Una cultura universitaria en la encrucijada: entre la memoria teórica y el olvido práctico. La Universidad de Guadalajara 1968-1975

• Carlos Manuel García González
SECCIÓN: DOSSIER
• Estudios de doctorado en Ciencias con especialidad en Investigación Educativa por el Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN. Colaborador de la Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Los Lagos. carlosmmanuel@gmail.com



Resumen


Con el análisis de la historiografía practicada por los historiadores de la Universidad de Guadalajara, la búsqueda en archivos, documentos, estadísticas y acontecimientos construimos las significaciones que pueblan las tres orientaciones del periodo: universidad popular, socialista y democrática. Lo hacemos respecto de lo que la cultura local posibilita, no desde la facilidad de una mirada judicativa (lo que debería haber sucedido) o del historicismo convencional (solo lo que sucedió). La cualidad de supervivencia de imágenes dialécticas dan bases para construirlo en el espacio “entre” las producciones discursivas y las prácticas sociales. La memoria y el olvido reconocen “los expedientes no tramitados” de su historia (Sigmund Freud, Paul Ricoeur y Cornelius Castoriadis), para visualizar los callejones sin salida a los que lleva su reiteración. También posibilitan la restitución del imaginario representacional como documento histórico y no simple ilustración marginal.

 

Palabras clave: Memoria y olvido, Memoria histórica, Imagen, Imágenes dialécticas, Supervivencia, Cultura Local, Cultura.

 

Abstract

 

With the analysis of historiography practiced by historians from the University of Guadalajara, searching files, documents, statistics and events we construct the meanings of its three main orientations: popular, socialist and democratic university. We do from the local culture respecting as possible, and not from the ease of a judgmental look (what should have happened) or conventional historicism (just what happened). The quality of survival of dialectical images provide us a basis to build our analysis, in the space situated between the discursive production and social practices. Memory and Oblivion recognize that “no records processed” in its history (Sigmund Freud, Paul Ricoeur and Cornelius Castoriadis), to display the impasses leads to its repetition. They also permit the return of representational imagery as a historical document rather than a simple marginal illustration.

 

Key words: Memory and oblivion, Dialectical images, Survival, Local culture.


1. Origen

 

Al margen de la tradición historicista y positivista de la región Centro Occidente de México, el presente texto se desprende de una investigación que abordó las significaciones imaginarias de un establecimiento de enseñanza superior durante el período de 1925, año de su fundación, hasta 1973 año de la crisis de estas significaciones (García, 2012). Del periodo referido solamente presentamos en este texto los acontecimientos de 1968 a 1975, durante el cual la institución se enfrentó a una larga tradición fundacional en tanto universidad popular, socialista y democrática. Significaciones con las cuales marcó profundamente a varias generaciones. A partir de este periodo, la universidad debió reestructurar sus procesos imaginarios como institución.

El retorno al poder del Partido Revolucionario Institucional (2012), después de casi dos décadas de estar fuera del gobierno de Jalisco, hace necesario un ejercicio de memoria de los acontecimientos referidos en torno a la Primera Jornada de Ideología Universitaria (JIU) en la cual se puso a discusión, a su pesar, por primera (y por esto mismo) y única ocasión el proceso de institución de la Universidad de Guadalajara, el sentido de sus significaciones, así como la frontera entre ésta y el poder.

La relación entre la universidad pública y el poder tiene su origen con el nacimiento mismo de las universidades, pero la forma particular que esta relación adquiere, expresa las peculiaridades de una cultura; es decir la especificidad del dominio histórico-social dentro del cual esta cultura se imagina y con la cual se instituye en una sociedad.

 

2. Perspectiva

 

Relacionamos el contexto de las “producciones discursivas” de los miembros del Consejo General Universitario (CGU), de los protagonistas de la Primera JIU y de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Guadalajara (U. de G.), para elaborar una interpretación cultural de la memoria y el olvido que constituyeron sus “prácticas sociales” entre 1968 y 1975. También analizamos la composición y trayectoria de los miembros del CGU y de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Guadalajara (FEG), para aclarar los vínculos entre cultura local, un acontecimiento, la jornada, y un documento.1 Pero “Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo –tal y como verdaderamente ha sido-. Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro…[sabiendo que] ‘tampoco los muertos’ estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza” (Benjamin, 1989: 180). Ciertamente el acontecimiento de 1973, documentado y publicado en 1977 evoca dicho instante, pero tampoco sus muertos descansarán; en julio de 2014 fue dinamitado el edificio sede de la FEG por orden gubernamental. No suponemos que esta sea una forma de tramitar el expediente de la memoria, que posibilte el feliz olvido para obtener el perdón; solo funciona para el goce amnésico de la sociedad del espectáculo; no para dar cuenta de sus horrores políticos que mas vale dejar atrás (Agamben, 2010: 70).

Otorgamos un carácter paradigmático a esta jornada ya que su ilustración remite a una totalidad; es un “ejemplo” que actúa, en su singularidad, derivado de un modelo de comportamientos y de prácticas. Tal vez sin pretenderlo dicho acontecimiento produjo un campo de tensiones polares (universal- particular, forma-contenido, etc.) que formaron una zona de indecibilidad (Agamben, 2002). Fue una singularidad que produjo su propio contexto ontológico. El significado etimológico de la palabra paradigma en griego es literalmente “lo que se muestra al lado”.

Ilustración 1. José Clemente Orozco Flores 1883-1949.

Para dilucidar el sentido de lo que esta jornada “muestra –ejemplifica- lo que está ahí”, recurrimos también a la muralística de José Clemente Orozco, pintor jaliciense. No solamente porque desde los años sesenta el historiador H. B. Gombrich anticipaba que “el futuro de su disciplina se encontraría en la lingüística de la imagen visual” (Soneson, 1989: 3), o por el llamado “giro pictorial” en las humanidades (Mitchell, 2009); sino fundamentalmente porque al igual que las significaciones imaginarias y los acontecimientos paradigmáticos, las imágenes, de acuerdo con A. Warburg “sobreviven” (Nachleben). Si la materia de la que están hechas las imágenes son “síntomas y latencias, memorias enterradas y memorias surgidas, anacronismos y umbrales críticos, malestares, suspensiones” (Didi-Huberman, 2011: 73), la supervivencia de la cultura en los murales del pintor jalisciense, la transforma en imágenes dialécticas. Por tanto las imágenes que queremos ver en J.C. Orozco, no son simples productos de un momento, ni tampoco íconos atemporales; serán, en palabras de W. Benjamin, imágenes dialécticas por su temporalidad de doble faz (Ídem, p. 142). Ubicadas entre lo particular de la cultura local y lo universal de la historia del siglo XX, son paradigmáticas; estas imágenes condensan las significaciones de una cultura; sus síntomas, lo impensado y lo anacrónico. Cristalizan presente y pasado. Esta sedimentación, decía A. Warburg es el espejo en donde la cultura inventa, mediante el síntoma, su supervivencia. (Didi-Huberman, 2009: 38). Las imágenes de J. C. Orozco serán empleadas por lo que aportan desde “una especie de psicología histórica de la expresión humana, que no ha sido escrita pero en donde el buen dios se esconde en los detalles…una especie de tierra de nadie, una psicología del movimiento pendular entre la posición de las causas como imágenes y como signos” (Agamben, 2008: 129, 138). La vinculación historia e imagen es paradigmática ya que neutraliza las oposiciones tradicionales -universal y particular, general e individual, e incluso también la forma y el contenido. El paradigma despolariza, produce un campo de tensiones polares que tienden a formar una zona de indecibilidad que neutraliza toda oposición rígida. Inclusive la del pasado y el presente. (Agamben, 2002). Ya que “el tiempo de la imagen no es el tiempo de la historia”, o no solo. Nos colocamos, para este escrito en el vínculo “entre” la imagen y el tiempo.

Finalmente por el contexto que sigue, requerimos imaginarlo como fuente y resultante del estado de las cosas económicas, sociales, culturales pero sobre todo históricas que son constitutivas de este contexto, su supervivencia, la imagen dialéctica que ofrecen nos llevan a una lectura a contrapelo. Nos detendremos para ello en las significaciones que los discursos vehiculan, pensando en que: “La palabra en la vida… [s]urge de la situación extra verbal de la vida y conserva con ella vínculos más estrechos…la vida completa directamente a la palabra, la que no puede ser separada de la vida sin que pierda su sentido…’las características y valoraciones éticas, cognoscitivas, políticas de los enunciados abordan también la situación extra verbal de la enunciación’… y la relación de la enunciación con el medio social circulante se somete con una mayor facilidad al análisis riguroso” (Bajtin, 1997: 113).

 

3. Contexto

 

Suponemos tres acontecimientos que desencadenan la JIU: el primero, fijar la posición ante el movimiento estudiantil de 1968, el segundo, un cambio de viento en la política del país y tercero, la recomposición de la elite universitaria en torno a Carlos Ramírez Ladewig, “líder moral” de la FEG (primera presidencia en 1949 y único elector de los presidentes de esta organización estudiantil desde 1948, año de la fundación, hasta 1989). Por lo anterior, el grupo que gobierna a la U. de G. ha de pensarse de nuevo ante: primero, la modernización de la universidad como prevención ante otro movimiento estudiantil, propuesta por el gobierno central. Segundo, un cambio en las representaciones colectivas de autoridad, ley y jerarquía, características del movimiento y la generación de los sesentas, y como resultante de estas dos fuerzas: tercero, la justificación de ser una universidad popular, socialista y democrática en este contexto en el que esa memoria instituida es puesta a prueba.

Para resolver esta encrucijada entre lo que planteamos como su discurso nacionalista teórico y el olvido de sus prácticas, resulta crucial la discusión sobre su orientación presente y futura. Pero ahora los senderos se bifurcan, la divergencia aunque marginal, se expresa; la U. de G. se encuentra en un punto crítico entre la posibilidad de repetir su memoria, hacerle frente o la amnesia, una encrucijada entre la memoria y el olvido. La efervescencia discursiva en la JIU en 1973, para pensar(se) sobre estos puntos, la coloca en un “Paraje en donde se cruzan dos caminos o situación en la que confluyen ideas divergentes. Situación crucial en la evolución de un asunto que se aprovecha para dañar a otro”. Cossroad: estar en un punto crítico durante una travesía. Carrefour: cruzada, entronque o bifurcación.

1968 fue un año que excedió cualquier ficción posible, “distintos componentes de la sociedad se relacionaron de un modo desconocido hasta entonces (Volpi, 1998: 20) y “de causas diminutas se desprendieron efectos mayúsculos” (González, 1971: 81). Este año axial en el mundo universitario, hace ver la línea que cruza una época. La hizo sustancial al engendrar un sólido de discursos y de prácticas sobre el que se pliegan estratos culturales, económicos y emocionales, su efecto axial se filtró en el grupo dominante y su discordia tuvo efectos al romper su eje. Los síntomas se expresan en la JIU. Insistimos, su carácter paradigmático deviene de que “el pensamiento que participa en el ‘acontecimiento’ llega a ser él mismo un acontecimiento…que crea una singularidad irrepetible” (Bajtin, 2003: 19).

Continuamos con una descripción e interpretación de los indicadores centrales de la gestión universitaria para constrastarlos con las significaciones derivadas de su fundación: Popular, de su apariencia militante. Socialista y de su vínculo con el poder político, Democrática.

Dichas significaciones se discuten en el marco de los acontecimientos ocurridos en 1968. El mundo universitario hizo visible la línea que cruzaría nuestra época engendrando un sólido de discursos y estratos culturales, económicos y emocionales sobre el que se expandieron nuevas prácticas. Su efecto axial, su discurso divergente se filtró en el grupo universitario dominante y amenazó con romper su eje. La producción discursiva, pero sobre todo sus esquemas de acción lo expresan como síntoma.

Posteriormente se citarán segmentos de discursos de los agentes centrales, el líder moral de la poderosa Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), exlíderes socialistas, exrectores y funcionarios; la efervescencia de las palabras establecen un ríspido debate entre las posiciones relativas al papel de la U. de G.

 

3.1 La educación y lo educativo

 

El estado que guarda la educación en Jalisco entre 1968 y 1973 es desastrosa: el 75% de la matrícula inscrita en primer grado de primaria en el año 1963 había desertado para 1968 y en el medio rural, solo cinco de cada cien egresan. El Departamento Escolar de la U. de G. muestra que solo 17% de secundaria, 12% de preparatoria y 22% de aspirantes al nivel profesional aprueban el examen de admisión respectivo. El 75% de las asignaturas carece de programas, el 63% del alumnado tiene materias reprobadas y estiman que un 70% de los universitarios desertan entre el ingreso al bachillerato y el egreso de una carrera universitaria; se titula en 1964 un 15%. Para 1967 se reconocía que “Nos ha faltado flexibilidad, respuestas nuevas ante los cambios. Las manifestaciones creativas son casi nulas, ateneos anémicos, apenas hay grupos teatrales, las publicaciones periódicas apenas alientan, no hay actividad artística sistemática. Nos hemos desentendido de los problemas inherentes a los cambios sociales y económicos. Hemos abandonado al pueblo de Jalisco” (Gallo, 1989). Al comparar los salarios ajustados al presupuesto ejercido, el 77% de los docentes eran por asignatura (TP), en 1966 recibían una quinta parte del salario de tiempo completo, la mitad de un salario administrativo equivalente al docente TP con personal de servicio: intendentes, prefectos, auxiliares. La proporción de carga docente es inversamente proporcional al salario. La sociedad pide cuentas, la prensa denuncia, el presupuesto federal vigila. “A la altura de cualquier central obrera ha caído la Universidad”, reza una nota periodística (El Occidental, noviembre 26, 1967). “Los Consejos de Facultades parecen juntas obrero patronales en las que desde polos opuestos profesores y alumnos defienden pretendidos derechos. Hay crisis moral, manejo inmoral de fondos y nepotismo, crisis intelectual, rigen las influencias; antes que a los enterados se prefiere a los amigos los mejores valores van siendo sustituidos por parientes y amigos favorecidos. Existe unamaffia. Rectoría maneja a ‘Las Gaviotas’ cuando van perdiendo una elección matriculan a una serie de alumnos para que voten por la parte conveniente”. El rector ante la crítica, elude y afirma “se tendrá una proporción de 14 alumnos por maestro sin precedente en ninguna universidad de la República; una proporción conveniente es cercana a los 12 en las principales universidades del mundo”. Dos terceras partes de la matrícula total (74% en la década 1960-1970) cursan las carreras de Medicina, Ingeniería, Comercio y Derecho. En los años posteriores a la reforma de los años setenta, el porcentaje de estas mismas cuatro carreras descendió hasta el 45% tal vez como uno de sus efectos.

 

Ilustración 2. J. C. Orozco, Las Masas Mecanizadas.

Hospicio Cultural Cabañas 1938-39, Guadalajara.

Las Masas Mecanizadas de la ilustración 2, muestran la meta y el medio de un tipo de educación que pretende formar en la uniformidad; no son un problema o una desviación, en realidad es la cristalización de un proyecto ¿Cómo sostener la memoria del carácter popular democrático y socialista, con este nivel, calidad, distancia entre salarios, política discrecional y tendencias? Sobrevive en la significación popular de la escuela técnica de Jalisco de 1915: “que el técnico es algo más que el obrero y menos que el ingeniero; es decir, ocupa el término medio entre el brazo que ejecuta y el cerebro que concibe”. La Ilustración 3, muestra la Trinidad Revolucionaria un obrero, un guerrillero y un campesino sin mirada; cuencas vacías, rostro embozado o cubierto; él, la mirada del pueblo. Ocupan el término medio entre el hacer y el pensar. El pueblo no requiere de mirada, no verá al horizonte. Pasamos de la educación a lo educativo (Bildung), y como veremos tampoco necesitará autonomía.

Estamos haciendo nuestra la admonición de Benjamin a los historiadores, de “pasarle a la historia el cepillo a contrapelo” (Benjamin, 1989: 182). Nuestra empatía no se encontrará del lado de los vencedores que escribieron las memorias de esta primera JIU: con su narrativa lineal, historicista y aditiva para llenar un tiempo vacío, con hechos homogéneos. Se halla sí, en una constelación saturada de tensiones …constelación en la que con “otra anterior muy determinada ha entrado… un presente como «tiempo-ahora»” (Ídem, p. 190). Es decir, el “objeto histórico siempre está hecho de la constelación entre un momento del pasado y un momento del presente”. Los hechos son entonces cosas dialécticas, en movimiento como la memoria siempre selectiva que “los recuerda y los construye en el saber presente del historiador” (Didi-Huberman, 2011: 154). De igual forma, las imágenes dejan de ser “soportes iconográficos”, simples ilustraciones al margen del texto para transformarse en referencias biblio-iconológicas de las expresiones de figuraciones supervivientes de esta cultura. No como anacronismo, sino la imagen dialéctica pensada desde el síntoma y el inconsciente; el tiempo pensado como diferencia y repetición (Didi-Huberman, 2011: 71). En la imagen “fulgurante” de W. Benjamin “chocan y se desparraman todos los tiempos con los cuales está hecha la historia… fusionándose, permiten definir a la imagen como dialéctica en suspenso” (Ídem, p. 21). No es entonces el problema de los vínculos: contenido –historia- y forma –imagen-, o de causa-efecto del historicismo convencional, sino de “hacer brotar conexiones que son atemporales” (Ídem, p. 140), conexiones supervivientes de una cultura: significaciones imaginarias o figuraciones.

 

Ilustración 3. J. C. Orozco, Trinidad Revolucionaria 1923-24.

Escuela Nacional Preparatoria, México (Rochfort, 1999: 42).

 

4. Iniciamos

 

Para 1973, el secretario de la U. de G. era el licenciado Alfaro Anguiano y el licenciado García de Quevedo su rector interino. La JIU se organizó en 6 mesas: Fundadores, ex rectores, ex presidentes de la FEG, comité directivo de la FEG, ex secretarios de la Federación de Estudiantes Socialistas de Occidente y la mesa del Rector y colaboradores; incluye la relatoría y la declaración de principios ideológicos.

 

4.1 La primera

 

Desde el inicio se afirmó categóricamente: “La UG es Universidad de izquierda, popular, democrática y socialista. Unida plenamente con los postulados de la Revolución Mexicana, es esencialmente nacionalista y de Estado…representa en este momento histórico, el cambio de la mentalidad, la preparación de la conciencia en una nueva escala de valores” (Zambrano, 1977: 335). Y la “reestructuración de su nueva etapa para precisar, afirmar y dar vigor a la ideología de nuestra universidad; para enfatizar su ideario al rendir un justo homenaje a sus fundadores”. Se contaban con “Cincuenta años de ser una vanguardia de la educación popular, del socialismo, de la verdadera y esencial revolución”.

“Cuando se nos pregunta si nuestra universidad es autónoma, bien sabemos que en esa pregunta se esconde un recurso de falsedad; porque decir autonomía es resumir las actitudes de una universidad retardataria”, “¡Autonomía frente al artículo tercero constitucional, ante el gobierno de la Revolución quiere decir reacción!” (Ídem, p. 88). “Nuestra universidad no la necesita por ser ésta una universidad de estado producto de la Revolución Mexicana y creada para satisfacer los anhelos del pueblo, teniendo su esencia encuadrada en su artículo 3o. Constitucional... la U de G., siempre vertical, ha sido siempre fiel y coherente con una ideología que solamente es nuestra”, había sentenciado el rector Zambrano en 1973. Con Bajtin recordamos que “…las formaciones ideológicas son internas e inmanentemente sociológicas” (Bajtin, 1997: 109), para no olvidar la constelación que la jornada evoca como supervivencia tanto al movimiento del 68 como la de su ideología fundacional.

Siendo gobernador del estado Francisco Medina Ascensio, la composición del Consejo General Universitario en 1968 era así: el rector licenciado Ignacio Maciel Salcedo, concejales: Javier Michel Vega director de Economía y Humberto Ponce Adame -director de Arquitectura impuestos por la FEG- su hermano Edmundo, un ingeniero como director de la Facultad de Filosofía y Letras2 y del Departamento Escolar, instancia que se encarga de la certificación de estudios, punto estratégico para la militancia de la FEG.

Con ellos estaba Hermenegildo Romo García quien alteró el resultado en la elección de representantes en la escuela vocacional adverso a la FEG (Mendoza, 1989). Conocido por el sobrenombre de “El Gorilón”, “caído en la lucha en defensa de los postulados socialistas de la UG” (Zambrano, 1977: 81). Pusieron su nombre al edificio de la FEG que será demolido en 2014. Fernando Medina Lúa, presunto agente de la Dirección Federal de Seguridad (Aguayo, 2001) y Enrique Alfaro Anguiano, beneficiario e instigador respectivos del asesinato de un líder opositor a Ramírez (Monterrubio, 1996); Alfaro pertenece a una familia satélite de los Ramírez Ladewig, quienes habían hecho de la masa estudiantil un patrimonio, le debe su posición como presidente entrante de la FEG (Hurtado, 1993). Luis Castillo Jiménez director de Ciencias Químicas impuesto a golpes por la FEG (Mendoza, 1989). Les acompañan otros 60 concejales de los cuales sólo cuatro son mujeres. La retórica en la imagen de Los Falsos Líderes (Ilustración 4) es perfectamente aplicable a la primera JIU por lo que ésta revela de las supervivencias de estructuras de homología entre el poder del Estado y la organización estudiantil. Sin embargo, en su prédica suceden dos cosas: nadie los escucha y no se escuchan entre sí; un rasgo apreciado en la cultura local, parecer líder.

 

Ilustración 4. J. C. Orozco, Los Falsos Líderes.

Hospicio Cabañas, 1938-39 Guadalajara.

 

4.2 No hay primera sin segunda

 

“Fue durante el gobierno del Licenciado Sebastián Allende, cuando fue reformada la Ley Orgánica, y al promulgarse la reforma al artículo tercero en el mes de octubre de 1934, que aprobó el socialismo científico como orientador de la educación oficial cuando estalló el conflicto provocado por maestros y alumnos emboscados en ella, con el pretexto de la libertad de cátedra y se entendió torpe o falsamente que dentro de la educación pueden ser expuestas todas las doctrinas del pensamiento”. Son las palabras del licenciado Constancio Hernández Alvirde. Como corolario de esta exposición “hemos de admitir honorablemente que los que en ella laboramos, lo hacemos porque su ideología es socialista”. Pero, han pasado cuarenta años entre la fallida reforma de 1934 y veinte desde que el presidente Miguel Alemán abrogó dicho artículo con el endoso de Vicente Lombardo Toledano.

En el debate posterior a las ponencias de los ex-rectores el licenciado Hernández reafirma: “Nuestra Universidad de Guadalajara a través de sus programas, da a conocer cuál es la conducta a seguir dentro del medio, de conformidad con la norma del socialismo que informa nuestro artículo tercero en la Carta Magna” (Zambrano: 18 y 49).

 

4.3 La tercera como antítesis

 

Todo iba bien hasta que una intervención desde el auditorio irrumpe sobre la mesa de ex-rectores. Vallín Esparza, su coordinador, le otorga la palabra. La voz corresponde a un antiguo militante del FESO, el licenciado Rodolfo González Guevara “¿Cómo se explica la ideología socialista de la Universidad si fue la única del país que se declaró y actuó en contra del movimiento socialista, popular y estudiantil del año 1968?”.3

El licenciado Hernández contesta: “en Jalisco estimamos que ese movimiento no fue socialista. Tan es así que expositores del marxismo como Vicente Lombardo Toledano lo condenaron como un movimiento pequeño burgués”. Y por otro lado, “no fue la U. de G. quien se abstuvo de tomar participio (sic) en ese movimiento, fue el sector estudiantil más consciente que no se dejó arrebatar por ambiciones de dinero para ir a provocar un cisma dentro del orden que debe prevalecer en México”.

Réplica de González Guevara: “No ignoro lo que es una comunidad universitaria, recordemos que el rector de la UNAM el Ing. Barros Sierra colocó la bandera a media asta; y que a las 72 horas de iniciado el movimiento en México fue apoyado por otras universidades. No se puede ocultar que ese movimiento fue propiciado y apoyado por las fuerzas pro-socialistas, pro-democráticas y progresistas del país”. Y remata desde su frente amplia y su metro ochenta de estatura “o el movimiento universitario estudiantil de 68, no fue democrático, no fue revolucionario, no fue socialista, o la ideología de la U. de G. no es socialista y es sólo una actitud teórica, por no decir demagógica… Yo no admito una institución con ideología socialista que no practique el socialismo, aunque sólo sea en el campo de la comunidad universitaria”. Desde su posición como ex militante socialista, pero sin la pertenencia a ningún grupo, estructura o vínculo institucional, salvo el histórico, se permite expresar esta interrogante sobre la memoria instituida. La crítica continuó en la mesa de rectores, “¿Cree usted que para sostener una ideología se necesita de un fundamento filosófico, o es suficiente la acción basada en la adhesión a una personalidad atractiva y mística que ha constituido ‘ismos’?”, en clara alusión al “ramirismo”.4

Recordemos, en el mes de agosto el Consejo Nacional de Huelga (CNH), estaba integrado de manera heterogénea y horizontal. “Si todo líder es potencialmente corruptible, en el CNH habíamos eliminado el más vergonzoso lastre que pesa sobre la vida pública del país: la venalidad y la corrupción” (González, 1971: 58).

Veamos el comentario de Carlos Ramírez, a quien obviamente le dejan la réplica contra González Guevara. “Hoy en la mañana se mencionó ese movimiento estudiantil de 68 por el que se acusa a esta universidad y a esta organización estudiantil su abstención en la lucha. Sin embargo, quisiera que meditáramos sobre lo siguiente: ¿qué es una provocación? ¿Realmente el movimiento de 68 con sus desfiles por la calle de México estaba poniendo seriamente en peligro la fortaleza de las instituciones? Ese movimiento carecía de organización, eran múltiples las fuerzas que se sumaban con total carencia de organización central, no había ni siquiera una expresión clara de la lucha que perseguían. ¿Estaban preparados los núcleos guerrilleros, el ejército popular que pudiera tomar el poder? Pero nuestro gobierno se sigue transformando, la línea ha seguido hacia la democratización y lentamente se sientan las bases para una transformación socialista en nuestro país”. A pesar de calificar la crítica como provocación, o trivializar las manifestaciones como desfiles, le dedica 23 páginas en las actas de la JIU. Carlos Ramírez acota: “No fue pasiva nuestra posición, simplemente la U. de G. tenía condiciones que le permitían hacer llegar su voz y su posición en forma efectiva hasta los más altos centros de decisión nacional. (Zambrano, 1977: 116-118). Efectivamente, entre 1965 y 1968 el presupuesto de ingresos aumentó en un tercio, incrementándose el subsidio estatal a casi el 50%. El porcentaje mayor, el renglón de Cuotas, obedece a dos causas, la primera: el costo de la matrícula se elevó de $100 a $250.00 en el ciclo 1967,5 el de titulación a $500 y cualquier trámite a $3. Segundo, al aumento del 60% en el número de estudiantes (Bustos, 1989). “Nuestro corazón estaba con ellos, pero teníamos otros caminos más efectivos para realizar la misma lucha por los ideales populares de la Revolución Mexicana” (Ídem, p. 76).

 

4.4 ¿Quién necesita de la autonomía?

 

Por esto mismo, dados los esquemas de acción y la memoria refractaria a los hechos, su connivencia establecida con el estado y sus políticos ¿quién necesita de la autonomía? Veamos de cerca lo enunciado en la JIU, discurso destinado para el consumo interno, para enlazar conexiones y recuerdos que se encuentran suprimidos, aislados o rotos. Sin embargo, acotamos que “[t]odas las valoraciones sociales principales que derivan de los rasgos particulares de la existencia económica de un grupo determinado…, forman parte de la carne y la sangre de todos los representantes de un grupo dado; son las que organizan actos y modos de proceder, ‘parecen haberse fusionado’ con los objetos y fenómenos correspondientes” (Bajtin, 1997: 117). La defensa de los principios está sostenida por razones materiales encarnadas; son éstas las que le permiten hablar. Ramírez creía que “Los verdaderos líderes no consultan a sus bases”.

Ramírez Ladewig fue fundador de la FEG, presidente vitalicio de su comité directivo, diputado federal por Jalisco, delegado regional del IMSS. Nunca fue rector, ni presidente municipal, ni gobernador (heredó ese delirio a otros). Lo que sigue nos remite al clima paranoico del Estado proyectado/fusionado a su propia belicosidad “Un movimiento estudiantil era para derrocar al gobierno con las armas, si carecía de la infraestructura guerrillera no tenía sentido. Es factible que al presidente vitalicio del ‘Sanedrín’ 6 universitario ésta le pareciera una ‘falta de centralización de su movimiento’ ” (Zambrano, 1977: 38) porque sus esquemas de acción no sólo eran antagónicos al Consejo Nacional de Huelga sino una denuncia en acto de los esquemas de acción cupulares, entretelones y de recámara características de la FEG.

Otras interrogantes se expresan en la JIU: ¿En qué medida nuestra universidad está comprometida con la lucha de clases actual?, ¿Se puede considerar que sigue inspirada en el socialismo científico, si en su Facultad de Economía se ha suprimido el marxismo?, ¿Porqué se habla de una universidad socialista, si el sistema de gobierno que la sostiene es capitalista? Las respuestas del líder son 1. “En cada una de las distintas materias que se imparten se viene dando a conocer lo que se piensa de ella y es la vinculación que existe con el pueblo”. 2. “Nunca ha existido en el plan de estudios una cátedra con el nombre de marxismo; pero se da propiamente en todas las clases, pero nunca, nunca se ha hecho ninguna, nunca se ha puesto ninguna traba a que se estudie a fondo el marxismo”. 3. “No veo ninguna contradicción, no estamos viviendo en un régimen capitalista, sino de economía mixta, el 40 o 50% de la riqueza del País está en manos del Estado, estamos viviendo momentos en que la Revolución Mexicana sigue el proceso revolucionario de la Revolución Mexicana” (Zambrano, 1977: 49). El rector Maciel entiende la connivencia con las siguientes palabras: “Para significar la estrecha y armónica relación que tenemos con el máximo organismo estudiantil, que ha servido en todos los órdenes, para desempeñar con el acierto posible nuestra gestión de dirección, en dicho acto tuvimos el honor de contar con la presencia del Señor Gobernador y con representantes de todos los poderes de la entidad” (Ídem, p. 94).

La cacofonía sigue, Ignacio Mora Luna recita a Ramírez: “puede haber circunstancias de izquierda, puede haber circunstancias de derecha, nosotros no tenemos más que un camino, el camino de la Revolución Mexicana”. Dichas interrogantes alteran el feliz y reconciliador olvido durante la JIU, nos revelan que el recuerdo instituido por él no es monolítico, convive con trazos de memoria que aparecen en grado variable frente al olvido que dicta su desaparición, hay un “olvido en reserva” (Ricœur, 2001: 536).

 

5. Encrucijada

 

Una sola pregunta de González Guevara abrió la posibilidad de la auto-reflexión, muy probablemente es la legitimidad de interrogarse. Inauguran un movimiento que les hace transitar de la pasividad a la acción. Tal vez alguna de esas interrogantes apuntaron contra el “líder moral” de la FEG; el desenlace de las acciones que suscitó esta encrucijada fue trágico, al parecer la supervivencia del pasaje reiterado por el recuerdo instituido no podía tener otro. Y en tanto que el horizonte siempre está en fuga e inacabado, la memoria feliz surgida del reconocimiento presente de los hechos pasados, ese pequeño milagro según Ricœur, esta vedada.

Al proyectar sobre el 68 el fantasma de los esquemas de acción de su FEG, le hace caminar por un sendero trágico, después del melodramático JIU, sufrirá las consecuencias. El 12 de septiembre de 1975 su cuerpo recibió doce disparos de los 14 que le enviaron; los asesinos dejaron pistas que conducían al tipo de autos robados “de procedencia Soulé” (Aguayo, 2001) que utilizaba la FEG. Según el testimonio de Carlos Morales: “dicho crimen fue proyectado por los ex presidentes o alguno de ellos, de la FEG” (Ídem, p. 318).

Ocho meses antes se sospechó que Ramírez L. manifestó su adhesión a un golpe de estado contra el gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez. Es probable que a consecuencia de ello se planteara que su desaparición sea vista como un crimen de estado, simbólicamente le retiraron el doctorado “honoris causa” que le habían otorgado al presidente; pero hay otras alternativas que responsabilizan al movimiento guerrillero de los años setenta, la versión oficial, o a la propia FEG, versión extraoficial. El 31 de enero de 1975 se reúne el Sanedrín con Genaro Cornejo, Zambrano Villa, Enrique Alfaro y Correa Ceceña “al terminar la reunión algunos insinuaron que Ramírez L. no andaba bien de sus facultades mentales” (Ídem, p. 210). Sobre esta última hipótesis actores y herederos han mantenido el más completo silencio.

 

5.1 Sobre la homología estructural

 

El análisis proporciona una curiosa simetría entre el ejercicio presidencialista del régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al interior del Consejo General Universitario (CGU) de la U. de G. y su expresión radicalizada como realpolitik en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Guadalajara (FEG), porque en ambos encontraremos, como discurso, la prohibición de la discrepancia y como prácticas a la maquinaria presidencial de este régimen. La JIU fue convocada por el ex-presidente de la FEG Zambrano Villa. El prólogo, escrito después del asesinato de Ramírez Ladewig, lo califica así: un hombre de lucha, de acción, prudente y valeroso en el verbo, la persona y el pensamiento, conductor social y hombre íntegro líder nato. Zambrano sería rector desde 1975 (interino) hasta 1983; en su administración se amplió el período rectoral de tres a seis años haciéndolo coincidir con la elección del gobernador. Ramírez, como El Cid, ganaría batallas después de muerto.

 

5.2 Socialismo teórico pistolerismo práctico

 

El recuerdo de una reforma socialista de repercusiones fragmentadas en las organizaciones estudiantiles, se erige como significación recubriendo de humo sus esquemas de acción. La tensión entre las producciones discursivas y las prácticas sociales se expresa en dos planos: Los esquemas de acción como un hacer que no es pensado; los conceptos y las acciones están segmentados entre sí. La adopción de la sintaxis del líder nato para pensarse, es un retorno al monólogo como contrato de amnesia tácita entre interlocutores (Certeau de, 1990: 43); pero ese mismo carácter conlleva su antagónico, un segundo plano. La posibilidad de voces que interroguen esa representación y contrato de manera fugaz e indisciplinada (Radley, 1990: 74).

Si el proceso civilizatorio pauta la contención emocional, ésta es inexistente en los esquemas de acción “explícitos” de la FEG alimentados por el Sanedrín. La violencia sería la única posibilidad de actuar el recuerdo de una ideología socialista. Así, en nombre de la lucha de clases (que podía encubrir la de grupos, representantes, escuelas, estructura burocrática, generación, familias consanguíneas o políticas) se justifica la violencia.

Parece existir una escisión instituida que permite a la mano derecha ignorar lo que la izquierda hace; utilizamos con malicia esta expresión coloquial. Pero esa etiqueta clínica, por evidente, nos deja sin alternativas de comprensión. Ignoramos cómo se pauta “implícitamente” la contención emocional al interior Sanedrín; pero la cuota de suicidos y fosas clandestinas augura lo siniestro. Nuestra ilustración 5 American Civilization The Gods of the Modern Man, alude a las estructuras de cualquier jerarquía escolástica decadente. Sus togas y birretes se extienden a los aparatos legislativos danzando impávidos con sus pensiones vitalicias ante el fuego que viene. La composición de un Consejo Universitario de dudosa extracción y procedencia parece justificar la maldición lanzada sobre una clase social sin recursos económicos para sostenerse decorosamente al momento de fundar la Universidad de Guadalajara en 1925. Les llamaron de todo “parásitos de la sociedad, agitadores que molestan en sumo grado a las clases trabajadoras y orientadas de la sociedad… enorme stock de ilustrados entregados afanosamente a la succión de la floja mamelle de l’Etat…falange negra o proletariado intelectual” (Bazant, 2001: 268).

 

Ilustración 5. J. C. Orozco, American Civilization The Gods of the Modern Man, 1932, fragmento.

Biblioteca Darthmouth College New Hampshire.

5.3 Autonomía y encrucijada

 

Un rasgo característico de la formación intelectual en esta universidad, herencia de las elites fundadoras, de las capas privilegiadas del barrio fundacional de Las Armas, y la forma en que la diferencia de clase social marca el trazo urbano y el efecto simbólico que ha tenido entre las otras capas sociales. Éste régimen de valores, homogéneo y equiparable, ha permanecido debajo de las expresiones ideológicas más conservadoras o radicales de estos grupos. Lo denominamos “distancia autonómica” y reza así: Una norma tendrá vigencia en los establecimientos dependiendo de su origen; si proviene del gobierno federal, será aplicada sólo en sus dependencias. Por nuestra idiosincrasia: se negociará, se adaptará de manera discrecional en los establecimientos estatales; en suma, para la racionalidad local cualquier norma tiene una excepción: yo.

La construcción conceptual de esta diferencia como distancia autonómica nos ha permitido contrastar el progreso con la supervivencia de las significaciones tópicas. En este texto hemos intentado reinterpretar “a contrapelo” la memoria instituida al relacionar fragmentos de un pasado mediante la caracterización homóloga de sus esquemas de acción. El rasgo cultural analizado, el sueño o proyecto de autonomía en usos y costumbres propios de la entidad es una representación colectiva superviviente entre historiadores, cronistas, funcionarios e intelectuales. El sueño de una sociedad autónoma no es una meta imposible porque, como señala Castoriadis:

“No se puede conseguir una sociedad autónoma que no se contemple a sí misma, que no se interrogue sobre sus motivaciones, sus razones de actuar, sus tendencias profundas. La actividad auto-reflexiva de una sociedad autónoma depende esencialmente de la actividad auto-reflexiva de los individuos que la componen”.

Si consideramos a la JIU como una espacio para la auto-reflexión las posibilidades de estas tácticas surgen para ser sepultadas por una retórica que, como hemos visto también, es difícil sostener por sus propios esquemas de acción. Veamos si es factible comprender dicha tensión a partir de la función que adquiere aquello que se ha olvidado.

 

5.4 La memoria y el olvido

 

Aunque se consigna un coro unánime y monológico hacia el interior que hace aparecer una identidad esencial entre la FEG, la U. de G. y el Estado, es claro que éste no representa todas las voces. ¿Habría tácticas dominadas ante las estrategias del poder universitario? La autonomía es palabra altisonante: refiere a la otra universidad local la Universidad Autónoma de Guadalajara; imagen invertida de la U. de G.: igualmente radical y violenta. El vituperio hacia ella puede tranquilizar pero no le permite reconocer que el odio proyectado le puede decir más de sí misma. Algo que le permita reconocer que su propio esquema de acción autónomo proviene de una heteronomía común que ignoran su origen. Pero también se refiere a la UNAM, a esas universidades autónomas que “oscilan al vaivén de modas ideológicas, de exotismos políticos, de consignas externas, víctimas de arrogancia y solipsismo intelectual, enfermos de radicalismo e inmadurez, otros universitarios han hecho posible el crecimiento de la reacción” (Zermeno, 1977: 78). En la reunión anual de las Universidades de América Latina, Barros Sierra señaló que la autonomía se ve amenazada desde abajo por “presiones de tipo político que irrumpen al interior de la universidad en el marco de la política partidista... y el ataque no es sólo del estudiantado sino de rectores que quieren ver en la autonomía como su manto de armiño que ellos mismos mancillan”.7 Nos encontramos entonces ante un documento paradigmático, caracterizado por las ideas dogmáticas de cualquier “texto monológico… [que] ‘reduce la diversidad a la unidad y los vínculos a sustancias’ ” (Bajtin, 2007: 384).

A esa esfera emotiva del recuerdo y la memoria que interviene sobre las cosas del pasado le añade al olvido, la condición histórica del perdón. Ricœur de nuevo, “Conjuntamente, el olvido y el perdón, en la medida en que cruzan sus respectivos itinerarios en un lugar que no es un lugar y que se designa mejor con el término de horizonte. Horizonte de una memoria tranquilizadora, de un olvido próspero”. El perdón es “la culpabilidad y la reconciliación con esa memoria” (Ricœur, 2001: 536-538).

“El olvido, en efecto, es la inquietante amenaza que se perfila, sobre la fenomenología de la memoria y la epistemología de la historia, es el emblema de la vulnerabilidad de la condición histórica.-escribe Paul Ricœur,- Esto es, el olvido es una encrucijada, es la misma aporía que está en la fuente del carácter problemático de la representación del pasado, es decir, la ausencia de confiabilidad de la memoria” (Ricœur, 2001: 537-538).

Es esa esfera emotiva del recuerdo y la memoria la que interviene en la construcción de afirmaciones sobre las cosas del pasado. Tal vez por eso Paul Ricœur le añade al olvido, la condición histórica del perdón: “Conjuntamente, el olvido y el perdón, en la medida en que cruzan sus respectivos itinerarios en un lugar que no es un lugar y que se designa mejor con el término de horizonte. Horizonte de una memoria tranquilizadora, de un olvido próspero”. En virtud de que el perdón es “la culpabilidad y la reconciliación con esa memoria” (Ricœur, 2001: 556). Carlos Ramírez en la última parte de su intervención pacta una reconciliación: “Nuestro corazón estaba con ellos”, pero la violencia que instigó contra otros fue resuelta trágicamente con su muerte en la encrucijada, con la memoria obturada y el olvido que la reedita no hay posibilidad de pasar a otra cosa. A pesar de presupuestos, modernización, nuevos campus, redes universitarias, regionalización o apoyo a partidos políticos, la compulsión a la repetición les acompaña, no hay olvido y salvo la edición de la JIU como documento/monumento, no hay estatuas al líder masacrado, por algo será. Porque tampoco hubo perdón la propia concepción de distancia autonómica de la cultura local escinde tal proceso. Se pretende finiquitar el trámite histórico dinamitando el edificio fundacional de la FEG.

 

6. Epílogo

 

Construir una narrativa “entre” los referentes del discurso y la imagen dialéctica, nos permite referir al problema de la subjetividad en el relato histórico “por la presencia, explícita o implícita de un <yo> que puede definirse <sólo como la persona que mantiene el discurso>”, al cual se le contrapone la <objetividad>, desde la que “los acontecimientos parecen hablar por sí mismos”, ya que no hay un narrador (White, 1992: 19).

Así desde la narración mítica -la cual no diferencia entre acontecimientos reales e imaginarios-, hasta el relato “objetivo” –cuya secuencia cronológica del acontecimiento encadena la causalidad-, se observa un anhelo, un deseo, una fantasía: que la narración representa en forma adecuada al acontecimiento real. Sea como orden de sucesión o como estructura, ya que “la narración…sin análisis completo es trivial y el análisis… sin narración es incompleto” (Ídem 21). Entramos en colisión con lo que sigue. La historia a contrapelo debe llevar al límite del establecimiento histórico. Pasar del impulso moralizante al argumento que ilustre nuestro permanente estado de excepción, para comprender, para pensar, para eventualmente decidir y hacer (ver ilustración 6).

Ilustración 6. J. C. Orozco La rebelión del hombre Los Líderes, 1936. Universidad de Guadalajara.

 

“Donde, en una descripción de la realidad, está presente la narrativa, podemos estar seguros de que también está presente la moralidad o el impulso moralizante”, de hecho White termina su capítulo con la siguiente pregunta retórica “¿Podemos alguna vez narrar sin moralizar?” (Ídem 38-39) y este tema es central ya que para la historia ese impulso o deseo es el contenido de/y la forma. “La historia, pues, pertenece a la categoría de lo que puede denominarse el discurso de lo real, frente al discurso de lo imaginario o el discurso del deseo…. Podemos comprender el atractivo del discurso histórico si reconocemos en qué medida hace deseable lo real, convierte a lo real en objeto de deseo y lo hace por la imposición, en los acontecimientos que se representan como reales, de la coherencia formal que poseen las historias” (Ídem 35).

Dos son las implicaciones de este argumento para el vínculo entre imagen y tiempo. La primera se basa en la relación permeable entre los significados lingüísticos de lo observado en la imagen dialéctica. Aunque ésta evoca un concepto asignado a un ícono; por el carácter de la pre-relación facultativa y transitiva, su significación no está determinada de una vez y para siempre. En la ilustración 6 “La rebelión del hombre Los líderes” aunque fechada en 1936 en la preguerra, ilustra la bestialidad real que inspiró la frase acuñada sobre la FEG: “socialismo teórico, pistolerismo práctico” de 1949 a 1969. La segunda reside en que lo imaginario, siendo un flujo incesante de lo representativo, afectivo e intencional del ser humano en la medida que no es funcional, ni lógico, ni racional, está facultado para crear mediante una especie de tejido conjuntivo, de un “haz embrollado”, según metáforas de Castoriadis, desde el abismo sin fondo en que cada ser humano recubre al caos; es decir, su carácter poiético, creador de significaciones. (Castoriadis, 1991). Así, pasamos de las autodefensas, organizaciones de raíz purépecha y modelo para la restitución de la dignidad secuestrada, a las guardias uniformadas y cómplices del cacicazgo negociador con el poder establecido.

 

Una significación clave de la cultura local se refiere al verdadero paradigma detrás de estos personajes: rectores, funcionarios, líderes por ser el modelo que ellos desean encarnar. Al modelo lo denominamos “El Señor”, iconográficamente se caracteriza por ser de raza blanca, de rasgos españoles y entre muchos de los detalles que se le han incorporado a lo largo de la historia tiene, a diferencia de las representaciones muralistas del pueblo de J. C. Orozco, una mirada que sí ve. No solamente es la supervivencia de una imagen dialéctica atemporal, y dado que, “Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo…[por que] el pasado nunca deja de reconfigurarse” (Didi-Huberman, 2011: 75), nos podría estar representando la impunidad del conquistador que expoliará nuestros recursos. Podemos pensarlo globalmente para actuar localmente como dicta el falsete del desarrollo sustentable, o simplemente estamos moralizando (Ilustración 7).

 

Ilustración 7. J. C. Orozco. Cortés y Malinche, fragmento. Escuela Nacional Preparatoria 1926, México.

 

La incertidumbre de ésta segunda implicación moviliza a la primera: analizar e interpretar la imagen y el tiempo deja de ser una operación olímpica en la que el plumaje teórico y metodológico de la presente indagación no se mancha.

Adjuntamos a este último argumento una idea pendular entre imagen y tiempo en relación a la memoria y al significado que cada sociedad crea, descubre en las imágenes; ésta proviene del ya citado Aby Warburg: “…la memoria no es una propiedad de la conciencia, sino la cualidad que distingue lo viviente de la materia inorgánica. Es la capacidad de reaccionar a un evento a través de un período de tiempo…cada evento que actúa sobre la materia viviente deja en ella una huella… La energía potencial conservada en este engrama, puede.. ser reactivada y descargada” (Agamben, 2008: 136).

Finalmente, para un proyecto en proceso; la creación, evocación y uso de imágenes, no solamente definen la posición de los individuos –frente a una confrontación de vida o muerte, entre el conocimiento y una sujeción estéril al pasado-, también “seleccionan” decisiones éticas e interpretaciones de esta memoria; los símbolos son memoria social. Los símbolos reflejan el pendular entre la reacción primitiva y la conciencia, se localizan entre el abandono identificatorio y la distanciada contemplación ordenadora. Es decir, una <iconología del intervalo>, en donde las imágenes, en tanto memoria social y expresiones culturales, ofrecen un espacio unitario entre la historia <las expresiones conscientes> y la antropología <las condiciones inconscientes>, una ciencia sin nombre que hace saltar “las falsas divisiones y las falsas jerarquías que mantienes separadas las disciplinas humanas entre sí” (Ídem 138-149).

 

NOTAS
1 Memoria de los trabajos presentados JIU en las mesas de estudio los días 9, 10 y 11 de octubre de 1973. Prólogo del rector Jorge E. Zambrano Villa.
2 Que sustituyeron a Flavio Berúmen y al Arq. Ignacio Díaz Morales “Arquitectura fue una de las escuelas que tradicionalmente se opuso a figurar como bando anexo a la FEG y durante más de ocho años no pudo controlar al estudiantado” El Occidental, junio 19, 1963.
3 Los hermanos González Guevara participaron en las organizaciones estudiantiles durante los años treinta y cuarenta. En 1935 Carlos fundó el Frente Único de Estudiantes Universitarios en contra del FESO y en su disidencia se incorporó a la Confederación de Estudiantes Socialista Unidos de México (CESUM) en apoyo al cardenismo de 1938 pero en una línea marxista más radical. Ambos militaron en el FESO entre 1938-1940 una vez desmantelada la presidencia de Vallin y Parres. Contaron con el amparo del rector Hernández Alvirde. Retomaron el control de esa organización cuando en 1939 la familia de los Ramírez Ladewig retornó para fundar la FEG e instigar en contra de Hernández Alvirde. Ya casado, Rodolfo González se graduó de abogado a los 23 años, el 9 de enero de 1942. Sin espacio para su desarrollo en Guadalajara, este líder porteño nacido en Mazatlán, Sinaloa emigra a la ciudad de México. A los 49 años, en 1968, fue secretario del Regente capitalino. Veinticinco años después se encontraron de nuevo en la JIU; Vallín tenía 54 años, Parres 62, González 56.
4 El conflicto iniciado en 1927 entre su padre Margarito Ramírez y José G. Zuno fundador de la U. de G., continúa cincuenta años después, la disputa entre las dos familias Zuno Arce y Ramírez Ladewig sigue vigente. Con el fortalecimiento del grupo zunista de “los Vikingos” opositores a la flota FEG “del Santuario” y del florecimiento de personajes como “el wama, el boni, el látigo, el picochulo, la daga o el mamón” algunos de ellos miembros del CGU, no sería raro que su formación para-universitaria derivará en el tipo de violencia que acaba con el que la instiga.
5 “Incremento a las tasas en la UG a $250.00” El Occidental, julio 16, 1967.
6 Junta de ex presidentes de la FEG bajo las órdenes de Carlos Ramírez L. Emula la suprema autoridad del pueblo judío, constaba de tres clases: los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas bajo las órdenes de un presidente. Enciclopedia Salvat Tomo11, p. 2989.
7 Comentario del rector de la UAG Dr. Garibay “La UDUAL” El Occidental noviembre 22, 1967.




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