Desigualdad educativa en Latinoamérica

Analhi Aguirre
Doctora en Teoría Literaria, especialización en género, espacio y psicoanálisis. Universidad Metropolitana-Unidad Iztapalapa. missanalhi@hotmail.com


La desigualdad educativa en el nivel universitario ocurre en Latinoamérica como causa de un larguísimo arrastre, que se viene desencadenando desde hace por lo menos cuatro décadas atrás. Por supuesto, el enlace es más que estrecho con los golpes de estado, naciones cada vez más imposibilitadas –por no decir, despreocupadas- por sus dificultades, a la hora de establecer una uniformidad coherente y efectiva para una multitud cada vez más grande que desea asistir a la universidad.

Entonces, es imposible hablar de desigualdad educativa superior en Latinoamérica, sin tocar el tema presupuestario. En los años 90, las universidades de nuestra parte del continente deben enfrentar el gran déficit iniciado alrededor de 1970. Ante los problemas económicos estatales, no es una novedad que la universidad tenga que hacerse cargo de unos coletazos de cortes de suministros que, tarde o temprano, impactan contra la última ficha de este dominó gigante: los estudiantes.

La UDUAL ha recibido pedidos de auxilio y respaldo, desde muchas regiones de América Latina, con el fin de hacer evidente la deficiencia de garantías tanto materiales como de autonomía que han sufrido estas instituciones superiores. Luego de una huelga histórica en 1978, la Universidad de San Carlos de Guatemala no es una excepción a la regla y la Confederación Universitaria Centroamericana se hace eco de su reclamo, de autonomía y presupuesto digno en la “Declaración de Guatemala” donde apoya la moción:
“para el cabal cumplimiento de sus altas funciones de formación de la juventud guatemalteca, que de no producirse la colocaría en una situación de estrangulamiento económico, con el perjuicio para el futuro país”.

Juventud y futuro son dos variables que operan casi al mismo tiempo. No obstante, ¿cómo es posible generar seguridad en poblaciones universitarias que pese a la cobertura mayor –desde los años 70 hasta nuestros días- de sus instituciones no pueden avalarles y menos demostrarles que las brechas sociales y educativas se han afinado? La Universidad de San Carlos de Guatemala es sólo un ejemplo de la cantidad de universidades que producen año tras año desigualdad en todo lo que concierne a lo académico, económico y social.

Y habría que hacer un rastreo más grande para darnos cuenta de que, en realidad, la desigualdad de oportunidades –diríamos, vitales- sucede antes y después de este “durante” universitario. Hay un enorme número de estudiantes que se segmenta socialmente cuando debe elegir la escuela para hacer sus estudios previos a la universidad. En el “después”, es importante, más bien esencial, concentrarse en una salida laboral estable, que se relacione, ahora sí, con igual congruencia tanto para hombres como para mujeres, así como para distintos estratos de nuestra sociedad latinoamericana.

Sin embargo, la tarea que nos concierne es tomar el eslabón universitario por las astas y lograr que este “mientras o durante” de vida universitaria logre amenizar estas elevadas, alteradas e injustas desigualdades educativas.

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