, de Chihuahua Saúl González, y de Veracruz Fernando Salmerón; y los directores, del IPN Eugenio Méndez Docurro, y de la ENA, Enrique Espinosa Vicente (UAS, s. f.).
9 “Sinaloa, escenario de la revolución agrícola”, El Sol de Sinaloa, Culiacán, 23 de septiembre de1961.
10 “Quedó designado el director de la ESA”, El Sol de Sinaloa, Culiacán, 12 de octubre de 1961.
11 “David Mayés Olloqui, nombrado director de la ESA”, El Sol de Sinaloa, Culiacán, 31 de octubre de 1961.
12 Ernesto López-Portillo, alumno de la primera generación. Entrevista, 22 de marzo de 2007.
13 En ocasión del concurso para elegir escudo y lema de la ESA, al ver Mayés Olloqui el boceto de un tomate, exclamó que ese fruto “no podía ser representativo de la agricultura sinaloense, puesto que era ingrediente de las ensaladas de los gringos” (Celina Duarte. Entrevista 15 de marzo de 2007). En coincidencia ganó un proyecto que incluía elementos emblemáticos de la “revolución verde”. En el lema elegido resuena el de la ENA/Chapingo: “Tierra y ciencia al servicio del hombre” (ESA/UAS, 1967:11).
14 Rodolfo Ramírez Suárez, docente de la ESA. Entrevista 10 de agosto de 2007.
15 Un bachiller en ciencias agronómicas según la SAG (El Sol de Sinaloa, Culiacán, 23 de septiembre de1961).
16 Quienes se veían a sí mismos como juniors, herederos simbólicos de los fundadores. La segunda generación se dividiría en “cerebros” y “grillos”. De la tercera generación en adelante, sus antecesores los consideraban “conejillos de indias” (entrevista con Jorge Osuna Ortega, 19 de marzo de 2007).
17 Para el significado de autonomía y sus implicaciones instituyentes, ver Remedi (1997).
18 No sólo eso: en el tono local, el gobernador Leopoldo Sánchez Celis retiró el subsidio a la UAS y decretó la “Ley de becas”. Es el 68 sinaloense. Los universitarios se unieron a la huelga nacional (Terán, 1982).
19 Egresado de la ESA/”Antonio Narro”. En 1970 fue relevado por Jorge Luis Armenta Soto (ESA/UAS). Al salir Hernández Aragón, quedó en proyecto la “Escuela de Graduados de la ESA”.
20 Rey David Núñez, alumno de la tercera generación, asevera que se trata de una agronomía “para no pensar”, que concibe a la agricultura en la fórmula: campo + insumos = producción. La trajeron los “evangelizadores” de la “revolución verde”, que enseñaron el cultivo, la enfermedad, la plaga y sus venenos. (Entrevista 26 de marzo de 2007).
21 En febrero de 1970 el congreso local emitió una ley orgánica en cuyo marco fue designado rector Armienta Calderón. Al renunciar en abril de 1972, le sucedió Marco César García Salcido.
22 “Verdaderos ídolos de sus estudiantes. A mi generación nos tocaron maestros postgraduados en universidades gringas o en el Tec de Monterrey, todos en el esquema de la revolución verde”. (Núñez Cebreros, entrevista citada).
23 “[Los grillos] hacían y deshacían […] Y así modificaron a su antojo los planes de estudio” (Garibaldi, 1988:52).
24 Entrevista (9 de enero de 2007) a Alfonso Terrazas Araujo, profesor de inglés en la ESA, de 1970 a 1972.
25 El 16 de enero de 1974, comandos de una facción estudiantil denominada “los enfermos” intentaron sublevar a los jornaleros agrícolas del valle de Culiacán. “Expropiaron” armas y cartuchos. El ejército los enfrentó. Resultado: cuatro muertos, cientos aprehendidos, incontables heridos. El ejército tomó la ciudad y la ESA fue cerrada.
26 Integrante de la primera generación de la ESA/UAS, propugnador del denominado Plan piloto.
27 Sus cuotas son simbólicas y además ejerce funciones asistenciales en las llamadas “casas del estudiante”.
28 La matrícula de la ESA aumenta pese a su yema del valle del Fuerte, mientras zootecnia –que resentiría la emergencia de la EMVZ– crece, hasta 1984; por su lado administración agrícola mantiene sus rangos hasta 1984.
29 Las cifras ilustran la terciarización: en 1980 las carreras del sector terciario (ciencias sociales y administrativas, de la salud, y educación y humanidades) sumaban el 58%; en 1994 tal cifra subió a 74%. Mientras este grupo crece, las ciencias agropecuarias declinan. Hasta 1982 en Sinaloa había cinco IES. Después las IES privadas llegaron a ser 43. En conjunto, estas IES apenas suman el 7% de la matrícula educativo-superior, en tanto la matrícula terciarizada creció 16% (Escobar, 1997).
30 “Disminuyen 85 por ciento los estudiantes de agronomía”, La Jornada, 19 de febrero de 2004.
31 “Si el modelo de la “revolución verde” era atrasado para su tiempo, hoy no se diga. Si sirvió para un poquito, hoy no sirve para un comino; es “chatarra tecnológica”. (Núñez Cebreros, entrevista citada).
32 Como sostiene Remedi (2006), la ansiedad “también puede ser miedo al incumplimiento del rol”.
33 Armando Carrillo Facio, entrevista, septiembre de 2004.
34 El PNE 2001/2006, al diagnosticar que “La mayor parte de los PE que se ofrecen en el SES son extremadamente rígidos”, propone flexibilizarlos y fomentar el espíritu emprendedor. Así apoyará proyectos que busquen ampliar la matrícula en “PE flexibles con [...] enfoques centrados en el aprendizaje”.
35 “Quien esto escribe pertenece a una generación […] dañada por esa subversión que ocurrió en su sociedad […] y que ha dejado a dos o tres generaciones en la orfandad cívica y moral”: González (2007:117).
36 Centro de Investigación Regional del Noroeste, por sus siglas.
37 30 aulas, 16 laboratorios, 2 centros de cómputo [con 70 equipos (16 alumnos por computadora) y conexión a internet], 2 campos experimentales, un invernadero, una casa sombra, un vivero y una huerta frutícola.
38 Que recomendó orientar el currículo hacia la ingeniería agronómica, incluir lo necesario al diseño de proyectos empresariales, acerca de los mercados, sobre cadenas productivas agropecuarias, inglés, computación y matemáticas, así como valores relacionados con el “desarrollo humano” y un espíritu crítico. (FdeA/UAS, 2004).
39 Entrevista, 17 de abril de 2007.
40 Nótese que ha desaparecido la palabra “asistencia”.
41 Ver, infra, notas de Jorge Osuna Ortega y de Luis Esteban Soto y Óscar Ramírez Sánchez.
42 Ningún punto del esquema escapó. Como confirma Luis Esteban Soto: “Seguimos toda la metodología, pero nos falló el marco de referencia, porque se lo dejamos a los especialistas de fuera”. (Entrevista, 30 de abril de 2007).
43 Taba (1980) en el esquema: 1. diagnóstico de necesidades, 2. formulación de objetivos, 3. selección del contenido, 4. organización, 5. selección de actividades de aprendizaje, 6. su organización, y 7. evaluación. Y Tyler (1982): 1. objetivos, 2. contenidos, 3. Procedimientos y 4. evaluar.
44 Un currículo es un modelo por el que maestro y alumno deben ser. Pero como sostiene Remedi (2006): “el maestro […] trae las tipificaciones de su propia trayectoria histórica, y tipifica al alumno de acuerdo con su historia”.
45 El gasto en educación y en desarrollo agropecuario crece hasta 1982. A partir de entonces las cifras declinan, igual en el país y en el estado. Lo mismo pasa en la matrícula de las ciencias de lo agropecuario. Con otra variable. En Sinaloa, a la terciarización de la economía corresponde laterciarización de la matrícula educativo-superior.
46 ¿Estas “perspectivas [de] la escuela” se refieren a la ansiedad por mantener la matrícula, de la que depende el éxito o fracaso de una dirección, de la institución misma, de los sujetos? ¿ansiedad manifiesta en los “agarres”, en la falta de “calma”? ¿la ansiedad hizo racionalizar: “esta es una licenciatura, no una ingeniería”? Como diría Jaques (1994) todo cambio amenaza las defensas contra la ansiedad.
47 “Producción agrícola –confirma Luis Esteban Soto– casi no tenía alumnos. Entonces cambió a horticultura, porque el mercado laboral demanda esos egresados. Ahora hay 2 mil 400 hectáreas sembradas de hortalizas para el mercado de Norteamérica. Aparte ha repuntado la fruticultura, como consecuencia del TLCAN”. Entrevista citada.
48 Decidir por la horticultura obedece, según Osuna, a una motivación “pragmática, originada por la oferta educativa, sin sustento filosófico, sin retomar el diagnóstico ni el seguimiento de egresados”. Entrevista citada.
49 “Mientras en el estado hay 490 mil hectáreas sembradas de maíz, en la facultad no tenemos espacio curricular para el maíz y sólo contamos con un maestro especialista en maíz”: Óscar Ramírez. Entrevista, 30 de abril de 2007.
50 Escudo que ya no aparece en los documentos oficiales, ni en lugar alguno.
51 Apunte de seminario, DIE/Cinvestav, México, julio de 2007.

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