La universidad en poder de la dictadura y el problema de la identidad latinoamericana

Analhi Aguirre
Maestra en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudiante de doctorado en Teoría Literaria, especialización en género, espacio y psicoanálisis Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa. missanalhi@hotmail.com


Encontrarse con uno de los números de la célebre revista “Deslinde” publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México es, sin duda, un enorme hallazgo que funciona como herramienta para no sólo conocer un tema clave acerca de la autonomía –las dictaduras en Latinoamérica y su áspera relación con las universidades-, sino que también es una invitación a conocer éste y otros temas de esta valiosa colección.

La dictadura en Uruguay (1973-1985) ha sido una de las más cruentas de la historia de América Latina. Su origen fue, como todo cambio político, una predecible cadena de eventos que llevó al país a una tragedia nacional:

Hacia comienzos de la década del 70, resultaba evidente que la evolución de la política gubernamental, así como el sostenimiento de una situación que presentaba serios desequilibrios, no podía sino tener el correlato político de la progresiva implantación del autoritarismo. Aun cuando la crisis económico-social antecedió en casi dos décadas a la quiebra final de las instituciones en 1973, ya a partir de 1968 podía perfilarse con nitidez la perspectiva dictatorial en el sistema político uruguayo.1

Un golpe de estado que, por supuesto, tiene como bandera para llamar al “orden y la normalización” la represión, la tortura, el encarcelamiento y la muerte: “Por aquellos días [entre 1976 y 1980], Montevideo asistía en silencio a la aparición de cadáveres mutilados en las aguas del Río de la Plata”.2 Tanto en los países vecinos, Chile y Argentina, bajo gobiernos dictatoriales –años antes, años después- como en Uruguay se vive entre aires enrarecidos que van desde la indiferencia hasta el compromiso y el miedo.

Desafortunadamente, la dictadura –o el fascismo latinoamericano- ha sido una enferma y defectuosa columna vertebral que ha modelado el cuerpo de nuestro continente. El paradigma de los militares se establece con base en la homogeneización –como si eso fuera posible- de una mentalidad que tiene su corolario en la conducta, proceder y sentir de los individuos en una nación determinada. Es obvio el papel de la educación dentro de estos sucesos llamados a establecer un precepto, al parecer perdido, como consecuencia de grupos enemigos de la “paz”, subversivos rebeldes en su propio país.

Precisamente un año antes del desplome de la dictadura en Uruguay, Óscar J. Maggiolo (Montevideo 1920-Caracas 1990) tiene el cargo de Rector de la Universidad de la República desde 1966 hasta 1972. Posee un pensamiento sobre la universidad que, para quienes lo rodean, se consolida como un bloque de ideas lúcidas e incluso, sobresalientes: “Maggiolo era un genio porque es de esas raras personas que pueden vincular planteamientos teóricos conceptuales profundos”.3

El número 86 de “Deslinde” tiene la fortuna de recoger sus pertinentes reflexiones respecto a la Universidad de la República y las condiciones del golpe de Estado en su país, ideas relevantes que se extienden a la relación indisoluble entre gobierno y educación, universidad y estado. En un impecable ensayo, Maggiolo vuelca argumentos generales acerca de la violencia estatal frente a la población uruguaya: “Baste decir que en Uruguay, uno de cada cuatrocientos habitantes está preso por razones políticas; uno de cada cuarenta habitantes ha sido detenido por las mismas causas, ha sido torturado; uno de cada sesenta habitantes, ha sido torturado, y uno de cada cinco habitantes, ha emigrado del país en los últimos cinco años buscando trabajo y seguridad para él y sus hijos”.4

Además dedica varios tramos del texto a describir el arrollador impacto sobre la Universidad de la República, implacable sobre lo educativo:

A diferencia de lo sucedido en otros países del Continente, nunca había sido intervenida, por lo que en ella se había formado una larga tradición académica que garantizaba una alta calidad, tanto en la docencia como en la investigación. La Universidad era autónoma, y su gobierno lo sustentaron los profesores, los egresados y los estudiantes, quienes también elegían directamente, al rector y a los decanos. Los estudiantes participaban en el gobierno de la Universidad desde 1908 (diez años antes de la Reforma de Córdoba) […]. 5

En estas líneas, como en todo el documento, se trasluce el pesar por el presente de su universidad en aquel entonces. Efectivamente, se ha disipado el pilar fundamental: la autonomía. Por ello, una universidad controlada es un espacio sin libertad para la vida de las ideas y el crecimiento personal.

También Maggiolo se encarga de ofrecer un panorama con estadísticas precisas sobre la huella de la dictadura en lo económico y su entrega de fondos nacionales a capitales extranjeros que hacen que este documento resulte esencial a la hora de la realización de un trabajo serio. Para el ingeniero la entrega se facilita por la eliminación de “las ciencias humanas, como la Historia, la Economía y la Sociología, a través de las cuales se vinculaban los estudios especializados con los problemas del hombre y con la problemática nacional, significa suprimir en el estudiante, todo espíritu crítico en relación con el país, en un intento de producir tecnócratas dispuestos a seguir ciegamente a la clase dominante”.6 Todo ello no deja lugar a una crítica –sino más bien una aceptación- de un liberalismo económico, denominado “apertura”, que deposita en manos de otros países poderosos los recursos de Uruguay.

La represión intelectual comienza en la universidad que “con sus cátedras e Institutos de Ciencias Sociales, Económicas e Históricas, ha desempeñado un papel protagónico en describir una realidad que molestaba”.7 Maggiolo se explaya con mucho ahínco en las intervenciones de Estados Unidos en las políticas de América Latina haciendo énfasis especial en su país: “No es […] difícil de deducir que los Estados Unidos tuvieron en el proceso de destrucción de la democracia uruguaya […] injerencia”. Maggiolo se ocupa con una enorme preocupación de la repercusión de la manifestación cultural de Estados Unidos sobre la ideología de Latinoamérica:

la penetración cultural norteamericana en las repúblicas latinoamericanas, de más larga tradición de la zona del Caribe, no ha dejado de presionar en las repúblicas del Sur, particularmente en el Uruguay […]. Manifestaciones visibles de ella son el desplazamiento del tango por la música pop en la juventud rioplatense (el fenómeno se observa igualmente en la Argentina), la afección de la juventud por la violencia, […] en los filmes, los seriales de televisión y los comics de aventura de origen norteamericano, el desplazamiento del francés por el inglés […], el cigarrillo rubio en vez del tabaco negro y la introducción de la Coca-Cola como sustituto del vino tinto y el mate.8

Realmente, es necesario destacar cómo, aún siendo un intelectual, Maggiolo baja a tierra los problemas de la invasión cultural que le inquietan y que ve dibujarse frente a él. Su amplitud no sólo es certera, sino que abarca una de las grandes problemáticas que nos intranquilizan y molestan: la identidad latinoamericana, muchas veces usurpada y/o yuxtapuesta.

Como es evidente, la irrupción del país del norte afecta en tremenda medida “al nivel universitario, a través de los planes de investigación científica que financiaban organismos norteamericanos”,9 cuestión que instala un ámbito de dependencia tanto económica como intelectual y tecnológica. Las controversias sobre la universidad privada y nacional surgen en este texto de hace ya casi 40 años, que nos confronta, una vez más, a problemas identitarios graves que requieren todavía hoy en día de una urgente solución.

En las páginas finales de este escrito, Maggiolo centra la atención en que la cultura, al igual que la universidad, está en constante cacería. Nombra “el cierre del grupo de teatro El Galpón, de Montevideo, dispuesto por la dictadura […]. Sus principales figuras […] han sido encarceladas y torturadas por el simple hecho de que la dictadura no pueda comprender que el grupo viva del apoyo del público de Montevideo y de Buenos Aires”,10 y dictamina el aire “deprimente” que se respira en los países del Cono Sur.

Sin lugar a dudas, la cultura encierra todo el carácter de identidad que configura a un ser humano, ayudándolo a adaptarse y sobrevivir. Dentro del ala de la cultura, se encuentra la universidad que nos colma de una identidad propia para conducirnos nuestra vida entera. Uruguay bajo la dictadura, la universidad bajo fuerzas fascistas y un ingeniero lúcido que nos invita a repensar qué sucede con algunos otros estamentos no visibles, que ejercen casi la misma violencia que una dictadura explícita,


NOTAS
1 Caetano, Gerardo y José Rilla, Breve historia de la dictadura, p. 19.
2 Caetano, Op. Cit., p. 65.
3 En línea: www.producciónnacional.com.uy
4 Maggiolo, Oscar, “Deslinde”, p. 3.
5 Maggiolo, Op. Cit., p. 5.
6 Maggiolo, Op. Cit., p. 9.
7 Maggiolo, Op. Cit., p. 16.
8 Maggiolo, Op. Cit., p. 26.
9 Ibid.
10 Maggiolo, Op. Cit., p. 34.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

- Caetano, Gerardo y José Rilla (2011). Breve historia de la dictadura. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
- En línea: www.producciónnacional.com.uy


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