¿Qué pasó luego del 2 de octubre? ¿Y 50 años después?
Entre la circular del 11 de octubre de 1968, emitida por Efrén del Pozo, secretario general de la UDUAL, y la acción crítica medio siglo más tarde

Analhi Aguirre
Doctora en Teoría Literaria, especialización en género, espacio y psicoanálisis. UDUAL. analhi.aguirre@udual.org


Sentí la opresión de un México que se me había olvidado. Desapareció el que creía estar conquistando, el mío. Antonia (1989), de María Luisa Puga.

Las palabras represión y opresión tienen mucho en común. Las dos se relacionan con el poder, la violencia y la desigualdad en cualquiera de sus facetas. Pensar en un México que nos oprime y reprime es entrar en un camino sin salida que remite, ante todo, a una búsqueda de libertad que parece imposible en una América Latina y Caribeña que, pese a mucho y nada, continúa siendo nuestra.

Durante este 2018, nos hemos abocado a conmemorar aquellos días de terror que padecieron no sólo estudiantes universitarios –ligados a una lucha global y necesaria contra un Estado implacable, represor y opresor–, sino también la sociedad entera. Fue tan honda la marca que la mudez y la contemplación tuvieron que ser sus dos grandes aliadas. Sin embargo, esa mirada cuidadosa nos ha traído, 50 años después, una deliberación crítica que no hace más que ayudarnos a que nos entendamos más como pueblo.

Sí, revisar la historia, lo acontecido, lo dolido y lo ganado, sin dejar de lado aquello que pareciese no nuestro, es prácticamente un compromiso con nuestro vivir en estos países de convulsión, pero también de honra.

Siempre aparecen, en el recuento, voces que son inexcusables de destacar, de hacer oír. ¿Acaso este cincuentenario no nos enseñó que hoy somos quienes somos por cada una de estas partidas que nos ha tocado experimentar en un mismo territorio? La universidad latinoamericana y caribeña se vincula por una región ligada, atenta y con presencia de solidaridad. Así tiene que ser.

El 11 de octubre de 1968, le correspondió a Efrén del Pozo, en aquel entonces Secretario General de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, ser la fuerza que enviase la circular sobre lo ocurrido en la Universidad Nacional Autónoma de México: “con motivo de la ocupación de la Ciudad Universitaria por el ejército y en vista de ataques al (…) rector por elementos oficiales, el Ing. Javier Barros Sierra presentó su renuncia formal”1. Y a continuación, el secretario transcribió las palabras de la autoridad máxima de la UNAM: se trató de un discurso opuesto a esa opresión, represión que nada tiene que ver con la libertad manchada. El rector afirmó: “Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción”.2 Por este documento, también nos enteramos de que la Junta de Gobierno de la UNAM no aceptó la dimisión de Barros Sierra. Como consecuencia, se emitió un “Boletín de Prensa”, trasladado al papel por el mismo secretario. La crónica de los hechos continúa cuando sabemos de la mano del mismo del Pozo que el rector decidió seguir con sus funciones, a la vez que previno: “A la joven generación, en ocasiones incomprendida porque quiere romper con hábitos de los adultos, la aguardan empresas que exigirán su más decidido esfuerzo, su imaginación y su desinterés”.

Estos términos escritos, registrados, guardados en la memoria y la lucha coaccionan al lado de una reflexión que prolonga a aquella juventud de Tlatelolco que se hace cada vez más grande, fuerte y numerosa.

Mucho queda todavía que aprender de lo pasado, pero, sin duda, estos 50 años han funcionado como lazo de análisis, comprensión y empatía para acabar ya con la represión y opresión de un país que necesita otra clase de cláusulas en su historia.

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Notas

1. Expediente 123, Foja 001, Archivo General de la UDUAL.

2. Expediente 123, Foja 002, Archivo General de la UDUAL.

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