Humanistas y Reformistas:
legados entre generaciones.
La Universidad de Tucumán en 1930 y 1940

• Liliana María Vanella
SECCIÓN: DOSSIER
• Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades María Saleme de Burnichon, CIFFyH. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Nacional de Córdoba. ciffyh@ffyh.unc.edu.ar, livanella@gmail.com



Resumen


Entre 1930 y 1950 muchos intelectuales europeos llegaron a América huyendo de las persecuciones raciales y políticas del período de entreguerras. Para las universidades americanas, este exilio forzoso significó una oportunidad de fecundo intercambio intelectual. La Universidad Nacional de Tucumán fue una de las instituciones que experimentó un significativo florecimiento académico en las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades como producto de ese proceso. Promovido por sus autoridades pertenecientes a la generación de la Reforma Universitaria de 1918, se alentó la convocatoria a catedráticos de origen diverso que suscitó un ferviente clima de formación, aprendizajes e intercambio cultural. Entre ellos, se cuentan el filósofo Manuel García Morente y el pedagogo Lorenzo Luzuriaga, ambos españoles; el sociólogo italiano Renato Treves, los hermanos Terracini y el filósofo Rodolfo Mondolfo igualmente venidos de Italia, y de Francia el politólogo e historiador Roger Labrousse. Nóveles docentes del resto del país, arribaron igualmente a Tucumán contribuyendo a la construcción de aquel proceso modernizador, cuyo legado difundieron a las siguientes generaciones argentinas y de la región.

En el presente artículo interesa dar cuenta de los significados de aquella experiencia.



Introducción

 

En Argentina, desde mediados de la década de 1930 se configura el encuentro de una comunidad de intelectuales en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), muchos de ellos exiliados europeos que dejaron huella a través de sus discípulos, no sólo en esa casa de Altos Estudios sino también en las universidades hermanas nacionales y de la región latinoamericana.

Se trató de una experiencia de intenso intercambio cultural en una universidad de provincia próxima a la frontera con Bolivia y alejada a unos dos mil kilómetros de distancia del puerto de Buenos Aires y la región metropolitana, principal centro político, económico y cultural del Cono Sur.

Convergen al menos tres circunstancias que hicieron hizo posible la llegada de aquellos catedráticos europeos a Tucumán: en el plano internacional, la turbulenta situación europea, antesala de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945); a nivel institucional, la coyuntura de estabilidad política de la UNT en los años 1930, bajo autoridades reformistas y por último, el sentido de oportunidad de las mismas autoridades, al alentar el encuentro entre catedráticos reformistas de diversas provincias de origen.

El período de entreguerras en Europa constituyó una época de intensas movilizaciones políticas. Con el desarrollo del fascismo en Italia, la consolidación del nazismo en Alemania y la derrota de los republicanos por el ejército franquista durante la Guerra Civil en España (1936-1939), esas naciones se constituyeron en poderosos regímenes totalitarios caracterizados internamente por la restricción a las libertades individuales y persecuciones raciales y políticas. En ese clima de hostilidades, el continente americano fue lugar de destino de una vasta corriente de refugiados donde Estados Unidos, México y Santo Domingo fueron los mayores receptores y, en diferente escala, arribaron igualmente a Argentina, Brasil, Uruguay y otros países de América.1

En Argentina, algunos exiliados encuentran en Tucumán un lugar que los acoge y ofrece un espacio para la docencia, la producción y creación de conocimiento en el campo de las Humanidades, las Ciencias y las Artes. Ese grupo tuvo una impronta local y regional no sólo por lo que ellos mismos produjeron, sino también por las ideas y estilos de vida que importaron desde Europa en tanto centro de producción de cultura occidental.

El filósofo español Manuel García Morente y los pedagogos Lorenzo Luzuriaga y María Luisa Navarro, igualmente españoles; el filósofo italiano Rodolfo Mondolfo, el politógo e historiador francés Roger Labrousse y su esposa Elizabeth Gauguel; el lingüista español Clemente Hernando Balmori; así como los italianos Giovanni Turín, pedagogo, el sociólogo Renato Treves, el matemático Alessandro Terracini y su hermano Benvenuto, lingüista, son algunos de quienes en parte construyeron esa historia.

Esos maestros venían con una concepción diferente respecto del trabajo académico, nuevo para los universitarios tucumanos de la época. Estaban habituados a la reflexión y producción de conocimiento basado en una rigurosa formación que profundizaba en los estudios culturales y el dominio de lenguas diversas. Valorizaban el rigor de la formación humanista por encima de los estudios en carreras profesionales, más demandadas por los jóvenes argentinos. Las décadas de 1930 y 1940 se reconocen como un período fructífero para Tucumán donde se generó un espacio propicio para el desarrollo de la institución. La multiplicación de carreras, la creación de nuevas facultades, escuelas e institutos de investigación en una variedad de disciplinas; la proliferación de traducciones y el aliento a la producción editorial; el surgimiento de innumerables foros de producción y de extensión de cultura; la apertura de la universidad al mundo a través del intercambio de profesores y artistas como el músico y director de orquesta Arthur Rubinstein, el Teatro de Shakespeare de Londres o la Comedie Française, son algunas de las referencias por las que la comunidad tucumana recuerda en la actualidad lo que se dio en llamar la “Época de Oro” de su Universidad.

Por aquellos años, la Universidad de Tucumán se constituye en un polo de atracción intelectual para el país y para la región del Noroeste argentino, el NOA.

La visión renovada de las autoridades universitarias gravitó decididamente en promover la recepción de los catedráticos europeos a la institución. Desde 1929 y durante la década de 1930 el gobierno universitario estuvo en manos de representantes del movimiento de la Reforma Universitaria de 1918. Una figura local destacada en la gesta estudiantil, fue el dos veces rector de la UNT, doctor Julio Prebisch.2

Convocados por las autoridades reformistas, la Universidad de Tucumán fue un polo de atracción no sólo para los jóvenes tucumanos, sino también de nóveles docentes de otras provincias y del resto de América Latina. Arribaron entre otros, los filósofos Eugenio Pucciarelli y Risieri Frondizi; Aníbal Sánchez Reulet y Juan Adolfo Vázquez, uno y otro de formación filosófica y en pedagogía; el historiador Silvio Frondizi, el escritor Enrique Anderson Imbert, el etnólogo Radamés Altieri y el guatemalteco Juan José Arévalo. Estos jóvenes que décadas más tarde tuvieron un protagonismo en el campo político y cultural nacional y en el extranjero, iniciaron su carrera académica en la Universidad de Tucumán junto con aquellos maestros europeos. Ya sea como parte de esa generación o como sus discípulos, aprendieron tempranamente una concepción integral del trabajo académico, con una orientación humanista.

 

Avatares políticos de la UNT

 

En la historia de la institución se encuentran antecedentes sobre el afán modernizador de sus mentores y su vinculación con el centro de cultura europeo. La Universidad de Tucumán encuentra sus orígenes a principios del siglo veinte (1912/1914). Nace buscando diferenciarse de la Universidad Nacional de Córdoba (1613) y de la Universidad Nacional de Buenos Aires (1821) y de sus tradiciones clericales “exclusivamente doctorales y de enseñanzas abstractas”.3 Su referencia es la Universidad Nacional de la Plata (1904). La UNT nace acompañando la expansión provincial y del Noroeste argentino de principios del siglo XX. Juan B. Terán, su artífice y primer rector, se imagina una universidad enclavada en la región y para el desarrollo local. De ahí su preocupación por la creación de carreras vinculadas con la producción, las ingenierías, el agro y también con la enseñanza. Representaba a los grupos “Fundadores”, ligados a una oligarquía poderosa y elegante acostumbrada a reuniones y eventos sociales, vinculada directamente con el mundo económico, político y cultural no sólo de Buenos Aires, sino también con el ambiente europeo. Aunque liberales en lo económico, eran conservadores en materia política.

El movimiento de Reforma Universitaria de 1918, cristaliza los reclamos de ampliación democrática de las nuevas clases medias en el ámbito de la universidad y en la franja generacional representada por los estudiantes. El punto de inflexión se iba a expresar en el carácter elitista de la concepción sobre el manejo del poder. Juan B. Terán y sus colaboradores, sin olvidar su pertenencia y afinidades con los sectores oligárquicos, no estarían dispuestos a perder el control de la universidad, ni a compartir los espacios de gobierno con los sectores sociales emergentes. Este rasgo será el parteaguas que marcará con más claridad la disputa entre los fundadores y la siguiente generación, los reformistas.

El impulso institucional promovido por los reformistas en el gobierno de la UNT fue breve. Duró apenas una década y tal vez sería más acertado hablar de una coyuntura o circunstancia. Las disputas y confrontaciones políticas de los grupos de poder locales -y que en el seno de la universidad se pueden identificar en la oposición entre fundadores y reformistas- vio truncado el proceso de modernización institucional en el área de las Humanidades. El segundo mandato del doctor Prebisch se interrumpe en diciembre de 1940 al tener que renunciar y ser intervenida la universidad por el Poder Ejecutivo Nacional. Se abre así un proceso de crisis institucional y la consecuente desarticulación de grupos y equipos de trabajo. Las disputas alcanzarían su climax en el año 1946, luego de una gran huelga universitaria. Se produce el cierre de la UNT junto con el resto de universidades nacionales por el gobierno del recientemente electo presidente Juan Domingo Perón.4

Aunque la experiencia de aquella generación no alcanzó a institucionalizarse en la Universidad Nacional de Tucumán, a diferencia de la New School for Social Research en Nueva York o de la Casa de España, antecedente del Colegio de México en el Distrito Federal,5 quienes se iniciaron en docencia universitaria y compartieron aquellas maneras de desarrollar la actividad académica y nuevos modos de reflexión, transmitieron prácticas y visiones a sus colegas y alumnos en el resto de las universidades y ámbitos donde les tocó actuar. Algunos lo hicieron mediante su protagonismo en la construcción de nuevos proyectos colectivos o institucionales, otros de forma personal, al transmitir a sus discípulos conocimientos e ideas mostrando un estilo de vida intelectual marcado por aquellos maestros humanistas.

Recuperando el relato de sus protagonistas, el foco del análisis en las siguientes páginas está puesto en exponer la situación de la Universidad de Tucumán y de sus representantes a su arribo, así como en la transmisión generacional y en su actividad como universitarios, al constituirse ambos factores en condiciones propicias para el desarrollo del grupo y de la institución y como posibilidad de reproducirse a través de una nueva generación.6

 

Legado institucional de los gobiernos reformistas a la UNT

 

Al asumir Prebisch en 1929, la Universidad de Tucumán solamente tenía dos facultades que otorgaban título universitario: Ingeniería y Farmacia e Higiene, donde sólo se podía cursar una carrera respectivamente. Contaba, además, con dos institutos para la producción científica, uno de Etnología y otro de Ciencias Biológicas, un museo y una biblioteca.

Cuadro 1. Estructura de la UNT y distribución del presupuesto por dependencia – Año 1936

Facultades

Fac. Ingeniería

194,915

287,445
28%

33%

1,030,000
100%

Fac. Farmacia

92,530

Organismos de
actividad científica

Museo Historia Natural

21,205

55,200
5%

Inst. Lillo

2,400

Inst. Etnología

9,050

Biblioteca

22,545

Escuelas e institutos
de nivel primario y
secundario y cursos
de extensión

Esc. Sarmiento

165,523

534,661
51%

67%

Esc. Agricultura

162,160

Inst. Técnico y
Cursos populares

145,108

Esc. Dibujo y
Artes Aplicadas

50,870

Administración
y gobierno

Rectorado

108,316

163,694
16%

Pagos

10,000

Mantenimiento

8,000

Equipamiento

37,378

Elaboración propia. Fuente: Compilación Histórica de la UNT

Completaban su estructura institucional tres escuelas primarias y secundarias y un instituto de extensión popular. El área del rectorado articulaba a su vez la administración y gobierno del conjunto de las dependencias. Los planteles de nivel primario y secundario, los cursos de extensión y las actividades administrativas, hasta mediados de 1930 se llevaban casi el 70% del presupuesto de la universidad.

Hasta 1936 las actividades de formación de grado y de investigación disponían sólo del 33% del presupuesto universitario.7

El gobierno reformista se caracterizó por conferir un nuevo impulso a la institución manteniendo el concepto de universidad regional, con la pretensión de adecuarla a las crecientes demandas sociales y educativas de las clases medias emergentes de principios de siglo XX y ampliar y diversificar los espacios de formación académica de nivel universitario y de producción científica.

Cuadro 2. Estructura de la UNT en 1940. Desarrollo por carreras, facultades e institutos.

Tipo de dependencia

Nombre

Carreras o títulos

Facultades

Ingeniería

Ingeniería Industrial

Ingeniería Civil

Arquitectura

Farmacia

Farmacéutico

Doctorado en Bioquímica

Filosofía y Letras

Profesorados en Humanidades (4 carreras)

Profesorados en Ciencias (3 carreras)

Derecho y Ciencias Sociales

Abogado

Notario

Organismos de actividad
científica

Departamento de
Investigaciones Regionales

Inst. Medicina Regional

Inst. Historia, Folklore y Linqüística

Inst. Invest. Técnico Industriales

Inst. Invest. Económicas y Sociológicas

Inst. Invest. Botánicas anexo al Museo Lillo

Inst. Invest. Etnológicas

Inst. Lillo y Museo de Historia Natural

Biblioteca

 

Escuelas de nivel
primario y secundario

Escuela Sarmiento

Maestro de Instrucción Gral.

Maestro Esp. Economía Doméstica

Auxiliar de Comercio

Escuela de Agricultura

Perito sacarotécnico

Perito agrónomo subtropical

Instituto Técnico y cursos para obreros

Bachiller Técnico

Técnico Mecánico Electricista

Administración y gobierno

Rectorado

 

Elaboración propia. Fuente: Compilación Histórica de la UNT.

A inicios de la década se integró la carrera de Ingeniería Civil a la de Ingeniería Industrial en la Facultad de Ingeniería. Y entre 1936 y 1940 se crearon el Departamento de Filosofía que más tarde adquirió el rango de facultad, con su variedad de carreras, el Departamento de Investigaciones Regionales, la Facultad de Derecho, el Doctorado en Bioquímica y la Escuela de Arquitectura. Esta última incorporada a la Facultad de Ingeniería.

Los nuevos espacios institucionales evolucionaron de manera dispar. Algunos lograron consolidarse en un tiempo relativamente breve, otras dependencias en cambio tardaron varios años en madurar o tuvieron una existencia efímera como el Departamento de Investigaciones Regionales.

La creación del Departamento de Filosofía y Letras significó la apertura de un espacio institucional en el área de las Humanidades hasta entonces inexistente en la Universidad de Tucumán. El mismo era un anhelo pendiente desde los orígenes de la universidad, manifestado por los miembros fundadores; sin embargo, hubo que esperar varios años para su realización. Los sectores reformistas en el gobierno concretaron la propuesta al avalar políticamente a los representantes del medio local y nacional que definieron el proyecto académico y alentaron la convocatoria de otros profesores foráneos a Tucumán, nacionales y extranjeros, para que éste se hiciera realidad.

 

Vivencias compartidas en Tucumán

 

El movimiento intelectual generado en la Universidad de Tucumán entre 1930 y 1940 abrió una posibilidad de socialización en la línea generacional. La transmisión e intercambio entre la primera y segunda generación se produjo básicamente entre los profesores y sus alumnos; fue un intercambio con aquellos más jóvenes que recién se iniciaban en la carrera académica, a través de las enseñanzas de los maestros europeos con mayor experiencia y formación en docencia, investigación y gestión institucional. Se trató de una acción colectiva donde cada protagonista le confirió su impronta personal.

Pascual Guaglianone y Manuel García Morente con su visión cosmopolita idearon el proyecto de creación del Departamento de Filosofía y le dieron el impulso inicial. El primero había llegado a la provincia a principios de la década de los 30 siendo Inspector General de Escuelas de la Nación. El segundo arribó desde Europa huyendo de la Guerra Civil Española.

Manuel García Morente puso en marcha el proyecto recientemente aprobado y delineó su orientación institucional. De inmediato a su arribo, en 1937, asumió funciones docentes y comenzó a dictar cursos de introducción a la Filosofía y de Psicología, asignaturas obligatorias para varias de las carreras del departamento. Además asistían libremente a sus clases miembros de la comunidad tucumana. Sus disertaciones eran registradas taquigráficamente y una versión resumida se editaba semanalmente en el periódico local “La Gaceta”.8 Durante el rectorado de Julio Prebisch, sus disertaciones se publicaron bajo el título de “Lecciones Preliminares de Filosofía”.9 El rector encomendó el cuidado de la edición a Risieri Frondizi y Eugenio Pucciarelli, profesores de la casa recientemente incorporados al Departamento de Filosofía. El texto de García Morente fue un “clásico de filosofía” durante varias décadas para los estudiantes del mundo hispanoamericano. Al año, el filósofo renunció imprevistamente a sus cargos por motivos personales. Regresó a España e ingresó a un convento de clausura, donde murió en 1942.

Vale recordar que a Manuel García Morente se le reconoce en España como el gran impulsor de un proyecto de autonomía universitaria que tuvo su experiencia piloto en la madrileña Facultad de Filosofía y Letras iniciado en 1933 bajo el gobierno de la II República, quien “...en cuanto Decano actuó como ejecutor y garante del mismo; los testigos de aquellos años suelen aludir a él como ‘el Decano’ por antonomasia”. En ese ambiente había comenzado a funcionar institucionalmente la Escuela Filosófica de Madrid, cuyo representante más destacado fue el filósofo José Ortega y Gasset, exiliado también en Buenos Aires.10

El pedagogo español Lorenzo Luzuriaga fue contratado en 1939 por la UNT a propuesta de Risieri Frondizi, entonces director del Departamento de Filosofía. Luzuriaga volcó su experiencia acumulada como editorialista en Madrid en el área de publicaciones de la Facultad de Filosofía y entre sus colegas. Ello le permitió impulsar la labor editorial en la UNT iniciada un poco antes por el filósofo Manuel García Morente. A sus cualidades como docente y publicista hace referencia específica el dictamen elaborado por los consejeros del Consejo Superior Universitario Eugenio Pucciarelli y Risieri Frondizi, al presentar al educador español con motivo de la renovación de su designación:

“…es conocida además su larga actividad docente europea y americana – que comprende 20 años de actuación de profesor, inspector de enseñanza y miembros de altas instituciones pedagógicas oficiales- y su dilatada actividad de publicista –apreciable a través de libros y trabajos publicados ininterrumpidamente durante más de 27 años que le han valido ser considerado justamente como la primera autoridad en materia pedagógica en nuestra lengua”.11

Las cualidades de Lorenzo Luzuriaga como editor aparecen mencionadas igualmente en la revista tucumana “Sustancia”. En la década siguiente cuando se aparta de la UNT, se traslada a Buenos Aires donde además de docente, dirigió la Colección Pedagógica de Editorial Losada.

 

La relación con los alumnos

 

En la tercera generación, durante los años ‘30 y ‘40, los docentes nucleados en torno a las Ciencias Sociales y las Humanidades alentaron de igual manera la participación y el intercambio de ideas entre sus estudiantes. Un rasgo que marcó su orientación fue la formación humanista, nomenclador común recogido desde las distintas voces del alumnado. Dicho rasgo se encontraba tanto en el énfasis otorgado a la enseñanza de la lengua y culturas greco latinas, como de las lenguas modernas en los planes de estudios de las diversas carreras, como recuerdan algunos estudiantes:

“Cuando entré (a la UNT), los de Ciencias Sociales teníamos tres años de ciclo básico común. ¡Durísimo! Historia de la cultura que se dividía en tres materias íntimamente interconectadas: Historia, Literatura y Filosofía. ¡Veíamos los griegos en historia, literatura y filosofía al mismo tiempo! Además teníamos idiomas: latín y griego y lenguas modernas.” (Celma Agüero, egresada de la UNT).

Lore Terracini, hija del matemático italiano reflexiona igualmente, sobre la influencia recibida:

“En el plano lingüístico, como así también en otros planos,… me doy cuenta de la diferencia de experiencia entre mi generación y la de los adultos de entonces… Ellos sí tenían detrás una identidad cultural, nosotros no; la adquirimos en gran parte allá (en Tucumán)... Para ellos se trató de un encuentro de cultura en el cual, con gran disponibilidad proyectaban su experiencia europea sobre nuevos problemas, pasando desde Gioele Solari a Alejandro Korn, del etrusco al quechua, provistos de un bagaje cultural que estaba hecho no solamente de libros.” (Lore Terracini, egresada de la UNT).

Varios de quienes fueron estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras por aquellos años, registran aquella experiencia como “extremadamente positiva” no solamente por la formación impartida desde la estructura formal de las propuestas de enseñanza, sino a través del clima de vida universitaria:

“Fue un período muy fértil; poquísimos estudiantes, amistades recíprocas, ardientes discursos culturales, apertura a diferentes lecturas: Neruda y García Lorca; Bernard Shaw, Hemingway y Faulkner…En el plano cultural, no se trataba solamente de contenidos diferentes, la cuestión era mucho más sutil… sobre el plano lingüístico, cultural, social, afectivo; la amistad, la capacidad de establecer auténticas relaciones con gente de cualquier origen, nacida en Hungría o en lo más profundo del interior de las provincias…” (Lore Terracini, egresada de la UNT).

De igual modo, el lenguaje utilizado para describir la vida estudiantil de la historiadora Celma Agüero, egresada de la UNT en los años ‘40, transmite de manera elocuente el clima y ambiente universitario de la época:

“Era un ambiente muy estimulante porque los estudiantes participábamos en todo tipo de grupos y ‘había que estar al día’. Hacíamos alpinismo por ejemplo y muchos de nuestros maestros también estaban en el grupo. ¡Labrousse era un gran entusiasta del montañismo! El club de deportes, los grupos de arte y de teatro…

“Había un Mozarteum, era un conjunto pequeño, donde todas las semanas se tocaba Mozart. ¡Tocaban y explicaban Mozart y ahí, ‘sí o sí’ aprendías! Cuando me recibí y más tarde estuve en Italia estudiando la cultura italiana con grandes maestros, yo no sentí que para mí fuera gran novedad. Y eso tiene que ver con los maestros que nosotros tuvimos y la bibliografía que nos daban.

“Recuerdo que Labrousse nos enseñaba Historia de la Edad Media en latín. Nos daba Guillermo de Occam en latín medieval. Nosotros, habíamos estudiado el latín escolar. ¡No entendíamos nada! Entonces nos explicaba las raíces del latín medieval en el texto.

“Parpagnoli nos daba la bibliografía en francés. Yo, recién llegada de Córdoba, le pregunté si no estaba en inglés porque no manejaba el francés. Y me respondió: ‘Señorita: no le he oído’. Salí y me puse a llorar. Una compañera que sabía francés, me ayudó. Me ofreció que estudiáramos juntas. Ella me traducía y terminó luego enseñándome francés. No había bibliografía en español. Por eso nos daban la bibliografía en otros idiomas. Y no se podía hacer el menor comentario…

“Yo trabajaba de institutriz para pagarme los estudios con la hija de un científico del Lillo, Giusepe Chei. Era un fascista insoportable. No enviaba a su hija a la escuela para q]ue no se mezclara con los tucumanos. También trabajaba en La Gaceta, ahí estaban Pila (María Elena) Vela, Tomás Eloy Martínez y otros. Eran trabajos puntuales…” (Celma Agüero, egresada de la UNT).

En la misma línea, alumnos y alumnas de la época recuperan las relaciones y lazos construidos con sus maestros y que ellos mismos promovían:

“(Risieri Frondizi)… había instituido cada quince días casa abierta para que lo visitaran los estudiantes en reuniones que se hablaba libremente de los problemas que preocupaban. Estaba casado con Josefina Barbat, profesora de inglés, que se ofrecía para enseñar ese idioma a los alumnos de su marido, de manera que con ella leí por primera vez el ensayo de Locke en su idioma original.” (Raúl Nader, egresado de la UNT).

Otro espacio valorado en la formación académica por parte de los estudiantes fue su incorporación en las ayudantías de cátedra, experiencias igualmente recordadas:

“Yo tuve la suerte de ser ayudante de Rodolfo Mondolfo en Filosofía antigua. Fijate que Mondolfo, cuando le mandaban de Europa un poema que se había encontrado, por ahí perdido, de los pitagóricos, me llamaba a mí, su ayudante; él, que era especialista en los presocráticos, en los pitagóricos particularmente… Venga Saleme –no me decía María- ¿Qué dirá aquí? ¡Qué sabía yo lo que decía! Si era un griego antiquísimo, difícil. Sólo él lo sabía. Pero esa cosa de preguntarme y obligarme a que pensara, e inclusive sobre la base de mi propia ignorancia, me ponía en tensión muy fuerte. Yo le tenía que decir, bueno yo esto no lo sé… de todas maneras iniciábamos la conversación, que realmente era consigo mismo. Pero me daba una participación a mí, muy joven cuando apenas tenía diecinueve años.” (María Saleme, egresada de la UNT).

Trayectoria intelectual

de las generaciones formadas

en Tucumán

 

Muchos de los nóveles docentes que se iniciaron como catedráticos al lado de profesores exiliados europeos en aquella experiencia forjada en la Universidad Nacional de Tucumán, años después tuvieron un destacado protagonismo en el campo político e intelectual.

Después de su estancia en la UNT, Eugenio Pucciarelli fue docente de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad de Buenos Aires; fue investigador del Conicet; miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires de la que también fue presidente. Fundó y dirigió el Centro de Estudios Filosóficos que hoy lleva su nombre y la revista Escritos de Filosofía.12

Silvio Frondizi, “politólogo militante de la izquierda revolucionaria de las décadas del ‘60 y ‘70”, fundó el grupo PRAXIS en los años ‘50 que dio lugar al MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, de influencia trotskista, que tuvo alcance latinoamericano. Siendo defensor de presos políticos en 1974, fue secuestrado de su casa por el comando de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A, donde asesinan a su yerno. Más tarde apareció su cuerpo acribillado. La Triple A se adjudicó el atentado.13

Su hermano, Risieri Frondizi, fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras y luego rector de la Universidad de Buenos Aires (1958-1962). Por esos tiempos era presidente de la Nación su hermano Arturo Frondizi. Durante su gestión en la UBA se fortaleció el desarrollo de la investigación, la docencia y extensión mediante la ampliación de dedicaciones exclusivas al personal académico (que en 1962 superaba en 2/3 la media regional latinoamericana), también mejoró el equipamiento de laboratorios y en materia de extensión desarrolló un proyecto piloto interdisciplinario en el asentamiento precario de Isla Maciel. Con ese mismo impulso, Risieri Frondizi promovió la creación de la editorial de la Universidad de Buenos Aires, EUDEBA, una gran empresa. Para su organización, contrató por tres meses al argentino Arnaldo Orfila Reynal, gerente del Fondo de Cultura Económica de México. Orfila definió “cierta organización a la editorial” y propuso la figura de un gerente cargo que ocupó, desde 1958 hasta el golpe militar de 1966, el prestigioso editor argentino Boris Spivacow.14 EUDEBA significó una explosión masiva de publicaciones durante casi dos décadas.

Juan José Arévalo, político guatemalteco naturalizado argentino exiliado durante la dictadura de Jorge Ubico, estudió Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de la Plata (UNLP) donde se doctoró en 1934. Fue uno de los primeros profesores del Departamento de Filosofía y Letras de la UNT. Al poco tiempo renunció para asumir como Secretario de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP. Volvió a Tucumán en 1943. En 1944 regresó a su país natal donde tras la caída del dictador en 1945 fue elegido presidente de Guatemala.

Respecto del escritor Enrique Anderson Imbert y el filósofo Aníbal Sánchez Reulet, ambos fueron cesanteados de la Universidad de Tucumán con el peronismo y se exiliaron en Estados Unidos donde continuaron su labor académica. El primero logró irse al ganar una beca Guggenheim. Años más tarde la Universidad de Harvard creó para él la cátedra de Literatura Hispanoamericana. Aníbal Sánchez Reulet fue profesor de la UCLA, University of California, Los Angeles. Este último fue director de doctorado de Nicolás Shumway, autor de “La invención de la Argentina”.15

Vale la pena recordar las trayectorias de algunos de quienes fueron alumnos de aquellos intelectuales. La historiadora Celma Agüero es reconocida por su labor en El Colegio de México donde fue miembro fundadora y directora por veinte años del Instituto de Estudios Africanistas. En ese espacio se dedicó a la formación de jóvenes investigadores, de redes y grupos de investigación entre África, América Latina y El Caribe. La pedagoga María Saleme de Burnichon, fue profesora de la Universidad Nacional de Córdoba, se dedicó a la Pedagogía, a la alfabetización y a la formación de maestros recorriendo el territorio nacional y varios países de América Latina. Fue perseguida por la organización paramilitar denominada Triple A y por el régimen de la última dictadura militar a raíz de su compromiso y su labor en defensa de los Derechos Humanos.16

La pedagoga Magali Andrés estudió Pedagogía e Historia en la Universidad de Tucumán, se casó con un hijo de Lorenzo Luzuriaga. En los años ‘60 fue profesora de Pedagogía y de Historia de la Educación en la carrera de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Córdoba. Viajó a Chile en tiempos de Salvador Allende donde finalizó su doctorado iniciado en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. Vivió en Francia donde trabajó para las Naciones Unidas en la UNESCO por muchos años. Actualmente reside en Buenos Aires.17

Los arquitectos César y Víctor Pelli son hermanos y tucumanos de origen. Estudiaron arquitectura en la UNT. César realizó su formación de posgrado en los Estados Unidos donde vive actualmente. Está considerado entre los mejores arquitectos del mundo y es famoso por sus diseños de rascacielos; Víctor es investigador de Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Conicet. Es especialista en la construcción de viviendas populares y trabajó en el Chaco, provincia del nordeste argentino que congrega un importante número de comunidades de población aborigen (matacos y tobas, entre otros). En los últimos años alterna su residencia entre la provincia de Chaco y Buenos Aires.

 

A modo de cierre

 

Ante los actuales discursos de globalización que hacen tabla rasa del pasado, la intención en esta presentación fue recuperar una experiencia de socialización intelectual del segundo tercio del siglo XX que tuvo influencia nacional e internacional en un espacio institucional de provincia alejado de los principales centros de decisión política, económica y cultural.

El encuentro vivido entre profesores de origen diverso –nacionales y extranjeros- así como de estudiantes locales y foráneos, en la Universidad de Tucumán durante los años 1930 y 1940; los contactos, prácticas y visiones compartidas, posibilitó entre los nóveles docentes y alumnos, asimilar una concepción y estilo de trabajo académico, de pensamiento y de vida que gravitó decididamente en su posterior formación y ejerció influencia en su trayectoria intelectual. La recuperación de la experiencia constituye un testimonio del germen de una cultura académica con un especial rasgo humanista en los miembros de esa generación.

Interesaba asimismo explorar la idea de patrón de reproducción social, ya que si bien estas generaciones no constituyeron una “escuela de pensamiento” en términos de continuidad en el tiempo y en el espacio, fueron promotores de una forma de trabajo académico con un marcado perfil humanista que se irradia a diversos puntos geográficos e institucionales en el plano nacional, de América Latina y el mundo, a través de personas más que de grupos, y en una línea temporal discontinua signada quizás por las coyunturas políticas del país y de Europa.

 

NOTAS
1 Vanella, Liliana (2008) “El exilio europeo en la Universidad Nacional de Tucumán durante las décadas de 1930 y 1940”. Tesis de Doctorado en Ciencias de la Educación. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Mimeo.
2 Julio Prebisch fue elegido rector de la UNT en 1929 y se mantuvo en el cargo hasta 1933. En 1937 fue nuevamente electo. En tiempos del movimiento de la Reforma Universitaria, fue presidente del Centro de Estudiantes de Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Era hermano del economista Raúl Prebisch quién creó en 1930 el Banco Central de la República Argentina; más tarde, fue miembro fundador y presidente de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, dependiente de la ONU. Ver L. Vanella, 2008, op.cit.
3 Terán, Juan B. “La Nueva Universidad”. Tucumán, s.f.e.; y los discursos pronunciados por Juan B. Terán y Joaquín V. González en su fundación. Ver Compilación Histórica de la UNT. Desde su fundación hasta el 31.12.36. (1964) UNT, Tucumán.
4 El Sistema Universitario Nacional estaba conformado por cinco universidades: Universidad Nacional de Córdoba (1613), Universidad Nacional de Buenos Aires (1821), Universidad Nacional de La Plata (1904), Universidad Nacional de Tucumán (1914) y Universidad Nacional del Litoral (1926).
5 Al comparar con otras experiencias en América emerge la diferencia del exilio de entreguerras en Tucumán con el exilio republicano español en México y el exilio judío alemán en los Estados Unidos. Ambos mantuvieron un protagonismo y permanencia en el tiempo que redituó en beneficio de los procesos de institucionalización de El Colegio de México en el Distrito Federal y de la New School for Social Research en Nueva York, respectivamente. En uno y otro caso, los refugiados europeos se radicaron definitivamente en los países receptores.
6 Susana García Salord estudia los patrones de reproducción social de los académicos en la UNAM a lo largo del siglo XX analizando sus trayectorias en una línea trigeneracional en: “Estudio socioantropológico de las clases medias urbanas en México”. Tesis de doctorado. Facultad de Filosofía y Letras. UNAM. México. 1998. Monique Ladesman por su parte analiza la construcción de la comunidad académica de los bioquímicos en la UNAM. Ver “La comunidad académica como espacio de socialización de científicos de la UNAM”. en Remedi, E. Instituciones Educativas. Sujetos, historia e identidades. Plaza y Valdés, México, 2004.
7 La Universidad de Tucumán se nacionaliza en 1922. Pasó de tener un presupuesto de 246,000 pesos a 700,000 en 1924 y 900,000 pesos en 1930. En catorce años mantuvo las mismas proporciones en la distribución por dependencias. Ver L. Vanella, 2008. Op.cit.
8 La Gaceta, 30 de setiembre y 2, 6, 9, 16, 17, 23, 27, 30 de octubre, etc. Periódico fundado a principios del siglo pasado por los hermanos García Hamilton y actualmente, el de mayor tirada en la provincia.
9 García Morente, M. Lecciones Preliminares de Filosofía. Tucumán. UNT. 1938.
10 Abellán, José L (1998), El exilio filosófico en América. Los trasterrados de 1939. FCE, Madrid, p.15.
11 Ver Vanella, L. “El exilio europeo en la Universidad Nacional de Tucumán durante las décadas de 1930 y 1940”. 2008. Op. Cit.
12 Walton, R. “Eugenio Pucciarelli ante la condición humana”, en Biagini, H., El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Proyecto Ensayo Hispánico. Versión digital, 2004.
13 Sylvia Ruiz Moreno “Silvio Frondizi ante la condición humana” en Biagini, H., El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Ob.cit; Horacio Tarcus (1996), El marxismo olvidado en la Argentina: Silvio Frondizi y Milcíades Peña. El cielo por asalto, Bs. As.
14 Boris Spivacow. Memoria de un sueño argentino. Entrevistas de Delia Numás. Editorial Colihue, Buenos Aires, 1995. P.43.
15 Tomo contacto con Nicolás Shumway, actual profesor en la University of Texas, quien me responde dándome noticias de ambos: “…en el caso de Sánchez Reulet, él ya había tenido problemas con el peronismo en Tucumán. Vino a los Estados Unidos por un asunto de la Unión Panamericana (ahora la OEA). El vuelo de vuelta hizo escala en Montevideo y los oficiales argentinos no lo dejaron completar el viaje. De esa forma entró en el exilio con lo que llevaba en las maletas para un viaje corto, sin sus libros, sin sus apuntes, sin nada excepto los recuerdos. Fue un golpe muy duro del cual nunca se recuperó. Recuerdo que Enrique Anderson Imbert me dijo en cierta ocasión que Sánchez Reulet era sin duda el intelectual argentino más prometedor de su generación.”
16 El 24 de marzo de 1976 fue secuestrada junto a su familia, su esposo el editorialista Alberto Burnichon fue asesinado y arrojado en la vera de la carretera. Vanella, L. (2008) Op.cit.
17 Coria, A (2006) “Transmitir y heredar. Configuraciones intra e intergeneracionales en la pedagogía académica en Córdoba, Argentina, 1960-1975” en Instituciones educativas. Instituyendo disciplinas e identidades. Monique Landesmann coord. Casa Juan Pablo, México.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
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Ruiz Moreno, Sylvia, “Silvio Frondizi ante la condición humana” en Biagini, Hugo, El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana.
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Walton, R., (2004) “Eugenio Pucciarelli ante la condición humana”, en Biagini, H., El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Proyecto Ensayo Hispánico. Versión digital.


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