Presentación
Universidades Año 5 - No. 22 | No. 75

El itinerario intelectual de la Reforma Universitaria de 1918 continúa siendo una incógnita: la anunciada ruptura en el Manifiesto liminar tomó derroteros muy variados en América Latina y el Caribe. La recepción, todavía no bien entendida en la región, se enriqueció en las tradiciones intelectuales y los momentos políticos de cada país, inscribiéndose en movimientos populares y sus liderazgos: en la figura de Haya de la Torre y el movimiento peruano del APRA; en el proyecto universitario “nacional y popular” de Hernández Arregui frente al clasismo comunista de Ernesto Giudici, en la Argentina; en la controversia entre Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano en México, por citar los más notables. El protagonismo estudiantil, como actor insustituible de la protesta, puso el condimento crítico en sociedades donde la desigualdad y el orden jerárquico se vieron cuestionados por prácticas discursivas que iban del cartel portado en las marchas a la deliberación ideológica de los intelectuales de la época.

El reto de una historia intelectual inteligible, capaz de diseccionar discursos y describir actores y protagonismos sociales para comprender la evolución de la autonomía universitaria, se antoja desde una perspectiva provechosa e inquietante. Los ensayos de S. Carli y C. Suasnábar nos mueven a pensar en legados intelectuales, pero también en presencias discursivas que trascienden épocas, en tanto, permanencias de una incógnita a resolver: ¿dónde colocar a la universidad en sus sociedades?, ¿cómo inscribirla en un sistema de tensiones y equilibrios?, ¿cuándo advertir que su naturaleza debe transformarse para permanecer? La relevancia de la Reforma del 18 nos remite a esa saga de debates para posicionarnos en el presente con la trayectoria de los argumentos que le han dado permanencia discursiva.

Pero acompañando los discursos de libertad, autonomía, compromiso social y politización universitaria se descubren los contra-discursos de una derecha católica, atávica y manifiestamente antimarxista que retoma de su pasado una tentativa de actualización que llevó, en casos funestos, a las dictaduras a imponer un modelo excluyente de toda libertad y, al amparo de estas concepciones, a desplegar la persecución, la desaparición y el exilio. El estudio de esa derecha católica, a partir de su sistema de valores e ideario de sus intelectuales, merece una mayor atención en tanto constituye un componente de esa historia de resistencias al cambio.

En su caso, la importancia de intelectuales como Paulo Freire y Darcy Ribeiro para la renovación del pacto social universitario y su condena por el conservadurismo dan testimonio de esas tensiones y la escala de las ideas en la evolución del continuum reformista, como se demuestra en los trabajos de G. Rodríguez y M. Aveiro.

Y aquí podemos retomar las palabras de Iván Jablonka, cuando nos recuerda que “una biografía sólo tiene valor si da lugar a la comparación entre individuos: el estudio de la nieve humana debe revelar la potencia del arrastre de la avalancha y, a la vez, la irreductible delicadeza del copo”. Las biografías de estos intelectuales, que nos ha reunido Sandra Carli, dan sentido a una época y al conocimiento de la disputa social.

Y en el centro de esa disputa, como no podría ser de otra manera, está la misma ciencia, la tecnología y los estilos de desarrollo. El recuento de experiencias y obstáculos a una política científica y tecnológica que aspire a transformar las matrices productivas nacionales de la región, en favor de una renta endógena que resuelva la desigualdad creciente, reposicione a nuestras economías en la sociedad del conocimiento y nos dote de autonomía está en las preocupaciones del texto de D. Hurtado y L. Zubeldía.

El Archivo de la Secretaría General de la UDUAL conserva, entre otros testimonios, un conjunto de imágenes que preservan instantes de la azarosa vida de las universidades latinoamericanas. La recuperación de esa memoria visual suscribe otros documentos que permiten objetivar las luchas por la autonomía y amenazas que la han acechado. En su selección, A. Aguirre nos recuerda que los rostros de esos momentos son expresión de una pluralidad de actores: jóvenes asombrados, mujeres observadoras, niños inquietos y adultos pensativos que contrastan con el entusiasmo de aquellos que, posesionados de la rectoría de la UNAM, miran con optimismo y convicción la lucha por la autonomía universitaria. Imágenes donde arquitectura neoclásica, indumentarias de clase y momento situacional difieren para recordarnos que los movimientos sociales emplazan a su época, como hace casi un siglo se lo propusieron los reformistas de Córdoba, Argentina.

En la sección de plástica, dedicada al pintor jalisciense Jorge Alzaga, advertimos las variadas formas de construir la sensualidad en cuerpos, gestos, frutos y objetos en reposo. Como bien advierte A. Aguirre, hay en el autor una capacidad de escriturar en la imagen un diálogo con el observador, a través de nebulosas miradas de los cuerpos y difusas policromías de los objetos. En instante de reposo, una imagen de placer.

Antonio Ibarra
Director

Plástica Universidades No. 75

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