Un llamado de atención justo y necesario
El recorte presupuestario de la Universidad de El Salvador y el auxilio de la UDUAL ante el Poder Ejecutivo de la Nación

Analhi Aguirre
Doctora en Teoría Literaria, especialización en género, espacio y psicoanálisis. Universidad Metropolitana-Unidad Iztapalapa. missanalhi@hotmail.com


 

De todos es conocida la salvaje intervención del neoliberalismo frente a los principios de la educación universitaria. El gran lingüista, filósofo y activista, Noam Chomsky, retoma el enorme problema, derivado de algunos gobiernos neoliberales de Latinoamérica, y pone en cuestión cuáles son las consecuencias de este tipo de modelo: precisamente, aminorar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje y, finalmente, lograr un establecimiento donde priman una considerable cantidad de “obreros” que no hacen otra cosa que sostener un sistema regido por los valores del mercado.

En 1996, la licenciada Magdalena Sosa, Coordinadora Académica de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, con sede en México, recibe una carta con carácter de emergencia del Vicepresidente de la Región Andina de la Pontificia Universidad Católica del Perú, quien expone su futura ausencia a una reunión del Consejo Directivo de UDUAL, debido a la inédita ley de educación promulgada en su universidad. Su queja es absolutamente urgente. La Pontificia del Perú fue fundada en Lima con fecha de 1917, adquiriendo su autonomía universitaria en 1949. Es notable pues, que casi 80 años después se convierta, según las palabras del Vicepresidente, en una “empresa”, donde el único fin que persigue es el lucro, es decir, el dinero, el capital, la ganancia.

Trabajo en grupo versus individualidad y aquí se despliegan esos conceptos que escuchamos hoy en día respecto a la educación universitaria. Ideologías embaucadas en un sistema completo, organizado y difícil, que cubre casi toda la vida común de cualquiera de nosotros. En la Carta a la Coordinadora acerca de esta tendencia mercantilista se explica que:

En tal sentido se alienta la idea de Universidades con propietarios los que, por el simple hecho de arriesgar dinero, son investidos de todas las facultades que les permitan manejar de modo “eficiente” la empresa educativa (entiéndase poder para nombrar autoridades, establecer metodologías, remover docentes, establecer la línea axiológica de “su” institución, etc.1

Como si la época de los terratenientes latinoamericanos no hubiese tenido sus consecuentes y complicadas batallas, la autonomía de la universidad se viola sin tener el menor recaudo que argumente contra este inminente cambio de rumbo que, por supuesto, tiene una significativa torsión en el conocimiento “universal”, promovido por las casas de estudio.

La eficiencia y la eficacia aluden a dos cosas distintas. La primera definición tiene que ver con utilizar una metodología precisa para lograr objetivos propuestos. La segunda se relaciona, en cambio, con la capacidad que alguien tiene, con el fin de alcanzar un fin definitivo. Según las palabras antes presentadas, la universidad peruana estaba a punto de convertirse en formadora de personas que, más que desarrollarse y otorgar a la sociedad su cosecha magistral, se transformaba en un espacio donde se instruía estrategas para ganar dinero y, por ende, bienes materiales.

La Universidad Nacional Autónoma de México también estuvo bajo el yugo de esta sistemática de cambio rasa y desconsiderada. Las huelgas sucedidas, justamente, en la década de los noventa reflejan la hostilidad frente a este tipo de universidades “negocio”. En aquel entonces, las carreras de Humanidades se vieron amenazadas por un planteamiento falaz: hacerlas desaparecer como causa de su poca “productividad”.

En una empresa hay obreros o colaboradores, como eligen llamarlos ciertos eufemismos tramposos. Dentro de nuestras universidades es imposible que haya empleados por que no hay propietarios. Y, por supuesto, en esta misma línea aparece la cada vez más armada controversia, donde evidentemente la autonomía posee un rol principal: universidades públicas o privadas.

Antonio Ibarra menciona esta ardua polémica a propósito de los temas a tratarse en el número anterior de esta revista. Discutiendo el intrincado concepto “universidad global”, fundamenta:

si no se piensa libremente, se carece de sentido universal del conocimiento. Sin embargo, los valores asociados a la libertad de pensamiento, investigación y asociación académica hoy se ven sujetos a varios tensores que restringen, modelan, orientan y dirigen su concepción hacia una ambigua noción de “universidad global”, fincada en la competencia, rentabilidad –pública versus privada- y una instrumentalización del conocimiento para el desarrollo.

Pensar, instaurar y desarrollar universidades, concebidas como un espacio empresarial en el que lo primero es “ganar”, ser exitosos, individuales y ricos, nos empuja a perder la libertad que nos da la autonomía tan bien sustentada, protegida y resguardada. Competencia, rentabilidad, instrumentalización –lo eficiente de una empobrecida vanguardia que nos persigue- configuran una independencia académica cercenada por un grupo de técnicos o empresarios que desdeñan, sin lugar a dudas, la función de los profesionales en historia, filosofía y, quizás, una de las más marginadas, la literatura, por nombrar sólo algunos destacados estudios humanísticos.

Hace más de 500 años y en plena conquista de América, los escritores, historiadores, geógrafos, artistas y, ciertamente, los filósofos ocupaban un lugar sobresaliente en las cortes. Muchas veces, cada uno de ellos tenía su propio sitio en los palacios y recibía los más grandes beneficios por su valor en la sociedad, mientras se fundaban las universidades más antiguas en ambos continentes. En la actualidad, las necesidades de una comunidad han cambiado o, para decirlo más claramente, han optado por un camino que debe y que es menester darle un nuevo destino.

Felipe Portocarrero Suárez se refiere a la terrible eventualidad del hecho de la mudanza de “universidades empresas”:

Los efectos de este nuevo marco normativo no tardaron en manifestarse. Entre 1996 y 2010, la matrícula universitaria peruana creció globalmente en 493 mil estudiantes, pero el 74.3% de dicho incremento correspondió a la expansión experimentada en instituciones de educación superior privadas, la mayoría de las cuales tenía fines de lucro (p. 9).

Más de 10 años de una propagación educativa que sólo dejó crecer un “conocimiento” que corría las vías del lucro que implementaron y dejaron traslucir unos resultados como los que siguen: “la educación superior en el Perú había sufrido un vuelco considerable, pues de las 57 existentes hacia 1996 (28 públicas y 29 privadas), se había pasado a 100 universidades (35 públicas y 65 particulares) en el 2010” (p. 9).

De más está decir que lo sucedido en Perú es una constante en Latinoamérica. Una decidida corriente que nos incita a asociarnos a una ideología que, de antemano, es bastante ajena. En algunos países de América Latina la educación universitaria no sólo goza de una indiscutible autonomía, sino que es gratuita. Estamos hablando siempre de un deseo de equidad social que la UDUAL se ha encargado y se encarga de difundir. Se trata, entonces, de enfrentar de una vez y por todas, la sombra de la impuesta necesidad de lucro que nos intimida y hostiga día a día.

Hacia el final de este documento se vislumbra siempre una voluntad de seguir adelante, de unir fuerzas y de defender una autonomía que nos corresponde: “en tanto Vicepresidente de la Región Andina espero poder convocar […] a los Rectores de las Universidades concQue los presupuestos de nuestras universidades latinoamericanas gratuitas son cada día más bajos es un hecho indiscutible. Cuando algún gobierno llega o se va, la educación siempre permanece y se vuelve un nudo en la garganta para quienes estamos involucrados y defendemos un sistema educativo no arancelado. Porque una universidad que no exige dinero a su comunidad posee una mayor amplitud para elegir la corriente que quiere darle a la vida y futuro de su institución.

¿Qué sucede cuando una universidad fundada en 1880 se debe enfrentar a un presupuesto recortado y no apoyado por el Estado de su país en 1998? El Rector de la Universidad de El Salvador, Dr. José Benjamín López Guillén, le pide al Secretario de la UDUAL, el Dr. Abelardo Villegas, que interceda por su casa de estudios ante el presidente de la Nación salvadoreña, en aquel entonces, el Dr. Armando Calderón Sol:

 

manifestamos nuestra preocupación por la política presupuestaria que se está aplicando para el presente año a nuestra institución con lo cual deja en condiciones difíciles a la Universidad para el desarrollo académico. Por lo anterior mucho apreciaríamos nos enviara un voto de apoyo a nuestro planteamiento ante la Presidencia de la República.*

 

Precisamente, nuestra Unión de Universidades boga y bogará por una educación que prescinda de modelos educativos, basados en lo empresarial y que no esté cimentado en un respeto por la democracia académica. No obstante, para que esto ocurra, el Poder Ejecutivo de cada uno de nuestros países tiene la obligación de valorar nuestra labor, justamente con un justo financiamiento para nuestra tarea.

Es así, con este tono y sin desafinar el cuestionamiento trazado por el Dr. López Guillén, como el Dr. Villegas se dirige al presidente de El Salvador, no sin dejar de referirse a la constante crisis –cuyo catastrófico coletazo aún no ha finalizado- de los años 70 en América Latina y su extensa “discusión sobre los problemas de financiamiento y costo de los sistemas universitarios”*. Le recuerda al mandatario salvadoreño que: “la educación en América Latina se encuentra sub-financiada y por lo tanto es indispensable incrementar la inversión si deseamos consolidar el desarrollo y dejar atrás nuestros problemas seculares de atraso y pobreza”*.

Entonces, cabe preguntarse: ¿qué necesitan las universidades latinoamericanas para que sea respetado su modelo educativo, predestinado por un grupo de personas interesadas por el bienestar de su país, de su porción de continente? Con toda seguridad, requiere de un sostén total del Estado de sus países. Pues, después de todo, si no esto existe, el pueblo se reconstruye con una idea de esfuerzo erróneo. ¿O acaso el dinero universitario que falta debe recobrarse mediante presupuestos cortos o instituciones superiores pagas? Al fin y al cabo, dicen que la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer.


* Expediente 98, documento 1 y 2, foja 001, Archivo de la UDUAL.

ernidas para una reunión de trabajo en la que se establezcan planes de intercambio académico y se analice algún tema de interés común a todas nuestras instituciones”. Tomemos el ejemplo de una invariable reunión de igualdad, justicia y educación para todos.

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