El telescopio empequeñece el universo, es el microscopio el que lo agranda

Mario Meléndez
SECCIÓN: OPINIÓN



Algunas consideraciones sobre la minificción entrevista con Agustín Monsreal
por Mario Meléndez

 

Agustín Monsreal nació en la ciudad de Mérida, Yucatán. Se inició simultáneamente en el cuento y en la poesía pues en 1979 publicó Punto de fuga (Cuadernos de Estraza) y Los ángeles enfermos (Editorial Joaquín Mortiz) que le dio el Premio Nacional de Cuento con un jurado compuesto por Mario Benedetti, Sergio Galindo y Huberto Batis. Aunque en 1980 reincidió en la poesía (Canción de amor al revés, La Bolsa y la Vida Ediciones), hoy se ha convertido en un cuentista de tiempo completo y, ciertamente, en uno de los más importantes de nuestro país. Hasta hoy la obra de Monsreal ofrece tres vertientes distintas; es imaginativa pero también terrenal y corrosiva. El común denominador de sus tres proyectos está constituido por la calidad y la eficacia. Entre la bibliografía de Agustín Monsreal encontramos 22 cuentos 4 autores (Ediciones Punto de Partida, unam), de 1970 y Pájaros de la misma sombra (Ediciones Océano, 1987) que reúne Los ángeles enfermos y Sueños de segunda mano.

Vicente Francisco Torres

 

 

¿Qué sentido tiene escribir o crear una microficción? ¿Obedece acaso a la premura de estos tiempos?

Escribir un cuento, un microrrelato o una minificción cambia para mejor el sentido de la vida, lo resignifica, le da nuevos valores y razones de ser, en cuanto que descubre posibilidades infinitas al quehacer cotidiano y acciona de una manera más honda y más lúdica la inteligencia, la sensibilidad, la imaginación, y las pone al servicio del acto creador, que es una de las formas más ciertas de la felicidad. Por esto, no creo que obedezca a la premura de los tiempos sino más bien a nuestra propia necesidad humana de volver al mundo un lugar más habitable, más hecho a la medida de las pasiones que nos doblegan o nos engrandecen el alma. Por otra parte, hay que recordar que “El telescopio empequeñece el universo, es el microscopio el que lo agranda”.

 

Se habla mucho que este género se sostiene sobre un proceso de reescritura. ¿Qué piensa de esta afirmación?

Considero que una parte de la microficción se desenvuelve a partir de valores literarios reconocidos, de episodios y personajes paradigmáticos puestos a vivir de nueva cuenta modificando valores, cambiando de lugar situaciones y circunstancias, diversificando motivos, pensamientos, emociones, actitudes y comportamientos, rasgos de carácter y principios durante mucho tiempo considerados inamovibles; de esta manera la Biblia, la tragedia griega, las fábulas, las leyendas, los rumores e imaginerías populares, los cuentos infantiles clásicos, las historias nacionales tan dadas a cultivar héroes, viran de rumbo y mediante un acto de escritura diferente adquieren un nuevo sentido, en no pocas ocasiones desmitificador y contrario al original, una nueva visión de las cosas, una nueva y a veces necesariamente arbitraria interpretación de los hechos, de manera que los personajes y su sucedido nos resultan real y sorprendentemente vivos. Mientras más famoso es el personaje y la trama que lo envuelve, más precisión y solvencia literaria necesita el autor para realizar una reescritura verosímil y efectiva. Ahora bien, el proceso de estructurar y escribir sobre lo ya escrito, es sólo una porción de la riqueza y versatilidad inventiva en conceptos, temas, símbolos, formas y contenidos de que se precian tanto el microrrelato como la microficción.

 

¿Por qué usted habla de microficción y no de microrrelato?

En realidad, no se trata de que una denominación sea mejor que la otra. Las dos son igualmente válidas y legítimas. Por una parte, prefiero “minificción” porque me remite a la miniatura, a la pequeña obra de arte y me brinda distintas posibilidades de expresión como pueden ser el aforismo, la epístola, la greguería, la definición de diccionario, mientras que lo micro me habla tanto de lo muy pequeño (microbiano) como de lo que amplifica (micrófono). Por la otra, creo que el término “minificción” se desafilia y al mismo tiempo se agrega a lo que es en rigor el “cuento breve” o “cuento brevísimo”, según la atinada denominación de Edmundo Valadés. Toma su propio cauce, declara sus propias reglas, características y exigencias, asume sus propios desafíos. Adquiere su propia carta de naturalización como género. Y, por supuesto, el mundo literario es el que sale ganando.

Ahora bien, en un cierto y feliz aspecto fundamental, el “microrrelato”, que cuenta lo que pasó, cómo pasó y a quién le pasó, contiene casi invariablemente los tres elementos indispensables del cuento canónico: planteamiento, nudo y desenlace, o exposición, conflicto y término. Pienso por ejemplo en: Episodio del enemigo, de Jorge Luis Borges, A Circe, de Julio Torri, Memoria, de Edmundo Valadés, Sorprender de Ana María Shua, Polimorfismo de Raúl Brasca, Entre cuervos te veas y Lugar de prueba, de mi autoría. Por su parte, la “minificción” suprime los dos primeros elementos, reduce la acción al mínimo, la desnuda y deja como cuerpo total no el suceso sino el momento incanjeable de la revelación interna, ese momento sagrado cuando se adquiere conciencia del hecho, en cuyo caso se encuentran: El dinosaurio, de Augusto Monterroso, Cuento de horror, de Juan José Arreola, Epitafio literal, de Raúl Renán, Huyamos, de Ana María Shua, Reencarnación y Cálculos renales, de mi autoría. En el asunto de la “minificción”, el título es o debe ser parte sustancial e insustituible del texto, del título depende el acierto o el fracaso de una minificción.En ambos casos, trátese de microrrelato o de minificción, lo importante es saber elegir lo que merece ser contado, tener presente que no se trata de describir sino de trasmitir, y trabajar no en extensión sino a profundidad.

 

¿Se puede considerar su Diccionario al desnudo, “sustentado en conceptos”, como minificciones?

Sí, en el caso del Diccionario al desnudo, lo que procuré fue que la definición no estuviese basada en un tema a partir de una palabra, sino en un concepto (Dios, por ejemplo, o democracia, o cuento), lo que le da una dimensión y un valor que, creo, superan lo estrictamente definitorio y lo meramente anecdótico. En términos generales, me parece más amplio y profundo trabajar con conceptos que con temas.

 

Qué lecciones le dejaron maestros como Juan Rulfo, Juan José Arreola, Edmundo Valadés, Efrén Hernández y Augusto Monterroso?

Cada uno a su manera y de acuerdo con su concepción del mundo, me brindaron lecciones impagables, de categorías y criterios para el ejercicio de la reflexión político filosófica.

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