La autonomía universitaria: una lucha vigente y en constante renovación

Analhi Aguirre / Griselle Ortega
Doctora en Teoría Literaria, especialización en género, espacio y psicoanálisis. Universidad Metropolitana-Unidad Iztapalapa. missanalhi@hotmail.com / Licenciada en Historia, UNAM, Maestra en Historia, Colegio de México. Actualmente es doctoranda por el Colegio de México.


 

En México, así como en toda América Latina, la batalla por conseguir, mantener y defender la autonomía universitaria ha sido perenne desde el siglo pasado. Parecería incontrovertible el hecho de que los universitarios deberían poseer de forma innata la capacidad para dirimir sus conflictos internos sin intervenciones externas, determinar las pautas de conducta que rigen la interacción social en el seno de la comunidad, debatir tanto sobre los contenidos curriculares como sobre los métodos de enseñanza a implementar y tomar decisiones soberanas sobre cualquier asunto relativo a la vida académica. Sin embargo, estos atributos se han encontrado en perpetuo acecho durante la historia reciente de las naciones latinoamericanas.

El reclamo de los miembros de la comunidad universitaria por gozar de autonomía se revela como un proceso lógico y natural, particularmente si se enmarca dentro de un contexto histórico caracterizado por el incremento progresivo en el activismo y la toma de decisiones por parte de la sociedad civil en distintos ámbitos de la esfera pública. Por supuesto, la autonomía no sólo responsabiliza a todos los miembros de la comunidad universitaria del autogobierno y dinamismo interno de la institución sino que también, de manera simultánea e igualmente importante, garantiza la libre participación de los universitarios en el concierto de los diversos conjuntos sociales a los que pertenecen.

No debemos olvidar que la producción académica, la formación de profesionistas y la difusión de la cultura constituyen sólo una parte de los invaluables aportes con los que la comunidad universitaria enriquece la vida social a nivel local, nacional, regional e internacional. La otra gran contribución de las universidades es su función como un espacio propicio para la discusión, análisis y crítica de los sucesos de actualidad. Esta vocación crítica que define la naturaleza de los universitarios requiere necesariamente de libertad, de autonomía. Es precisamente esta cualidad la que, sin duda, aparece una y otra vez como una amenaza a los ojos del poder en turno.

Entre los expedientes que constituyen el Archivo Histórico de la UDUAL podemos encontrar un llamativo calendario, impreso en 2004 por el Centro de Estudios sobre la Universidad de la UNAM, cuya temática remite de inmediato a los turbulentos días de la huelga estudiantil que culminaría con el otorgamiento presidencial de la tan anhelada autonomía universitaria.1

La conjunción de la demanda del cuerpo estudiantil de la universidad nacional por tener mayor poder de decisión al interior de la institución educativa con la activa participación de jóvenes universitarios en la campaña presidencial de José Vasconcelos marcó el movimiento en pro de la autonomía. La delicada coyuntura política del 29, que amenazaba la relativa estabilidad construida de a poco por la dinastía sonorense en los años que siguieron al fin de la gesta revolucionaria, favoreció la causa universitaria y obligó al presidente Emilio Portes Gil a decretar la autonomía de la universidad nacional. Portes Gil prefirió ceder ante los universitarios después de meses cargados de tensión.

Las imágenes del calendario nos transportan al México de 1929, año de intenso movimiento político y social protagonizado en buena medida por una aguerrida comunidad universitaria. Mes con mes desfilan ante el observador fotografías de manifestaciones multitudinarias de estudiantes marchando por las calles del centro capitalino, jovencitas engalanadas con pudorosos vestidos de largas faldas y mangas hasta los puños que partícipes y testigos de la represión policiaca, estudiantes con moño y sombrero que escuchan atentos a uno de sus compañeros transmutado en persuasivo orador, por citar sólo algunas de las escenas más provocativas.

Aunque a primera vista los cuadros fotografiados podrían parecer vestigios de un hecho consumado, un suceso añejo y un caso cerrado, la reflexión que deriva de estas imágenes indica lo contrario. Un análisis más profundo manifiesta que, a pesar de que las modas, los contextos sociales, las demandas, las prácticas y las formas cambien con el transcurso de los años, la defensa del pensamiento crítico, la participación social y la creación académica dentro de un espacio autónomo, despojado de tutelajes autoritarios, se reformula con cada generación de universitarios.

Sirvan estas líneas para celebrar la autonomía universitaria, sin la cual las imprescindibles voces de estudiantes, académicos y administrativos que forman parte de nuestra comunidad no retumbarían con su debido ímpetu en el seno de la sociedad, y así conmemorar la relevante labor que la UDUAL ha llevado a cabo durante estas décadas.



Notas


1. Archivo Histórico de la UDUAL, expediente 122.

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