Presentación
Universidades Año 5 - No. 23 | No. 76

El 68 está aquí, tras un cincuentenario, que se hace centenario, si empezamos a contar la historia desde la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918. Pero, ¿por qué? ¿Hay un vínculo entre ambos momentos? ¿Son unidad de procesos o representaciones simbólicas de una historia que corre serpenteando?

Más allá de la efeméride -importante, como cruce de corrientes subterráneas- hagamos una pausa para reflexionar sobre la trascendencia de los movimientos estudiantiles, testimonio de luchas y derrotas, rupturas y desencantos, identidad y fortaleza de nuestras universidades.

Existe un arco de cincuenta años, entre la Reforma cordobesa y la protesta juvenil de un 68 global, que fue derivando en luchas por la libertad de pensamiento, de autogestión, de garantías sociales que devinieron en derechos y encauzaron energías sociales en descontento. Los universitarios fueron actores decisivos del siglo XX: rompieron inercias, pautaron libertades, construyeron utopías y, en algunos casos, se desprendieron de ellas y asumieron la gobernanza de lo posible.

El “grito” de Córdoba fue, simbólicamente, el ocaso de un modelo de educación nobiliario, oligárquico, excluyente y de una crítica a la complacencia de la desigualdad cultural; en tanto que la “rebelión” juvenil del 68 en todo el orbe de la modernidad del capitalismo, del socialismo y del llamado “tercer mundo” fue una proclama de libertades contra los distintos autoritarismos. En ambos casos, la explicación histórica de la saga de transformaciones sociales y universitarias reclamó un examen de simetrías, asincronías, convergencias y un legado que asumió distintos cursos en las sociedades latinoamericanas. Se trató de un cambio semisecular que detonó una inmensidad de movilizaciones, organizaciones, protagonismos, atravesados por un fuerte contenido ideológico del liberalismo al socialismo y de vuelta al liberalismo, tan sustancial al sentido moderno de la universidad. Las ideologías del siglo XX cristalizaron en los movimientos estudiantiles y las aspiraciones de mutación antiautoritaria marcaron su sentido histórico.

En esta ocasión, el número de nuestra revista se inscribe en esta búsqueda: determinar las capilaridades que vinculan tradiciones y rupturas del protagonismo de los estudiantes en el itinerario de la universidad latinoamericana. La compilación hecha por la doctora Renate Marsiske, reconocida historiadora de los movimientos estudiantiles, da testimonio de esa complejidad.

Los ensayos reunidos nos permiten desentrañar dicha complejidad, como en las inter-temporalidades de los movimientos estudiantiles de cinco espacios universitarios: México (UNAM), Guatemala (USAC), Nicaragua (UNAN), Ecuador (UCE) y Argentina (UBA), en el estudio de Celi Hidalgo. Su trabajo se encamina a construir una interpretación sobre las distintas “velocidades y modos de vida” de sus sociedades y el “sentido de época” que explica los ciclos de movilización e institucionalización de los estudiantes, como “actores paradigmáticos de la modernidad periférica sigloventina”, que impulsaron demandas radicales y se eclipsaron en su politicidad.

De ello se sigue la lectura que hacen Acevedo Tarazona y Correa-Lugos sobre el sentido de la negatividad crítica del actor juvenil, que reclama un giro de valores democráticos y un “no más” al autoritarismo moral y cultural que desde el 68 deconstruye los valores de una sociedad conservadora, la colombiana, en este caso, “para ubicar en el radar del mundo una forma de pensar que está en desacuerdo con los planes de una minoría que controla el porvenir de los más jóvenes”, al decir de sus autores.

Y si el 68 es ruptura, la germinación del descontento juvenil y el protagonismo universitario, estudiado en el ensayo de Donoso Romo, pone a contraluz procesos convergentes en escenarios diversos, como México y Brasil, donde los estudiantes replican ante distintas formas y culturas autoritarias por libertades que devienen en derechos. Son movimientos bisagra que marcan un corte político, mediante una experiencia social traumática, que legó una estela de transformaciones democráticas.

Porque el 68 continúa acá, en la memoria. Y es que la re-lectura de las imágenes de época cobra la importancia de una apropiación en el momento digital que vivimos. Dicha experiencia se advierte en el ejercicio plástico de Referencias Cruzadas, titulado “La verdad es siempre peligrosa”, que reúne obras de artistas latinoamericanos que miran desde la región y nuestra época las imágenes icónicas del 68 mexicano: la desolación y fragilidad expresada por el estudiante Florencio López Osuna, intervenida por Carlos Coppa (Argentina), como la niña de los separos policiacos, intervenida por Hannan Rossatto (Brasil); la yuxtaposición de actores y valores en la intervención de Karina Perdomo (Uruguay); la fertilidad dejada por los estudiantes en un Zócalo desalojado por tanquetas en el horizonte, intervenida por Eduardo Ambrozio (Brasil), y la cohesión caligráfica de los codos de toda manifestación estudiantil, intervenida por la argen-mex Mabel Larrechart, dan cuenta de una mirada estetizada de la violencia y la esperanza. Su trabajo fue expuesto en el Centro Cultural Tlatelolco, en el marco de una serie de Con-versaciones sobre el 68, organizadas por la UDUAL y que convocaron al público a intervenir también dichas imágenes.

Hacemos visible el trabajo de los ganadores del Concurso de Fotografía Universitaria Intervenida: “Refiguraciones 18/68”, que invitó a una lectura visual de ambos movimientos, ejemplarmente expresada en la fotocomposición hecha por Javier Morales.

Asímismo incluimos una reseña del volumen V de Los Movimientos estudiantiles en la historia de América Latina, coordinado por la doctora Marsiske, así como un apunte histórico de Analhi Aguirre, sobre la resistencia a la violencia militar por los universitarios argentinos, resumida en la consigna “libros sí, botas no”.

Todo ello contribuye a dejar presente, en la memoria de hoy, lo que Jorge Volpi escribió hace dos décadas: “Los seres humanos tendemos a olvidar pronto, o en el mejor de los casos, a sintetizar los hechos en unas cuantas palabras. 'El 2 de octubre no se olvida' fue el lema de los testigos de la matanza y el símbolo de que en realidad se esperaba que sí se olvidara. En contra de esas predicciones, no triunfó la amnesia”.1 El 68 sigue aquí.

Antonio Ibarra
Director

Plástica Universidades No. 76

DATOS DE CONTACTO